Lanzan el último número de la revista literaria cubana ʻLa Noriaʼ

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Detalle de cubierta del número 17 de ʻLa Noriaʼ

El número 17 de La Noria, la destacada revista literaria que editan en Santiago de Cuba los poetas José Ramón Sánchez y Oscar Cruz, ha sido lanzado virtualmente este miércoles desde el sitio inCUBAdora, una de las plataformas más activas en el ámbito online de la cultura cubana, administrado desde Praga por el escritor Carlos Alberto Aguilera.

Esta entrega de La Noria trae una amplia oferta poética, tanto de autores noveles como consagrados. Abre con una larga serie de textos, a medio camino entre la prosa poética onírica y el relato realista, del joven autor Larry J. González, y continúa con una selección de poemas del escritor y psiquiatra cubano radicado en Barcelona Pedro Marqués de Armas. Poemas estos que proponen una restitución poética de hechos perdidos en los confines de la memoria personal o nacional, mediante el tono irónico y el estilo distanciado y de refinada sobriedad que caracterizan la escritura poética de este autor. “Espejo de impaciencia”, uno de estos poemas, parece sugerir –no sólo porque su título parodia el de ese Espejo de paciencia atribuido a Don Silvestre de Balboa, sino porque incluso cita un memorable ripio en él contenido– un vínculo secreto entre la epopeya fundacional de la literatura cubana y la precariedad material (y la asfixia política) del llamado Período Especial de los años noventa del siglo pasado:

Comimos tierra. Cable, sogas.
Y “de aquellas jicoteas de Masabó,
que no las tengo y siempre alabo”.
Manjúas, calandracas.
Memorándum enteros.

“Después de muerto”, otro de los poemas más notables de esta selección, se revela como un homenaje a Nicolás Guillén Landrián. El texto está dedicado a Julio Ramos, el académico puertorriqueño que tanto ha hecho por la recuperación y el estudio de este malogrado cineasta cubano, y ofrece una brillante y sintética definición –no por poética menos lúcida– de la obra cinematográfica de Guillén Landrián:

A la propaganda opusiste
la vieja publicidad, ironía y orgullo
a destiempo con lo que se volvía
más que nunca
cuestión de Estado.

También es posible leer interesantes trabajos poéticos de los cubanos Oscar Cruz, Carlos Esquivel, Aleisa Ribalta y Ronel González, así como del poeta español Pablo García Casado. Además, encontramos a dos de las voces más relevantes de la poesía cubana actual, Reina María Rodríguez y Néstor Díaz de Villegas. La primera, con una conmovedora elegía dedicada al asesinato del piano familiar; el segundo, con tres poemas (o dos, si contamos a “Los consoladores sagrados” como la versión castellana del original inglés “The sacred dildos”… ¿o viceversa?) de un expresionismo contundente y estremecedor.

En esta ocasión, La Noria incluye dos relatos. “Chatarra”, el texto que cierra el número, del autor tunero José Alberto Velázquez, ofrece una ríspida narración sobre los horrores físicos y morales de un sanatorio de rehabilitación de alcohólicos. “Marcel Proust es invitado a participar en una antología de autores de su generación”, de Osdany Morales, representa un ejercicio de estilo de notable virtuosismo. Valiéndose de una anacronía que va en doble sentido, el aristocrático autor de En busca del tiempo perdido queda atrapado, aunque sin salir de su hermética cámara de escritura parisina, en el horizonte de sentido al que se valen los usos de las instituciones literarias provinciales de la Cuba de hoy, con todas sus mezquindades y miserias:

“¡WTF!, bufó Marcel Proust al terminar de leer la invitación, corriendo de una punta a la otra del cuarto sin saber dónde soltar el papel que le quemaba la yema de los dedos: no me dicen quiénes más van a estar, ni cuál es la editorial, pagan con dos ejemplares mohosos del supuesto libro y piden que mande tres cuentos inéditos antes de fin de mes para seleccionar el que más se ajuste al grupo, ¿qué pinga es esto?”

Pero, si menos hilarante, la dirección inversa de esta traslación anacrónica en la que Proust es contemporáneo de Gide a la vez que de Paul Auster, es más interesante, pues ese relato que él se resiste a escribir para la antología provincial pero no a pergeñar mentalmente estará, justamente, ambientado no en Combray sino en Nueva Paz, como si permutara los confortables trenes que surcan la campiña normanda por los ruidosos camiones de carga que transitan por las Ocho Vías. Y, sobre todo, como si fuera posible representarse el sórdido ambiente antillano mediante el estilo exquisitamente sutil con que Proust narró el Faubourg Saint-Germain.

La de Gerard Fieret, escritor, artista visual y vagabundo holandés, es sin dudas una de las figuras más pintorescas que pueblan la literatura europea de la segunda mitad del siglo XX. Una primicia de enorme valor que contiene este número de La Noria es el prólogo de Nanne Timmer a su compilación y traducción al castellano de textos de Fieret Los hombrecitos de Hasselblad (2019), que recientemente reseñara para Rialta Jamila Medina.

A Nanne Timmer, poeta y especialista en literaturas hispánicas de la Universidad de Leiden, le debemos los lectores hispanohablantes el rescate y la divulgación de la obra de este autor cuya relación más cercana con la academia artística fue a través de su puesto de conserje (imposible dejar de trazar la analogía aquí con otro mítico merodeador de los márgenes: el anciano bag-boy Lorenzo García Vega que por la mañana cargaba las groceries de los profesores que por la tarde iban a su domicilio a entrevistarlo para engordar sus eruditos papers). Así describe Timmer la obra del autor holandés:

“Su legado son apuntes alucinantes, construcciones sofisticadas y publicaciones con faltas de ortografía, poemas minimalistas y otros de entrega lírica o con problemas de sintaxis. Y todos son parte de un flow incesante en el que surgen textos a través de los que se puede ver el mundo en su sencillez y complejidad como si fueran caleidoscopios, sirviéndose siempre de esa risa mordaz. Poemas que como el ojo y la cámara desenvuelven lo que tenemos delante e invitan a asomarse y a compartir esa mirada poética y única del fiero Fieret.”

Hasta qué punto es acertada esta descripción de la poesía de Fieret podrá comprobarlo por sí mismo el lector de esta revista, pues a continuación del prólogo de Nanne Timmer encontrará una nutrida selección de esa obra poética.

El número 17 de La Noria consigna como su año de edición el de 2019. Según comentó a Rialta Oscar Cruz, el director de esta revista de periodicidad bianual, una serie de obstáculos de diferente naturaleza les impidió tenerlo a tiempo para presentarlo cuando hubiera correspondido. “Las revistas son atemporales. Pertenecen al pasado con la misma intensidad que al futuro”, nos respondió Cruz. También podría haberlo hecho, con igual razón, con el viejo refrán que afirma que nunca es tarde si la dicha es buena.

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