revista literari a de LIRAS enero-marzoMás cerca de Lucila Godoy/ ANTONIO PIEDRA............2 Lirios sobre un fondo de espadas/ ESTEBAN MENÉNDEZ........................................................47 El año en las letras internacionales/ ALEJANDRO PESCADOR....................................................4 La literatura hispanoaméricana en 1997/ MARY C. SÁNCHEZ...............................................................5 Emily Dickinson en el banquillo de nuestra época/ ESTEBAN MENÉNDEZ........................................................24 JOAQUÍN BADAJOZ..............................................................8 JOSÉ RAÚL FRAGUELA......................................................9 ALBERTO PERAZA..............................................................10 OSCAR LLANES....................................................................12 Abrir las manos/ FELIPE ARROYO...................................13 Cartas que no se perdieron y el hallazgo de la razón poética/ ANTONIO PIEDRA................................................16 El ser o no ser de «La nada cotidiana»/ OSCAR LLANES.....................................................................21 Cara y Cruz/ CARLOS ALMAGUER...................................22 Una oscura pradera me convida/ JOSÉ LEZAMA LIMA............................................................23 La Casa de los Espejos/ GUILLERMO CABRERA INFANTE..................................29 El hombre de las suelas de viento/ JOSÉ RAÚL FRAGUELA......................................................37 Premios D´Arte y CUBAneo/ Premios Casa/ Una memoria: para los que no tienen ojos para ver.../ Convocatorias: Revista Vitral/ Reina del Mar/ Beca MASCARADA...................................50 S U M A R I O l Letra orrida Con este número el Suplemento Infantil1 1 1 1 1 revista literaria Trimestral Año I N o .2 enero-marzo/ 1998 VOCES: josé raúl fraguela esteban menéndez héctor garcía nelson simón oscar llanes yomar gonzález CORO: gleyvis coro montanet josé ángel argudín david horta pimentel dagoberto valdés luis amaury minerva valle TRAZOS: yenia maría gonzález ILUSTRACIONES: obras de pedro pablo oliva DIRECTOR: ernesto ortiz Redacción: Ángeles 208 e/ Marina y San Juan Apto 1 Pinar del Río 20100 Impresión: Comisión Católica para la Cultura Obispado de Pinar del Río No se prohibe la reproducción total o parcial por cualquier medio, siempre que confiese que lo leyó en deLIRAS. Cada artículo firmado refleja la opinión del autor, que puede ser compartida o no. Pero al anochecer, en las manos de las hijas de nuestras mujeres, un olor de violetas y arcillas nos visitaba en nuestros proyectos de permanencia y fortuna y los vientos calmos se alojaban en el fondo de los golfos desérticos. SAINT-JOHN PERSE L a puericia de lo nuevo engendra simpatía en unos y preocupa- ción en otros. Simpatía en apoyo y consejo, en colaboración que agradecemos, visita que fertiliza todo proyecto compartido. La insistencia, la suma, acrecienta esa magia de la que los pitagóricos conocían todo su poder y en la que algunos siéntense incómodos. Es el miedo a lo distinto, a lo variado, a la apertura. A la «O». A la boca que se prepara para lanzar su palabra sin mordaza o la yugular que no admite estrangulación sanguínea. Hay una sábana muy blanca sobre la que nos proyectan una pelícu- la. Pero la FUNCIÓN no nos satisface. Si horadamos la sábana, con un lápiz que tenga buena punta, por ejemplo, irrumpe la vocal del ojo en el espacio. Miro. Las pupilas, todas, invitadas. FUNCIÓN f. (lat. functio). Actividad ejercida por un elemento vivo, órgano o célula (etc) || Ejercicio de un empleo (etc) || Empleo: obligaciones dimanadas de este empleo. || Espectáculo teatral (etc).|| Mat. Cantidad cuyo valor depende del de otra variable. || Conjunto de propiedades de un grupo de cuerpos (etc) || (etc). FUNCIONAR v. i. Ejecutar una función: esta máquina funciona bien. (Sinon. V. Obrar) O b r A r. _ b r _ r. A b r I r. Amigos, a ustedes que se ejercitan en la actividad o en la obligación: Ábranse a la creación, sin miedo, a la creación que fluye desde/hacia ustedes, dias- tólica o en sístole. Vida queremos y no el engranaje metálico de lo que detiene. Que estas páginas sean como un ovario en que se forme lo que nunca tendrá forma completa pero sí respiración. De tal manera que una minúscula chispa encendida por alguien sea una alianza contra la noche que está alrededor, en los golfos desérticos, la noche del alma. Alma, no arma. Un Ovario. O-vario. Vario. Vario- OOOOO . oo ooo O o O O OO OOO .2 2 2 22 E l centenario de Gabriela Mistral * –7 de abril de1889- con las citas de rigor y los feste- jos, es oportuno y necesario porque celebrar un tiempo que fue destino equivale a señalar con el dedo la hondura que hizo posible la creación. Gabriela Mistral ha pertenecido a una estirpe abismática cuyo tiempo nunca gozó de la compañía de lo leve. Todo en ella se pierde en ese adelanto de lo completo, en una espesa embriaguez que, por legendaria, ya protegen todos los dioses. No obstante, el tiempo de esta mujer, como antes lo fuera el de sor Juana Inés de la Cruz, se adentra para nosotros en desconocidos in- cendios que enllamean ese espejismo totalizante de la poesía, de la suya. Y es justo que así sea, porque la aventura del poeta ter- mina en poesía, que es su eternidad. Pero tam- bién es necesario, para entendernos, que lo aparente supere el ritmo de lo enigmático. Cuando Neruda habla de Gabriela Mistral de- fiende este enigma con el mismo celo que la Esfinge defendía el suyo, y afirma tajante- mente: “Yo no voy a averiguarlo y con seguri- dad no lograría saberlo y, si lo supiera, no voy a decirlo”. Así, ciertamente, se conjuran las situaciones curiosas, pero también se desfi- gura lo más afín del poeta: el peligroso com- bate que ha mantenido con la verdad, la mis- ma que explica su poesía. Rilke definía a esto como “un feliz mimetismo”. Quiero hablar, precisamente, de una de las claves que explican ese feliz mimetismo que traumatizó a Lucila Godoy y que Gabriela Mistral –su alter ego- jamás excluyó de la poe- sía. No importa que su tiempo lo negara y me- nos aún que la crítica se empeñe en valorarlo como prejuicio. El hecho de que afecte a lo inconfesable de Lucila Godoy no quita que la poesía de Gabriela Mistral decida ahí, preci- samente, la trampa de su perennidad y de su caída más humana en el tiempo. Lo advierte inequívocamente en uno de los poemas de “Lagar”, su último libro: Uno se muere con su mensaje en el desuello del fruto mondo, y mi oído iba a escucharlo toda la noche, rostro con rostro. DESGRANADOS SONETOS Cuando en 1914 obtiene Gabriela Mistral el premio de los Juegos Florales de Santiago de Chile, con los “Sonetos de la Muerte” -su primera incursión en la poesía-, se había producido ya la transformación de Lucila Godoy. Aquellos desgarrados sonetos recordaban el suicidio de Romelio Ureta: su joven amante clandestino que, incapaz de “soñar sobre la misma almohada”, rompe el pacto con la vida. Gabriela Mistral ya era entonces una potencia soterrada, un saetazo indio que hurgaba en la trayecto- ria de su propia angustia: el de aquella maestra itinerante que buscaba el amor y éste siempre la rehuía. Estremecedora la ini- ciación de Gabriela Mistral en la poesía porque en el mismo ins- tante de ser consuma tragedias y rupturas personales y poéti- cas. ANTONIO PIEDRAenero-marzo 3 3 3 33 Amado Nervo había comunicado a la poesía hispanoamerica- na una sentimentalidad lírica inquietante. Pero su positivismo irónico termina estableciendo un diálogo con la trascendencia como resultado de un misticismo incurable: “¡Oh, Señor Jesu- cristo, guíame por los rectos caminos del justo!”. Gabriela Mistral no desecha este supuesto; lo que hace es cambiarlo de sitio y revestirlo de una conciencia nueva. De aquí que su experiencia –el sitio- venga a ser la objetividad de una materia y de una forma que poco tenían que ver ya con un modernismo estético. Aquí ha de añadirse un componente fatal que recorre las estan- cias de la poesía de Gabriela. Me estoy refiriendo al sino que en el poeta romántico actúa como desencadenante y que en Gabriela Mistral se despoja de su fuerza externa, para interiorizarlo en lo más inaccesible del ser de Lucila Godoy: el sino de Gabriela Mistral. Sólo así se ex- plica que aparezca una poesía lacerante, desnuda y como des- poseída de un soporte que alimenta no se sabe qué misterio, qué amor o qué dolor. Lo cierto es que lo vivido por Lucila atenaza el verbo de Gabriela: Yo tengo una palabra en la garganta y no la suelto, y no me libro de ella aunque me empuje su empellón de /sangre. Si la soltase, quema el pasto vivo, sangra al cordero, hace caer al pájaro. CANCIÓN SOLITARIA Esta resistencia unifica su ley poética y nos sitúa ante uno de los hondones más dramáticos de la literatura contemporá- nea. El secreto de Lucila Godoy lo transforma Gabriela Mistral en el misterio de su poesía. Algo que no es fácil en literatura. Posiblemente, una de las razones más poderosas y sutiles del secreto de Gabriela Mistral se encuentre en los poemas del Hijo. Vuelvo al relato de Neruda para situarme de lleno en el ojo del huracán y evitar así lo más externo de la anécdota: “Como en estos poemas del Hijo describe la gravidez, el parto y el cre- cimiento, algo confuso se susurró en Temuco, algo impreciso, algo inocentemente torpe, tal vez un comentario burdo que he- ría su condición de soltera”... Lo que Neruda rechaza como insidia –poetas y críticos siguen haciéndolo hasta ahora mismo- Gabriela, curiosamente, lo engendra como canción solitaria y lo multiplica como reali- dad poética. Hoy día carece de importancia el afirmar que Juan Miguel Godoy no era el sobrino que la historia atribuye a Gabriela Mistral, sino el hijo carnal y la entraña de Lucila Godoy. Hacer esta afirmación ahora es importante porque es la estricta ver- dad que, en la sombra, nunca negaron ni Lucila ni Gabriela. El pálpito del enigma tiene aquí un tope de seguridad; una vez suavizado el gozne, entramos serenamente en el drama huma- no de Gabriela quien, poseída por una maternidad cósmica, se ve obligada, por circunstancias comprensibles en aquel tiempo, a negarle a Lucila el don de su humanidad, su ley genésica: ¿Por qué trajiste tesoros si el olvido no acarrearías? Todo me sobra y yo me sobro como traje de fiesta para fiesta no /habida; ¡Tanto, Dios mío, que me sobra mi vida desde el primer día! DUALIDAD Después de una educación selecta en Fran- cia –a cargo de Palmita Guillén, diplomática mejicana y madrina de Juan Miguel-, tiene lugar en Brasil, en donde Gabriela era cónsul de Chile, la convivencia de madre e hijo, que duró muy poco. Era demasiado tarde para que el sino se habituara a la escucha cercana de lo que al amor le es dado. Aquella criatura, que hablaba francés y leía buena poesía, no pudo soportar –como antaño le ocurriera a Romelio Ureta- la feracidad telúrica de Gabriela. Ella, con una premonición granada, vuelve a recor- dar aquel terrible verso suyo: “¿Cómo que- dan, Señor, dormidos los suicidas?” Y lo fatal acontece... El suicidio de Juan Miguel, a los 18 años, reconcilia a Lucila con Gabriela porque la dualidad deja de existir. Hay en “Lagar” un poema titulado “La otra” que da fe de este final desgarrador y traumático entre las dos mujeres, y que termina de este modo: Si no podéis, entonces, ¡ay! olvidadla. Yo la maté. ¡Vosotros también matadla! La historia rememora justamente a Gabriela Mistral porque hay en ella un senti- miento crecido y una razón poética que antes de ella no existía. Perdida en su grandeza hu- mana y en su enigma. Lucila es, en cambio, el ser anhelante que concita todas las formas de fecundidad posible. Probablemente aquel bi- llete encontrado en el bolsillo de Romelio con el nombre tembleante de “Lucila...” sea la úni- ca clave que explica a Gabriela Mistral. . Poeta y Ensayista español. Es uno de los poetas españoles que ha sido invitado, este año, a la Feria Mundial de Lisboa. ANTONIO PIEDRA . *A este artículo se hace referencia en la Presenta- ción de «Cartas que no se extraviaron» (en esta mis- ma Revista, pág. 16).4 4 4 44 A lo largo de 1997, en lo concerniente a títulos aparecidos en inglés y francés, se pudo apreciar –para usar el vocabulario de los economistas- un repunte en el mundo edito- rial británico y estadounidense. Varios de los libros más interesantes, no obstante, proce- den de autores de la periferia del espacio angloparlante, como la India, Nueva Zelanda, Australia o el Caribe. Otra parte significativa de los títulos publicados en Estados Unidos e Inglaterra consistió en traducciones que, por ejemplo, nos abrieron los ojos a la riqueza literaria de los países de Europa Oriental, una de cuyas creadoras en efecto mereció en 1996 el premio Nobel de Literatura, Wislawa Szymborska. En contraste, la producción edi- torial francesa pareció extraviarse en una búsqueda que todavía no encuentra la luz. Entre los grandes autores que publicaron nuevas obras este año, hay que mencionar a varios de ellos: Norman Mailer intentó con The Gospel According to the Son un deseo se- creto que muchos no se habían atrevido si- quiera a susurrar: ofrecer una nueva versión del Evangelio. Philip Roth volvió con An American Pastoral, para cuestionar el oropel del sueño americano, donde la epidermis del éxito trata de ocultar una creciente marea de sombras. The Actual, la novela de Saul Bellow correspondiente a 1997, parecería en cierta forma la otra cara de la moneda de Roth: aquí se vive un mundo de máscaras y por lo tanto de enigmas, pero los personajes terminan por reencontrarse a sí mismos, para sumir el amor como la mayor riqueza a nuestro alcance. Y ya en la tarea de recuperar mundos perdidos, las memorias de Paul Auster, Hand to Mouth, despliegan con indudable humor el encuen- tro de un destino literario y la angustiosa búsqueda del dinero para subsistir, así sea desempeñando el papel de escritor fantas- ma para una célebre, y millonaria, mexicana que vive en París. Dentro del mundo literario anglosajón, hay un aspecto que necesariamente debe des- tacarse: el verdadero boom de los escritores escoceses, a partir quizá de 1993, cuando apa- rece una obra después de la cual ya nada será igual: Trainspotting de Irvine Welsh. Algu- nos de los libros de 1997 que pueden propor- cionar una idea del boom escocés y de su des- enfadada irreverencia son: Children of Albion Rovers, edición de Kevin Williamson; New Scottish Writing, edición de Harry Ritchie; Debateable Land de Candia McWilliam; Morven Ca- llar de Alan Warner; Busted Scotch de James Kelman; y So I am Glad de A. L. Kennedy. En los autores que hemos lla- mado de la periferia del mapa an- glosajón hay un común denomi- nador: una factura espléndida de sus obras, una real capacidad para conmover y para evocar. La novelista india Arundhati Roy ganó el premio Bookers de 1997 con The God of Small Things, una historia de cómo la guerra, el hambre, la pobreza, el alcoholismo y las faltas al código del amor arruinan a toda una generación. Vikram Chandra, también de la India, y más allá de las influen- cias de Rushdie, entregó Love and Longing in Bombay, donde la ciudad está construida como un universo de enigmas. De Sudán, y publicado por Heinemann, la editorial inglesa que dispone del mayor acervo de literatura africana, llegó In the Hour of Signs, de Jamal Mahoub, que reconstruye la insurrección del pueblo sudanés contra los colonialistas ingleses entre 1881 y 1898. Una visión de conjunto de la intensa literatura que se produce en Nueva Zelandia –tanto en inglés como en maorí- se dio a conocer en la antología Homeland de la Universidad de Hawaii, donde se incluyeron a escritores como Patricia Grace, Hone Tuwhare, Alan Duff y Witi Ihimaera. En cuanto al Caribe, no hay que perder de vista la poesía de Derek Walcott, otro Nobel. Saúl Bellow Norman Mailer ALEJANDRO PESCADOR Paul Austerenero-marzo 5 5 5 55 . Philip Roth Respecto a las obras traducidas al inglés, conviene citar a modo de ejemplo algunas cuantas, pues sin duda el número de títulos importantes rebasa las limitaciones de este reseñista. Tan sólo para citar un puñado de ellas: The Swan de Gudbergur Bergsson (traducción del islandés al inglés de Bernard Scudder); Urwind de Bo Carpelan (traducción de finés al inglés de David McDuff; The Colonnade of the Teeth: Modern Hungarian Poetry (edición de George Gomori y George Szirtes); Through the Forest de Jaan Kaplinsky (traducción del estonio al inglés de Hildi Hawkins). En cuanto al país bilingüe por excelencia, Canadá, la produc- ción literaria en inglés y en francés parece marchar por las mis- mas amplias avenidas. El pasado Salón del Libro de Toronto, de mediados de octubre de 1997, fue apenas una muestra de la im- portancia y el interés que despierta la producción literaria en francés en ese país. No menos interesante re- sulta una novela como The Englishman´s Boy de Guy Vanderhaeghe, que marca muy bien sus distancias de la moda desatada por Douglas Coupland con Generation X. Por lo que hace a Francia, la heredera de Grecia y Roma para muchos de nosotros, pa- rece que las cosas no andan muy bien. De acuerdo con la recopilación preparada por Granta: France: the Outsider, los actuales no- velistas franceses se han refugiado en el en- simismamiento y lloran sobre el espejo roto de Narciso. Algunos injustamente culpan de la crisis a Proust, quien hizo de la introspec- ción la épica de su narrativa. A partir de ahí se ha generado, a fin de siglo, una moda, exan- güe y arrogante que ha hecho del cuadro intimista su universo cerrado, su club reser- vado sólo para socios. No puede concluir este breve recuento sin mencionar dos cuestiones relativas al flaman- te Premio Nobel de Literatura, el italiano Darío Fo: primera, en chino fo quiere decir Buda; segunda, ante las sentencias contra los veintitrés dirigentes de Herri Batasuna -por colaborar con ETA-, Fo declaró públicamente su rechazo a tales condenas; pero esto le va- lió una respetuosa pero firme reprimenda del filósofo y escritor Fernando Savater, quien le pidió que, antes de opinar sobre este tema, primero se informara bien. E n esta época las páginas de suplementos y revistas cultura- les se llenan del acostumbrado recuento: lo que 1997 nos dejó. Hay quien, en medio de una suerte de egocentrismo entrega premios; otros pasan lista a sus “cuates” para que no se olviden del “crítico” por lo menos durante el siguiente año; y también no faltan los que hacen una simple enumeración. Aquí lo único que se pretende es ofrecer un panorama de lo más sobresaliente y, al mismo tiempo, dar una breve justificación. De narrativa y ensa- yo se han seleccionado tres libros. NOVELA El mocho, de José Donoso (Alfaguara). Escrita de manera in- termitente mientras llevaba a cabo otros proyectos, José Donoso meses antes de su fallecimiento, en 1996, decidió concluir esta historia y entregársela a su editor. El narrador chileno exhibe personajes tan reales como la vida misma y, pese a ello, parecen deambular como fantas- mas sin destino que arrastran la dudosa som- bra de su existencia. Son seres de carne y hueso que se metamorfosean en aire, en humo, en sueño. Que aventuran sus pasos en las calles de Chivilingo, en un lugar perdido en al memoria de los vivos y los muertos: una especie de Comala, con sus ánimas y sus sue- ños truncados. En este último aliento de su narrativa, el autor de El obsceno pájaro de la noche se muestra a la altura de sus mejores páginas. El mocho puede considerarse como un testamento literario de un escritor lleno de lucidez y con un alto sentido autocrítico. Darío Fo MARY CARMEN SÁNCHEZ AMBRIZ6 6 6 66 Obra completa de María Luisa Bombal (Editorial Andrés Bello). En 1984 la editorial Seix Barral publicó un libro que reúne varios relatos de María Luisa Bombal y su novela La última niebla. Los lectores que apreciamos el trabajo de esta estupenda narradora chilena tuvimos que esperar mucho tiempo para con- tar con su Obra completa. Lucía Guerra se dio a la tarea de incluir todo lo menos que hasta ahora se conoce- escrito por Bombal, desde una serie de crónicas sobre Washington hasta las cartas que la novelista le escribió a una joven ansiosa por hacer una tesis sobre su es- critura. Aunque este volumen se dio a cono- cer en Santiago de Chile, en 1996, a los segui- dores de María Luisa Bombal nos llegó casi un año después, en México, le hubiera dado mayor importancia y la difusión que se mere- ce este ejemplar. Tal vez alguien se pregunte ¿qué es lo que se admira en la literatura de esta narradora que Juan Rulfo apreciaba? Ella fue una de las primeras en experimentar con uno de los temas más frecuentados por la literatura moderna. Me refiero al entrelazamiento de la realidad con la fanta- sía. En La amortajada la protagonista es una muerta, la narración retrospectiva ocurre den- tro de la imaginación y la memoria de ésta. La unidad del tiempo aparece distorsionada en dos planos: la introspección ante la muer- te y la evocación total que abarca desde los días de la infancia hasta el momento en que la están enterrando. Al igual que en La últi- ma niebla, esta novela es un poético solilo- quio proyectado en la voz de una mujer añorando el amor. Y, efectivamente, una mues- tra de cómo esos príncipes azules de los cuen- tos de Andersen –que leyó con avidez duran- te la infancia- persiguen a María Luisa Bombal a través de su vida: son urdimbres donde la realidad se entrecruza con la ficción. Plenilunio, de Antonio Muñoz Molina (Al- faguara). Actualmente algunos escritores es- pañoles gozan de una fama demasiado “in- flada” por las promociones editoriales, qui- zás también por el tratamiento de temas his- tóricos. Pero está claro que existe un grupos selecto de autores que no han dejado de mos- trar su talento y madurez; en esta relación considero conveniente nombrar a Luis Landero y a Luis Mateo Díaz, sin desdeñar las recientes producciones de Carmen Mar- tín Gaite. En la primera fila de todos ellos se encuentra, por méritos propios, el más joven de los miembros de la Real Academia -de la Lengua- Española: Antonio Muñoz Molina. ¿Qué es Plenilunio? De entrada hay que situarla como un relato de los que sedu- cen. En una oscura ciudad de la provincia ibé- rica se produce un crimen: una niña es viola- da y asesinada. El autor construye un estudio psicológico en donde figuran tres personajes que desbordan este micromundo: el autor de un crimen, el inspector de policía que lo in- vestiga y la joven maestra divorciada (amiga de la víctima). La trama está bien expuesta, con la sabiduría y experiencia que Muñoz Molina ha ido adquiriendo desde El jine- te polaco, Un invierno en Lisboa hasta Beltene- bros. CUENTO Amores que atan, de Julián Ríos (Alfaguara). En un homenaje a la mu- tabilidad de lo femenino. Son las bellas (plurabelles livianas) de la literatura y la historia reencarnadas en las venturas sexagonales de este erran- te y errático don Juan. Una mujer es muchas mujeres: veintiséis. Las metamorfosis son tam- bién (d)efectos ópticos, al(i)teraciones de la mirada que observa y se reserva las permutaciones de lo eterno y lo felino. El autor expone, hábilmente, quiénes han sido sus maestros o guías lite- rarios. El capítulo trece corresponde a la letra “M” de Molly Bloom. No hay duda de esto, ya que el texto realizado por Julián Ríos es una paráfrasis del monólogo final de Ulises, de Joyce. Es decir, está escrito como “lo que ella cantaba en cama sin comas ni puntos”. Molly es molicie, malicia. El “yes I said yes, I will Yes” con que termina la nivela irlandesa se transforma en “y dijo no quiero No” en el apéndice larvario del escritor gallego. A fin de cuentas, el narrador parece aceptar con jovialidad aquella con- signa del medio o remedio editorial que dice: “Prohibido ir más allá de la realidad”. Julián Ríos asume quizás este límite de la realidad en Amores que atan, y sólo pregunta: “Pero ¿cómo saber dónde acaba?” (P.133) Cuentos completos, de Juan García Ponce (Seix Barral). No puede hablarse de la literatura mexicana contemporánea sin que exista alguna referencia a la obra de Juan García Ponce. Durante 1997 se sumaron nuevos lectores a sus novelas y cuentos, ya que la editorial Alfaguara reunió un volumen con sus novelas y Pla- neta, en su colección Seix Barral, hizo lo suyo al compilar todos sus relatos publicados entre 1963 y 1995. Gracias a esta concor- dancia de las editoriales, los lectores del autor de Crónica de la intervención tuvimos la oportunidad de reencontrarnos con las dos versiones de “El gato”, magistral relato que también figura en su compendio de novelas. En estos Cuentos completos es po- sible advertir la evolución del autor, sus obsesiones, su constan- te preocupación por describir las texturas de la carne y del de- seo. Cuentos completos, de Juan García Hortelano (Alfaguara). En la década de los cincuenta empiezan a darse a conocer en Espa- ña los nombres de una serie de prosistas jóvenes, que los críticos han llamado la “Generación del medio siglo”, a la que pertene- cen Juan Marsé, Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo o Jesús Fernández Santos. En- tre ellos destaca Juan García Hortelano, considerado como uno de los más notables narradores de la literatura española de la posguerra. En Cuentos completos y se recopilan tres libros - Gente de Madrid (1967), Apólogos y milesios (1975) y Mucho cuen- to (1987)- y veinte relatos, bajo el título de Cuentos contados, de los que dos son inéditos y los restantes fueron publicados en diversos medios durante treinta y cuatro años. El común deno- minador de estas narraciones está en que el autor ha elegido Antonio Muñoz Molinaenero-marzo 7 7 7 77 Sergio Pitol Bárbara Jacobs . Tomado del Suplemento ¡Siempre! No. 2324. MÈxico,1998 evitar un final feliz o moraleja. García Hortelano se limita a ofre- cer una mirada impresionista de la vida y un latente rechazo a la imperante moral de triunfo que se vivía en los años de la posguerra. ENSAYO Juego Limpio, de Bárbara Jacobs (Alfaguara). La autora ela- bora una recopilación de sus ensayos publicados en distintas revistas y suplementos culturales. No es un libro como muchos en donde los autores suelen amontonar sus textos olvidados – por algo será, en algunos casos- y acomodarlos de manera cronológica como si se tratara de un álbum familiar. Jacobs ha realizado una cuidadosa selección de sus ensayos: son textos suficientemente trabajados, nítidos. En ellos se advierte parte de la sensibilidad de la autora en el momento de seleccionar a determinados escritores, por ello en Juego limpio es posible ha- llar los rostros de Virginia Woolf, Dorothy Strachey, Mary McCarthy, Holden Caulfield (personaje de J.D.Salinger), Joseph Brodsky, entre otros. Pero, sin duda, el rostro más revelador es el de la propia ensayista. Después de contagiar y compartir con el lector su interés por determinados libros y asuntos relaciona- dos de forma paralela con la escritura, Jacobs incluye una apos- tilla al final de cada uno de sus ensayos: el leit motiv de sus reflexiones. “La risa es útil como signo de puntuación oral”, se lee en este Juego limpio. A partir de la anterior frase se desen- cadena una serie de curiosas recomendacio- nes en caso de que el lector busque “puntuar con ella (la risa) sus conversaciones de modo acertado y prosódico”. En ésta como en otras reflexiones se percibe el humor de la escrito- ra. Tal vez uno de sus escritos más conmove- dores, lejos de la cursilería y el engolosina- miento del yo, es “Cómo empecé a escribir”. Al terminar de leer este último texto queda la sensación como de haber entrado a la casa de la autora a sustraer su diario. Porque, como escribe la propia Jacobs: “Quien deja un dia- rio desea que éste sea leído”. El arte de la fuga, de Sergio Pitol (Era). A pesar de que salió con sello de 1996, se puso a la venta en librerías durante este año que fi- naliza. Con el estilo de una bitácora de viaje, Pitol entrega un libro de ensayos-diario que recopila sus vivencias y lecturas de 1993 a 1996. Memoria, Escritura, Lecturas y un via- je a Chiapas son los apartados que integran este libro. Lejos de tropezar con un mero anecdotario, el ensayista recrea escenarios, conciencias y, sobre todo, viajes. Escribe Pitol: “¡Viajar y escribir! Actividades ambas marca- das por el azar; el viajero, el escritor, sólo ten- drán certeza de la partida. Ninguno de ellos sabrá a ciencia cierta lo que ocurrirá en el tra- yecto, menos aún lo que le deparará el desti- no al regresar de su Ítaca personal” (P. 173) Historia de lo inmediato, de Renato Leduc (FCE), Durante 1997 se conmemoraron los cien años del nacimiento de uno de los mejo- res periodistas y ensayistas que ha tenido nuestro país. El Fondo de Cultura Económica publicó una reedición de este libro que vio la luz por primera vez en 1976. A Leduc le in- quieta lo siguiente: está preocupado porque el periodismo no aniquile su entusiasmo por narrar lo que acontece a su alrededor. Lo per- turba el no poder distinguir en dónde comien- za uno y otro género. Reflexiona: “Es posible que a la producción periodística le falte hon- dura y le sobre superficialidad. La premura, festinación y oportunismo (he dicho oportu- nismo y no oportunidad) con que generalmen- te se realiza serían la causa” (p.7) Con todo y sus temores, el escritor se instala en la litera- tura. Fiel al ensayo, tal vez sin proponérselo, su vena periodística fomenta en él una de sus mayores virtudes: el uso de un lenguaje des- enfadado. El autor no titubea al escribir una diatriba contra el Corydon, de André Gide, “la biblia de los intelectuales maricones de los años veinte”. (p.10) de un redactor de L´Humanité de París, Gabriel Peri, extrae la frase que da título al libro: “El periodista po- lítico es el historiador de lo inmediato”. José Donoso Julian RiosNext >