El gobierno de mañana La invención del cine cubano independiente (2001-2015)Ensayo El gobierno de mañana La invención del cine cubano independiente (2001-2015) RIALTA EDICIONES DEAN LUIS REYESD. R. © Dean Luis Reyes, 2020 Primera edición: mayo de 2020 ISBN: 978-607-98518-9-7 Publicado bajo el sello Rialta Ediciones Santiago de Querétaro www.rialta-ed.com Reservados todos los derechos de esta edición para © Carlos Aníbal Alonso Castilla (Rialta Ediciones) Blvd. Hacienda La Gloria #1700, Hacienda La Gloria, 76177, Santiago de Querétaro, México5 Introducción Antes de existir, este libro fue apenas un deseo y un malestar. Ahora que reviso el texto que le da título puedo afirmarlo sin complejos, porque hay allí una inconformi- dad con el cine cubano y una aspiración a que acabara por transformarse en otra cosa. Y bien, a menudo solo hay que formular lo que se quiere para que se haga realidad. En el año 2000 me llamaron para ser parte del comité de selec- ción de lo que terminaría siendo el germen de la Mues- tra Nacional de Nuevos Realizadores, hoy Muestra Joven ICAIC. Aquello que había deseado y prefigurado en mis textos de esos años parecía posible al fin: un puñado de voces distintas empezaba a dibujar un panorama nuevo para la cultura audiovisual nacional. Si bien los críti- cos «establecidos» se tomaron su tiempo para advertirlo, pronto no quedó otro remedio que mirar también en esa dirección. Ahora quizás nadie se acuerde, pero la invención del cine independiente cubano no fue tarea sin riesgos. Hacia 2004 el término «independiente» era anatema explícito en la prensa y en los espacios de legitimación mayoritarios. ¿Independiente de qué y para qué? 6 En Cuba siempre hay quien ve orejas de lobo en todas partes, pero digamos que la causa más profunda de esta desconfianza se debió a razones de costumbre. ¿De dónde salían estos cineastas «extraños», en algunos casos atroces, capaces de exigir al instituto de cine estatal (el único exis- tente) que los tomara tal cuales eran o se olvidara de que existían? En ese camino de indiferencia mutua, de mínimo diálogo, se perdió mucha gente valiosa. No sé por dónde andan muchos. Otros, que han venido después, podrán con- tar la misma historia. En mi caso, la vida me puso donde lo había deseado. Mi primera reacción ante la obra de los «nuevos realizado- res» fue de orden generacional. Los directores emergentes tenían en general mi edad o menos. Sus temas eran mis propias preocupaciones. Sus repertorios de influencias, a menudo también los míos. Por el camino el trabajo del crítico se fue transformando en gesto solidario y, bajo la prueba del tiempo, en amistad. Algunas de esas amistades las conservo todavía. Otras no soportaron las duras exigen- cias que supone juzgar lo que se quiere. Mi única meta ha sido acompañar ese estado latente desde el principio hasta hoy, cuando puede hablarse de una tradición cultural edifi- cada fragmento a fragmento. La tradición que digo ha supuesto en Cuba un tránsito de la cultura del cine a la cultura audiovisual. Hay un margen de casi dos décadas transcurridas que permite hacer balances, descubrir tendencias y líneas de desarro- llo, evaluar poéticas personales y ver en qué se ha conver- tido el cine cubano. Hoy existe una diversidad de voces y modos de hacer que, pese a su calidad irregular y fragili- dad productiva, al bajo apoyo institucional y a los prejui- cios con que se difunden muchas de esas obras (cuando 7 no resultan silenciadas), indica que hay algo vivo y resi- liente allí. La cuestión terminológica, igualmente, queda por defi- nir. Un «cine independiente» supone una utopía acaso inal- canzable –siempre hay subordinaciones, mayormente financieras, en un arte industrial, por mínimas que sean–, pero cabe indicar que buena parte de las piezas audiovi- suales de este corpus no se origina en un marco editorial único, no depende en general de una sola fuente de finan- ciamiento y sus guiones no pasan por comités de cen- sura. La idea de la independencia en su caso tiene que ver mayormente con la dosis de control, con el poder creativo superior de los realizadores sobre el proyecto final, con la aparición de un sector de creación audiovisual inédito en la historia del cine en Cuba, que se manifiesta vírica y trasversalmente y que, ahora mismo, subvierte la relación creador-receptor, una vez que las cámaras digitales convi- ven con los sujetos en su vida cotidiana. Desde un plano más optimista reconozco que nos tocó una época magnífica. La era digital trastornó todas las prácticas artísticas y permitió reinventar cada modelo comunicativo vigente. La relación del espectador con el cine cambió. El viejo sueño del cineasta artesano que posee el control casi absoluto de sus materiales expresivos, que es dueño además de los medios de producción y tiene acceso a nuevos canales donde compartir su obra, sin las exigencias del modelo de consumo vigente, pareció cobrar heroica vigencia. Las técnicas y procedimientos de la animación se colocaron en el centro del proceso de creación del cine. El documental sufrió una sacudida bestial que lo ubicó a la vanguardia de la invención de formas. Finalmente, las fronteras entre todos se borraron. El crítico mismo se Next >