un encuentro inevitable Jesús Díaz • 3 Homenaje a Fina García Marruz fina Jorge Luis Arcos • 4 hacia fina: su conciencia formal Rafael Almanza • 8 la poesía del encuentro en «las miradas perdidas» de fina garcía marruz Emilio de Armas • 16 los nombres y las cosas Miguel Fernández • 23 La mirada del otro cuba, 1998: reflexiones extemporáneas sobre un siglo perdido Ignacio Sotelo • 27 En proceso la cabaña: patio número 1 Jorge Valls • 49 el espejo y la máscara. comentarios a la fotografía cubana postrevolucionaria Juan Antonio Molina • 59 la patria es de todos Manuel Díaz Martínez • 74 el partido del pueblo cubano (ortodoxo) y la sociedad civil cubana Olga Cabrera • 77 Cuentos de Encuentro la mensajera Jorge Dávila Miguel • 87 cuento y epílogo para otro amigo en fuga Alejandro Aguilar • 100 encuentro DELACULTURACUBANA REVISTA Director Jesús Díaz Redacción Manuel Díaz Martínez Luis Manuel García Iván de la Nuez Marifeli Pérez-Stable Rafael Rojas Rafael Zequeira Edita Asociación Encuentro de la Cultura Cubana c/ Luchana 20, 1º Int. A 28010 • Madrid Teléf.: 91-593 89 74 Fax: 91-593 89 36 E-mail: encuentro@nexo.es Coordinadora Margarita López Bonilla Diseño gráfico Carlos Caso Colaboradores Alejandro Aguilar • Eliseo Alberto• Rafael Almanza • Uva de Aragón • Jorge Luis Arcos • Emilio de Armas • Guillermo Avello Calviño • Gastón Baquero†• Carlos Barbáchano • Victor Batista • José Bedia • Antonio Benítez Rojo • Beatriz Bernal • Elizabeth Burgos • Olga Cabrera • Madeline Cámara • Esteban Cárdenas • Jorge Dàvila • Josefina de Diego • Reynaldo Escobar • Carlos Espinosa • María Elena Espinosa • Tony Évora • Lina de Feria • Miguel Fernández • Alberto Garrandés • Mario Guillot • Emilio Ichikawa • José Kozer • Alberto Lauro• Juan Leyva Guerra • César López • Eduardo Manet • Carmelo Mesa-Lago • Julio E. Miranda•Juan Antonio Molina • César Mora • Joaquín Ordoqui • Mario Parajón• Enrique Patterson • Waldo Pérez Cino• Antonio José Ponte•José Prats Sariol • Carlos Quijano • Tania Quintero • Alberto Recarte • Juan José Ruiz • Raúl Rivero • Marta Eugenia Rodríguez Gómez • Guillermo Rodríguez Rivera • Efraín Rodríguez Santana • Miguel Saludes García • Miguel Ángel Sánchez • Fidel Sendagorta • Pío E. Serrano • Carlos Solchaga • Ignacio Sotelo • Osbel Suárez • Jorge Valls • René Vázquez Díaz • Carlos Victoria • Fernando Villaverde • Alan West • Yoss (José Miguel Sánchez) • 11 invierno de 1998 / 1999 la economía cubana: hipótesis de futuro Carmelo Mesa-Lago, Carlos Quijano, Alberto Recarte, José Juan Ruiz, Carlos Solchaga • 103 Poemas compuerta a los poemas delicados Lina de Feria • 129 a la madre de maricusa y josefina menéndez Lina de Feria • 130 1898: hispanismo y guerra Arcadio Díaz Quiñones • 131 Textual irse es un desastre Raúl Rivero • 146 carta abierta a josé saramago Manuel Díaz Martínez • 148 maría zambrano: notas sobre «filosofía y poesía» y su huella en cuba Marta Eugenia Rodríguez Gómez • 150 encuentros que no lo son Miguel Saludes García • 156 un desencuentro superable Rafael Rojas • 159 privilegio Esteban Cárdenas • 160 josé bedia • 163 Buena Letra 165 Cartas a Encuentro 191 La Isla en peso 197 Portada, contraportada e interior, José Bedia Contraportada Espacio cerrado , 1989 Portada Tronco Ceiba ¿Y ahora quien tocará el tambor? , 1994 . Maquetación Equipo Nagual, S.L. Impresión Navagraf, S.A., Madrid Precio del ejemplar: 1.000 ptas. Ejemplar doble: 1.800 ptas. Precio de suscripción (4 núm.): España: 4.000 ptas. Europa y África: 6.650 ptas. América, Asia y Oceanía: 7.900 ptas. / $ 55.00 No se aceptan domiciliaciones bancarias. Encuentro de la cultura cubanaes una publicación trimestral independiente que no representa ni está vinculada a ningún partido u organización política dentro ni fuera de Cuba. Las ideas vertidas en cada artículo son responsabilidad de los autores. Todos los textos son inéditos, salvo indicación en contrario. No se devolverán los artículos que no hayan sido solicitados. D.L.: M-21412-1996 ISSN: 1136-6389Encuentro de la cultura cubanadedica su homenaje de este númeroa la extraordinaria poeta y ensayista Fina García Marrúz. Quizá sea necesa- rio insistir en que la obra de Fina nos pertenece a todos, vivamos donde vivamos y sea cual sea nuestra opción política. Si algo debe y puede unir un cuerpo roto, ese algo es la poesía. En este número publicamos, también, textos que tratan de dos de los trau- mas más grandes y olvidados que ha sufrido la sociedad cubana en los últi- mos decenios: el presidio político y la guerra de Angola. En «La Cabaña: patio número uno», capítulo del libro de memorias de la cárcel de Jorge Valls, asis- timos a una tragedia atroz; en «La Mensajera», relato de Jorge Dávila que tiene por escenario el sur de Angola, en el marco de la guerra más larga de la histo- ria de nuestro país, nos acercamos a la narración de una verdadera hazaña popular, cuyo final propone una pregunta de dolorosa respuesta. Jorge Valls estuvo veinte años preso en cárceles cubanas, Jorge Dávila peleó en la guerra de Angola y perdió allí un hermano, pero ni uno ni otro utilizan esas trágicas experiencias personales como razón para el panfleto y el clamor de venganza. En ambos casos el sufrimiento ha sido macerado por el tiempo, y sobre éste han operado el talento y una escencialidad narrativa que no dudamos en calificar de excepcional, dando como resultado textos que se inscriben por derecho propio en lo mejor de la literatura cubana de los últi- mos años. Como la obra de Fina García Marrúz, ambas experiencias y ambos trabajos nos conciernen a todos; juntos en nuestras páginas, protagonizan el encuentro inevitable de la poesía y la memoria. Desde la entrega anterior se han integrado formalmente a la redacción de EncuentroMarifeli Pérez-Stable y Rafael Rojas, dos de los más destacados ensayistas cubanos de la actualidad, autores de La revolución cubanay El arte de la espera, respectivamente, y que, como nuestros lectores saben, han acompañado a esta revista desde su aparición. Por último, deseamos dejar constancia de nuestro agradecimiento al Cen- tro Internacional Olof Palme, que nos ha brindado un continuo apoyo desde el inicio de este proyecto, y al Partido Socialdemócrata Sueco, cuya generosa ayuda ha hecho posible la producción de este número. 3 un encuentro inevitable / Jesús Díaz encuentro Un encuentro inevitable J ESÚS D ÍAZ4 homenaje a fina garcía marruz encuentro Vedla sentada a la puerta de su rostro, guardadora de un misterio perdido Fina García Marruz F ina garcía marruz, poeta y pensadora del linaje de Santa Teresa de Jesús, María Zambrano, Simone Weil. De ella afirmó Eliseo Diego que en su obra «se encuen- tran algunos de los poemas de más apasionada belleza que se hayan compuesto en lengua española desde que asomó el mil novecientos». Es la única mujer del importante Grupo Orígenes, quien junto a José Lezama Lima, Eliseo Diego, CintioVitier, Virgilio Piñera, Gastón Baquero y otros poetas, integró uno de los movimientos poéticos más trascendentes de la cultura iberoamericana en el presente siglo. Lo hispánico, lo americano, son constantes en su obra —y también lo insular, lo «cubano» secreto, poética sobre la que ha escrito poemas y prosas de sutilísima y pro- funda captación de matices y esencias. Escritora de profundo pensamiento, de vastas resonan- cias filosóficas, religiosas, éticas y estéticas. Crítica, investi- gadora, ensayista penetrante, ha escrito páginas perdura- bles sobre Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz, Gustavo Adolfo Bécquer, José Martí, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Charles Chaplin, José Lezama Lima, María Zambrano y sobre la Poesía misma 1 . Son notables sus poemas sobre Keats, Lezama, Sor Juana, Chaplin, Vallejo y Machado. Homenaje a Fina García Marruz Fina Jorge Luis Arcos 1 Consúltese: «Lo Exterior en la Poesía». Orígenes. La Habana, año IV (16): 16-21, invierno, 1947; «Notas para un libro sobre Cervantes». Orígenes . La Habana, año VI (24): 41-52, invierno, 1949; «Hablar de la poesía». Unión. La Habana (1): 4-9, diciembre, 1970, y en su Hablar de la poesía. La Haba- na, Ed. Letras Cubanas, 1986.5 homenaje a fina garcía marruz Fina encuentro La lectura de su obra lírica constituye una de las experiencias vitales y esté- ticas más estimulantes de la poesía contemporánea. Poeta de aparente senci- llez expresiva, a veces de engañoso desaliño formal, su mirada es capaz de traspasar siempre las apariencias y, a la vez, recrearlas, retenerlas, «salvarlas» —y conmover profundamente, secreto de su estilo—, convencida de que «toda apariencia es una misteriosa aparición», y de que «lo profundo es lo que se manifiesta», o que el rostro es más misterioso que la entraña; convic- ciones que no le impiden iluminar, órficamente, esas obscuras cavernas del sen- tido, las abisales simas de la realidad, tanto de la visible como de la invisible, de lo conocido como de lo desconocido. Poeta con el don de la entrevisión, de apresar el «instante raro», al que se refiriera Martí, para detener ese tem- blor, ese momento en que las cosas sin dejar de ser ellas mismas comienzan a ser otra cosa. Acaso porque para ella toda realidad es simbólica: «Estaba a la vez cerca y lejos», dice del mar. Su escritura es capaz de revelarnos, como Juan Ramón, la joya más esplén- dida, y como Martí, Unamuno, Vallejo, la confesión más conmovedora. Poeta estoica, ascética sequedad espiritual —«porque en lo seco arde el espíritu»— y, a la vez, de almado desbordamiento confesional. A veces, en la parquedad de su estilo, o en el deslavazamiento de sus versos, se encuentra el secreto de su despegue, de su sobrepasamiento, porque conoce el secreto de la obediencia a una forma, el secreto del límite como medio para acceder a una realidad más vasta: es la posesión del renunciamiento. Su estilo, pues, se hermana con su cosmovisión creadora: hace del silencio, de la oquedad, un clamor, un lleno; de lo cerrado, lo abierto; de la pobreza, un tesoro. Espléndido lo pobre; aurear pobreza. Y sus palabras, transidas por una suerte de agónica tensión, de dolorosa hermosura, de severa alegría, parecen siempre servir a una realidad mayor, inabarcable, «a manera de nota de órgano», dice. Pero asímismo es capaz de develarnos el misterio de los actos, de las cosas más sim- ples y humildes, aunque a la luz de una radical extrañeza, ésa que le hace per- cibir una distancia misteriosaentre el ojo y lo mirado. Siente que le «falta» algo a la realidad, algo que huye, escapa, no se deja poseer; que lo que ella misma hace o escribe es siempre «insuficiente», pero su lucidez, su clarividencia poé- tica suelen ser insondables. Esa dialéctica de conocimiento, ese religador pen- samiento poético, y religioso, constituye la marca de su sensibilidad. Tiene el dominio del verbo, pero su mediación con la realidad se expresa la más de las veces a través de esa dinámica suspensión del ser, de esa «actividad» que es fruto de una extática contemplación, por donde accede a la visión, o la recibe, porque la visión es también una visitación, una manifestación de lo desconoci- do, porque vesiempre más allá o, simplemente, porque como mismo siente «el menos», ve«el más». Su acendrada religiosidad se mueve dentro del reino de la caridad; ella configura un vacío que debe ser llenado. Es lo que espera , acaso porque, como escribiera María Zambrano en sus Claros del bosque , «mas si nada se busca, la ofrenda será imprevisible, ilimitada». Por eso, ella, que quiere «escribir con el silencio vivo», ha hecho del sacrificio, del servicio misterioso, de su callado6 homenaje a fina garcía marruz Jorge Luis Arcos encuentro ascetismo, de su huraña lucidez, de su indecible renunciamiento, una profe- sión de profunda y consecuente fe cristiana. En pocos creadores ha encontra- do el misterio de la Encarnación, del Verbo que se hace carne, un testimonio más vivo. De ahí ésa su visión poética, es decir, unitiva, religadora, de los órde- nes aparentemente más lejanos entre sí, entre la apariencia y la esencia, entre lo inmanente y lo trascendente. Por eso ella sitúa su mirada «no en lo que permanece siempre huyendo, / sino entre lo que, huyendo, permanece». Filosofía de la relación, como intuyera Martí. Iluminación de la profunda dia- léctica de la creación. Mas esa conciencia de que «el centro de toda realidad es trascendente», hace que sus palabras se organicen para servir más que para ostentar; y que descrea de toda «imagen idolátrica», porque cree en la imagen encarnada , o transfigurada, y de ahí la indecible alusión que portan sus mate- rias poéticas, su consustancial simbolismo, en este sentido ajenos a todo inte- lectualismo o esteticismo. La intensa espiritualidad de su pensamiento poético es de este modo esen- cial, pero a la par que se adentra en los misterios teológicos, que complejiza incluso la fe, tiene sobre todo la cualidad de desplegar una mirada que, al partir de un radical desasimiento de toda solitaria arrogancia intelectual, hace de la comprensión, y de la participación, de lo otro y en lo otro, su forma más natural y profunda de manifestarse. De ahí su inusitado realismo, como que parte de un conocimiento amoroso, y ve en cada extraña criatura, en cada enceguecedora apariencia, una suerte de incesante transfiguración de lo real. Un misterio de amor, aun cuando lo exprese a través del sufrimiento. Su mira- da entonces, al estar presidida siempre por esa suerte de fidelidad, se explaya a través de los sentidos—«eterna fuente de poesía», dice—: por eso las apa- riencias son tocadas, oídas, vistas, sentidas, paladeadas, como en un moroso zureo que las envuelve en una luz que a la vez que las ilumina, las mantiene veladas; que a la vez que las aísla, las protege como un manto de nieve; que a la vez que las lejaniza, las hace más íntimas, más cercanas. Al final, lo que ofre- ce siempre es una sabiduría, un saber poético, acaso el más antiguo —el de los orígenes—; el que mira y se oculta en el «instante raro», en el hoy minu- cioso, en el «fiel instante»; y el que siempre espera en el futuro, invisible, como «una luz desconocida». Toda su poesía cabe en este verso suyo: «Lo eterno en lo fugaz»; o en este otro: «¡Oh lo bello y lo triste!» Yo prefiero ima- ginarla siempre, paseando su mirada entre los «árboles del otoño» —ese otoño tan suyo como su dulce nevada , su bello niño de oro , sus oscuras tardes , sus astros , sus jardines, susparques, sus rostrossucesivos, sus azules, su esmeralda, sus violetas, sus nochesindecibles, su intemperie, sus palmas, sus lilasdeslumbrantes—, o tocando la inasible textura de lo real «con dedos lejanísimos». ¿Por qué su poesía, y su obra toda, permanecen aún casi desconocidas, como un oculto tesoro? Ha publicado los poemarios Transfiguración de Jesús en el monte(1947), Las miradas perdidas. 1944-1950(1951), Visitaciones(1970), Viaje7 homenaje a fina garcía marruz Fina encuentro a Nicaragua(1987), Créditos de Charlot(1991), Los Rembrand de L’Hermitage (1992), Viejas melodías (Caracas, 1993), Nociones elementales y algunas elegías (Caracas, 1994) y Habana del Centro (La Habana, 1997). Su obra ha sido anto- logada en Cuba, en Diez poetas cubanos (1937-1947) (1948) y Cincuenta años de poesía cubana (1902-1952)(1952), ambas selecciones de Cintio Vitier; Panora- ma de la poesía cubana moderna (1967), de Samuel Feijóo; Poesías escogidas (1984), de Jorge Yglesias; Poetisas cubanas(1985), de Alberto Rocasolano y Antología poética(1997), de Jorge Luis Arcos. Otra antología, muy similar a la presente, está actualmente en proceso de edición en Cuba. Pero lo cierto es que su obra poética apenas ha sido divulgada fuera de Cuba, con la excepción de la antología de Carmen Conde, Once grandes poetisas americohispanas (Madrid, 1967), y que poemas suyos han sido traducidos al italiano por Fran- cesco Tentori, Poeti ispanoamericani del novecento(Milano, 1987), y al inglés por Margaret Randall, Breaking the silence(Vancouver, Canadá, 1982). A pesar de haber sido nominada en dos ocasiones al Premio Cervantes, y de su ya exten- sa y fecunda trayectoria intelectual, tampoco ha recibido la atención crítica que merece 2 . En Cuba, libros suyos han sido reconocidos en varias oportuni- dades con el Premio de la Crítica, y ya le ha sido concedido el Premio Nacio- nal de Literatura por el conjunto de toda su obra. Sin embargo, una buena parte de su labor ensayística permanece aún inédita o desperdigada en publi- caciones periódicas. En este sentido, sus libros más importantes son Temas martianos(1969), Temas martianos. Segunda serie (1996) recopilación de ensa- yos suyos junto a otros de Cintio Vitier, y Hablar de poesía(1986) 3 . 2 Consúltese: En torno a la obra poética de Fina García Marruz. Ciudad de La Habana, Ediciones Unión, 1990, 240 págs., de Jorge Luis Arcos. 3 También ha publicado Los versos de Martí. Separata de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 1968; Textos antimperialistas de José Martí. La Habana, Ed. Pueblo y Educación, 1990. Es coautora, junto a su esposo Cintio Vitier, de Flor oculta de poesía cubana (Siglos XVIII y XIX) . Ciudad de La Habana, Ed. Arte y Literatura, 1978; La literatura en el Papel Periódico de La Havana. La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1990. Ha participado en la edición crítica de las Obras Completas de José Martí. Colonial Paradise.(1995)Next >