Rafael Ramírez, cineasta, músico y escritor

Leyenda (de izquierda a derecha, desde arriba hacia abajo):

–Shiralad: el regreso de los dioses (1993, serie creada por Chely Lima & Alberto Serret)

–Sobre Luis Gómez (1965, dir. Bernabé Hernández)

To my father (1974, dir. Miñuca Villaverde)

–Tahimí, la hija del pescador (1958, dir. Juan Orol)

–Escenas de los muelles (1970, dir. Oscar Valdés)

Diario (2009, dir. Juan Carlos Alom)

Coffea arábiga (1968, dir. Nicolás Guillén Landrián)

El hijo del sueño (2016, dir. Alejandro Alonso)

–Una pelea cubana contra los demonios (1971, dir. Tomás Gutiérrez Alea)

En el iglú (2008, dir. Emmanuel Martín & Léster Romero)

–Talco para lo negro (1992, dir. Arturo Sotto)

Molina’s Mofo (2008, dir. Jorge Molina)


Alejandro Brugués, cineasta

Estas son mis preferidas, en orden cronológico. Incluí unas cuantas que mucha gente no considera cubanas, pero nunca entendí por qué, así que me da igual.

–La muerte de un burócrata (1966, dir. Tomás Gutiérrez Alea)

–Memorias del subdesarrollo (1968, dir. Tomás Gutiérrez Alea)

–Un día de noviembre (1972, dir. Humberto Solás)

–Los sobrevivientes (1978, dir. Tomás Gutiérrez Alea)

–¡Vampiros en La Habana! (1985, dir. Juan Padrón)

–Suite Habana (2003, dir. Fernando Pérez)

–Habana Blues (2005, dir. Benito Zambrano)

–Una noche (2012, dir. Lucy Mulloy)

–Santa y Andrés (2016, dir. Carlos Lechuga)

–Yuli (2018, dir. Icíar Bollaín)

Y voy a hacer un poco de trampa porque no es un largo, pero he visto que todo el mundo lo incluye y sé que me voy a buscar un problema si no lo hago, pero no puede faltar algo del Molinator, porque siempre ha sido un artista puro y quien rompió las barreras del cine de género en la isla.

Molina’s Culpa (1993, dir. Jorge Molina)


Luis Alejandro Yero, cineasta

–Memorias del subdesarrollo (1968, dir. Tomás Gutiérrez Alea) y Lucía (1968, dir. Humberto Solás, excluyendo el segundo cuento). No puedo separarlas. Me resultan como una especie de animal bicéfalo, de cierto Adán y Eva siamés con un mismo estómago, aunque cada una tenga su propio corazón, pulmones, etcétera. Pienso que mis ideas sobre “lo cubano” –lo que sea que signifique eso–, le deben muchísimo a Memorias… A cada una de las Lucías –repito, menos la del segundo cuento–, yo les guardo una profunda devoción. La del primer relato que implora: “¡una gardenia, mamá, una gardenia!”. Y la del tercer cuento, que le responde a un “tú-vaj-a-sej-mi mujej” que le espeta un marido bestia y enloquecido: “yo no voy a ser ná”. ¿Es Memorias… nuestra 2001: una Odisea del espacio? ¿Es Lucía nuestra Lo que el viento se llevó? Por tanto, ¿es Titón nuestro Kubrick? ¿Y Solás, nuestro Victor Fleming?

Oscuros rinocerontes enjaulados (muy a la moda) (1990, dir. Juan Carlos Cremata). Cuando vi por primera vez este corto, ya conocía la ópera prima de Cremata. Una película de la cual llegué a aprenderme escenas completas. Los íntimos saben que era capaz de recitar diálogos enteros de Nada. Y entonces, al ver su tesis de graduación, que es Oscuros rinocerontes…, me pregunté si Cremata, como Orson Welles, había puesto todo su arrebato creador en lo primero que sacó al mundo.

Nada (2001, dir. Juan Carlos Cremata). Hubiese preferido otro final. Pero no importa.

–Suite Habana (2003, dir. Fernando Pérez). Sólo la he visto una vez. Tenía poco más de quince años. Debería verla de nuevo y ver qué pasa. Pero me sucede que hay ciertas experiencias, ciertas primeras veces, que prefiero mantener impolutas.

–The Illusion (2008, dir. Susana Barriga). Pienso que este corto, su proceso, y el que Susana no haya vuelto a filmar desde entonces, bien podría inspirar un cuento de Bolaño. Yo siento una especie de culto hacia esta película.

–La obra del siglo (2015, dir. Carlos Quintela). Me fascina en los momentos menos brechtianos. Todavía no acabo de entender por qué ese plano de la amante del personaje de Mario Guerra, cuando se dirige hacia el encuentro amoroso conduciendo una moto sidecar, quedó tan estampado en lo más profundo de mi corteza.

Duelo (2016, dir. Alejandro Alonso). Yo he visto muchas veces este corto, y cada vez, siempre termino con una exclamación: “¡pero cuánta belleza!”

Los perros de Amundsen (2017, dir. Rafael Ramírez). También he visto muchas veces este corto, y cada vez, termino con una pregunta: “¿qué perturbación misteriosa y extraña es esta que me ha afectado el cuerpo?”

–¡Vampiros en La Habana! (1985, dir. Juan Padrón). Mi educación sexual le debe mucho a esta película. Recuerdo que, cuando niño, la escena de la rubia vibrando con el sonido de la trompeta de Pepe me desataba un montón de fantasías que, en aquel entonces, se mezclaban con las de Ulises 31. ¿Recuerdan Ulises 31? Yo estaba enamorado de Telémaco. Y de Pepe aprendía que era posible suspender la gravedad y hacer vibrar de deseo a un cuerpo. Y de risa. Mezclen trompetas, vampiros y naves espaciales. Por allí vagaba yo, de manos con Telémaco.

–Oda a la piña (2008, dir. Laimir Fano). Recuerdo que había una voz en off innecesaria, una tipografía que hubiese preferido distinta, esos detalles tontos que para qué enumerar. Pero lo esencial, la sustancia de la película, me parecía brillante. Esa línea: “¡oye! sigue al plátano”.

Utopía (2004, dir. Arturo Infante). Como si los personajes de la compañía El Ciervo Encantado aparecieran en un corto de estética universitaria, hecho un fin de semana con los amigos, y con toneladas de chispa, humor e ingenio.

–Video de familia (2001, dir. Humberto Padrón). ¿Fue esta película nuestro Dogma 95? Como Suite Habana, la vi muy de muchacho. La recuerdo con un enorme aprecio. Tendría que verla ahora con treinta años y ver si sobrevive aún ese afecto.


Antonio Enrique González Rojas, crítico de cine

Instrucciones previas para leer y dialogar con esta lista:

a) El orden es eminentemente cronológico.

b) De todas las películas gusto por igual. Basta de jerarquías lineales, minimizadoras y enaltecedoras por obligación.

c) Véase como una lista diagonal, espiral, transversal, horizontal. Todo menos vertical.

d) Olvídense las taxonomías binarias como “cine independiente” o “cine institucional”, “cine antes de la Revolución”, “cine experimental”, “ficción”, “documental”… Todo es cine cubano, plural, múltiple, rizomático, fractal, complejo.

e) Aclaración importante: la animación no es un género. Es un lenguaje, un campo, una zona, un aleph, que admite todas las dinámicas creativas posibles.

f) No esperar que “fundamente mi respuesta”. Ya he escrito de algunas de estas obras antes, y de otras he escrito después.

g) Si se desea, deséchense estas instrucciones y léase la lista como venga en gana. La libertad es posible a veces.

La lista:

–Siete muertes a plazo fijo (1950, dir. Manolo Alonso)

–Sobre Luis Gómez (1965, dir. Bernabé Hernández)

–Osaín (1966, dir. Hernán Henríquez)

–Cocotología (1967, dir. Sandú Darié)

–Coffea arábiga (1968, dir. Nicolás Guillén Landrián)

–Escenas de los muelles (1970, dir. Oscar Valdés)

–La última cena (1976, dir. Tomás Gutiérrez Alea)

–Molina’s Culpa (1992, dir. Jorge Molina)

–Los perros de Amundsen (2017, dir. Rafael Ramírez)

El proyecto (2017, dir. Alejandro Alonso)

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JOSÉ LUIS APARICIO
José Luis Aparicio Ferrera (Santa Clara, Cuba, 1994). Cineasta. Estudió dirección de cine en la Universidad de las Artes de Cuba. Sus cortos de ficción y documentales han sido exhibidos en festivales de Cuba, Estados Unidos, España, Alemania, México, Argentina, Panamá, Guatemala y Chile. Su filme El Secadero (2019) ganó el premio a la Mejor Ficción en el Bannabáfest de Panamá y Mención Honorífica en el Cinema Ciudad de México, así como Mejor Producción y Premio del Público en la Muestra Joven Cuba. Su documental Sueños al pairo (2020, codirigido con Fernando Fraguela) fue censurado por el ICAIC, pero recibió una gran acogida de crítica y público. Creó en 2020 la iniciativa Cine Cubano en Cuarentena. Integra el staff editorial de Rialta.
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