Cada pieza es una herida abierta que intenta todavía producir reflexión, significado.
Renó Hedinger
La muestra Un llamado a la angustia, del artista Renó Hedinger, presentada en la galería Kunsthaus Zurich, en mayo del presente año, reúne once obras que se aproximan a algunos de los valores espirituales a los que Hedinger rinde tributo, confiado en lo que simbolizan, así como en la denuncia de los males que rodean a la sociedad contemporánea y a la ardua necesidad de enfrentarlos y detenerlos.
“No crecí observando el mundo desde la distancia. Crecí sintiéndolo y respondiéndole desde el espíritu. Sintiendo el miedo invisible que atraviesa los cuerpos […] Sintiendo como la historia, la política, la pobreza, la religión y el poder dejan marcas que no siempre pueden verse […] pero que deforman profundamente el alma humana, la vida humana, la travesía humana”, nos dice el artista en el statement de la exposición. Con estas palabras, Hedinger ilustra el sentido de la muestra y da continuidad a una labor emprendida desde otras anteriores como El arte de amar (2006) y El amor no es algo, es alguien (2012).
Sus preocupaciones transitan de un tema a otro, acercándose a dolorosos males sociales como la violencia, así como a circunstancias ligadas a la infancia, la emigración, la muerte y determinados valores humanos que él destaca para ilustrar su propósito fundamental: “que el espectador vuelva a sentir, a reflexionar desde el espíritu a salvar cada mañana una nueva razón para amar de nuevo”, según nos sigue diciendo el statement.
Cada pieza relaciona valores espirituales y hurga en las contradicciones internas que los caracterizan. Sin embargo, lo más significativo reside en las formas artísticas elegidas para representarlos, estimulando la percepción del espectador hacia contenidos que trascienden las formas que los sostienen. En este empeño, los títulos cumplen un papel primordial, pues los conceptos que activan deben comprenderse en la relación que se establece entre el nombre de la pieza y su solución formal.
Desde diferentes perspectivas compositivas, en las obras confluyen la pintura, la instalación y el performance: tipos y formas artísticas que enriquecen la variedad y calidad estética de la muestra. Entre las piezas se genera una sensación armónica, sostenida en gran medida por el uso de la acuarela y por una atmósfera visual potenciada mediante imágenes de objetos cargados de significados. Estos exceden lo que son en sí mismos, a partir de las circunstancias en las que el artista los sitúa.
Las piezas son de pequeño formato, lo que favorece la comunicación entre ella. Pero, sobre todo, el sobrecogimiento que provocan a través de sus significados es resultado de los valores estéticos trasmitidos por medio de soluciones formales, de acuerdo a lo que cada una desea comunicar.
Sobre la base de lo anteriormente expresado, comentaré algunas piezas que facilitan comprender el propio título de la muestra frente a los difíciles dilemas que afronta la sociedad contemporánea.
Comenzaré por Meditación (2023), en el statement de la misma el artista afirma que con esa obra trata de “reflexionar sobre algo tan crucial como el hecho de que no somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual, sino que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana”. Me detengo en esta frase porque en ella se concentra su vocación por acercarse y rendir tributo a los valores que nos sostienen. Esto resulta esencial para comprender a un creador que logra hacer arte hurgando en lo hermoso, lo duro y lo complaciente de las relaciones sociales y personales.
La pieza consiste, según digo en un texto anterior sobre el artista, en “un pequeño oso de peluche empapado con sangre, colgado de una delgada cuerda que está sujeta a la pared con una venda adhesiva. En ella se relacionan varias referencias simbólicas, valdría señalar las tres que considero más importantes: la niñez –con todo lo que ella conlleva– la violencia y la venda adhesiva, que sostiene la obra. La imagen concentra estos significados que al unirse nos estremecen, pues es conocido lo que significa sentir la violencia desde la edad temprana de la vida. Su título nos impele a pensar sobre lo que ello representa, llegar a la esencia de las cosas apelando a nuestro propio mundo emocional”¿Cómo puede un símbolo contrarrestar con el otro? ¿Cómo situar en un mismo nivel el daño que se anuncia con el simple recurso del que se sostiene?
A su vez, otras dos obras incorporan la venda adhesiva de curación como elemento visual central. ¿Eli, Eli, lama sabastani? presenta un tocororo suspendido por una cuerda y colgado de una rama conectada con la venda adhesiva a través de la sangre. Por otra parte, Baraye está relacionada con la canción homónima del artista iraní Shervin Hajipour, convertida en símbolo de protesta del movimiento Mujer, Vida y Libertad en su país natal. Esta pieza representa a una mujer desnuda con los brazos cruzados sobre la cabeza, como si con ese gesto pudiera protegerse de la sangre que la invade. La venda adhesiva es el elemento visual que une las tres piezas: anuncia un daño y, al mismo tiempo, la tentativa de enfrentarlo mediante un recurso tan frágil como simbólico, del mismo modo que son frágiles las circunstancias que vinculan esas obras.
El artista afirma que no intenta representar únicamente objetos y figuras, sino revelar tensiones invisibles: la fragilidad de la infancia, la normalización de la violencia, la cosificación del cuerpo o la manipulación biológica, entre otras.
Varias máximas, tomadas de una entrevista a Edgar Ariel, esclarecen su pensamiento: “El arte es lo que está entre la guerra y el búnker”; “El arte no es algo es alguien”; “No solo debemos descansar en la naturaleza, sino que la naturaleza debe descansar en nosotros”; “La muerte de cada niña y niño, de cada mujer u hombre, me disminuye”.
Hedinger encamina estas sentencias a través de soluciones visuales imaginativas y arriesgadas. En Criptograma del alma, aparece una pistola de juguete de la que brota la palabra Yemen. Este elemento transforma el sentido infantil del dibujo, para convertir la obra en una fuerte denuncia social.
En esta misma dirección transita Glocal-Global. La pieza presenta una peana que sostiene un eje inclinado de 23,5 grados y, en su centro, en lugar de una esfera del mundo, aparece una urna funeraria china. Más allá del atractivo formal de la obra, sobresale la intensidad de su significado, que activa simultáneamente la idea de la muerte y la del propio mundo al que el artefacto hace referencia.
Cruzar significados para construir nuevos contenidos es un procedimiento habitual en la creación de este artista. Sin embargo, la intensidad de esos cruces reside en la propia esencia de los temas elegidos y en la manera en la que los relaciona con valores, actitudes y conductas humanas, vinculándolos con sus manifestaciones sociales, culturales, políticas e ideológicas.
Posición fetal es otra de las piezas destacadas de esta muestra. Está compuesta por una marioneta que asume la postura anunciada por el título, acompañada por un texto que afirma: “La vida es esperanza, es fe, amor, es un sueño; es el despertar lo que nos mata. Pero no rendirse es decisivo”. El texto se convierte en una declaración de principios y en una de las expresiones que más nos aproximan al alma redentora de este creador: no dejarse avasallar, aunque las circunstancias sean duras y parezca que no será posible vencerlas. La imagen de la marioneta alude a aquello que puede ser controlado; frente a ello el artista propone una salida para no dejarnos vencer, aunque nos manipulen.
Dentro de la muestra sobresale también Biología del silencio (2023), “una instalación integrada por un objeto y el performance realizado por el propio artista. El objeto es un chaleco salvavidas encontrado por Hedinger en el mar en Túnez, uno de los territorios en los que la emigración adquiere dimensiones especialmente dramáticas. A este objeto añadió una medalla del Premio Nobel y un espejo con la imagen del cerebro humano. Son elementos distintos que, dentro de nuestra civilización, coexisten al unísono como referencias a valores culturales y humanos.
El performance consiste en una acción realizada por el artista vistiendo el chaleco, arrodillado y orando, acompañado por una hoja que contiene las plegarias pronunciadas durante la acción. Sobre la misma, explica: “no intento representar únicamente objetos y figuras, intento revelar tensiones invisibles: la fragilidad y la infancia, la manipulación ideológica, la domesticación emocional, la cosificación del cuerpo, la normalización de la violencia y la manera en que la sociedad contemporánea ha aprendido deshumanizadamente a convivir con el sufrimiento ajeno sin detenerse a mirarlo, a responderle o a erradicarlo”.
La memoria de esta pieza contiene además la experiencia del propio Hedinger durante la primera ejecución del performance, cuando se invitó a los asistentes a compartir invocaciones y oraciones. Estas despertaron en los espectadores diversas emociones y reacciones, generándose una intensa aproximación espiritual entre el público y el artista.
Dentro del conjunto expositivo, esta obra representa otra orientación estética, pues el performance introduce un arte marcado por lo temporal, lo transitorio, el contacto directo con el público, en diálogo con la instalación y los objetos cargados de sentido que la integran. Performance e instalación elevan la muestra hacia una dimensión contemporánea de experimentación artística, alcanzada tras un recorrido por obras que invitan a meditar y analizar nuestras actuales circunstancias de vida, haciendo de la dimensión humana el privilegio mayor que ofrecen los valores cuando se saben cultivar.





