Luego de que este jueves 9 de julio expirara oficialmente su condena de cinco años, el artivista y prisionero político Luis Manuel Otero Alcántara –la figura de más alto perfil entre la última cohorte de la oposición en Cuba– continúa retenido por el régimen de la isla en una dependencia gubernamental no especificada mientras, presumiblemente, se busca una vía para su salida directa al exilio.
Detenido el 11 de julio de 2021, durante el estallido social acuñado como 11J, y condenado al año siguiente —junto al rapero contestatario Maykel Osorbo— por los delitos, ampliamente considerados espurios, y políticamente instilados, de “atentado, desacato, desórdenes públicos e incitación a delinquir”, Otero Alcántara estaría técnicamente –según sostienen diversas voces del activismo político cubano y organizaciones de derechos humanos– en status de “desaparición forzada” desde que hace dos días fue “sacado” de la prisión de máxima seguridad de Guanajay.
En cualquier caso, Anamely Ramos, activista exiliada y colaboradora del líder del Movimiento San Isidro, informó en redes sociales que pudo hablar telefónicamente con él: “Me llamó desde un celular de la Seguridad del Estado, número desconocido, y la llamada estaba en altavoz”, contó. “Ellos querían saber cómo va el proceso del parole solicitado, pero por supuesto mis primeras preguntas fueron: cómo estás? Y dónde estás? A la primera me respondió que «bien», con ese tono que usamos para indicar que estamos bien dentro de la posible, dadas las circunstancias. A la segunda me respondió que no puede decir, posiblemente ni sepa con exactitud”. [sic].
Más adelante, Ramos subrayó que “no es normal y no es justo” lo que ha debido y aún debe vivir Otero Alcántara, a quien en ningún momento se le concedieron los beneficios legales de habeas corpus y de libertad condicional.
“Y por eso tenernos que clamar hasta el final por libertad plena y por justicia plena”, añadió la también exprofesora e historiadora del arte. “El parole de Luis Manuel sigue en proceso. Estará en ese lugar desconocido hasta que se resuelva. Los amigos de Luis estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance. El régimen cubano lo quiere fuera. El régimen se adueñó de nuestro país y nos usa a todos para asegurarse su posesión”.
En el actual contexto de profunda crisis económica y exacerbación del malestar social, mientras el gobierno estadounidense ejerce una política de “máxima presión” y cerco energético sobre la isla, el régimen de La Habana no parece dispuesto a devolver a una figura como Otero Alcántara a las calles y, sin dudas, buscará enviarlo directamente a un exilio donde, en diversa medida, han terminado palideciendo o, sin más, se han hundido en la intrascendencia muchos de los opositores cubanos de cualquier época.
No ha sido distinto el proceder con respecto a las más recientes olas del activismo, el arte y el periodismo independientes en la isla, cuyos exponentes principales y hasta secundarios se han visto mayoritariamente, de una u otra forma, empujados al destierro; un destino, de todos modos, más indulgente que la prisión política, adonde han ido ha ido a dar con sus huesos algunos de los líderes más tenaces y, sobre todo, a manera de escarmiento terrible, una multitud de ciudadanos y/o activistas de a pie, a menudo pobres y racializados, que alguna vez se atrevieron a protestar públicamente contra el estado de cosas.
Según la organización no gubernamental Prisoners Defenders, son hoy, a un lustro del 11J, mil 306 los presos políticos en Cuba.
A lo largo de estos cinco años, Otero Alcántara alternó en la cárcel su trabajo artístico (desde series de dibujos hasta la concepción de performances como Maferefun, que tomó una calle habanera hace unos meses) con ayunos voluntarios y huelgas a fin de trazar límites a la potestad de sus captores, llamar la atención de la opinión pública sobre su caso y, puntualmente, enviar señales que fueron leídas, a un tiempo, como muestras de tenacidad y desesperación por sus compañeros y seguidores en el país y en la diáspora.
En paralelo, fueron organizadas en el extranjero varias exposiciones de obras suyas al tiempo que personalidades y organismos internacionales como Amnistía Internacional lo declaraban “preso de conciencia”.
Recientemente, también han visto la luz un par de documentales en torno a su arte político y el movimiento cívico que impulsó a través de las redes sociales y desde una barriada popular de La Habana.
Luis Manuel Otero Alcántara fue elegido en 2021 por la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo, mientras que su activismo le ha valido reconocimientos internacionales como el Prince Claus Impact Award en 2022, el Premio Rafto en 2024 y el Premio Václav Havel a la Disidencia Creativa en 2025.

