'El martirio de San Andrés' (detalle), Pedro Pablo Rubens, 1639
'El martirio de San Andrés' (detalle), Pedro Pablo Rubens, 1639

I

Mi inconsciente
es
un claro en el bosque
(me enciende el bombillo)
—Lichtung
dicta:
tienes un hermano loco
embutido de pastillas
y debes regresar a los manicomios

el hermano dice
que es
un lobo
sube
lobos
a su perfil
de Facebook
pelaje negro
y ojos centella
simula sordera
—oye aullidos
musita
horrísonos
apaciguantes
su mujer lo ha dejado
sus hijas lo han instalado
en un apartamento de vida asistida
con ciertos lujos
le temen
quién pudiera juzgarlas
(más le temo yo)
mi alma descalabrada
y tierna
se ceba de este
rubato
el sabueso asoma
al pasaje sombrío
de la caverna

tuve una madrina
quedó sorda
(para ella
también
esta balada inválida)
cuando venía un norte
me enrollaba al cuello
un zorro caoba
disecado
ojos fijos de
vidrio
íbamos arregladas
de otra época
en guagua llena
a comer
canelones de
pollo
al hotel Riviera

Goya y Beethoven
también sordos
(la obra magna parte de
una laceración)
los dos
se despeluzaron
en la obra tardía
los Goyas oscuros
(aquel lupus pasmado
¿a quién rinde sumisión?)
la Octava
la Novena
y los cuartetos remisos
mi madrina
después de sorda
no me reconoció más

vi a mi madrina
decrépita
desnuda
las caderas derretidas
los senos por el piso
hurgando
en la gaveta rosada
de la coqueta
art nouveau
ya no supo qué buscaba
su pasado de viajes y
abundancia
¿tal vez?
en la Cuba castrista-soviet
los dientes podridos
revolviendo los mink
la foca
mohosa
los zorros azules
sorda en mi caja de cantos

el hermano-lobo
tiene las neuronas
fritas
y las reacciones retardadas
una lentitud
medicada
notable
en la ejecución de
cada movimiento hermético
los ojos azul-violeta
atareados
preso de las visiones
y sufre
llora en lapsos de lucidez
gimotea
como niño pequeño
o aúlla
feroz
pivotea
lanza
uppercut a la mandíbula
de su mujer-tentempié
luego ensaya
tres jabs
flexionando las
rodillas

(lector improbable
Sapere aude io
si has llegado hasta aquí
¿quién leería lo indeseable?
yo misma
me sacudo los pensamientos
aún
en la página
salen
a airearse
los cánidos
de mi psique)

- Anuncio -Maestría Anfibia

la vida me ha dado estas cosas
una llave de llaves
una llave maestra
para llegar a los manicomios
a los viejos desnudos
cagalitrosos
a los reyes pasmados
a las chinas pelonas
y las licaónidas obscenas
y abrir las jaulas
a los lupercos endiablados.

II

En La lucha de San Jorge y el dragón
de Rubens
el codo se adelanta
ahí la desproporción y
el ensañamiento
que la vida requiere
el dragón no intimida
nah
pero
la cadena cinética de
la mano
la contracción del músculo del
brazo
antes de
asestar
es la medida
de lo
terrible

entre los Van Dyck
el retrato a Marten Ryckaert
manco
y el diálogo de manos
una por ausencia
¿muñón?
¡quién descubriera
el abrigo!
en los Jordaens
y los Van Dyck
se derriten las yemas
lo vimos esta mañana
en el Greco
en Velázquez
las yemas chorrean
la emoción máxima
por la deformación
por eso hoy no puedo con
los franceses:
el arte francés
prefigura el photoshop
y yo necesito regresar a los manicomios

vi a mis padres ancianos desnudos
—los amo en ese lugar infeliz
y agitado
del asma
prescrita
por
lo
inconsciente
hierático—
mi padre es el San Andrés de Rubens
la prestancia
de un niño de bien
criado con holgura
se hizo
obrero manual
carpintero
masón
boxeador aficionado
tanguero
aprendió farmacia
un hombre que callaba
y cuando nos
golpeaba
no había deleite sádico
en ello
más bien
un furor emergente
cogía un subido
—poníase rojo
gules
granate las orejas
la nariz rojo-morado

recuerdos pantalla:
uppercuts
swing
crochet
ganchos al hígado
y nudillos sangrientos
Ítem
un tango silente
—nuestro padre
bailaba tangos sin
música
la música en la
cabeza:
se levantaba
de la cama hundida
—crujían los muelles del colchón
desconchiflado—
en las piernas
cortes
quebradas
firuletes
el dos por cuatro
torso firme
los brazos
ciñendo
un invisible
luego
un oscuro de cine argentino

en el hospital San Francis
de Miami Beach
hijo de asturianos
sangre vasca
atado a la cama
desnudo
bajo la bata
verde
yo lo descubría
para verle las partes
pudendas
su único testículo
—la misma falta habría en el cadáver de Martí
un güevo
macilento
enrugado
surtidor de
cuatro hijos
once abortos
de olerme
caía embarazada
contaba mi madre
el gran
macho
que había
sido
con un solo güevo
yo ahí
en el entorno sonoro
hasta que empezaba a bajar el sol
y la habitación
se igualaba
a los pensamientos
opalinos
de la celosía
nuestras respiraciones
unísonas
—artificial la una
jipío canino la otra—
el sube y baja
de
la bomba de oxígeno
hubo sido la
montaña rusa de
madera
del Coney Island
habanero
donde nos llevaba de pequeños
de pronto
entraba una enfermera
encendía la luz
—ah, estás aquí

que supiera el personal del hospital
que no estaba solo
y cumplir con rituales
de aseo:
limpiar legañas
costras en la lengua
con un paño humedecido
ungir las carnes frías
malolientes
la puesta en escena
prefiguraba
treinta y cuatro años antes
las lupercales feroces y
el martirio de
San Andrés
que vimos hoy
las carnes de un viejo
su morfología ósea
algo que debe decirse
deseable
heráldico
algo añorado en el cuadro
la sustancia paterna.

Colabora con nuestro trabajo
Somos una asociación civil de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural y artístico. En Rialta nos esforzamos por trabajar con el mayor rigor profesional en la gestión, procesamiento, edición y publicación de los contenidos y la información. Todos nuestros contenidos web son de acceso libre y gratuito. Cualquier contribución es muy valiosa para nuestro futuro.
¿Quieres (y puedes) apoyarnos? Da clic aquí.
¿Tienes otras ideas para ayudarnos? Escríbenos al correo [email protected].
Rosie Inguanzo (La Habana, 1966). Escritora, actriz, profesora. Ha publicado la novela La Habana sentimental (Bokeh, Leiden, 2018), y los libros de poesía La vida de la vida (Hypermedia, South Carolina, 2018) y Deseo de donde se era (Nos y Otros Editores, Madrid, 2001). En Miami, donde reside desde 1985, ha cultivado una trayectoria en el teatro. Es doctora en español y literatura iberoamericana por la Universidad Internacional de la Florida. A Rosie puede vérsele caracterizando a su alter ego, Eslinda Cifuentes, en los performances que realiza junto al violinista y compositor Alfredo Triff.

1 comentario

Deja un comentario

Escriba su comentario...
Por favor, introduzca su nombre aquí