Carlos Quintela
Carlos Quintela

El pasado martes 6 de octubre, Rialta Magazine publicó un dosier en el que un grupo de cineastas respondió una encuesta en torno a un debate iniciado en las redes sociales en relación con fenómeno del cine independiente en Cuba. Llegué tarde al llamado porque me encontraba defendiendo un proyecto de Patricia Pérez en La Biennale di Venezia que apoya justamente proyectos cinematográficos independientes para los cuales sería difícil encontrar una vía de financiación. Con tardanza, aquí les dejo la respuesta a la primera pregunta de dicha encuesta.

¿Te consideras un(a) cineasta independiente? ¿Por qué?

La libertad creativa con la que he asumido mis películas confirma que lo he sido. Sin embargo, mis apetencias narrativas como cineasta independiente podrían necesitar de los recursos de una industria.

Esta contradicción me sirve para subrayar que sólo me identifico con el término si este responde directamente a la honestidad del autor en relación con su obra. Desde mi percepción, el cineasta independiente es el que sabe lo que podría perder su película si dejara de contar con la libertad creativa que le proporciona su independencia.

Hay obras que necesitan de esta libertad creativa para brillar, hay otras que sus necesidades no se la exigen. Ser o no ser independiente no es un problema, la cuestión está en saber que si traicionas tu naturaleza creativa puede ser que la película no salga como esperabas. La crítica, los amigos, podrán halagarla, pero tú sabrás identificar en sus imágenes cuándo fuiste honesto y cuándo dejaste de serlo.

¿Cómo sería una película de Jorge Molina sin sexo y sangre o una de Heidi Hassan sin el recurso de la voz en off? Hay rasgos de autenticidad que constituyen a cada realizador. Lo que esos rasgos pueden explorar y devolvernos en la pantalla si se les da libertad creativa no debería ser un rubro negociable. Comprometer esto, estoy convencido, daría como resultado obras más pobres. Es triste que una obra que nació de ti, cuando la veas en la pantalla grande nada tenga que ver contigo.

Cuando quedan suprimidos o disminuidos dichos rasgos –en orden de encajar en el torrente narrativo en el que vivimos donde sólo se concibe el cine narrativo desde el diálogo y los puntos de giros–, el cine pierde su expresión visual, sonora y se convierte en un contenido más. Si sucumbimos a esto, entonces ya no hacemos cine independiente. Cine independiente no es cine indie, ni género Sundance, ni cine de autor por seguir una moda. Cine independiente es el respeto a uno mismo como artista, autor, director, como lo quieras llamar, es el respeto a tu búsqueda artística.

O sea, ser cineasta independiente, desde mi punto de vista, básicamente es sacar del clóset esos rasgos de tu personalidad creadora que muestran lo que sea que quieras expresar en imágenes y sonidos de la manera en que solamente tú podrías hacerlo.

En la ecuación cine independiente intervienen muchas otras variables, pero asumir la honestidad en la creación es determinante. En mi lista de cine independiente cubano figuran títulos como La primera carga al macheteMemorias del subdesarrolloLucíaMadagascarDe cierta manera, etcétera; filmes esenciales de la cinematografía cubana que no por haber sido producidos por el ICAIC dejan de ser expresivamente independientes.

Para aquellos que entienden el término independiente únicamente por ser independientes del Estado, ciertamente estarían dejando afuera estos cinco maravillosos ejemplos de películas independientes producidas dentro de un instituto estatal.

También creo que dentro del contexto cubano la ecuación se complejiza aún más porque se utiliza el término para identificar un fenómeno que ha surgido de una ruptura natural con un Estado totalitario, contrarrevolucionario e incompatible con el desarrollo cultural de su propio país.

En el contexto cubano el término independiente agrupa dos genealogías de cineastas cubanos que en esencia son muy diferentes entre sí. Por un lado, están los cineastas que quieren realizar sus películas independientes del Estado, pero que, de vivir en una sociedad normal, su naturaleza les conduciría por el camino de la industria, de lo que se puede implementar, serializar, reproducir.

Por otro lado, estarían los cineastas independientes –digamos que más parecidos a la concepción mundial de lo que puede considerarse cine independiente– que entienden que su trabajo es determinante porque si dejan de hacerlo dejarían de defender un arte que está en peligro de extinción.

Las etiquetas pueden ser peligrosas, en la medida en que repiten la política binaria de “estás con nosotros o estás en contra”, aunque ahora pensemos que estamos en el lado correcto de la historia. El cine va más allá de las etiquetas, pero ciertamente algunas etiquetas ahora son necesarias para consolidar nuestra identidad como cineastas bastardos –que hemos sido y que seguimos siendo– en nuestro propio patio. Creo que ser cineasta independiente es una necesidad de la época que nos ha tocado vivir y de nuestro contexto político específico.

Estoy convencido de que lo más importante es saber qué podemos defender desde ese lugar de cineastas independientes. Ahí lo dejo.

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CARLOS QUINTELA
Carlos M. Quintela (Cuba, 1984). Cineasta. Estudió cine en la Facultad de Arte de los Medios Audiovisuales (FAMCA) y quion en la Escuela Internacional de Cine y TV (EICTV), de Cuba. Su tercera película The Wolves of the East la produjo Naomi Kawase y fue un encargo para el Festival de Nara, donde cinco años antes, con su opera prima, La piscina, se alzó con uno de los lauros principales del evento. Ha escrito y dirigido varios cortometrajes, entre ellos Jorge y Elena, Casi y Buey, este último ganador del Premio a Mejor Cortometraje en el Festival de Trinidad & Tobago (2015). La Obra del Siglo, su segundo largometraje de ficción, se alzó con el Tiger Award en el Festival de Rotterdam en 2015. En 2019 se lanzó a la aventura de la webserie El sucesor.
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