La administración del vacío: sobre el performance ‘The Hollow Men’ de Polo Farrera

'The Hollow Men' dice cosas, las cosas… pocas cosas que se pueden decir sobre eso que llamamos escena, sobre eso que llamamos teatro, sobre eso que llamamos representación, sobre los cuerpos de la representación…

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La administración del vacío. The Hollow Men y la ficción administrativa del Estado en el trabajo performativo de Polo Farrera. (Acto único)

I. El Estado entra en escena. El Estado siempre entra en escena. El Estado es la escena. El Estado es nuestra escena. Skené. El cobertizo del Estado. La escena del crimen. La escena del crimen de mi padre. El crimen del Estado. El estado de mi pensamiento. El estado performativo. El performance del Estado. Polo Farrera en escena. La escena de su dolor.

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Somos los hombres vanos
somos los hombres emborrados
apoyamos uno en otro
nuestras testas rellenas ¡ay! de borra.

T. S. Eliot increpa. Increpa al hombre vacío, al hombre vano. El hombre todos los hombres, diríamos. Diríamos también que no, que no podría ser así, en ese igualitarismo. Que no podría ni puede ni podrá funcionar así. En ese, en este, en aquel. Que un hombre no es un hombre en cualquier contexto. Primero, ¿qué es un hombre? ¿Qué hombre? ¿Qué contexto? ¿Qué texto? ¿Qué subtexto? El trascartón del texto. O una mujer. Si todavía nos preguntamos qué es un hombre y qué una mujer. El Estado. ¿Qué coño es el Estado? ¿Qué es esa palabra? ¿Qué es? El Estado. No hablamos del estado de mi/tu cuerpo. Aunque podría ser. Podría ser que hablo del estado del cuerpo. El cuerpo de un padre. Desaparecido forzosamente el 2 de noviembre de 2025 en Toluca, Estado de México. El padre de Polo Farrera.

Mi padre. ¿Qué es un padre?

Desaparecido.

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Desaparecido.

Desaparecido.

No desaparece el peligro. (Pienso en ese libro que se llama Elogio del peligro, de Laurent de Sutter. Aquí Sutter habla de esas fuerzas “soberanas” que buscan administrar nuestra relación con el mundo). Ya no desaparece. Porque el peligro nos rodea, Polo. Siempre. Nunca más. Ya no desaparece. Para mí. Quiero decir, para mí. Quiero decir, para ti. Quiero desdecirme. Desdecir la violencia. El dominio de la violencia. Quizá. No sé bien lo que digo. Porque no sé bien qué significa la palabra “peligro”. La palabra “dominio” la asocio al territorio. La asocio al territorio de tu cuerpo, Polo Farrera.

Un campo minado tu cuerpo.

Un campo agujereado tu cuerpo.

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Un cuerpo en peligro; tu cuerpo.

Tu cuerpo el cuerpo de tu padre.

Allí donde ya no podemos controlar completamente el cuerpo. Allí, Polo, creas un performance; un performance que es una búsqueda forense; un performance que es la búsqueda de tu padre; un performance que es tu propia búsqueda, Polo.

Tu propia búsqueda.

Tu búsqueda en el espacio. Al otro. La búsqueda del otro. El recuerdo. Saudade. Ni las consecuencias de nuestros actos ni nada hace evadible la muerte. La muerte de tu padre. La desaparición de tu padre. La desaparición de nuestros padres. Nuestros.

Aparece entonces una posibilidad. Una posibilidad distinta. Una posibilidad distinta de existencia: la de exponerse.

Exponerse/te a través de un gesto performativo: The Hollow Men.

Hablo de la coreografía de la evidencia.

Hablo de una lectura de la violencia donde el centro no es la desaparición, sino la fabricación institucional de la búsqueda.

Hablo de una noción que se infiltra en ti y, en consecuencia, en The Hollow Men.

Hablo de la palabra-cuerpo-noción dominio.

Dominio – Propiedad

Dominio – Soberanía

Dominio – Seguridad

Dominio – Administración

Dominio – Miedo

Dominio – Soberanía del cuerpo

Polo, aprendemos a mirar demasiado tarde.

Veo en Instagram unas imágenes de The Hollow Men y pienso en el lugar del espectador, en su pasividad. Pienso en su(s) mirada(s). en la pasividad de sus/nuestras miradas. Incapaces de ver tu dolor. Porque somos incapaces de sentir el dolor de nadie. Es la verdad.

También pienso en ti. En tu mirada. En la lágrima de tu mirada. En el tiempo del reconocimiento y la repetición performativa como tecnología política.

Después tendríamos al archivo.

El archivo que administra toda la mierda que es la desaparición de tu padre.

The Hollow Men dice cosas, las cosas… pocas cosas que se pueden decir sobre eso que llamamos escena, sobre eso que llamamos teatro, sobre eso que llamamos representación, sobre los cuerpos de la representación… Ideas que dejan de pertenecer al espacio de exhibición (The Hollow Men es también un espacio de exhibición) y continúan operando como una forma de pensamiento.

He dicho “una forma de pensamiento” como quien dice la raíz cuadrada de cuatrocientos mil quinientos treinta y dos. Es decir, sin saber lo que digo.

Una experiencia personal. Una pregunta filosófica. Un dispositivo performativo. Una lectura política. Una resolución formal.

Polo Farrera desplaza una experiencia profundamente personal hacia un análisis estructural del poder. Habla del Estado como máquina. Y habla del Estado como deseo; como deseo maquínico.

(Hablo del deseo que produce realidad, como nos enseñan Deleuze y Guattari. El deseo que se conecta con otro y produce un flujo).

Polo, tu interés no es narrar la desaparición de tu padre, claro que no, sino interrogar el funcionamiento del aparato institucional. Desbrozar. Situar el poder de la burocracia. Toda burocracia necesita una dramaturgia. Performas esa dramaturgia. Dejas en claro que dentro de esa dramaturgia no basta con administrar cuerpos; hay que administrar también la apariencia de que esos cuerpos importan.

Anormales, imposibles, abyectos o ininteligibles. Esos cuerpos no importan; no importan porque desbordan la organización maquínica del Estado. (Aquí sigo a Judith Butler en Cuerpos que importan: sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”).

Pienso que The Hollow Men también funciona como expediente. Pero, en este caso, el expediente no reemplaza únicamente a la memoria: la organiza, la ralentiza y, en ocasiones, la suplanta. La búsqueda deja entonces de orientarse hacia aquello que falta y comienza a producir la evidencia de que la búsqueda existe. Al menos la búsqueda existe. Tu búsqueda. Quizá esa sea una de las operaciones políticas más sofisticadas de nuestro tiempo: fabricar procedimientos en torno a la “verdad” allí donde la “verdad” ya no resulta necesaria.

Acotación (The Hollow Men se activó como parte de Lines of Flight, programa comisariado por Gabriela Román González. The Hollow Men, de Polo Farrera, fue la propuesta seleccionada para la residencia de artes vivas de Systems in Question, uno de los capítulos de Lines of Flight, programa multidisciplinar de CASA en Brixton House. La residencia, desarrollada entre junio y julio de 2026 en colaboración con PAV, Live Art Development Agency (LADA) e IKLECTIK, culminó con la presentación de The Hollow Men el 4 de julio de 2026 en Brixton House, como parte del programa público de cierre de “Systems in Question”, comisariado por Gabriela Román González y Laurenz Agustín Argüello.)

Polo no reconstruye un caso ni representa una tragedia. Eso sería quedarse en la porción mínima. Construye un dispositivo donde el espectador deja de contemplar un acontecimiento para experimentar la lógica que lo hace posible. El performance desplaza el foco desde la desaparición hacia la maquinaria que produce su administración simbólica. No pregunta solamente qué ocurrió, sino cómo una institución convierte la ausencia en protocolo y el retraso en una forma de dominio, en una forma de gobierno.

La historia personal que origina el proyecto permanece en un segundo plano. Esa decisión ética resulta decisiva. Allí donde muchas obras convierten el trauma en el centro de la representación, Farrera rechaza la tentación testimonial. El dolor no comparece como garantía de autenticidad. Comparece como el punto desde el cual pensar una estructura. La desaparición deja de ser una experiencia individual para convertirse en una tecnología política del tiempo: esperar, aplazar, registrar, archivar, volver a empezar…

Durante la acción performativa los cuerpos inspeccionan, documentan y verifican. Ningún gesto parece extraordinario. Todo ocurre con la precisión “anodina” de un procedimiento administrativo. Esa economía formal constituye una fórmula que desplaza lo grandilocuente a lo mínimo, a lo micropolítico.

La violencia no aparece como exceso, sino como rutina. Hablo de la repetición performativa, Polo. Hablo del lugar que ocupan las imágenes espectaculares. En lugar del acontecimiento, el protocolo. La escena (tu escena) recuerda que el poder contemporáneo rara vez necesita exhibir su fuerza; le basta con preservar el dominio; el dominio como procedimiento.

En este sentido, el performance (tu primer performance, Polo) dialoga menos con una iconografía del horror que con una arqueología de los gestos. Cada movimiento repetido acumula una densidad inesperada. Inspeccionar un rincón vacío, tomar nota de una ausencia, reiniciar una búsqueda condenada al fracaso: acciones mínimas que, repetidas hasta el agotamiento, revelan la gramática del Estado.

El título tomado de T. S. Eliot tampoco funciona como una cita ilustrativa. Los hombres huecos ya no son únicamente figuras espiritualmente exhaustas; son funciones. Habitan instituciones que continúan operando cuando el sentido se ha retirado. El vacío deja de ser una metáfora existencial para adquirir consistencia burocrática. La máscara no produce un sujeto intercambiable. Esa despersonalización evita cualquier psicologización de los ejecutores. Lo importante no son los individuos, sino la lógica que los hace sustituibles.

Hay un instante decisivo en el performance. El espectador comprende que aquello que observa no representa simplemente una institución: reproduce la manera en que esa institución organiza la percepción. La distancia entre mirar y participar comienza a erosionarse. El gesto muestra que toda observación ya estaba inscrita dentro del dispositivo.

Aprendemos a mirar demasiado tarde, repito.

La necropolítica aparece como atmósfera. La muerte política se manifiesta aquí como gestión del tiempo, del archivo y del procedimiento.

Comisiones que investigan.

Protocolos que se activan.

Informes que se acumulan.

Ficción administrativa.

The Hollow Men construye su apostura a partir de la negativa a ofrecer una resolución. El bucle continúa. Ningún hallazgo clausura el proceso. No hay consuelo.

No hay rendición.

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EDGAR ARIEL
EDGAR ARIEL
Edgar Ariel (Holguín, Cuba, 1994) Periodista, investigador y crítico de arte. Creador indisciplinar. Comisario independiente. Máster en Estudios Teóricos de la Danza por la Universidad de las Artes de Cuba. Máster en Dirección de Comunicación Corporativa y Marketing Digital por el Colegio Universitario de Negocios Next Educación y la Universidad Isabel I. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Holguín. Es cofundador del proyecto de creación indisciplinar Pabellón y de [mist] cooperativa de críticxs.

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