Entrevista a Valentina Maurel y Daniela Marín sobre ‘Siempre soy tu animal materno’

Cineasta y actriz costarricenses presentaron su segundo filme juntas tras el éxito internacional de 'Tengo sueños eléctricos'.

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Beso, verso. La obsesión con un verso del padre, la necesidad de un beso de la madre. “Tanto”, repite la madre en uno de sus poemas eróticos de juventud, “tanto” entre deseos, sintagmas, personas, tiempos. Tantos regresos, besos, versos, para Valentina Maurel, la cineasta franco-costarricense, que presentó en la sesión de Horizontes Latinos del Festival Internacional de San Sebastián (SSIFF) su último largometraje Siempre soy tu animal materno. Enel estreno en Cannes, el reparto se llevó un premio de mejores actrices, eran Mariana de Tavira (la madre), Mariangel Villegas (la hermana), y Daniela Marín Navarro (Elsa, la protagonista). Daniela y su personaje volvían a ser el centro de un filme de Maurel, volvía la familia caótica de poetas de Tengo sueños eléctricos (2022), cuatro años después. Volvíamos a encontrarnos Valentina y yo, la entrevisté sobre su ópera prima en el Hotel Nacional de Cuba durante el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana en 2022, ahora hablamos en el lujoso María Cristina de la capital guipuzcoana.

Fue con Daniela, el personaje que vuelve a Costa Rica, tras tantos años estudiando en Europa, que regresan el desequilibrio y la crisis familiar, las caminatas por el San José profundo, las grandes diferencias con su hermana (con una participación menor en la primera película), los lances amorosos y patéticos del padre, también el mismo actor (Reinaldo Amien), los miedos de la madre, acaso los miedos de Valentina Maurel, ahora mamá también en la realidad. Hay un desplazamiento de la relación problemática con el padre en el crecimiento de la adolescente a las consecuencias de la lejanía de la madre en un punto donde sus hijas, aunque ya crecieron, todavía la necesitan. Todos sin rumbo. La ficción de su vida y la realidad de su cine en una entrada a una oscura cueva, donde la pregunta de quién puede salvarnos ilumina tenue, como un fosforo toda la sombra, quizá la única respuesta, si hubiera.

Verso, beso, pudiera ser un alivio en lo que pienso como un díptico en el universo de Maurel, aunque para ella no es del todo así: “No me tomo tan en serio, por eso no digo que es un díptico. No quería que los espectadores pensaran que tuvieran que ver la primera película para ver esta. Si yo fuera Truffaut ningún problema, pero no lo soy. Tampoco lo tenía tan claro cuando escribí la película. La hice partiendo de frustraciones que tuve de Tengo sueños eléctricos, de haber tenido que sacrificar un poquito la presencia de ciertos personajes como la mamá y la hermana, y también que yo siempre quiero hacer películas más corales y termino concentrándome en algunos personajes por la economía del cine. Es así cuando haces una primera película, y cuando uno hace películas con no tanto presupuesto tienen que ser más cortas. De ahí partió el deseo de esta y por eso tiene tanta relación con la primera. El componente autobiográfico es el mismo, es decir, no es estrictamente autobiográfico, pero me inspiro mucho en fases de mi vida que reorganizo para intentar ni siquiera contar una historia pero que todo quepa en una película de dos horas”.

Contar desde Costa Rica, encontrar algo en la no espectacularidad, concentrar las esencias de un relato sin necesidad de relato, son quizás algunas de las búsquedas de Valentina Maurel, que siempre parece consciente de querer algo más, con una ansiosa calma en lo próximo por venir. Mientras, los estudios de cine, la expulsión de una escuela, la consolidación de su trabajo de actriz y la ambivalencia entre fundirse y separarse de Maurel, son algunos de los caminos que ha transitado Daniela Marín durante y después de Siempre soy tu animal materno. Los tres conversamos en un cubículo que el festival asigna para entrevistas. Marcados por los límites del tiempo tratamos de distender el espacio.

En la película seguimos a Elsa (Daniela), pero se expande en un momento al resto de los personajes…

Valentina Maurel (VM).La tentación cuando uno escribe una película es tener un personaje testigo que observa a los demás personajes, y como yo quiero serle fiel a la forma en la que vivimos la vida en una clase de confusión, de parcialidad en la que no podemos verlo todo, me pareció interesante empezar con ella como personaje principal pero para darnos cuenta que lo que esta observando la película misma quizá no es ella sino la hermana menor, ella es un personaje que tiene ángulos muertos que no todo lo entiende ni lo entenderá jamás, hay algo que se le escapa y no se si lo viviste así, Daniela.

Daniela Marín (DM). Yo creo que lo que al personaje se le escapa es algo que hablamos siempre desde el guion, cuando hacíamos una lectura yo le decía a Valentina es que siento que se le escapa, que hay algo que no termino de entender. Eso fue tan rico trabajarlo porque al final de cuentas uno vive su vida sin entender muy bien las decisiones que toma o las cosas que hace, pero sí, así fue.

VM. En su trabajo con la otra actriz, con María Ángeles, creo que hay algo en la dinámica que se le escapaba a Daniela.

DM. Si, yo a veces quedaba loca, jaja. Cuando pensé que íbamos a un lugar, iba completamente a otro, yo decía, claro, de esto se trata. Claramente estas igual de perdida y cuando piensas que estas dando cátedra, quedas como una completa ridícula hacia vos misma y a los demás.

VM. No teníamos todo el control de las escenas.

DM. No teníamos control…

VM. Había mucha improvisación y la energía de María y ella es muy distinta y daba resultados, para decirlo de alguna manera, heterodoxos. Yo la disfrutaba, pero era como bailar una canción diferente cada una.

¿Tú y Mariangel se conocían previo a esta película?

DM. Trabajamos en un proyecto antes que no ha salido aún, pero fue corto, yo creo que yo no conocía a Ángeles en realidad. Conocerla ahora para esta película fue descubrir a otra persona. Eso fue mejor: tener la idea de lo que uno cree es una persona y darse cuenta de que es completamente distinto. Yo lo relacioné como que la hermana regresa y cree que conoce a la persona y es otra, se da cuenta que no tenia nada que ver con lo que pensaba: así lo viví y así fue hasta el final.

VM. En realidad, hay una hermana en Tengo sueños eléctricos, aquí la quería incorporar porque tengo hermanas y quería hablar de lo complejo que es eso. Me interesaba la relación cómo puede variar de una madre y una hija y la otra. Cómo es diferente. También cómo se hereda de forma distinta la visión del amor y el deseo muy distinta a la otra.

Daniela se ha convertido en una especie de álter ego tuyo…

VM. Ahora vas a aprender francés [le dice a Daniela, se ríen]. A mí me gusta mucho la porosidad entre la realidad y la ficción. Tuve un bebe mientras la escribía, de pronto dejé de ser el personaje de Daniela y me volví el otro personaje. Las películas le cambian la vida a uno porque pasan muchas cosas.

DM. Pienso lo mismo, yo pasé por Europa antes de hacer eso. Europa para mi llegó como una decisión final. Iba a seguir estudiando en Latinoamérica, pero fui a Europa e hice una película de una persona que regresa a Costa Rica después de haber estudiado en Europa, pero creo en la porosidad que la vida se acomoda un poco con la ficción. La vez pasada en el cine nos dijeron que yo hablaba igual que Valentina, jaja. Una cuestión que en realidad nunca ha sido así de intencionada ni en las películas y es muy fuerte porque yo cada vez que hago una película con Valentina descubro algo nuevo de ella que es verdad que inconscientemente lo absorbo para el personaje.

VM. Yo quisiera que Daniela actuase en otras películas

DM. Yo también.

VM. Es muy difícil venir de países latinos con industrias pequeñas, me pasa con actores de otros países que se ganan premios, pero cuesta volverlos a ver porque lo que hacen las industrias consolidadas es repetir actores. Ahorita en la selección oficial películas japonesas con actores franceses, rumanas también, con las mismas actrices. Que ella logre independizarse de mi sería fantástico, jaja. Si algún cineasta cubano lee mi entrevista que lo vea. Salir del aislamiento cultural.

En la película está muy presente el regreso, a veces la imposibilidad de los regresos…

VM. Yo creo que es difícil regresar a un país pequeño cuando uno vivió en Europa, de pronto uno ve el lugar donde uno vino como un lugar periférico del mundo e imagina que es un lugar que hay que preparar, que hay una forma pragmática para que calce con los estándares del primer mundo. Sobre todo Costa Rica, donde hay esa excepcionalidad blanca, somos la “Suiza centroamericana”, de pronto uno vuelve con un complejo de inferioridad con el que uno quiere romper, por eso voy y regreso como cineasta a hacer películas en mi propio país, porque quiero observar lo específico de mi país, lo que va más allá del cliché que alimentamos nosotros mismos y, sin embargo, no lo logro totalmente, creo que hay una pequeña culpabilidad que exploro con este personaje de no lograr ver la singularidad y la especificidad de lo que somos, que nos pasa a los ticos mas que a los cubanos, brasileños, etc.

Yo creo que ustedes tienen una identidad muy consolidada, que tienen incluso un sincretismo que es motivo de orgullo, nosotros tenemos nuestra cultura afrocaribeña, la cosmogonía indígena la tenemos enterrada, y por eso el misticismo del que habla la película no es espectacular ni motivo de orgullo, es lo que es en Costa Rica, es algo banal, trivial, no espectacular. Y yo encuentro que la no espectacularidad es lo que me interesa a mí, me tomó todos estos años darme cuenta de que esta era la esencia de lo que yo quería representar.

A pesar del retrato íntimo de la familia también hay una pulsión de retrato social más amplio…

VM. Es lo de siempre, hay mucho más material de eso cuando escribo y va desapareciendo en edición porque lo que me interesa a mi es mostrar las tensiones de clase, la realidad de una emigración económica que es la nicaragüense con la que hay mucha xenofobia, sin tematizarlo porque quiero ser fiel a la forma en la que uno descubre esas cosas cuando viene de una clase privilegiada. Y me gusta no tematizar porque no quiero encerrar las cosas en un esquema didáctico, no quiero hacer cine de Costa Rica sino desde Costa Rica, era importante para mí que alguien dijese que en Nicaragua hay una dictadura, no estoy segura que eso en Europa se sepa, era importante para mí también que hubiese una tensión de clase entre la hermana mayor y la menor, que una abraza el sueño burgués latinoamericano de irse al norte y la otra decide que su libertad esta en el descenso social, eso en una misma familia.

Hay un momento de viraje en la película cuando la madre le dice a Elsa (Daniela) que “quien me preocupa eres tú”.

VM. La tensión que atraviesa mi trabajo viene del hecho de que he sido hija de artistas, que siento que hay una contradicción. Lo que yo sé de la poesía no es la poesía, son los poetas, eso es lo que yo conozco, son personas que viven su vida de forma muy prosaica intentando escribir cosas muy profundas. Es muy extraño ser testigo de esa gran contradicción y yo tiendo como a querer encontrar mas verdad en la desacralización, desmitificación de las cosas y alimentando la postura de duda. Y las crisis me parecen a veces más auténticas a nivel incluso narrativo que las certezas. Las crisis reflejan bien la vida.

¿Cuán polémico puede ser para un país como Costa Rica presentar a esta madre así?

VM. La vamos a presentar en diciembre en Costa Rica. Va a ser muy complicado para mí porque yo tengo una mamá poeta, que es muy diferente del personaje. Este personaje se parece un poco más a mí, es decir, refleja mis miedos de no poder hacer mis películas y a la vez ser mamá. Y cómo lograr combinar esas dos cosas que son radicalmente demandantes. Para ser artista hay que ser egoísta, no tengo ninguna duda, y creo que es un poco tabú presentar a una madre que lo dice pero creo que es una apuesta feminista de mi parte autorizarme a presentar un personaje materno libre no feminista porque es virtuoso y siempre es lo mismo: va a generar rechazo, hay gente que la va a encontrar antipática. Es lo mismo que con Tengo sueños eléctricos: la adolescente para algunos era culpable de lo que le pasaba y para otros era el personaje mas lucido de la película. Esa ambivalencia la defiendo, aunque va a generar mucha hostilidad.

Quizá fue casualidad, pero en la programación del SSIFF, en el primer pase de Siempre soy tu animal materno se proyectaba la restauración del documental español El desencanto (1976), también la historia de una familia de intelectuales atravesada por la locura, el caos y la crisis…

VM. Lo complejo de una familia de artistas es que hay un deseo de abrazar la libertad individual y la singularidad y, a la vez, eso hace que sea difícil pues observar o aceptar la posible fragilidad psíquica de alguien. Yo no intento cerrar el tema sino mostrar gente articulada, inteligente, educada, pero donde eso puede ser un enigma. No juzgo el personaje de la hermana menor, quería mostrar a esa joven en un mundo de posverdad, y eso le da más libertad.

Daniela, quisiera que comentaras de tu propio regreso a este personaje

DM. En cuanto a exigencias cada trabajo las tiene. Tengo sueños… fue dura también. Ya he trabajado 3 veces con Valentina y he hecho otras cosas. Trabajar con Valentina es un privilegio para cualquier actor porque te da una manera de construir desde otro lugar. Esta película fue muy demandante incluso en lo físico porque corrimos mucho. Nunca he tenido miedo de decepcionar en un trabajo, ni a Valentina, pero casi que uno tiene miedo de decepcionarse a sí mismo, cuando vas a abordar un trabajo y ya hiciste otro. Al final de cuentas cuando estoy ahí, ese instante preciso cuando vos te das cuenta de que hay toda una producción comprometida, y los 3 segundos antes se dice corre cámara, es ahí que todo conecta y te olvidas de todo. El desafío es estar lo más presente posible con las personas que trabajas en escena y el trabajo colectivo. El desafío es poder estar ahí, abierta, escuchando. Después hay consecuencias: me lesioné la pierna.

VM. Y Compartir pantalla con otra actriz mas que en la primera película

DM. Claro…

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

VM. Escribo otra película donde voy a hablar más frontalmente de que soy también francesa. Crecí rodeada de lo que se llama expatriados, que es una fauna un poco particular en América latina, pero más en Costa Rica, que hay mucho europeo que va a buscar el sentido de la vida allá, y también hay una institucionalidad francesa en el extranjero que me parece particular. Costa Rica es un país donde huyen criminales, europeos en busca de sentido de la vida y pequeños funcionarios franceses para triplicar su salario y conducir un 4×4, y quiero ver que genera esa mezcla extraña de objetivos enfrentados a la humedad del trópico.

¿Estaría Daniela?

VM. Ella tiene que aprender francés.

DM. Ese es mi próximo proyecto. En 7 meses lo hago.

¿Y no hablas nada?

DM. Lo que uno aprende en el colegio cuando es un mal estudiante y sabe presentarse. Te pido un café… Estoy en el momento de moverme, más concentrada en trabajar y construir más la actuación y el ojo en escribir. A la escuela de cine no le gustó que actuara (ECAM), y ya no estoy. Al parecer no puedes hacer cine mientras estudias cine. Es polémico, pero es terrible. Por hacer la película tuve que irme de la escuela, pagando por cursos y con una actitud frontal y violenta de “las cosas son como nosotros decimos y no vamos a dar el brazo a torcer”, a pesar de que los propios profesores apoyaron. Es un poco violento, de no creer en el cine de otras industrias. Estudiaba documental. Quiero hacer cine yo también. A mí lo que más me mueve del corazón es actuar, pero quiero actuar desde otros lugares. Dirigir es performático.

VM. Ahí si ya nos confundiríamos totalmente.

DM. Totalmente. Yo debería dirigirte a vos…

VM. No mae, ni muerta, jajaja…

FABIO QUINTERO
FABIO QUINTERO
Fabio Quintero (Bejucal, 1999). Licenciado en Periodismo por la Facultad de Comunicación de la Universidad La Habana. Colaborador de la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC).

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