Goteras sobre un pantano: el ritmo de la resiliencia en la obra de Elizabet Cerviño

'The Rhythm of Resilience' es una exposición que nos habla de arraigo y tejido colectivo. En ella presenciamos cómo el pensamiento de Elizabet Cerviño fluye desde la abstracción poética hacia la experiencia viva del territorio.

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La exposición personal de la artista Elizabet Cerviño, The Rhythm of Resilience (El ritmo de la resiliencia), presentada en la Gallery114@HC Ybor del Hillsborough College en la ciudad de Tampa (julio-septiembre, 2026), se articula como una profunda reflexión sobre las intersecciones entre la naturaleza, la experiencia migratoria y la capacidad humana para echar nuevas raíces.

Nacida en Manzanillo, Cuba (1986), Cerviño despliega una práctica multidisciplinaria –que transita orgánicamente por la pintura, la instalación, el video y el performance— para construir una respuesta directa y sensible a los ecosistemas de humedales de Florida. A través de este gesto, transforma el espacio galerístico en un territorio de contemplación y adaptación.

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Como curadoras de la muestra –un trabajo que he tenido el privilegio de desarrollar en conjunto con la propia artista y con Amanda Posse, directora del Departamento de Artes Visuales y Escénicas de Hillsborough College–, articulamos el proyecto sobre dos paradigmas conceptuales: la sincronización y la resiliencia. Ambos operan como metáforas del proceso íntimo de tránsito geográfico y cultural de Cerviño. Aquí, el paisaje deja de ser un mero entorno contemplativo para convertirse en un agente activo y en un espejo de los estados psicológicos del ser humano.

Al reflexionar sobre el núcleo emocional de este proyecto, Elizabet confiesa que concibe la muestra como un espacio de sanación: “Esta es una exhibición esperanzadora que habla de un proceso que me ha permitido sanar, cultivar la humildad y doblegar el ego. Ablandarlo fue una habilidad vital para adaptarme a una nueva cultura y transformarla, no solo para sobrevivir, sino para transformar el entorno y sentirme libre, creciendo junto a él. Ha sido un periodo de varios años de aprendizaje y descubrimiento, en el que comprendí que siempre es posible renacer: por difícil y adverso que sea el camino, los procesos pueden recuperar su forma original”.

Este renacer matérico y espiritual encuentra su clímax en la pieza central de la exposición, Goteras sobre un pantano (Droplets Over a Swamp), 2026. Concebida como la primera obra de la artista totalmente conectada con su nuevo entorno en el norte de Tampa, la instalación invita a una experiencia inmersiva que apela directamente a los sentidos del espectador. A partir de algas recolectadas en los ríos locales y suspendidas en aros de bordar a distintas alturas mediante hilos transparentes, la pieza emula la quietud y la vitalidad del humedal. La obra trasciende lo puramente visual al incorporar el aroma característico del agua dulce del río y el registro sonoro del momento de la recolección, convirtiendo la galería en un ecosistema suspendido.

Al conversar sobre cómo experimentó la transición física, sensorial y conceptual de este paisaje fluvial al espacio arquitectónico, Elizabet lo describe como un acto de correspondencia afectiva: “Es una obra transformadora que nace del amor por mi nuevo hogar, donde me siento reconocida por mi ambiente y aceptada por su naturaleza. Este nuevo espacio me brinda materiales que puedo manejar de una manera natural y vital para la creación: algas que sostienen todo un ecosistema de animales, ríos y pantanos hermosos que hoy son mi inspiración. Estas algas son cargadas y suspendidas en aros de bordar de diferentes tamaños, funcionando como coladores o filtros en medio de la galería”. Esta traslación se cristaliza, además, en su propia escritura poética, de la cual la artista extrae un fragmento vital:

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Dulce y siniestro fangoso pantano
abraza la calma de la mirada suspensa,
que resbala entre los árboles bendecidos por el olvido.
Flotan serenos entre el agua y el viento las algas,
y siéndome su tiempo mío.

En diálogo directo con esta instalación inmersiva, decidimos incorporar Otros registros, una sección que funciona como un archivo de investigación procesual. Aquí se reúnen bocetos, notas y estudios que revelan tanto el rigor metodológico como la dimensión poética de su trabajo. A través de un video, el público puede observar el gesto performático de las manos de la artista recolectando la materia prima en el río, visibilizando el contacto físico con las algas y el agua. El paisaje sonoro de todo el proceso permite al espectador trasladarse e imbuirse en esa narrativa del agua que luego atestigua en la contundencia visual de las algas suspendidas.

Para trazar una genealogía de este proceso migratorio, incluimos también Recuento, una pieza elaborada en Cuba a partir de fibra de henequén recolectada cerca de la antigua casa de la artista. Nos pareció la obra idónea para tender un puente alegórico entre sus raíces y su actual radicación en Florida. La instalación se despliega como una cascada vertical de más de tres metros de altura donde nudos y cuerdas descendentes tocan el suelo. Lejos de la melancolía tradicional, opera como una tensión gravitacional entre la permanencia y el olvido, funcionando como una escritura astillada.

Sobre la manera en que se articulan en esta pieza la fragilidad de la materia y la resistencia de la memoria, Elizabet Cerviño reflexiona: “Desde la fragilidad, la naturaleza y su capacidad de permanencia (resistencia/fragilidad; permanencia/olvido), mi obra evoca como sombra insinuante nuestras raíces. Una escritura astillada, ilegible y serena. Alejada de toda melancolía que connota todo momento de creación o saber poético, la obra es una inmersión en aquella forma menos erosionada de la condición humana: los vínculos sutiles que ordenan el universo del cual somos parte, brizna, reflejo. Solo cuando se ha forjado una memoria donde el razonamiento se vuelve confuso e inexacto, apaciguado por la calma, nos enfrentamos a un espejo de la percepción sin pliegues. Dejamos a un lado los motivos aprendidos para adentrarnos en la contemplación. Son cuerdas sostenidas y sometidas a transformarse ante una conjetura; un cuerpo sin tiempo cuyos nudos guardan secretos y dejan de cantar para permanecer en el silencio”.

Con el objetivo de expandir los límites de la muestra hacia el exterior de la galería y dialogar activamente con el campus de Ybor City, ubicamos Consumación en los jardines. La instalación consta de 59 esferas de cristal de diferentes tamaños dispuestas a la manera de las cuentas de un rosario. Llenas con agua de lluvia a diferentes niveles, las piezas interactúan con el clima local: a medida que el agua se evapora con el sol y el paso del tiempo, deja delgados sedimentos y marcas en el vidrio, componiendo paisajes efímeros en convivencia directa con la fauna local (gallos y gallinas silvestres) y la vida cotidiana de los estudiantes. Al indagar en las lecturas sobre el tiempo que guarda esta instalación, la artista detalla: “Son cincuenta y nueve esferas de cristal con agua en su interior a diferentes niveles. El paso del tiempo deja en sus paredes paisajes, indicios y espectros del agua al evaporarse. El número de esferas emula la cantidad de cuentas en un rosario, marcando un ritmo donde la atmósfera y el clima completan la obra”.

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Finalmente, como cierre performático de la exhibición, Elizabet concibió Onomatopeya o gemidos de una oración para el espacio exterior de la galería. La acción inicia con una torre de láminas de barro que alcanza su estatura exacta (1,68 m), elaborada previamente en talleres participativos junto a los estudiantes de arte de la universidad. Cada lámina tiene inscrita una letra que, en su conjunto, conforman una oración o mantra:

Humilde golpe que reclaman el silencio.
Vuela la palabra sin reclamos.
Sorda es la fragmentación de la oración.
Cae, muere, descansa.

Durante el performance, la artista emite el sonido fonético de cada carácter y luego deja caer cada teja de barro al suelo, fragmentando el lenguaje hablado y reduciéndolo a un cúmulo matérico que permanece instalado luego en el espacio como registro de la acción.

Al preguntarle cómo vincula esta deconstrucción del lenguaje con el paso hacia una dimensión pura de la sensación, Cerviño ofrece una clave de lectura fundamental: “Es una colección reunida a partir de una tradición oral confusa; un acto de fragmentación del lenguaje donde los ruidos perturban la información para dar paso a un espacio emocional y sincero que nace del impulso hasta su consumación: canto, rezo, reclamo y gemido de la oración. Onomatopeya es el canto o gemido de cada letra, el mínimo gesto de aproximarse a su ilegible lectura. Quiebra en temblor que enfrenta lo irreversible al paso de cada página. Al final, solo queda un cúmulo de materia: trozos de cerámica que portaban letras y que aglutinadas eran tal vez un verso que ahora permanece como eco en el espacio. Dejo caer cada lámina, proyecto el sonido y me callo para tomar la siguiente página en silencio. La materia se deforma y se rompe ante el contacto con el suelo, devolviéndonos a las formas esenciales y primarias de la naturaleza”.

The Rhythm of Resilience es una exposición que nos habla de arraigo y tejido colectivo. En ella presenciamos cómo el pensamiento de Elizabet Cerviño fluye desde la abstracción poética hacia la experiencia viva del territorio, mostrando que la migración no implica una ruptura definitiva, sino la oportunidad de entablar un diálogo simbiótico con el nuevo entorno. Esta primera muestra personal en los Estados Unidos no solo celebra la bienvenida de la artista a la comunidad de Tampa, sino que confirma el poder del arte como una fuerza orgánica, sanadora y transformadora, capaz de convertir la fragilidad del tránsito geográfico en un monumento a la resiliencia humana.

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GABRIELA AZCUY
GABRIELA AZCUY
Gabriela Azcuy (La Habana, 1989). Licenciada en Historia del Arte y Máster en Estudios Curatoriales. Ha realizado estudios de posgrado en Arte y Negocios, Tasación de Arte, Marketing y Administración. Actualmente es la curadora principal de la fundación The Cuban Arts Group, radicada en Tampa y Nueva York, y se encuentra curando para el Harn Museum of Art la exposición Under the Spell of the Palm Tree (2023-2024).

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