La artista cubana Glenda León conversa sobre ‘Música de las formas’, su última exposición

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Instalación de Glenda León, ‘Cielo’ (pared pintada de azul y descascarillada, grasa). Fotografía de José Blázquez Lozano.

La artista cubana Glenda León (La Habana, 1976) expone Música de las formas en el pacense Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC). La muestra, comisariada por el filósofo, profesor de estética y ensayista español José Jiménez, se inauguró el pasado 23 de octubre y estará expuesta en el otrora recinto carcelario del MEIAC hasta el próximo 31 de marzo.

Con 25 años de fundado, el MEIAC es un museo situado en la ciudad española de Badajoz y reúne colecciones de artistas españoles, lusos e iberoamericanos. Ubicado en una antigua Prisión Preventiva y Correccional, aún conserva un pabellón cilíndrico construido según los más estrictos modelos panópticos.

Organizada en tres secciones, “Tierra y cielos”, “La espiral del tiempo” y “Ver la música”, la exposición personal de Glenda León articula, en un espacio dialogante, piezas que transitan desde el año 2000 hasta el más reciente tiempo de confinamiento. Como parte de la serie “La expresión iberoamericana”, organizada por el MEIAC, la muestra Música de las formas llegó al recinto español con varios meses de retraso debido a las limitaciones que ha impuesto la actual pandemia de la Covid-19.

José Jiménez, encargado de la configuración general de la exhibición, explica en el programa de la muestra: “Viviendo en nuestro tiempo, Glenda León es plenamente una artista multimedia. Utiliza los más diversos soportes y técnicas de expresión: objetos, esculturas, instalaciones, dibujos, fotografías, libros de artista y videos.”

“Ahora bien –prosigue la nota–, en ese amplio despliegue de modalidades expresivas hay un trasfondo común que da unidad a sus propuestas: la articulación de sus piezas fluye a través de registros musicales con los que se estructuran las obras. En ellas podemos advertir unas improntas melódicas, o contrastes y variaciones, con lo que las formas visuales adquieren un sonido interior, ritmo, y proyección.”

Glenda León estudió ballet clásico, filología e historia del arte. Comenzó a exponer en 1999 y formó parte de la experiencia Desde una Pragmática Pedagógica (DUPP), coordinada por René Francisco. De esta experiencia proviene Cada flor es una forma del tiempo, del año 2000, la pieza más antigua que se expone, con algunas variaciones, en el MEIAC.

En el pasado mes de diciembre, como parte de la 13ra Nit del Galerisme, la artista cubana recibió el Premio DKV a la mejor exposición en galería de una artista emergente, y en estos momentos se encuentra preparando “Como Glenda por su casa”, una exposición personal en el espacio Lab26, dirigido por la arquitecta Vilma Bartolomé.

Además, ha sido invitada por Gerardo Mosquera a participar en la próxima Trienal de la Imagen de Guangzhou. Por otra parte, sigue desarrollando su serie de obras-instrumentos con cuerdas de guitarra que ya han sido interpretados, en un concierto único, por Juanjo Guillem, solista principal de la Orquesta Nacional de España y creador de Neopercusión.

Música de las formas se instalará, luego de exhibirse en el MEIAC, en el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (MARCO), y en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Lisboa (Museo de Chiado).

Con el propósito de explorar varias de las nociones presentes en esta muestra personal conversamos con Glenda León.

Edgar Ariel

Glenda, ¿cómo se configuró Música de las formas en el MEIAC?

Esta exposición fue configurada por José Jiménez, quien es un reconocido comisario español, profesor de estética y ensayista. Fue él quien articuló la muestra en tres partes o secciones a partir de una investigación que hizo de toda mi obra. Fueron varias visitas de estudio, de esas que casi nadie ya hace, porque se vio toda una trayectoria de veinte años de trabajo, incluyendo videos, y esto lleva bastante tiempo.

A partir de esta división en secciones se escogieron las obras que podían dialogar con ellas y con los títulos que él mismo les dio.

¿Qué nociones curatoriales, conceptuales, transversalizan la muestra?

Cuando hago una muestra personal me gusta que ella sea como un gesto. Me gusta que cada obra aporte como un paso más en el conocimiento de ese gesto, de esa suerte de núcleo de la exposición. En este caso, Música de las formas no tiene un sólo núcleo, sino tres, y todos están interrelacionados. Aunque la mayoría de las obras fueron escogidas entre los dos, la noción curatorial corresponde a José Jiménez.

Tierra, cielo, tiempo y música. ¿Cómo afectan estas nociones a tu obra? ¿Cómo la construyen? ¿Cómo la modelan en esa especie de atmósfera terrenal, espacial, temporal y musical?

Para mí la cosa en sí no es lo importante. O sea, si en esta exposición ves unas flores lo más seguro es que la flor en sí no sea lo importante. Me refiero a Cada flor es una forma del tiempo, configurada por doscientas rosas naturales y una artificial insertadas en una plataforma de madera blanca.

Lo que acá se pretende destacar es el paso del tiempo, la intersección entre lo natural y lo artificial, lo efímero de la vida, la pregunta de ¿qué es lo eterno? Así como, también, comentar acerca de la invasión del fenómeno de la copia, de lo artificial en nuestras vidas. Desde los alimentos hasta la ropa y las mismas personas que copian a otras, que se hacen eco de la opinión de otras sin cuestionárselos.

Me interesa esa noción que Duchamp tomó de las matemáticas: lo infraleve. La usó para referirse a lo innombrable, al intersticio.

De la misma manera, si lo que ves es un cielo, esto tampoco es lo importante, sino de qué está hecho ese cielo, cómo se llega a ese cielo: descascarando una pared. Es a partir de lo derruido que puedo ver una nube. Eso es en sí lo primordial, ese gesto y lo que puede generar en ti.

Con las constelaciones hechas uniendo los chicles en la acera [en la serie Estrellas masticadas] lo importante no es el chicle, ni su constitución química, ni la acera donde queda (aunque eso da a veces una información interesante), sino el gesto simbólico de representar el cielo en la tierra, de representar constelaciones –algo que considero sublime–, sobre algo tan banal como la acera y los chicles que pisamos diariamente y hacia donde nunca dirigimos nuestra atención.

Glenda León MEIAC | Rialta
Vista de ‘Música de las formas’ en el MEIAC. Fotografía de José Blázquez Lozano.

Este gesto lo considero cargado de optimismo, pues nos dice que está en nuestras manos transformar. Quisiera destacar que el rol social del arte, el compromiso de un artista con la sociedad para mí es aportar elementos que nos ayuden a crecer espiritual e intelectualmente. Hay bastante toxicidad y malas noticias todo el tiempo en todas partes para que el arte sea una plataforma más de acceso a ellas. El arte es justo ese nicho, y el museo es como un templo donde encontrar cierta paz, pero también cierto desequilibrio, ese que nos permite cambiar nuestra visión del mundo.

Igualmente, cuando tomo elementos del mundo de la música tampoco es la música lo importante, sino la huella que deja en nosotros; el recuerdo del sonido, su eco en nuestra memoria. En el caso de Cada sonido es una forma del tiempo II, una serie de veintidós dibujos hechos durante el confinamiento, reproduje la trayectoria de las abejas, las mariposas, las hormigas, los delfines, los terremotos, los ciclones, el contorno de las nubes, de los continentes, de las montañas o de las ramas de los árboles sobre pentagramas.

Acá se unen dos nociones, por una parte, la instancia a escuchar la naturaleza (la serie comienza con una página en blanco con la palabra Escucha) y, por otra, la constatación de que existe una misma energía detrás de cada elemento en este mundo, sólo que, manifestada en distintos niveles, en distintos ejes temporales y espaciales. Es este tipo de investigación lo que me interesa, pues son las cosas imperecederas de nuestra existencia, que están más allá de los sistemas políticos, de las religiones o del dinero.

Al mismo tiempo, me interesa reactivar la sensibilidad del espectador, y si es posible su curiosidad por aquellos detalles que había pasado por alto. Son como conclusiones o preguntas filosóficas, pero expresadas en forma de imágenes o sonidos.

Glenda, ¿pudieras comentarme qué entiendes por cada una de estas nociones, incluyendo la noción de forma?

El tiempo es un sonido que no escuchamos y la música a veces nos lleva de la tierra al cielo…

Pero, como te decía, estas nociones de tierra, cielo o música en sí mismas no son lo que verdaderamente importan para mí en las obras. Sin embargo, sí han estado presentes en mi trabajo desde un inicio. Desde entonces, cuando representaba la tierra o el cielo, era una forma de acercarme a la naturaleza, de hacerla escuchar. En ese momento eso no estaba de moda, no era parte de las agendas de los artistas políticamente correctos, no era parte de las “buenas causas” como lo llama Carlos Granés en su magistral libro Salvajes de una nueva época.

¿A qué se debe esta especie de retrospectiva que presentas en el MEIAC?

El comisario trabajó en base a obras anteriores, aunque también se incluyeron unas muy recientes, hechas durante el confinamiento. La mayoría de las piezas no había sido mostrada en España y muchas fueron modificadas para adaptarlas al espacio. Por ejemplo, en el caso de la más antigua de la muestra, Cada flor es una forma del tiempo, del año 2000, en su versión original se utilizaron seiscientas flores naturales y una artificial, sembradas en la arena de la playa Guardalavaca, en Holguín. Sólo la vieron aquellos que de casualidad pasaron ese día por la playa y algunos artistas que estaban allí, porque esto formó parte de mi participación en las Romerías de Mayo, cuando me invitaron junto al grupo DUPP.

Cada Flor... Glenda León | Rialta
‘Cada Flor es una forma del tiempo IV’ (doscientas rosas naturales y una artificial sobre base de madera). Fotografía de José Blázquez Lozano.

Luego esta pieza sólo se dio a conocer por fotos, nunca más la realicé. En este caso es una versión mucho más pequeña y, evidentemente, en un contexto muy diferente.

Te sorprenderá, pero me ha sucedido que he hecho obras y diez años más tarde es cuando encuentro que las personas la “ven”, es decir, la entienden. Para mí es interesante mostrar estas obras tempranas en España, pues ayudará a entender de dónde vengo, cuál ha sido mi trayectoria. No es la primera vez que expongo de manera personal en este país. Además de las exposiciones personales en mis dos galerías españolas: Senda y Juana de Aizpuru, también estuve en Naves Matadero en 2015, con Cada Respiro, la cual itineró al Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), en Islas Canarias, y me dio una visibilidad importante en el contexto artístico español.

Glenda, pudieras explicarme, a grandes rasgos, ¿cómo ha influido tu formación en ballet clásico, tu formación musical, en la construcción de Música de las formas?

La música ha sido fuente de inspiración para mí desde niña. Por eso quise ser coreógrafa por muchos años. Luego me di cuenta de que, en aquella época, el principal ingrediente de estas ideas coreográficas era lo visual. Sigo pensando que la música es una expresión superior del arte, pues mueve a más personas y de una manera mucho más potente que el resto de las artes.

Metamorfosis Glenda León | Rialta
‘Metamorfosis’ (dos tapas de piano ensambladas y dispuestas en forma de mariposa). Fotografía de José Blázquez Lozano.

Mi experiencia como bailarina parece permear, por ejemplo, la edición de los videos. En ellos hay un ritmo intrínseco que me han hecho notar algunos coreógrafos que los han visto.

¿Cómo crees que Música de las formas dialoga con el espacio del MEIAC, en calidad de un otrora espacio carcelario?

Creo que la obra de la muestra que mejor dialoga con el espacio sería Cielo. Se trata de una especie de fresco invertido o antifresco, pues se basa en la destrucción de pintura más que en la creación de ella. Es casi una réplica de una pared azul que vi en La Habana y en cuyas áreas descascaradas vi nubes.

Como en trabajos anteriores, donde desde un piano roto emergen flores, en este caso emergen nubes desde donde, al parecer, sólo hay destrucción. Es la capacidad de imaginar y de ver siempre algo positivo en cualquier situación por muy difícil que a veces parezca.

En el caso específico de su versión para el MEIAC esta pieza adquiere una connotación especial. Los dieciocho metros de paredes donde se realizó esta intervención eran antiguamente paredes de celdas. Este museo fue una cárcel tipo panóptica que durante el franquismo albergó a cientos de presos políticos. Así, en esta versión de Cielo, las paredes fueron manchadas con grasa y otras sustancias para simular el desgaste de una pared de cárcel. Las nubes simbolizan la libertad añorada por estas víctimas que injustamente fueron encarceladas. El propio proceso de obtenerlas es trabajoso, tal y como es el camino para obtener la libertad. Sentí esta pieza como una cura, algo que también me interesa al referirme a las intenciones de mi trabajo en general.

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