Leyendo como hormigas: Charlie Kaufman publica ‘Antkind’

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El aclamado guionista estadounidense Charlie Kaufman en 2016 (FOTO Ilya S. Savenok / Getty Images)

Charlie Kaufman acaba de publicar su última novela, Antkind (Random House, 2020). Ahora bien, ¿por qué deberíamos abalanzarnos sobre ese mamotreto de más de setecientas páginas? Por varios motivos, creo.

El primero de todos es que se trata de Charlie Kaufman, guionista de películas como Being John Malkovich (1999), por la que fuera nominado al Oscar; de Adaptation (2002), por la que fuera nominado también al Oscar junto a su hermano Donald, tristemente fallecido durante el rodaje; de Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004), por la que finalmente ganaría el dichoso Oscar; y de Anomalisa (2015), filme que, posiblemente por fatiga, y no tanto por ser Kaufman su director, fue nominado en otra categoría del mismo premio. Además de eso, Antkind no sólo es su última novela, sino también la primera, lo cual hace que este intento sea aún más llamativo y/o sui generis.

¿No están convencidos todavía? Aquí les va entonces la sinopsis: B. Rosenberger Rosenberg, un señor de múltiples profesiones y talentos, pero fundamentalmente vendedor de calzado femenino por necesidad, y crítico de cine obscuro (obscuro crítico de cine) por amor, conoce por accidente a Ingo Cutbirth, una figura aún más pintoresca que él, quien lleva más de noventa años realizando en solitario una película de animación cuyo metraje dura aproximadamente tres meses. B. Rosenberger Rosenberg (criatura llena de inseguridad y resentimiento estético) se percata de que Ingo puede ser su gran descubrimiento, el que finalmente lo convierta en un Gran Crítico.

Por desgracia, Ingo fallece, y en un incendio accidental desaparece su obra maestra, de la cual se salva un solitario fotograma. B. Rosenberger Rosenberg decide entonces reconstruir el resto del monumento de memoria, recurriendo a la regresión hipnótica, y es en estas digresiones cada vez más alucinógenas en las que transcurre el grueso de esa novela que, por pereza, y por dejar algo para ustedes, no voy a describir ahora.

Cubierta de ‘Antkind’, Charlie Kaufman, Random House, 2020

Me han comentado que, tanto por su complejidad como por su carácter megalítico, Antkind está relacionada con algunas de las supuestamente entretenidas novelas de  Thomas Pynchon, o quizás más acertadamente con una novela como La Broma Infinita de D. F. Wallace. Como no he leído ninguna de ellas, tendré que asumir que esas comparaciones son serias.

En una entrevista para The Guardian, en el 2012, Kaufman mencionaba que comenzó a escribir la novela porque “el cine y la televisión no le estaban funcionando en ese momento”. Desde mi perspectiva limitada, esto es poco comprensible, aunque quizás con esas declaraciones se trataba en el fondo de aludir a una mala racha: después del fracaso comercial de su debut como director en Synecdoche, New York (2008), pasarían varios años antes de que Kaufman se lanzara de nuevo al cine, con la antes mencionada y multi-premiada Anomalisa.

Después de otro período de inactividad, este año, no sólo lanzó su última (y primera) novela, sino que estrenará una nueva película, I’m Thinking of Ending Things (dirigida por él y financiada por el dador universal, Netflix), y el año próximo sale, en teoría y si las pandemias lo permiten, Chaos Walking, otro filme con guion suyo.

Me despido entonces con una curiosidad marginalmente relacionada con el tema. Este fin de año se estrenará Ambiancé, una película sueca de treinta días o setecientas veinte horas de duración dirigida por Anders Weberg, y cuyo tráiler en YouTube dura siete horas y veinte minutos (que es, aproximadamente, la épica duración de Sátántángo, el famoso filme de Béla Tarr). Ambiancé se proyectará una sola vez, asumo que durante todo el mes de enero, y luego (quizás por suerte) será destruida.

Así que antes de reírnos de lo absurdo del ficticio Ingo Cutbirth, podemos hacerlo del muy real Weberg, cuya meta es hacer “la película más larga que ya no existe”… aunque hace rato que hay otra aún más larga, también sueca: Logistics (2012), de Erika Magnusson y Daniel Andersson, con una duración de ochocientas cincuenta y siete horas o, si se quiere, de treinta y cinco días.

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DANIEL CRUCES PÉREZ
Daniel Cruces Pérez (La Habana, 1983). Diletante, nadador de piscina bajita. Su aversión al trabajo, y en general a todo tipo de esfuerzos, lo encaminaron hacia las ciencias puras, la traducción, y eventualmente el cine. De alguna manera logra balancear sus cinco trabajos (web de educación matemática, actor de teatro, productor de animación, escritor de cómic, traductor) con una apatía en general por hacerlos. En 2016 fundó el Casa Cruces Estudio, dedicado a la animación con pretensiones artísticas. Su primera película, “La Caravana”, se terminará en algún momento, con suerte, cercano. Actual y marginalmente reside en La Habana, hasta que deje de hacerlo.
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