En pleno verano, el reparto sigue ocupando el centro de la conversación sobre la música cubana, aunque cada vez resulta más difícil encerrarlo en sus propios límites. El rap, la salsa, el funk carioca y la electrónica aparecen como desvíos, aliados o fricciones; los remixes y las colaboraciones conectan artistas, públicos y escenas que no necesariamente compartían antes un mismo espacio. Las plataformas aceleran ese movimiento y premian las canciones capaces de hacerse reconocibles en pocos segundos.
La velocidad, sin embargo, no lo explica todo. Junto a los temas construidos para la inmediatez aparecen trabajos más atentos al arreglo, al timbre y a la memoria: piezas orquestales, exploraciones de jazz, canciones que vuelven sobre la percusión afrocubana y búsquedas urbanas que ponen a prueba sus propios códigos. Entre la urgencia del estreno y una elaboración más paciente del sonido, agosto deja escuchar una escena que se mueve en varias direcciones a la vez.
1. Caimito (álbum) – O&D
Se me había escapado Caimito, el debut de O&D publicado en mayo. Oro Padrón y Dnix Esperón llegan a él tras veinte años de trabajo compartido, con uno viviendo fuera de Cuba y el otro en la Isla. El pueblo artemiseño que da nombre al disco aparece entre historias de familia, escasez y desarraigo, contadas con hip hop, dub y percusión afrocubana. Me quedo con el contrapunteo de punto guajiro y rap del tema titular, aunque hay bastante que explorar en estas trece canciones. “Apagón”, por ejemplo, surgió mientras terminaban la grabación entre los mismos cortes eléctricos que describe. Una serie de piezas audiovisuales filmadas en Cuba acompaña el álbum, publicado por OROTUNES.
2. Los repas no lloran – Melanie Santiler
Melanie Santiler baja la guardia en este nuevo adelanto de su álbum debut. “Los repas no lloran” habla de pérdidas, de salud mental y del cansancio de aparentar que todo marcha bien; la ironía del título remite a “Cuando los malandros lloran”, de Çantamarta, que inspiró la canción. Javier Sampedro, Yoyi Lagarza y Kokuzzo envuelven la voz en una base etérea y electrónica, cercana al urbano español contemporáneo, donde sigue latiendo la clave del reparto. La melodía tiene el gancho de sus mejores sencillos, ahora teñido de una tristeza que le sienta bien a esa voz acostumbrada a la nostalgia.
3. Me gusta – Melvis Santa, Vinicius Gomes
Hay algo de Sade en la manera en que Melvis Santa canta “Me gusta”, demorándose en los giros de la melodía y disfrutando cada insinuación. La cantante cuenta que la música y las palabras surgieron juntas; el brasileño Vinicius Gomes, con quien ya había trabajado en Jazz Orishas, acompaña esa declaración de deseo con un arreglo delicado, y entre ambos se reparten la instrumentación.
4. The Journey: I. Beans – Paquito D’Rivera, Alondra de la Parra, The Impossible Orchestra, Rolando Fernández
El clarinete de Paquito D’Rivera encuentra un buen contrincante en el violonchelo de Rolando Fernández. “Beans”, primer movimiento de The Journey (The Rice and Beans Concerto), los sitúa en medio de una orquestación exuberante, sostenida por The Impossible Orchestra bajo la dirección de Alondra de la Parra. En la segunda mitad, la clave y una melodía más sensual acercan la pieza al baile cubano, mientras las cuerdas y los metales conservan una inquietud que crece hacia el final. Fernández responde con soltura a las exigencias de una partitura donde Paquito disfruta por igual de componer y tocar. La grabación procede del Festival PAAX GNP de 2023 y anticipa el álbum Horizons.
5. Alma & cuero – Amaru Tribe, QVLN, Afrosideral
El violín de QVLN tiene mucho que ver con el entusiasmo que despierta “Alma & cuero”. Por momentos parece poseído, y su intensidad empuja a las voces y los tambores en una pieza que invita a sacudirse lo malo bailando. El colectivo Amaru Tribe, radicado en Melbourne, se reúne con QVLN y Afrosideral para cruzar electrónica, percusión acústica y cantos afrocubanos. Las invocaciones a los santos acompañan la subida de energía, con los beats apretando cada vez más. La canción forma parte de Golden Roots, el tercer álbum de Amaru Tribe, con el que celebran diez años de trayectoria.
6. Me parece justo (Remix) – Lobo Malo, El Chulo, Rey Tony, Helabusador, Velito el Bufón, El Dray
El Chulo es una de las mejores incorporaciones a este remix de “Me parece justo”, que ya tenía madera de temazo en la versión original de Lobo Malo y Jefe White. La base salsera cobra más peso y por ella desfilan Rey Tony, Helabusador, Velito el Bufón y El Dray, cada uno con su manera de atacar el reparto. El relevo de voces mantiene animado el corte y deja escuchar el parentesco entre músicos de distintas generaciones. Lobo Malo y Jefe White conservan en la producción el gancho del original, con espacio para que las voces más jóvenes y las más veteranas se luzcan sin estorbarse.
7. Cepillo y pasta – Maykel Blanco y su Salsa Mayor
La caricatura de acabado plástico de la portada le hace un flaco favor a “Cepillo y pasta”. Por suerte, al darle play aparece la timba avasalladora de Maykel Blanco y su Salsa Mayor: metales, coros y percusión se superponen en un arreglo que cambia de plano cuando uno apenas se había acomodado al anterior. Puede que abrume a quien no esté familiarizado con el género, pero los bailadores de Los Mayores sabrán disfrutar esas tensiones.
8. Lo dudo (Tributo al Príncipe) – Emilio Frías, El Niño y la Verdad
José José dejó una versión difícil de sacarse de la cabeza y Frankie Ruiz ya había llevado “Lo dudo” a la salsa; ahora Emilio Frías se une a El Niño y la Verdad para darle una vuelta timbera. La melodía conserva su dramatismo, pero la voz sonera de El Niño aligera el lamento y dialoga bien con una orquesta que abre espacio al baile. Producida por Frías y Juan Mario Aracil, esta versión deja respirar las frases entre metales y percusión: el despecho se puede seguir cantando mientras se apartan las sillas para hacer sitio en la pista.
9. Manantial y arroyo – Adrián Estévez, Mayte González, Israel Figueredo
Una figura de piano que vuelve una y otra vez prepara la entrada de Mayte González en “Manantial y arroyo”. Adrián Estévez, el camagüeyano radicado en Madrid cuyo Despertar ganó el Cubadisco en ópera prima, lleva la pieza de la calma inicial a un tramo final mucho más intenso. La voz se acomoda a los motivos del piano y el saxofón de Israel Figueredo añade otro recorrido melódico, sobre una base de bajo y batería. En la segunda mitad, Estévez se extiende en un solo al que responde Figueredo con una intervención breve y contundente. El crescendo hace que uno termine bastante más agitado de lo que prometía el comienzo.
10. Don’t Say No – Camarias, Dayron Ortiz
Después de coincidir con Yaima Cunille en Busca tus lunas, Camarias y Dayron Ortiz vuelven a encontrarse en un sencillo donde cuesta separar el jazz contemporáneo del R&B. Publicado por La Caseta, “Don’t Say No” avanza entre voces modificadas, guitarra eléctrica y batería, con una agitación que arrastra la melodía. La guitarra participa del nervio del conjunto y, por momentos, recuerda al Elmer Ferrer de sus mejores años.
11. INTROSPECTION (álbum) – Marcos Morales Mercurio
Marcos Morales Mercurio firma la batería, la composición, el diseño sonoro, la producción y hasta la portada de INTROSPECTION. El álbum reúne diez piezas, y “Camino despacio del futuro al pasado” ofrece una buena entrada a ese trabajo en solitario. Entre loops y texturas electrónicas densas, la batería insiste, se abre paso y parece a ratos forcejear con lo que la rodea. Cada nuevo impulso acentúa la sensación de esfuerzo. De pronto, la tensión cede y aparece un pasaje de calma.
12. Mordiozzz – Seidy La Niña
Seidy La Niña alterna el español y el inglés con soltura en “Mordiozzz”, una tiradera donde el fraseo pesa más que el estribillo. El beat de reparto asoma por momentos, pero la canción se acerca al rap y permite escucharla fuera del registro con que suele identificarse. Su flow es firme, frontal, y le da gracia a un ajuste de cuentas bastante conocido en la música urbana.
13. Trépate – L Maldito 13, Nany La Kbra, El Bandolero
Nany La Kbra viene sacándole partido al cruce entre reparto y rap de Detroit. En “Trépate” se junta con L Maldito 13 sobre una producción de El Bandolero, y el intercambio entre ambos sostiene un corte acelerado y de coro mínimo. Las diferencias de timbre le dan movimiento a lo que podría resultar monótono. Aquí la repetición funciona, sobre todo cuando uno se deja llevar por el estribillo y empieza a imaginar los pasos. Dos minutos largos bastan para que se quede sonando en la cabeza.
14. Cintureo – Wampi
“Cintureo” es un gusto adquirido. Para quien no esté familiarizado con el funk carioca, la mezcla con el reparto puede no entrar a la primera; después de varias escuchas, sin embargo, ese pulso brasileño empieza a pegarse. Es uno de los experimentos de Wampi que mejor resuelve el cruce: los patrones rápidos del funk empujan el fraseo y le dan al corte una energía nerviosa, casi física. La letra, en cambio, me deja con ganas; se queda por debajo de una producción que encuentra su fuerza precisamente en esa fricción.
15. La trusa (La Trussa Russa) – Mr Nectro, Vikingo, The Dangerous
La corneta china de la conga santiaguera le sienta tan bien al reparto que dan ganas de escucharla más a menudo por aquí. Mr Nectro y Vikingo aprovechan la combinación para montar una fiesta playera, con producción de La Película Musical. Nectro anima el baile a golpe de interjecciones, órdenes y rimas disparatadas, mientras la “trusa rusa” va tomando forma de estribillo. Tiene la gracia del animador que insiste hasta que los demás entran en el juego.
16. Las Prosti (Remix) – L Kimii, DJ Conds, Ja Rulay, Yeison L’ Broco, Jhonnax Moreno, Taytan Smith, Nany La Kbra
L Kimii y DJ Conds amplían la reunión alrededor de “Las Prosti”, cuyo original ya era un palo. Ja Rulay, Yeison L’ Broco, Jhonnax Moreno, Taytan Smith y Nany La Kbra entran sobre un beat de Conds que se desliza del hip hop al reparto y deja espacio para distinguir cada voz. El corte crece sin desarmarse, sostenido por esa base hipnótica y el relevo de los invitados. El entusiasmo se enfría un poco por la insistencia en reducir a las mujeres al insulto del título, lo que termina empobreciendo una colaboración que musicalmente tiene mucho más que ofrecer.
17. Hay Negri – Ya Ice Dilan, JipMusic Global, DJ Honda
DJ Honda exprime el cencerro en “Hay Negri” hasta convertirlo en el sonido que uno espera en cada vuelta; el recuerdo de “Dichavate” asoma en ese uso insistente del instrumento. Ya Ice Dilan se acomoda al patrón con un fraseo directo, y el título funciona como llamada para que el coro responda. La letra aporta poco; es la producción la que mantiene el corte en movimiento con muy pocos elementos.
18. El Norte – Ja Rulay, Dave Produce
“Yo no los maté, ellos se mataron solos”, suelta Ja Rulay con la suficiencia que atraviesa “El Norte”. Hay reparto duro y fronteo con swing, sobre una producción de Dave Produce que deja sitio a los golpes secos de la voz, los silencios y las respuestas. Las coronas, los gallos y las referencias a sus contactos me recuerdan por momentos la retórica del corrido, aunque el fraseo permanezca bien plantado en el reparto. Ja Rulay maneja las entradas con soltura y encuentra un estribillo fácil de retener entre tanta demostración de rango.
19. Hasta atrás – Wow Popy, Lenny Tavárez
Wow Popy se entiende bien con Lenny Tavárez en esta canción de amor callejero. El puertorriqueño aporta un color melódico que se acomoda al flow habanero de Popy, mientras DJ Cham sostiene la producción con el pulso del reparto. “Hasta atrás” habla de quedarse juntos a pesar del pasado y de quienes no apuestan por la relación, con una sencillez que le favorece. El afecto va ganando terreno sin solemnidad, entre promesas de futuro y pequeños gestos de pareja.
20. Rockstar RP – Rey Tony, Helabusador, 6ix9ine
Después del impulso de “Dichavate”, Rey Tony y Helabusador suman a 6ix9ine en “Rockstar RP”. DJ Jerry y Michel Boutic firman la producción, pero son los coros de Los Titi los que vuelven a quedarse pegados: estribillos cantados en grupo, fáciles de seguir incluso en la primera escucha. La presencia del rapero estadounidense sirve de reclamo, aunque cuesta reconocer qué añade a la canción. El atractivo sigue estando en los cubanos y en esa manera de cantar que invita a sumarse, como si el público ya formara parte de la grabación.

