La escultora estadounidense Ursula von Rydingsvard, autora de monumentales obras en cedro inspiradas en parte por su infancia en campos de refugiados de la posguerra, falleció este martes 27 de octubre, a los 84 años, en su casa de Manhattan. Courtney Childress, directora de su estudio, confirmó la muerte a la causa fue la enfermedad de Alzheimer.
A lo largo de más de cinco décadas de carrera, la artista labró enormes masas de cedro para construir un bestiario de esculturas masivas, desde un conjunto de conos hasta una mole de cinco metros con forma de tornado hecha con unas siete toneladas de madera.

Nacida Urszula Karoliszyn en Deensen, Alemania, en 1942, era hija de campesinos polacos y ucranianos llevados allí como trabajadores forzados por los nazis. Tras la guerra, la familia pasó por una serie de campos de refugiados antes de emigrar en barco a Estados Unidos en 1950 y establecerse en Plainville, Connecticut, un lugar donde, diría ella más tarde, no existía “tal cosa como un artista”.
Su método característico consistía en marcar, cortar y desgastar vigas de cedro de medida estándar con sierras circulares, para luego apilarlas como ladrillos en estructuras enormes que se ensanchaban al elevarse, con superficies a veces teñidas de grafito en polvo. Las formas resultantes parecían ondular y moverse, evocando paredes de cuevas, olas congeladas y fósiles; más tarde incorporó resina, bronce, seda, cabello e intestinos de vaca, pero el cedro siguió siendo su medio distintivo.
Von Rydingsvard se formó como artista cuando el minimalismo dominaba la escena neoyorquina, y lo encontró insuficiente. “No había sensualidad, y ni siquiera había humanidad”, le dijo al artista y curador Mark Rosenthal, quien organizó en 2018 una muestra panorámica de su obra en el Fabric Workshop and Museum de Filadelfia. Sus pliegues y su fisicidad provocaron comparaciones con la obra biomórfica de Louise Bourgeois y Eva Hesse.
Ese material era, para ella, una necesidad expresiva. “Hay una manera en que la madera, la madera de cedro especialmente, es capaz de decir de la forma más tierna lo que necesito decir”, explicó en una entrevista con la National Endowment for the Arts. “De algún modo me permite tocar cosas dentro de mí que muchos, muchos otros materiales no tocan”.

Estudió en la Universidad de New Hampshire y en la Universidad de Miami, y obtuvo en 1975 una maestría en la Universidad de Columbia, donde estudió con Max Kozloff, Meyer Schapiro y George Sugarman. Un compañero de clase, el pintor Michael Mulhern, le presentó el cedro al comprarle un cargamento de vigas; ella lo llevó a un taller de metalistería y comenzó a cortarlo en busca de “formas que se sintieran como la tierra, o que se sintieran carnales”.
En 1981, trasladó su estudio a Brooklyn, donde permaneció el resto de su carrera, y en 1985 se casó con el neurocientífico Paul Greengard, Premio Nobel, fallecido en 2019. En 2013, su escultura Ona –“ella”, en polaco–, de seis metros y unas seis toneladas, se instaló bajo el óculo del Barclays Center de Brooklyn. “Me encantaría que la gente la tocara”, dijo entonces: “el ácido de los dedos la pule, como a los Budas que les frotan la panza”.
Su obra fue expuesta ampliamente –en el Storm King Art Center y el Yorkshire Sculpture Park, entre otros– y entró en las colecciones del Museo de Arte Moderno, el Whitney, la National Gallery of Art y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Recibió una beca Guggenheim, varias subvenciones de la National Endowment for the Arts y el premio Joan Mitchell de 1997.
En 2014, el International Sculpture Center le otorgó su premio a la trayectoria; fue, además, miembro de la Academia Estadounidense de Artes y Letras y docente en la Universidad Yale.
Recientemente, su obra pudo verse en Ursula von Rydingsvard: States of Becoming, una retrospectiva de 20 años en el Bruce Museum de Greenwich, Connecticut, mientras que su última exposición de galería tuvo lugar en Galerie Lelong de Nueva York –que la representó durante décadas– entre el 19 de febrero y el 28 de marzo pasados.

