Cuba (country)splaining

Este bicho es una de las criaturas más irritantes que conozco. Esta descripción se basa en un espécimen que, por desdicha, he padecido con asiduidad: el cubasplaining. Aclaro que esta insufrible criatura es pesadilla recurrente de las más diversas nacionalidades; sobre todo, de las que solo hacemos trágicas portadas en las noticias por venir de los terceros –o cuartos o quintos– mundos. Así que, donde digo cubasplaining, bien podría estar diciendo salvadorsplaining, venezuelasplaining, mauritaniasplaining.
El cubasplaining es ese extranjero que, con la ignorancia condescendiente y el entusiasmo exotista del más tonto cronista de Indias, insiste en explicarte tu propia realidad. Padece una arrogancia antipática, que lo predispone a leer el mundo a su imagen y semejanza, y no desde el reconocimiento del Otro como igual: un igual más sufrido y más empobrecido, pero igualmente pensante. Es esa visión reducida de cíclope y esa sordera voluntaria lo que define su equívoco interpretativo, y no el mayor o menor conocimiento que pueda tener sobre tu país.
Da igual si vacacionó una semana en tu playa o estuvo diez años haciendo tesis doctoral sobre tu gente o tu música. El cubasplaining –a falta de mitologías propias, por el síndrome de culpa del conquistador o por la necesidad de reforzar alguna postura política en su contexto– echará mano de tu realidad a conveniencia. Y si no te adaptas a él, pues peor para ti: te revictimizará. La clásica embestida que padecemos los cubanos de este monstruo es la proyección del complejo antiimperialista mundial, que por sesenta y siete años ha apoyado y encubierto al imperialismo doméstico asesino que nos destruye (a quienes a muchos les gusta llamar “revolución”). No importa que la naturaleza tiránica del régimen sea tan evidente que ni el propio lenguaje oficial logre encubrirla con aquello de “la democracia de partido único”. Tampoco importa que la sola vocalización de esta entelequia, en cualquier democracia mínima, escandalice hasta al más sectario. Para el countrysplaining, lo único que importa es que tu victimización provenga de su enemigo y que pueda beatificarse con tu defensa; por eso, cualquier castrista de turno le hará pasar ovejas por hombres, pollo por pescado.
Pero lo peor de esta criatura, sin duda, es lo susceptible que somos todos de padecerla, aunque su prevención resulte bien sencilla: escapar de los maniqueísmos, por cómodos que sean; no tragarse la propaganda oficial; extender la mirada y el oído al que esté amarrado a la cadena, y saber que es, al final de esta, donde se empieza a encontrar la explicación del problema.
Bestiario Miserable es un catálogo de los excesos, miserias, deformaciones que las contorsiones circenses del panorama político cubano, global y virtual han ido pariendo. Como decía Leónidas Lamborghini, la verdad del modelo es su propia caricatura. Pues este quisiera ser un retrato realista de los arquetipos de conducta que florecen en toda su monstruosidad por el extremismo ideológico, la antipatía, la deshonestidad intelectual, o la pura estupidez, ahora abonados en ese terreno de la pseudo ética que puede ser ciberespacio. En un mundo que se parece cada vez más al que describiría Weill, donde la espera de lo que vendrá ya no es esperanza, sino angustia, quizás bosquejar nuestros monstruos, los que todos en menor o mayor medida somos, pueda hacer los mitos más lógicos, dar alguna pizca de sensatez.

