La Habana, 3 de diciembre de 1965.

Mi querido Florit:

Gran alegría nos dio ver su letra, tan cerca de su espíritu, y por ella saber que está contento, en el mérito de su serenidad trabajadora. Con gusto le remito, en un sobre certificado de la Biblioteca Nacional, copia del trabajillo que me sirvió de base para lo que dije en Génova. Déselo al buen amigo José Olivio Jiménez con mi gratitud por su interés. Dígale que allá suprimí las partes polémicas, pero que se lo mando entero porque así al menos consigo un lector, ya que aquí no publico nada personal; únicamente lo que tiene que ver con mi trabajo en la Biblioteca, –y este es el último refugio. (Por cierto que fui a Italia invitado por Columbianum, institución cultural de los jesuitas que corrió con todos mis gastos, sin representación oficial de ninguna clase.) Por lo demás, el ensayín no es completamente nuevo. Fue tan precipitado el viaje, que no tuve tiempo de preparar otra cosa, y en sustancia siempre hubiera dicho lo mismo.

Releyendo su preciosa antología de poetas norteamericanos, se me ocurrió una cancioncilla sobre uno de los versos de Wallace Stevens. Pertenece a un cuaderno que escribo ¡ahora! de canciones, titulado “El sinsonte”, y se la mando como regalo de navidad con los cariñosos recuerdos de Fina y un abrazo (por encima de los dos Rufianes) de su amigo

Cintio.

 

Pájaro sumo

A man and a woman and a blackbird
Are one.

W. S.

Si, oyendo al pájaro
en la arboleda, oculto,
él, tú y yo
somos uno.

Qué extraño ser es este,
más lúcido
que tú, yo y él
juntos?

Yo tengo tu piedad,
él mi júbilo,
tú eres, en la luz, él, y yo
tú, en lo oscuro?

Mirándote lo oigo,
oyéndolo te canto, agudo
silbo de ti, de mí, de él,
pájaro sumo.

C.

(Al querido Florit.)

A veces, el cuerpo parece
alma, más aún que la otra,
que lo abandona, altiva.
                                  Hace,
como criada a su señora, todos
los trabajos más rudos. Oye
solo lenguajes bastos. Solo
como hadas, las lágrimas le hablan,
tocan la carne humilde –ellas,
casi carne también–, bajan
–¿de dónde?– a consolarla.
                                         Y
venidas del otro reino inmenso
a palparnos la cara, reconocen
el territorio de la sed: “amiga,
dicen, no llores, aquí estamos…”

(Le copia esta sencillez solo para que vea que lo recuerda y quiere

Fina)

Para Eugenio Florit.

…Porque va fugitiva.

Flor silvestre,
morada y caediza,
gota pura
del rocío que brilla,

blanda nube
que pasando ya es ida,
sombra suave
de la casa perdida,

eco leve
de la serena brisa,
oro vano
de la lúcida chispa,

verdes olas
que renuevan su risa,
giro dulce
del coro de las niñas,

eso es
la fantástica vida,
¡qué feliz,
porque va fugitiva!

Cintio.


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