'Landscape Painting', Sujin Lim, courtesy of the artist and Fondation Schneider
'Landscape Painting', Sujin Lim, courtesy of the artist and Fondation Schneider

¿Qué es la insularidad? Las curadoras francesas Claire Luna y Madeleine Filippi no solo se preguntan qué es una isla, sino cómo se sale de ella, o cómo se regresa. ¿Hacia dónde se va? ¿A dónde se regresa? Sobre todo, insisten en una interrogante: ¿qué hay en el cruce, en el entre, en el puente? Entre abril y junio, ambas comisarias construyeron un archipiélago simbólico en el centro de arte contemporáneo Casa Conti – Ange Leccia, con sede en la isla francesa de Córcega. Entre là, como se llamó la exposición, reunió artistas de Grecia, Paraguay, Brasil, Haití, Irán, Corea, Francia, Senegal, Colombia, Portugal y Cuba. La declaración general dejó en claro que la isla es un cuerpo poroso en la geografía de la liminalidad, del desorden y el inconsciente. (Pero aquí hablamos de lo transgeográfico). Asimismo, enfatizó en el hecho de que la liminalidad es tanto una zona de separación como de contacto. La insularidad no deja de ser una escenografía. Una escenografía de horizontes múltiples. El escenario no deja de ser conmovedor.

Creo que Entre là aspira a poner en crisis la noción de isla. ¿Es eso, una crisis?

Claire Luna (CL). No hablaría de una crisis porque la crisis implica una manifestación violenta y brutal. Una ruptura. Más bien acá [en Entre là] se trata de proponer otras miradas. Liberarse del pedazo de tierra dentro del agua, de lo exótico o de la cárcel, partir de la isla como una metáfora. Separarse de la geografía. Acá la isla muta. La vemos como un cuerpo, pensamos la travesía. ¿Cómo relacionarse? ¿Cómo formar un archipiélago? Nos interesa sobre todo la liminalidad. ¿Qué pasa en este espacio que está entre dos cuerpos, entre dos estados? ¿Qué pasa en el espacio de la transición? ¿Cómo habitarlo? ¿Qué pasa en ese tiempo de flotamiento?

Madeleine Filippi (MF). Quizá estemos hablando de un estado de crisis metafórica en el que nos vemos obligados a sumergirnos como isleños. Originaria de Córcega, admito que experimento este estado intermedio a diario. La insularidad como resistencia y como lugar de cruce; la insularidad como punto de fuga.

¿Cuáles son los puntos de fuga más evidentes que se pueden percibir en la exposición Entre là?

CL. No se trata tanto de la fuga, sino de habitar el espacio que está entre nosotrxs. En Islas periféricas, Alice Brygo cuenta cómo, en un espacio singular (el no-lugar diría Marc Augé), bajo una red de autopistas en el periférico de París, conviven –sin saberlo y sin contacto–, un grupo de amigxs en busca de evasión con música y drogas, así como una comunidad de migrantes de Afganistán en total precariedad.

Un refugio o un aislamiento, el exilio. Me represento la fuga en Agwe, el corto de Samuel Suffren, porque trata de un hombre que deja a su mujer embarazada de seis meses para encontrar mejor destino del otro lado del horizonte. El horizonte: un espacio y una la línea que Capucine Vever va amasando y torciendo hablando de su tráfico, en mar abierto, en El relevo.

MF. En efecto, la noción de fuga sí está presente en la exposición, pero necesariamente está vinculada con la idea de diálogo, de conexión. Esta dualidad estuvo en el corazón de nuestro enfoque curatorial, hasta la escenografía que diseñamos. Con estos bucles de video que refuerzan la idea de diálogo entre las obras. Por ejemplo, presentamos la obra de Zorheh Zavareh en la que se trata de dialogar a pesar de las dificultades de entendimiento. Moussa Saar propone un diálogo en torno a su hibridación cultural y religiosa. Es fácil detectar cómo la noción de fuga es un paso atrás necesario para la comprensión del otro y, en última instancia, de uno mismo.

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En mi opinión, hay otros hilos directores en la exposición, que vienen a reforzar esta idea: como las nociones de confrontaciones puestas en paralelo con estados más reflexivos o incluso el vínculo, el lenguaje, el hito en el sentido cartográfico, con las memorias de Sujin Lim, o la obra de Capucine Vever, por ejemplo. Nos hacen descubrir un territorio invisible o desaparecido.

'La relève (c)', Capucine Vever, artiste & galerie Eric Mouchet
‘La relève (c)’, Capucine Vever, artiste & galerie Eric Mouchet

Entre là ha querido reunir una serie de piezas audiovisuales, sin embargo esta propia noción de lo audiovisual se expande. ¿En qué medida?

CL. El centro de arte contemporáneo Casa Conti es dedicado a la imagen en movimiento. Presentamos en la exposición obras con diferentes estatus. Videos de performances como el de Glenda León, Esmeralda Da Costa o Violaine Lochu y Sara Bichão. Hay cine puro como las películas de la artista francesa Alice Brygo y el director de cine haitiano Samuel Suffren. La pieza que va más allá de lo audiovisual es la del proyecto de creación indisciplinar Pabellón, del cual formas parte tú, Edgar, junto con Abel Rojo, en colaboración con el músico cubano Iván F. Real.

Pabellón (peregrinación sonora) está ubicada en el closet de la Casa Conti, puertas casi cerradas, al acerarse uno escucha una banda sonora. Lo que está en juego con esta obra son las imágenes que proyectamos al escuchar el coro de voces que forman un cuerpo encarcelado. Evoca la frontera como una herramienta de dominación. Por cierto, la foto del cartel de Entre là es parte de una serie fotográfica que acompaña ese proyecto. Fue realizada por Eldy Ortiz.

MF. Creo que esta selección refleja muy bien la práctica actual del video en la escena artística actual, sin tener la pretensión particular de cuestionar el medio.

Otra de las ideas que manejan es la isla como una escenografía. ¿Por qué?

CL. Sí, quisimos que la escenografía no fuera fija, que sintiéramos una cierta idea de flotamiento. En otras palabras, la exposición es distinta según el momento en que la visitamos. Se van turnando las obras, los videos. Se van creando archipiélagos distintos en cada visita.

Fotograma de 'L'Appel', Moussa Saar
Fotograma de ‘L’Appel’, Moussa Saar

“El archipiélago es infinito”, han dicho. Quizás por eso la estrategia curatorial reúne una serie de cuerpos isleños muy variados. ¿Podemos entender Entre là como un archipiélago simbólico?

CL. Totalmente. Quisimos reunir a diferentes isleños, siguiendo el hilo de la relación, del intento de relacionarse con el otro. ¿Cómo nos podemos sentir aisladxs sin habitar una isla stricto sensu? Presentamos el trabajo de Zohreh Zavareh, una artista de Irán cuyo video trata de una iraní y un turco conversando cada uno en su propio idioma. El intercambio da la sensación de que se entienden perfectamente, como si hablaran el mismo idioma. La situación que está atravesando ahora Irán, las mujeres en su necesaria búsqueda de libertad sufren de un aislamiento –o abandono–, un encierro total.

En Niyat, Fredi Casco y Fernando Allen, que son de Paraguay, otro tipo de isla por su situación geográfica y política, retratan a un chamán nivaclé que cuenta uno de sus viajes para conectarse a la luna. Más aislada que él. O más conectada que él.

MF. El punto de partida de esta exposición y de nuestro trabajo de investigación fue, ante todo, preguntarnos qué nos evocaba la noción de insularidad. Este es un trabajo cocurado. Hicimos muchas preguntas. ¿Existe un paradigma común entre los isleños? ¿Por qué quieres dejar tu isla para (re)encontrar qué o quién? ¿Qué horizonte compartimos? ¿Qué pasa entre dos islas?

Esta exposición es también un punto de encuentro dentro de nuestras prácticas curatoriales.

¿Qué sensibilidad creen que una a todxs lxs creadorxs que forman parte de la exposición?

CL. ¡La nuestra!

MF. Agregaría que estas obras entregan una gran poesía que es a la vez sensible y/o comprometida.

Edgar Ariel y Abel Rojo, creadores de ‘Pabellón (nuestra patria es estar vivos)’ (FOTO Eldy Ortiz)
Edgar Ariel y Abel Rojo, creadores de ‘Pabellón (nuestra patria es estar vivos)’ (FOTO Eldy Ortiz)

¿Cómo crear en un entrelugar? ¿Cómo existir en el cruce? ¿Cómo reivindicarnos desde la liminalidad?

CL. A mi parecer, lxs artistxs que presentamos en la exposición Entre là crean más desde un entreleguar que crean el entrelugar. La pregunta podría ser: ¿cómo vivir el entrelugar? Y, por cierto, ¿cómo existir en el cruce? No tengo respuesta. Unos elementos que veo como posibilidad sería perderse, derivar, aceptar no tener una identidad fija, fluir, no pertenecer más a una cultura que a otra.

Sería más una cuestión de tiempo que de espacio. Aceptar ser plural antes o después del desplazamiento. El desplazamiento del cuerpo, cuando no es forzado, permite otra mirada, otro punto de vista. Veo la liminalidad como una posibilidad de la libertad.

“Nuestra patria es estar vivos”, dice el Proyecto Pabellón. Cuesta mucho no pisar suelo.

MF. ¡Es muy cierto lo que dices! Veo también la liminalidad como una posibilidad de la libertad. Agregaría que es un espacio latente en el que la poesía y el humor pueden convertirse en armas de resistencia. La obra Sueño de verano (El horizonte es una ilusión), de Glenda León, es un excelente ejemplo. La artista reprodujo mapas de las costas de Miami y La Habana. Luego los colocó en el suelo a ambos lados de una piscina. León ofrece un acercamiento lúdico a las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Dentro de este espacio (“entre”) se produce un cambio de percepción en el que nadar se convierte en un acto de reencuentro. Aquí el espacio liminal permite (re)crear el vínculo.

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Edgar Ariel Leyva González (Holguín, Cuba, 1994). Periodista, investigador y crítico de arte. Máster en Estudios Teóricos de la Danza (2020) en la Universidad de las Artes de Cuba (ISA) y Licenciado en Periodismo (2018) en la Universidad de Holguín. Es egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Actualmente investiga sobre la configuración de la estética poscrítica en Cuba. Forma parte del Staff de Rialta.

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