Mike Plante
Mike Plante

Mike Plante cura películas desde 1993. Su brillante trayectoria de programador y proyeccionista, iniciada en un período de ebullición para el cine norteamericano independiente, incluye festivales como Telluride, CineVegas y el Arizona International Film Festival. Pero es del vínculo con Sundance, tal vez su labor curatorial más relevante y duradera, de lo que hablaremos en la presente entrevista.

Durante los últimos veintiún años, Plante ha trabajado para el festival de cine más importante de Norteamérica –y, por consiguiente, entre los más notables del mundo–, hasta ser nombrado programador principal de cortos, la posición que actualmente ocupa. Como cineasta, continúa realizando documentales largos y cortos, reconocidos en certámenes como HotDocs, Vienna Shorts, MoMA’s Doc Fortnight y el Festival du Nouveau Cinéma de Montreal. Entre sus filmes destacan Giuseppe Makes a Movie (2014), The Polaroid Job (2016), And with Him Came The West (2019) y We Were There to Be There (2021).

Más allá de su currículum, Mike es un ser amable y apasionado como pocos en la industria. En el siguiente diálogo accedió a compartir sus ideas sobre el cortometraje como medio expresivo, los criterios de selección en Sundance, y el equilibrio entre su labor cinematográfica y la faena curatorial en Park City.

¿Consideras al cortometraje una forma de arte particular dentro del medio cinematográfico? ¿Por qué te gustan los cortos y cuáles crees que son sus ventajas o especificidades frente a la producción más comercial y hegemónica de largos?

Definitivamente, el cortometraje es una forma de arte singular que es muy diferente de los largos. De igual manera que con la poesía y la novela, ambos son difíciles de realizar y tienen sus propias reglas y expectativas para aceptar o romper. Cada uno de ellos puede conmover de maneras completamente distintas. Una canción corta o una sola fotografía pueden afectar tu vida emocionalmente: parecen pequeñas, pero están repletas de significado, o puede que simplemente sean muy graciosas. Puedes conseguir una cantidad ilimitada de energía, pensamientos y sentimientos de estas cosas “pequeñas”.

Me encanta que haya menos barreras para filmar un cortometraje, pues, obviamente, el coste y el tiempo de realización son menores que los de un largo. Cuando empiezas a hacer algo que cuesta más dinero, a menudo tienes que involucrar a más gente y empezar a pedir permiso para hacer algunas cosas, porque la gente quiere recuperar su dinero. Se hace más difícil arriesgarse y mantener una visión única. Por eso, los cineastas se arriesgan más en los cortos.

Puede resultar aburrido que un cineasta utilice un corto solo como prueba para intentar hacer un largo más adelante. Entiendo el objetivo, pero en realidad nunca mostramos esos. Queremos cortos que se sostengan por sí solos como una buena experiencia, independientemente de lo que pueda venir después del equipo de realización.

Por supuesto, también soy fan de los largometrajes –soy un fan de todo tipo de películas–, pero creo que las películas pequeñas son igual de importantes y maravillosas. Cuando vas a un museo, ves arte en todos los formatos. El cine también es un museo.

¿Cómo empezaste a programar películas? Háblame de tu trayectoria hasta llegar a ser el programador principal de cortometrajes en Sundance…

A principios de los noventa estuve asistiendo a cursos de cine en la Universidad de Arizona, trabajando en un videoclub, en dos teatros dedicados al cine de arte, y realizando mis propios cortos. Empecé a trabajar en el Festival Internacional de Cine de Arizona. Fue maravilloso, porque se trataba de un festival pequeño, así que pude hacer todos los trabajos y aprender cómo funcionan las cosas: la taquilla, los proveedores de comida para el público, la selección de las películas que se proyectarían con el grupo de programadores, y el manejo de los proyectores de 16 mm.

Pude dedicar tiempo a aprender todos los aspectos de la exhibición cinematográfica y me adentré en la programación y la proyección. Después de unos nueve años de trabajo, conseguí un puesto como proyeccionista en el Festival de Cine de Telluride. Después de unos años allí, conocí a varios proyeccionistas que también trabajaban en Sundance. En 2001, conseguí un trabajo técnico en Sundance, coordinando los detalles de la proyección de películas y videos entre el festival y los cineastas.

Además de los trabajos de cine, también escribía y publicaba una revista casera llamada Cinemad, con entrevistas y críticas, que se distribuía en más de 400 librerías y tiendas de discos. Crecí en los años setenta y ochenta, con el punk rock, y todo el mundo hacía fanzines.

Entonces, cuando empezaron a enviarse más y más cortometrajes a Sundance, se añadió personal al equipo de programación. Yo tenía una década de experiencia en ese sentido, además de otros trabajos esporádicos y de escribir en revistas, así que conseguí un puesto para complementar la parte técnica de mi labor. He trabajado en veintiún ediciones del Festival de Sundance. También he seguido trabajando para otros festivales; el más largo de estos puestos fue el de programador en CineVegas, de 2002 a 2009. Y sigo haciendo cortos y largos a la par.

¿Qué esperan o buscan a la hora de seleccionar un cortometraje para Sundance?

No tenemos una lista de expectativas; este trabajo sería mucho más rápido y fácil si la hubiera. Cuando alguien presenta una película, le doy play a la copia de consideración en mi televisor gigante, y no miro qué tipo de película es, quién la ha hecho, o de dónde viene. Quiero tener la misma experiencia que tendría el público de un festival: algunos de los espectadores investigan los cortometrajes, pero la mayoría se limita a entrar en la proyección y ver lo que salga en pantalla.

Cuando veo una película inscrita, no sé si se supone que debo reír, llorar, pensar profundamente o solo divertirme. No sé si es ficción, documental o animación. Solo veo la película y tengo una experiencia honesta. Después es que investigo sobre ella. Cuando tenemos que decidir entre un corto y otro, hablamos en grupo sobre si la película tiene éxito en sus propios términos. Si es una comedia, ¿nos reímos y creemos que el público lo hará? Y así sucesivamente. Si hemos visto diez cortometrajes con la misma historia, ¿cuál es el mejor? Si vamos a proyectar algo que no va a gustar a todos los públicos –eso suele significar que el estilo es experimental–, entonces tenemos que creer en la película y en el equipo de rodaje, en que su estilo es intencionado.

Cuando alguien dice que una película se siente o no como una película de Sundance, sinceramente no tenemos ni idea de lo que eso significa. Creo que lo que ocurre es que ciertos públicos y cineastas han visto solo algunas de las películas que pasaron por Sundance, pero no todo lo que mostramos.

En el caso particular de los cortometrajes latinoamericanos o, más específicamente, de los cubanos, ¿qué es lo que más les ha interesado en las últimas décadas? ¿Qué crees le falta a esta producción para ser más universal o resonante?

Nos ha gustado mucho lo que hemos visto de Cuba, ya que la historia del país es tan única y va muy entrelazada con la de Estados Unidos. Y diferentes personas en los Estados Unidos tienen diversos puntos de vista sobre la isla, así que queremos escuchar lo que los cubanos están diciendo de Cuba. Creo que apenas tenemos una idea de lo que están haciendo allá, por no hablar de lo que depara el futuro.

Hasta ahora, pienso que las películas que hemos visto han sido muy universales, tanto la ficción como los documentales sobre la gente y la política, películas que dan una visión maravillosa del país y su historia. Es posible que se estén haciendo muchas películas allá que no se hayan presentado al festival, entonces no puedo decir que sea un experto. Espero que tengamos más cortos cubanos; siento mucha honestidad y reflexión poética en los que he visto. Los cineastas cubanos nos dirán con su trabajo cuáles son las historias y los estilos cinematográficos que representan a Cuba.

Y eso se extiende a todos los cineastas latinoamericanos, trabajen en su país o en otro. En la última década hemos tenido un gran aumento en el número de inscripciones y es fantástico ver tantas voces y perspectivas nuevas.

Eres también director y productor. ¿Cómo combinas tu lado más creativo con el trabajo curatorial? ¿Puedes hablar de tus películas, de lo que te apasiona como cineasta?

A lo largo de los años noventa hice cortometrajes de ficción en película Super8 y video Hi8. Me equivoqué mucho y aprendí que se me daban mejor los filmes experimentales; básicamente, diarios de temas y personas que se encuentran fuera de la sociedad “normal”. Las historias son reales, pero todo está editado a través de mi experiencia y visión personal, así que no es exactamente “documental”, un término defectuoso desde el principio. Ahorro dinero y hago cortos y largometrajes solo o con algunos amigos para poder trabajar a mi ritmo. A veces va rápido, en otros proyectos he trabajado durante años. A nadie le importa si hago una película o no, así que no hay presión. Simplemente hago películas cuando puedo y no le pido permiso a nadie.

En cuanto a la combinación de curaduría y creatividad, tengo mucha suerte de tener un trabajo en el que puedo ayudar a otros cineastas a que su película se proyecte. Parte de ser creativos consiste en ayudarse unos a otros a que nuestro arte sea visto y escuchado. Si haces películas, o cualquier tipo de arte, debes trabajar en reunir la audiencia para tu propio trabajo y el de otros en tu escena. Si dependes de la industria dominante para que te ayude, es difícil, puede que no ocurra. Haz lo que quieras, encuentra la manera de mostrárselo a la gente y todos se divertirán.

Por último, una pregunta especulativa: ¿cómo ves el futuro del cortometraje en el siempre cambiante y frágil panorama del cine contemporáneo? ¿Qué es lo próximo para Sundance Shorts?

Siempre ha sido difícil hacer una película –y que sea buena– y aún más difícil conseguir que la gente la vea. Desde 1900. Los obstáculos simplemente cambian con el tiempo. Creo que es un momento increíble para los cortometrajes, porque el equipamiento es muy asequible. Los cineastas pueden probar ideas y no gastar demasiado dinero en ello, fracasar y volver a intentarlo. Espero que los inversores vean este momento como uno propicio para probar ideas y arriesgarse también con el tipo de películas y cineastas que quizás no han apoyado antes.

Y aún con todos los problemas que tiene Internet, es más fácil que nunca encontrar y ver cortos. Es muy emocionante. Por no hablar de que las salas de cine han resistido la prueba del tiempo. Esperemos que nosotros, y otros festivales y sitios web de streaming, sigamos encontrando películas de todo el mundo, de diferentes orígenes, para que podamos escuchar las voces y las historias de los demás. Ojalá podamos seguir pensando, llorando y riendo juntos.

Traducción del inglés: Mari Pérez

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José Luis Aparicio Ferrera (Santa Clara, Cuba, 1994). Cineasta. Estudió dirección de cine en la Universidad de las Artes de Cuba. Sus cortos de ficción y documentales han sido exhibidos en festivales de Cuba, Estados Unidos, España, Alemania, México, Argentina, Panamá, Guatemala y Chile. Su filme El Secadero (2019) ganó el premio a la Mejor Ficción en el Bannabáfest de Panamá y Mención Honorífica en el Cinema Ciudad de México, así como Mejor Producción y Premio del Público en la Muestra Joven Cuba. Su documental Sueños al pairo (2020, codirigido con Fernando Fraguela) fue censurado por el ICAIC, pero recibió una gran acogida de crítica y público. Creó en 2020 la iniciativa Cine Cubano en Cuarentena. Integra el staff editorial de Rialta.

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