Fotograma del videoclip del tema ‘Grillos’, de Abel Lescay, dirigido por el cineasta Josué Gómez, con la fotografía de Roberto Berdez y la producción de Reude Díaz

El videoclip del tema Grillos, del músico cubano Abel Lescay, dirigido por el cineasta Josué Gómez (Yeyo en la loma, Walker), con la fotografía de Roberto Berdez y la producción de Reude Díaz, fue publicado en plataformas digitales a pocos días del lanzamiento del disco titulado grllxs, que compendia seis temas compuestos e interpretados por el joven músico junto a David D Omni, Marlon Castro, Lachi Torriente, Dairon Li y Kamila Jidder.

El musico cubano Abel Lescay2 | Rialta
El músico cubano Abel Lescay

Josué Gómez ya planifica un segundo audiovisual para otra de las piezas del fonograma independiente, producido gracias a una exitosa campaña de crowdfunding, que durante meses recabó aportes entre personas y entidades interesados en la materialización del proyecto y de sus resonancias fílmicas como esta, inspirada en Grillos.

En el videoclip, Gómez establece un diálogo “cósmico” con el sosegado y reflexivo tema de Lescay. El relato audiovisual semeja una suerte de proceso de tejido, en el que el realizador va entrelazando las suaves palabras y acordes —con sutileza subatómica y a la vez cataclísmica— con las hebras umbrías de los paisajes en fuga, casi en disolución, que se suceden en pantalla, como si de una ronda de últimas exhalaciones se tratara. Como si fueran los últimos testimonios de la vida en la Tierra, destinados a ser vistos solo por los ojos de la nada que sobrevendrá tras el cese de todo. Es una mortaja para la existencia suspendida, un último resumen de la vida consciente. Nostalgia desesperada, arca apocalíptica solo habitada por melancolías estériles.

Apocalipsis…

Los espacios marinos, las praderas nubosas, poblados por fantasmales criaturas, pudieran ser postreros testimonios de parajes sin tiempo que quizás existieron más allá de los minutos y los milenios, justo en el ambivalente microsegundo en que el pestañeo enturbia la visión con velos húmedos y centelleos ásperos. La onírica levedad de las imágenes pudiera deslegitimar su condición de registro de algo concreto, matérico. Serían más bien huellas de algo que nunca existió fuera del mundo de los espíritus, las ideas aturdidas y las sombras.

El musico cubano Abel Lescay | Rialta
El músico cubano Abel Lescay

Con tal posible propósito de cartografiar el absoluto de la vida antes de su cese definitivo, el montaje hace pendular bruscamente la perspectiva, por violento y súbito corte directo, de lo micro a lo macro. El relato transita, una y otra vez, desde planos que recogen la inmensidad oceánica hacia otros que registran las intimidades del césped, de las entrañas proteicas de las nubes —no hay nada más abstracto que una nube, entelequia esencial que contiene todas las formas y significados— a la danza mínima de la medusa, criatura que resulta alegoría aterciopelada del movimiento puro. No deja de evocar al cine simultáneamente objetivo y surreal del francés Jean Painlevé (L’Hippocampe ou “Cheval marin”, Le Vampire), que era tanto científico como poeta, renegando así de la falacia segregacionista que ha convertido en antípodas excluyentes al arte y la ciencia contemporáneos.

Esta naturaleza dual, de fuerzas en precario equilibrio, se manifiesta también en la referida estrategia de montaje de Grillos, que convierte al videoclip en un campo de tensas y constantes oscilaciones entre la delicadeza contemplativa, algo propio de unas imágenes que no dejan de sugerir posibles influencias del cine estructuralista, y lo vehemente de su alternancia, que experimenta un crescendo sostenido hasta un verdadero frenesí climático, articulado por completo a fuerza de edición.

Por su parte, la cámara se convierte en un ambicioso observador que pretende ver todo a la vez, trascender las limitaciones de los ojos, percibir la realidad en su naturaleza múltiple, simultánea, fractal. Los cortes equivaldrían a los pestañeos desesperados que maldicen la indigencia ocular que impide mirar como solo mira Dios. Quizás, este testigo del final de los finales quiera recordar a la vez todo lo que desaparecerá en el siguiente segundo, ya sin tiempo para solazarse en observaciones calmas y fragmentarias.

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…y viceversa

La de Grillos también puede ser la mirada del condenado a muerte que quiere asimilar todo el universo antes de que cese su respiración por decreto. Se invierte la perspectiva. Cesa el observador y no el mundo observado. El apocalipsis es personal, íntimo. Se revela un discurso de la desesperación y la resistencia definitiva. Es un poema audiovisual de cuyos versos de nubes, mar y sombras penden los harapos de un adiós azorado, pero, sobre todo, renuente.

grllx, con sus temas, es, sin lugar a dudas, un gesto de resistencia —también de supervivencia y cordura— de Abel Lescay y sus aliados. Las historias de represión y censura sobre el músico y sobre otros de sus colaboradores son harto conocidas, pero nunca suficientemente difundidas y discutidas. A Lescay lo asedia un poder apocalíptico, de esos que busca anular a sus enemigos, matarlos en vida, condenarlos a la nada, y convertir cada día de sus vidas en el último, obligarlos a despedirse del mundo cada vez que se van a dormir. Hay muchas maneras de matar a una persona sin que muera. Existen muchas maneras de hacerla respirar infinitas veces por última vez.

Portada del disco ‘grllxs 2022 de Abel Lescay | Rialta
Portada del disco ‘grllxs’ (2022), de Abel Lescay

Entonces, tenemos entre manos la perspectiva de quien adquiere repentina consciencia de que no volverá a estar en estos lugares mirados/filmados, de quien se ha percatado de que su tiempo ha sido demasiado corto, alarmante e injustamente breve. No pudo acostumbrarse paulatinamente a que es un ser finito, efímero, casi ilusorio, para finalmente morir tranquilo, sino que el descubrimiento le sobreviene con toda la brutalidad acumulada a lo largo de la Historia conocida y desconocida, concentrada en un solo instante de súperdensidad.

Cuando deje de existir, será como si nunca hubiera existido, y este posible protagonista se aferra desesperado a las últimas imágenes que testifiquen que su paso por el mundo no fue un espejismo, o fue un personaje ficticio incapaz de sobrevivir la simple oración que lo menciona una sola vez en una novela interminable.

Grillos es asimismo un tema-huella, una película-huella, una prueba de vida, una reivindicación del lugar en la Historia que todos merecen, o, al menos, de la oportunidad de luchar por hacerse con tal lugar, de ser notado a partir de la libre expresión gritada, susurrada, tarareada, o bien, cincelada en las nubes, burilada en las olas recias, grabada en la luz que juguetea con las yerbas, o escrita con sudor en los tentáculos de una medusa que se mueve hacia todas partes a la vez.

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Antonio Enrique González Rojas (Cienfuegos, 1981). Periodista y crítico de arte. Textos especializados suyos aparecen en publicaciones como La Gaceta de Cuba, Cine cubano: La pupila insomne, El Caimán Barbudo, Hypermedia Magazine, Altercine (IPS Cuba), Cine Cubano, Esquife, Noticias de Arte Cubano, Bisiesto (Muestra Joven ICAIC), Enfoco (EICTV), la revista del Festival de Cine de La Habana, y otras. Ha sido guionista de varios programas televisivos especializados en audiovisual como Lente Joven, Banda Sonora e íconos del celuloide. Ha integrado jurados de la prensa en eventos como el Festival de Cine de La Habana. Ha publicado libros de ficción y crítica de cine, entre los que se encuentran: Voces en la niebla. Un lustro de cine joven cubano (2010-2015) (Ediciones Claustrofobias, 2016) y Tras el telón de celuloide. Acercamientos al cine cubano (Editorial Primigenios, 2019). Un tercer volumen titulado “Críticas, mentiras y cintas de video” está en proceso de edición.

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