La ópera prima del realizador Pablo Villalobos inaugurará el Festival Internacional de Cine de Bogotá

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Fotograma de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir., 2020
Fotograma de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir., 2020

Entre España y Cuba, Pablo Villalobos fragua una obra cinematográfica renuente a pertenecer a una única cultura. Quizás esa suerte de hibridez identitaria ha favorecido que su trabajo no admita confinamiento nacional alguno. Después de unos cuantos cortometrajes, el joven realizador ha estrenado recientemente su debut en el largometraje con Altar (2020). Devoto del cine de Andrei Tarkovsky, Villalobos se refugia en la cultura visual renacentista y en los principios del misticismo, y consigue realizar un filme de marcado refinamiento intelectual.

Altar tuvo su estreno internacional en la última edición del Festival de Cine de Moscú, un prestigioso certamen que avisó temprano de la valía del filme, el cual se ha incorporado con éxito al circuito global de festivales, con estadías de prestigio en Toronto (Multicultural Film Festival), Bucarest (Festival Internacional de Cine de Valaquia), Argentina (Festival Internacional de Cine), entre otros. En este recorrido ha cosechado algunos reconocimientos notables, como el Premio a Mejor largometraje en el Festival Internacional de Cine Libertas Artis (Cartagena, España).

Y luego de esta notable trayectoria, tendrá el privilegio de inaugurar la 38va edición del Festival de Cine de Bogotá, que tendrá lugar del 20 al 28 de octubre próximo. Este último certamen se distingue, precisamente, por su especial interés en el trabajo de realizadores que se estrenan en el largometraje (o que han producido sólo una o dos películas). Su programa explora las miradas y propuestas estilísticas de vocación vanguardista que emergen en la escena fílmica de la región, un principio que explica la presencia de Altar en su selección oficial.

Fotograma de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir. 2020
Fotograma de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir., 2020

Definitivamente, Villalobos termina de perfilar en su ópera prima una voz creativa heredera del cine de autor más radical, continuador del linaje experimental de los filmes de la vanguardia histórica. La propuesta narrativa de esta película renuncia a los principios de progresión o estructuración del relato típico del cine discursivo o argumental. En él se respira un desprecio absoluto por esos modelos dramáticos estandarizados por el mercado, e incluso en sus periferias. Altar experimenta con un repertorio expresivo más vinculado al cine de atmósfera y minimalista, al punto de permanecer próximo a los predios de la videocreación, una noción más anudada a la tradición de las artes visuales.

Cartel de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir. 2020
Cartel de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir., 2020

La película encadena un conjunto de representaciones escénicas, más propias del espacio teatral que cinematográfico, sin una relación de causalidad directa. El relato está articulado a veces en un deliberado desconcierto temporal propio de arte surrealista, una de las fuentes en las que se asienta la ingeniería textual del filme. Toda la exposición está orquestada como un sistema alegórico, de hondo matiz existencial, que medita acerca de la sujeción / dependencia del ser a lo divino o sobrenatural, a Dios. Ese ámbito de reflexión hace que el filme acontezca como una confesión sobre las tensiones del alma humana, de los miedos, creencias, flagelaciones creativas y amorosas del hombre…

Fotograma de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir. 2020
Fotograma de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir., 2020

La representación en Altar se plantea como una realidad onírica, suerte de inmersión en los parajes subjetivos del individuo. Cuanto vemos en pantalla parece un viaje al espacio interior del individuo, justificado en el anhelo de la película por hurgar en la dimensión mística de la existencia. El filme hace gala de una hojaldrada superposición de niveles textuales, en un montaje de referencias interculturales que exime su enunciado de un único sentido. La historia posible de Altar, en cualquier caso, se adentra en ese extraño terreno en que el sujeto se encierra consigo mismo, y en las relaciones que su alma sostiene con lo sagrado. Pero no es una obra apegada a la ideología cristiana, mira ese perfil mítico de la vida como un ámbito esencial en el que se debaten el pensar, la libertad espiritual, el amor, la muerte… La puesta en escena se presenta justamente como un ritual sagrado o una suerte de plegaria espiritual.

Fotograma de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir. 2020
Fotograma de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir., 2020

En su trazado argumental, la película muestra a dos personajes (una mujer y un hombre, de confusa relación, ambos artistas, imbuidos en una serie de rituales místicos) quienes se debaten en una serie de conflictos creativos y existenciales. Pero no hay diálogos o situaciones dramáticas que expliquen o desarrollen esos conflictos, todos son apuntados a nivel alegórico por la puesta en escena, matizada por la sonoridad de la música clásica, que no sólo condiciona la atmósfera, sino que define el sentido mismo de la escenificación.

Con todo, Altar utiliza el fondo sagrado del misticismo para simbolizar el sacrificio vital del artista ante la creación, para encarnar la crisis trágica a que se enfrenta en su intento por producir una obra. El artista se halla siempre en la encrucijada de la vida y la muerte. No creo que sea inocente el hecho de que el propio director protagonice el filme. Altar parece decir que el arte es un privilegio espiritual, y que las colisiones internas que supone para el hombre sólo se pueden explicar en el campo de lo sagrado.

Fotograma de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir. 2020
Fotograma de ‘Altar’, Pablo Villalobos, dir., 2020

Decía al principio que el tejido formal de la película resulta interesante en la medida en que parte del ámbito de lo pictórico, y enfunda sus enunciados desde la apropiación de los motivos estéticos de la pintura renacentista. Tanto la disposición interna de los objetos y los cuerpos en el espacio del cuadro, como la angulación o movimiento de la cámara, asumen la simetría y sobriedad expresiva, el modelado lumínico, de la plástica del primer renacimiento. Un repertorio que estuvo estrechamente vinculado a obras de naturaleza alegórica, que expandían, en el espacio del humanismo renacentista, los dilemas del misticismo gótico. Durante todo el metraje, el argumento es contrastado con detalles de El descendimiento de la cruz, del pintor flamenco Rogier van der Weyden, y Fall Christi unter dem Kreuz, del alemán Mathis Gothart Grünewald, ambas, piezas que sirven de correlato visual y puntúan el discurso tejido por la historia de Altar.

Villalobos es un director atípico en el contexto cubano. Su trabajo se emparenta, en parte, con la vocación experimental de creadores como Rafael Ramírez o Alejandro Alonso, pero desconoce ese interés social tan recurrente en nuestra filmografía. El éxito que está cosechando su ópera prima advierte de la favorable fuga que vive, en la actualidad, el cine cubano.

ALTAR – Trailer – 2min – Sub. castellano e inglés – 2021 from Villaloboscine on Vimeo.

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Ángel Pérez (San Germán, Holguín, Cuba, 1991). Licenciado en Historia del Arte. Artículos y ensayos suyos aparecen en libros, antologías y publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Compiló y prologó con Javier L. Mora, Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Editorial Casa Vacía. Richmond, Virginia, 2017) y con Jamila Medina, Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, Guatemala, 2019). Ha obtenido los Premio Caracol de crítica y ensayo cinematográficos de la UNEAC (2017 y 2019), el Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas (2019), además de la Beca de Creación Dador (2018) y el Premio Pinos Nuevos de Ensayo (2020), ambos otorgados por el Instituto Cubano del Libro. Es programador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Integra el staff de Rialta.

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