Lisandra López Fabé
Lisandra López Fabé

¿Te consideras un(a) cineasta independiente? ¿Por qué? 

Antes de responder a esta pregunta me gustaría hurgar un poco en el concepto de independiente. ¿Independiente de qué? ¿Cuáles son las nociones, desgastes, diatribas, dianas, máscaras, cuartadas, comidas, género, que definen al cineasta independiente?

Si la idea va por el camino de hacer películas independientemente de lo que sea, estado gaseoso o no de las cosas, independientemente de la zona o de los apoyos del Gobierno, o de los apoyos de mis amigos, o de los apoyos de la “industria” pues me considero independiente. Independiente incluso de mis respuestas y estas preguntas.

No me gusta llamarme cineasta, yo soy una narradora, en este momento de mi vida hago cine, mañana haré cuentos en la esquina, esa es la independencia que más valoro, la de contar historias, independientemente de todo, de mí misma, incluso.

Navego hace años en unas raras aguas de la cinematografía nacional, un limbo de creación entre las palabras y la imagen, unos le llaman guiondocu, otros nada. Entonces, la independencia de criterios, de creación, de conexiones entre lo correcto, lo conocido y lo dependiente, es espuma para mí. Es un criterio que pienso luego de hacer.

Ahí están mis películas, independientes de todo.

¿Qué criterios –económicos, políticos, culturales– han condicionado tu autonomía creativa para hacer cine en Cuba? 

La verdad es que he hecho la mayoría de las cosas que he querido. Desde el punto de vista económico, todos sabemos que es duro crear y mantenerse en la Isla, pero he decidido quedarme aquí, hacer y decir las cosas que quiero, desde aquí, entonces es una condición que acepto y revierto. Lo político, lo cultural y lo económico están siempre detrás de lo que somos y decimos, obviamente.

El que me conoce sabe que trabajo sin parar, esto lo hago por amor y para pagar las cuentas de cada mes. Creo que esta manera, o necesidad, de crear, de intentar hacer guerrilla o resistencia pese a todo, condiciona las cosas que hacemos y que decimos.

Los fondos o las maneras con los que he logrado hacer las películas en Cuba son los mismos con lo que contamos la mayoría de los que hacemos cine aquí adentro: Noruega, Holanda, la EICTV, nuestros bolsillos, algún mecenas que aparece. A pesar de que estos productores exijan o sugieran que seamos más o menos dúctiles, con las temáticas y las formas, hemos logrado vencer muchas batallas. El mayor ejemplo que tengo para citar es El Proyecto, una película que terminó siendo, incluso por las mismas obstrucciones, mejor que la que se había planteado en un inicio. Me gusta pensar desde ahí.

Creo que ser libre en la creación es un acto de inteligencia, una habilidad de doblar, que se desarrolla o no. Yo soy de las que no me canso, entonces he aprendido a sacar brillo al hierro de las jaulas. Ojalá en algún momento sea más fácil. Mientras lo espero, sigo creando, que es la mejor manera que conozco para doblar el metal.

Desde los años noventa, el campo cinematográfico cubano ha experimentado importantes transformaciones, entre ellas, la pérdida de la hegemonía productora del ICAIC. En este panorama, ¿hacia dónde apunta la denominación “cine independiente” en el caso cubano? ¿Tiene sentido hablar de cine independiente hoy? 

El ICAIC no ha sido una de las puertas que he tocado para hacer mis películas. Creo que el cine que hemos hecho los de mi generación es el cine del momento, el que conozco. Es el futuro. Si las transformaciones que llegan vienen para hacer más fácil nuestro trabajo, bienvenidas sean. Entonces podremos apuntar al cine.

Creo que la independencia es un concepto muy relativo, con una vena trasparente en la frente, que se hincha al decir: voy pese a todo. Viéndolo desde ahí, creo que es de lo que más hay que hablar.

Recientemente, el Gobierno cubano ha legislado sobre el cine nacional. ¿Cómo impacta el decreto ley 373 las condiciones de posibilidad de los cineastas? ¿En qué medida responde a los intereses y las demandas del gremio? 

Esto es algo sobre lo que todavía me cuesta debatir. Soy bastante escéptica con las buenas intenciones, pero quiero pensar que será un apoyo importante para nosotros. Por ahora espero los resultados de los proyectos que tenemos en la primera fase del Fondo de Fomento.

Sólo me pregunto una y otra vez, cómo se abre todo esto en un momento económico tan jodido para el país y para el mundo. Pero bueno, veremos qué pasa y cómo funcionará todo. Luego de muchos debates durante años llegamos a este punto, ahora hay que ver cómo camina.

¿Cómo evalúas el modelo de desarrollo cinematográfico que supone la puesta en vigor del Fondo de Fomento? ¿Cuáles son sus principales beneficios y limitaciones? 

Creo que en caso de que el Fondo funcione, como está planteado hasta ahora, puede ser muy significativo para la cuestión de producción de las obras. Es algo primordial contar con un fondo nacional y que no estemos tirando sólo de ayudas internacionales, me parece lo más justo. Ahora, sólo veremos bien estas cuestiones cuando se concrete el asunto. Temas como la elección de jurados, la cantidad de documentación, los tiempos de entrega y los tiempos de cierre del mismo fondo, etc., son cosas que espero vayan modelándose con más tino para las próximas ediciones.

Espero con fe, sin ingenuidades (voy a intentar endulzar este concepto tan aireado en estos tiempos de diálogo rugoso), que todos los temas, formas, voces, criterios, sean respetados, porque de ver una gran limitación, evidentemente sería esta. De más está decir las tantas películas que no han tenido el apoyo del ICAIC por acuñar que son políticamente incorrectas.

¿Cuáles son los desafíos, los límites y las posibilidades para el desarrollo de una industria audiovisual en la Cuba actual? ¿Cómo será el cine cubano del futuro? 

Esta pregunta merece una tesis de doctorado y estoy tan cansada de teclear… Sólo diré que la industria en Cuba, en general, es un gran agujero negro. Esperemos que el diámetro de este agujero se reduzca significativamente y que podamos llegar a acuerdos, donde podamos tener Ley de Cine, luz verde. Para esto tiene primero que organizarse este gran caos mundial, donde hay muchas cosas enfermas.

¿El cine cubano del futuro? Bueno, ese lo veo en la sala de montaje.

Colabora con nuestro trabajo
Somos una asociación civil de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural y artístico. En Rialta nos esforzamos por trabajar con el mayor rigor profesional en la gestión, procesamiento, edición y publicación de los contenidos y la información. Todos nuestros contenidos web son de acceso libre y gratuito. Cualquier contribución es muy valiosa para nuestro futuro.
¿Quieres (y puedes) apoyarnos? Da clic aquí.
¿Tienes otras ideas para ayudarnos? Escríbenos al correo rialta@rialta.org.
LISANDRA LÓPEZ FABÉ
Lisandra López Fabé (Pinar del Río, 1986). Graduada de Guion en la EICTV, de Dramaturgia por la Universidad de Artes y del Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Becaria del Emerging Leaders in the Americas Program por la Universidad de Concordia, Montreal. Jurado Mezcal en el 32 Festival de Cine de Guadalajara. Ha trabajado como guionista en los documentales Diario de la Niebla (Rafael Ramirez, 2015), Limbo (Rafael Ramírez, 2016), Alona (Rafael Ramírez, 2016), Duelo (Alejandro Alonso, 2016), El proyecto (Alejandro Alonso, 2017) y Home (Alejandro Alonso, 2019). Su debut como directora ha sido con el largometraje documental Brouwer. El origen de la sombra, codirigido con Katherine T. Gavilán. Su último trabajo dirigido es el corto de ficción Última canción para Mayaan (2020).
guest
1 Comentario
Inline Feedbacks
View all comments