ʽSaoʼ, de la serie ʽPreston, caligrafía del silencioʼ

En Memorias del subdesarrollo (1968), un clásico del cine cubano con guion basado en la novela homónima de Edmundo Desnoes y dirección de Tomás Gutiérrez Alea (Titón), durante la escena donde la joven pareja visita la casa museo Hemingway en La Habana, Elena le dice rotunda a Sergio: “Yo no le veo nada del otro mundo […] igualita a la casa de los americanos del central Preston y con el mismo olor a americano”. “¿Y cuál es el olor de los americanos?”, porfía la duda burguesa de Sergio. ¿A qué olerá el vestigio americano? ¿Sus casas rotas, su ordenación tropical inconclusa, sus ramales de melao zanjados?

¿Qué emana hoy el gran Preston?: otrora ingenio de la United Fruit Company inaugurado por Andrew W. Preston en tierras inciertas de la bahía de Nipe en febrero de 1906, con su primera zafra en 1907, pertenecientes al municipio de Mayarí, Holguín, antigua Provincia de Oriente. Central de amplios dividendos, riquísimas ganancias. Considerado uno de los más fructíferos del país que llega a presumir la capacidad de moler 100 000 arrobas de caña al día.

ʽFúnebreʼ, de la serie ʽPreston, caligrafía del silencioʼ

Los americanos implantaron allí todo. Etimologías, prácticas, estructuras, jerarquías, articulaciones, en plácido reinado durante más de cincuenta años. Erigieron un sistema autónomo orientado al eficaz funcionamiento de la industria azucarera y su comercio. Tenían su propio aeropuerto con dos salidas diarias y se servían del ferrocarril que ya habían construido desde la bahía de Banes al cierre del siglo anterior. Instalaron una red telefónica de larga distancia y una estación de radio para uso exclusivo de la compañía. Edificaron iglesias, colegios y bibliotecas, públicas y privadas, una escuela nocturna para adultos con su Liga contra el analfabetismo, oficina de correo y telégrafos, tiendas, joyerías, campos de deporte: golf, tenis y el gran estadio en cumplido a la tradición beisbolera cubana. Levantaron un hospital moderno, hotel moderno, lavandería moderna, panadería moderna…, absoluta modernidad importada.

ʽEscudoʼ, de la serie ʽPreston, caligrafía del silencioʼ

Crearon un teatro y un cine, este último primero al aire libre, luego también modernizado. Dispusieron de espacios sociales bien delimitados: sociedades de instrucción y recreo para blancos y el club de negros: Club Residencial, Club Preston, Club Pan-Americano, Club de Natación de Nipe para el disfrute de la piscina… sólo para familias blancas, y el Preston Sport Club para los negros. El batey lo diseñaron en regiones: Brooklyn, New York y Washington. Jornaleros, clase media y los patronos con sus sirvientes, distribuidos respectivamente.

Las casas eran modestas o deslumbrantes según el área: cabañas colectivas o cuarterías, bungalows o residencias biplantas. Casas de madera sobre pilotes, la mayoría: de pisos de madera, corredores cubiertos, y con tejas de barro o de metal. El “tejín francés”, exclusividad de Preston.

ʽBarrio de los americanosʼ, de la serie ʽPreston, caligrafía del silencioʼ

Tipología arquitectónica también importada, propia de los asentamientos del sur de los EEUU, adaptadas a las comunidades rurales agrícolas en la región. Pueblos de madera, urbanismo de cuidad jardín, particularizados por el avance inversionista del azúcar y el banano en el Caribe y en Centroamérica. Arquitectura doméstica de referencia. Fondo habitacional con demasiados decenios hoy de nulo mantenimiento.

Tras el afán de productividad, los dueños contrataron mano de obra del Caribe y otros parajes, clasificada según la utilidad. Bahameses, jamaicanos, trinitarios, haitianos, chinos, españoles, junto a los cubanos conformaron la múltiple masa trabajadora.

ʽLas hermanas Confesorʼ, de la serie ʽPreston, caligrafía del silencioʼ

Luego de la nacionalización de las empresas norteamericanas en 1960 y tras la visita del entonces presidente de Guatemala a Preston, central y batey pasaron a ser llamados como tal nación. A partir del año 2002, cuando el gobierno decidió cerrar 71 de los 156 centrales azucareros activos en toda la Isla, el Guatemala fue abandonado.

El registro de vidas y costumbres de los asentamientos rurales o pueblos del interior de Cuba –me refiero a pueblos con cierto atractivo en sus historias, en sus esquemas urbanos y humanos– ha proporcionado estimables ensayos o series fotográficas desde la segunda mitad del XX. Búsqueda determinada en el mayor de los casos, por el decline y la inquietud que arrojan los propios escenarios. Recuérdese la Trinidad colonial antes de su magnánimo restaure, acogida por el lente de Rigoberto Romero en 1984, el Caibarién de azúcar y obreros de Iván Cañas en 1969, y el del kitsch y la cultura popular de Mario García Joya (Mayito) en 1982. Pueblos retratados en el deslustrado encanto de sus quimeras.

ʽEl espejo de Charlyʼ, de la serie ʽPreston, caligrafía del silencioʼ

Ajena a la mirada del forastero se presenta la serie de Preston. Serie, cúmulo, puñado punzante de fotografías realizadas por Ángel Yusett Gazquez Toirac (Holguín, 1975). Fotógrafo oriundo del batey, médico veterinario de profesión, que asume íntegramente la imagen desde hace una década. Mirada que se inserta fluida en esa tradición fotodocumental cubana de poblados, pobladores, centrales y bateyes en el nuevo siglo. Recuérdese el trabajo sobre el azúcar de Ricardo G. Elías entre 2005 y 2008.

A través del lente de Gazquez Toirac este “nuevo” Preston se percibe desde un relato visual sincrónico. No es una historia más de un pueblo olvidado, un pueblo sombra, comunidad invisible, no es una relación de imágenes ensartadas por la nostalgia, traicionera y seductora, de lo que fue y no es, y no será nunca. No es una historia apresada por el obturador del recuerdo, para deleitarse melancólica en álbumes de familia o en compilaciones rescatadoras de verosímiles documentos. No figura como espejo descolorido del tiempo, memoria monocroma, inventario de pérdidas. Es verdad triste, es silencio denso, tan denso que se transforma en sentimiento, en cuchillas que cortan toda sensación de anhelo.

No es otro manojo de fotografías sobre espacios fantasmas, sobre bateyes desmantelados cuando los grandes centrales azucareros de antaño silenciaron sus máquinas. No son sólo las tablas viejas, los pilares derruidos, los jardines huérfanos, los botes callados, los que protagonizan esta serie de marcha paciente: son el ambiente límpido de unas manos que pulen el suelo raído, estiran el blanquísimo sobrecama de gaza y adornan el mantel impoluto con una planta sobre la mesa amada, en interiores domésticos bañados de dulces sombras y esmerado celo. No es el mar, gobernante de todo pueblo pesquero, la hermosa marina o el ensueño legado por el ferrocarril de carga y comercio, los que figuran como centro; es la relación de estos con aquellos que viven o vivieron de ellos, en pasado próspero o en días sin molienda ni pesca.

ʽSegunda planta del hotel Miramarʼ, de la serie ʽPreston, caligrafia del silencioʼ

¿O será todo ello junto? Mezclados, trincados, contenidos sin rebordes, en fotogramas de una vida sin vida, en sobrecogedoras imágenes de lo ausente. El retrato de una cotidianidad disminuida de habitantes, engarzada por el hilo del tiempo. Ese que pasa como las manecillas de un reloj sin orden y que nadie se detiene a ajustar. Quizás por la insolente fuerza de la costumbre y la desidia, ya nadie allí se percata de tal desarreglo.

Desde una reverencia al fotodocumentalismo clásico, con notable dosis de sensibilidad y belleza, se enuncia la visión en blanco y negro de un paisaje volteado sobre sí mismo. Horizonte que no parece encontrar otro deleite que el propio acunar de la memoria.

ʽMáquina de Silviaʼ, de la serie ʽPreston, caligrafia del silencioʼ

Un grupo de estas imágenes se aúnan en el libro Preston, caligrafía del silencio. Libro de ensayo fotográfico en proceso de edición, que cubre más de tres años de labor en el sitio –entre 2016 y 2020– a partir de la convivencia directa y el rescate minucioso, arqueológico, de la memoria individual, convertido en ábaco de nostalgias colectivas. Soporte de cuentas desgastadas de tanto repaso íntimo y evocación generacional.

Comenzando por el uso de la fotografía analógica, casi absoluta en el conjunto, en formatos de 120 mm y de 35 mm, se articula una suerte de diario donde las anotaciones del autor subrayan la ausencia: lugar sin ruidos, sin alas ni fervores. Poca gente, círculo cerrado, guardarrayas sin trote. Caminos de polvo, hierba y caserones desabrigados. Símbolos, chimeneas símbolos. Miles de negativos destinados al examen de cada secreto.

ʽCaballo frente a Hotel New Yorkʼ, de la serie ʽPreston, caligrafía del silencioʼ

La narrativa curatorial de este libro se recorre como quien lleva de la mano a un viajero estimado. Desea darlo todo, mostrar desde una tajada la contención del mundo, reducido y triste, pero un mundo al fin. Terreno de amargos consuelos.

El relato se inicia con el día y concluye con la noche. Las torres-agujas-chimeneas sin humo, vacías, perpetuas, reciben y despiden al lector, al paseante. Mientras, un elemento transita reiterado en las páginas cual serena ave de gris anunciación. En su estructura se comprenden además muchos de los escenarios reales e ilusionados: bahía, casas, vías, atajos, habitaciones, cocinas, caserío, cementerio, hotel de leyenda, interiores, baño, estadio, club de blancos, comarca del ingenio, crucero, rieles, noches, pertenencias, detalles, intimidades. Y algunos rostros de sus moradores, todos en la ancianidad, algunos ya sobre los pasos del delirio.

ʽMansion Catangaʼ, de la serie ʽPreston, caligrafia del silencioʼ

No hay jóvenes en estas imágenes, como no acontece novedad en la escena misma. El objetivo fotográfico se enlaza con el entorno. No se desliga, separa o encumbra de aquello que rodea al sujeto/objeto de la representación. Se involucra tanto el fotógrafo en el ambiente, que las sensaciones toman partido en la obra. Al apreciarlas en su conjunto, afrontamos una secuencia cinematográfica donde el suspenso y la tensión emergen monárquicas. La huida del sujeto en las escenas parece dejarnos un mensaje de acción inconclusa. Como esa imagen de la máquina de coser iluminada y los espejuelos recién dejados. Expectativa afianzada por la valiosa atención de luces y sombras. Balance exquisito donde la penumbra resulta aliada. Como si la elección de la luz –bajos contrastes, nunca cortante– suavizara el efecto de pavorosa realidad.

Sentimiento de omisión. Se desintegra lo conocido, lo referido, lo acumulado por largos años de ilusión, de réplica en vox populi. Arrojan los fotogramas alcobas de sábanas estiradas y camas desechas, corredores espectrales, lámparas de arcana brillantez, innumerables casas de madera, cristal, piedra y descuido, ese que supera la voluntad de sus ocupantes. De encuadres precisos salen gradas sin gente, puertas entreabiertas, escalones sin rastros, columpio, piano, sillón y tina, lavamanos donde el agua se obliga al signo frío-frío. Asoma la simbología cristiana en los interiores, el avance de la vegetación sin poda en los exteriores, el sigilo de la noche.

ʽEstuarioʼ, de la serie ʽPreston, caligrafía del silencioʼ

Apocalíptica lectura la que se nos presenta en este Preston. Las riquezas idas, idas en infinita espiral. No trasmutadas ni reconfiguradas, idas. Y no hablo del oro en azúcar o de un estilo de vida, un síntoma, un “olor” importando, como aludiera el personaje salido de las letras de Desnoes tras la cámara de Titón. Pienso en la riqueza de tradiciones, de compromiso con un terruño sostenible, de sobrevivencia en decoro. Elipsis despótica ante un perímetro humano que languidece, es lo que nos deja este ensayo. Puñado áspero entre cientos. Comunidad sin retorno entre tantas de esta minúscula constelación de islas.

La Habana, octubre de 2020


Bibliografía mínima sobre el poblado y el central Preston:

Informe sobre el central Preston, 1946.

Diana María Cruz Hernández: “La vivienda en el batey azucarero del oriente cubano”, Arquitectura y Urbanismo, vol. XXX, n.os 2-3, 2009.

Jesús Jank Curbelo: “Las ruinas cubanas de la United Fruit Company”, Periodismo de Barrio, 13 de septiembre de 2019.

Colabora con nuestro trabajo
Somos una asociación civil de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural y artístico. En Rialta nos esforzamos por trabajar con el mayor rigor profesional en la gestión, procesamiento, edición y publicación de los contenidos y la información. Todos nuestros contenidos web son de acceso libre y gratuito. Cualquier contribución es muy valiosa para nuestro futuro.
¿Quieres (y puedes) apoyarnos? Da clic aquí.
¿Tienes otras ideas para ayudarnos? Escríbenos al correo rialta@rialta.org.
Comentarios
guest
2 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments