Redes anarquistas despidieron al activista e historiador cubano Frank Fernández, fallecido en el exilio de Miami

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Francisco Fernández (1934-2026), historiador del anarquismo en Cuba, falleció este enero a los 92 años en su exilio de Miami y diversas organizaciones de esa tendencia política e ideológica lo despidieron con un “¡Hasta siempre!”.

“Frank Fernández… ¡Hasta siempre, compañero!”, se titulaba el obituario firmado por Gustavo Rodríguez y aparecido en sitios como el Portal Libertario OACA o de la Fundación Aurora Intermitente, la Federaciòn Anarquista, así como, en redes, por el capítulo de Gijón de la anarcosindicalista Confederación Nacional de Trabajadores (España).

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Según la fuente, el deceso ocurrió el 18 de enero como resultado de “una infección perniciosa que le forzó a internarse de urgencia en la Unidad de Cuidados Intensivos en un hospital del sur de la Florida”. 

“Siempre sostuvo que la Anarquía no era otra cosa que la lucha constante por la vida”, destaca la nota citada. “Historiador del anarquismo en Cuba, Frank Fernández fue ante todo un autodidacta comprometido con el ideal ácrata. Un incansable investigador que no se conformó nunca con repetir narrativas consagradas ni replicar las versiones «maquilladas» de los vencedores. Sus aportaciones historiográficas abrieron nuevos caminos –invariablemente incómodos— que hoy resultan ineludibles de transitar si queremos comprender el papel decisivo que desempeñaron los anarquistas cubanos entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX en el desarrollo de las luchas del movimiento obrero en la Isla. Jamás escribió desde la lejanía aséptica de la academia ni como ejercicio ególatra de erudición, sino desde la implicación vital de quien tiene consciencia de que la historia es un potente campo de batalla y no un frío mausoleo”.

Su hijo, David Alberto Fernández, lo definió en redes sociales como “escritor, activista, historiador, ingeniero, atleta, narrador, personaje carismático, pero, sobre todo, un devoto amante de la libertad para Cuba y para todos los pueblos”.

Recordó, asimismo, que fue “autor de La sangre de Santa Águeda (1994) y El anarquismo en Cuba (2000); cofundador y editor de la influyente revista cubana en el exilio Guángara Libertaria, que se publicó entre 1979 y 1992; orgulloso miembro del Movimiento Libertario Cubano en el Exilio desde mediados de la década de 1970; miembro y delegado de PEN International en las décadas de 1990 y 2000; y sí, incluso un jugador clave de baloncesto en el campeonato del club Casino Español de La Habana a finales de la década de 1950, además de ser un padre cariñoso para mi difunto hermano Frank y para mí. Y un abuelo. Y un bisabuelo. Mi querido papá vivió muchas cosas en su memorable y larga vida. Conmovió a muchas personas con su actitud y su espíritu, y tenía amigos en todo el mundo que lloran su pérdida, ya que el mundo se vuelve más pequeño sin personas como él”.

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En opinión de Gustavo Rodríguez, resulta invaluable el legado historiográfico de Fernández, cuya obra constituiría “una invitación precisa a continuar la senda emancipadora desde la intransigente reafirmación ácrata”. De ahí “sus anhelos para la Isla cautiva”, expresados al final de El anarquismo en Cuba: “Es prematuro enterrar las ideas libertarias y declararlas difuntas cuando aún tienen vigencia y sobre todo un campo próspero, abonado con sangre de varias generaciones y donde de nuevo renacerán con más fuerza los pensamientos de un arquetipo elevado de la condición humana y sobre todo de la libertad individual y colectiva de todo un pueblo”.

En un artículo publicado en Redes Libertarias y el sitio acracia.org, Daniel Pinós destaca que la obra de Fernández “se opone explícitamente a la historiografía oficial [sobre Cuba], ya sea liberal, nacionalista o marxista-leninista” y rechaza “cualquier pretensión de neutralidad académica abstracta”, puesto que “concibió la escritura histórica como un campo de batalla, un espacio de confrontación política y memorial”.

“La originalidad de su contribución reside en su método y su postura epistemológica”, prosigue el comentarista. “Frank Fernández nunca se limitó a recopilar fuentes secundarias ni a reproducir narrativas establecidas. Su obra se basó en una lectura minuciosa de la prensa anarquista cubana publicada desde la época colonial, en archivos sindicales a menudo olvidados y en la reconstrucción de experiencias militantes borradas por la represión, el exilio o la marginación política. Prestó especial atención a las trayectorias de trabajadores anónimos, mujeres anarquistas, intelectuales comprometidos, tipógrafos, lectores de fábricas de tabaco, ateneos populares y las formas de organización no jerárquicas que moldearon el movimiento libertario cubano”.

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En cuanto a su labor como editor de Guángara Libertaria, Pinós señala que la revista cumplió “un papel central en la reestructuración de las redes anarquistas cubanas fuera de la isla”, y ello en “un contexto particularmente hostil, marcado por el predominio de corrientes políticas conservadoras y anticomunistas en Miami, así como por presiones y amenazas provenientes tanto del exilio como del Estado cubano”. 

“Sin embargo”, se enfatiza en el obituario, “Fernández se mantuvo fiel a una postura libertaria inflexible, rechazando tanto el autoritarismo estatal como los compromisos ideológicos dictados por el oportunismo político”.

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RIALTA STAFF
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Rialta, Alianza Iberoamericana para la Literatura, las Artes y el Pensamiento es una asociación civil con sede en Querétaro, México, de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural, artístico, científico y tecnológico.

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