Bestiario Miserable #20: Machista

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Machista

Machista dibujo de Camila Lobon | Rialta

Vengo pensando en esta bestia hace tiempo. Siendo que nos acompaña a todas partes, desde siempre, al machista lo conocemos a profundidad. Aunque cueste aceptarlo, lo padecemos todos, sin distinción de identidad. Es un trastorno impuesto por siglos de hegemonía masculina.

El machista es como un minotauro centrofálico, atrapado en el complejo patriarcal heredado. Cada uno de sus sentimientos, comportamientos, decisiones, parten de la creencia de que poseer un órgano masculino lo vuelve biológicamente superior. En él se actualiza constantemente aquello de “tener cojones” (o sea, una bolsa pellejuda colgante) como argumento irrevocable de coraje.

El machista no ha analizado si la asunción de esta superioridad histórica, que parte de la lógica del quién puede más, acaso sea una espiral de violencia ridícula en la que se metió solito su manada. No ha analizado si su dominio se sostiene por ventajas relacionadas con valores realmente positivos; si la mentalidad de la imposición, la conquista, la dominación nos ha legado una civilización que valga la pena continuar. Pero ya estos son cuestionamientos demasiado arriesgados para el machista, a quien, si algo lo caracteriza, es la tendencia de asumir la duda como sinónimo de debilidad. Preferirá bufar en el laberinto imposible de su masculinidad trágica que plantearse una vida fuera del prejuicio. Preferirá destruir a todo y a todos los que pongan en crisis su virilidad, a riesgo de quedarse completamente solo, antes que reconfigurar su visión de sí mismo. 

Quizás la característica más molesta del machista sea la estupidez de igualar lo sensible con fragilidad y su consecuente necesidad de definirse en constante contraposición a ella. Necesita reafirmar su dominio desde el desdén y la burla hacia todo lo distinto. Porque, sin esta pugna, ¿qué vendría quedando? ¿Armonía? ¿Paz? Territorios realmente sacrificados para esta bestia.


Bestiario Miserable es un catálogo de los excesos, miserias, deformaciones que las contorsiones circenses del panorama político cubano, global y virtual han ido pariendo. Como decía Leónidas Lamborghini, la verdad del modelo es su propia caricatura. Pues este quisiera ser un retrato realista de los arquetipos de conducta que florecen en toda su monstruosidad por el extremismo ideológico, la antipatía, la deshonestidad intelectual, o la pura estupidez, ahora abonados en ese terreno de la pseudo ética que puede ser ciberespacio. En un mundo que se parece cada vez más al que describiría Weill, donde la espera de lo que vendrá ya no es esperanza, sino angustia, quizás bosquejar nuestros monstruos, los que todos en menor o mayor medida somos, pueda hacer los mitos más lógicos, dar alguna pizca de sensatez.

CAMILA LOBÓN
CAMILA LOBÓN
Camila Lobón (Camagüey, Cuba, 1995). Artista. Graduada de la Academia de Arte de Camagüey en 2014 y del Instituto Superior de Arte de La Habana en 2019. Ha sido coordinadora del Instituto de Activismo Hannah Arendt (INSTAR), fundado por la artista Tania Bruguera. Su trabajo como artista visual está enfocado en la narración e ilustración de un imaginario social y político que desde la memoria individual subvierte la narrativa totalitaria cubana. Entre sus exposiciones personales se encuentran Epizootia (Zapata Gallery, Miami, 2024) y El país perdido (Aveces Art Space, La Habana, 2019). Su trabajo ha sido expuesto en La Habana, New York, Montreal, Buenos Aires, Berlín, Kassel y Praga.

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