Obras de Lester Álvarez, Roger Toledo y Luis Enrique López-Chávez sobre la fachada de la iglesia del Carmelo, en el Vedado habanero, como parte de la exposición ‘Ex-indumentis’ (2010)

En 2019, surge como proyecto independiente de arte e investigación el colectivo Ánima, nombre inspirado en un libro publicado en el año 2002 por José Kozer, poeta cubano exiliado a principios de los sesenta. Su objetivo principal es indagar en la construcción de la memoria en Cuba, llevando de forma paralela investigaciones personales y dinámicas grupales de acompañamiento y socialización, que son mostradas luego a través de obras de arte, textos, registros, itinerarios y mapeos de la historia cultural pasada y reciente de la Isla. Pudiera decirse que esta modalidad de Ánima es en realidad la última versión de un proyecto curatorial iniciado mucho antes, en 2010. Este texto busca, justamente, acercarse un poco a la historia de las ánimas.

Una especie de historia grupal de los que hacen Ánima

A simple vista, la labor curatorial desarrollada por el colectivo durante diez años se asocia a características puntuales. La primera: no utilizar galerías o espacios de exhibición convencionales. Esta peculiaridad lleva a tomar decisiones más osadas –o al menos arriesgadas, si se piensa en la situación del arte cubano hace unos años atrás–, como no pedirles a los artistas obras terminadas que pudieran ajustarse a un tema en particular, sino, antes que todo, ponerlos a dialogar con un espacio específico y con su historia. Este tipo de abordaje del ejercicio curatorial está obligado a realzar el acondicionamiento del espacio, al mismo tiempo que la ubicación de cada obra dentro del conjunto, además de la labor habitual de integrar artistas de diferentes poéticas y estilos. En consecuencia, se puede decir que las propuestas curatoriales del colectivo están permeadas de la influencia del site specific como universo expresivo.

La metodología de trabajo busca establecer un diálogo con los artistas invitados, a partir del espacio a intervenir y un texto curatorial inicial que expone la idea de la muestra. Los artistas presentan propuestas concretas y, a tenor de estas referencias, se comienza un trabajo conjunto del cual saldrán las obras, pero también otras cuestiones relacionadas con la ubicación, la forma del montaje, las interacciones entre las piezas; porque dentro de una muestra siempre existen obras en varios tonos, que deben ser sintonizados. En ocasiones, las obras contemporáneas necesitan la cercanía de otras que refuercen, contrasten, acompañen el sentido que generan. Son propuestas que adquieren realce cuando se las expone rodeada de otras similares y en diálogo con la idea, que también es una propuesta a fin de cuentas.

El colectivo comenzó a trabajar desde el inicio en espacios abandonados, a veces en ruinas. Se buscaba revitalizar, aunque fuera con carácter efímero, el lugar escogido para cada exposición, haciendo patente desde el arte sus valores históricos e inmobiliarios, a través de la investigación de la historia de esos espacios.

Se hizo habitual realizar al menos una o dos exposiciones al año, siempre en sitios poco convencionales para exponer arte; lugares que cobraban vida de manera efímera por medio de la intervención del lenguaje del arte contemporáneo y la música. La intención era crear un ambiente de acogida para el espectador, no sólo aquel habituado a eventos de esta naturaleza sino a todo tipo de público, y poner a dialogar las obras ante sus ojos, muchas de ellas hechas in situ, a partir de historias y con cosas y materiales del propio lugar.

Vista interior de la iglesia en ruinas de El Carmelo, sitio de las exposiciones ‘Quinto día’ y ‘Ex-indumentis’, ambas en 2010

La primera exposición realizada por el colectivo se llamó Quinto día (2010), organizada en una iglesia abandonada de El Vedado, en La Habana. Eran entonces dos profesoras, María de Lourdes Mariño y Anamely Ramos, y varios estudiantes de Artes Visuales y Música del Instituto Superior de Arte (ISA). La iglesia en cuestión, que había sido parcialmente construida a principios de siglo XX por el padre Reginaldo (partiendo de lo iniciado por la familia del Conde de Pozos Dulces, a finales del siglo XIX) ya contaba con un amplio anecdotario todavía recordado en los alrededores del barrio El Carmelo, que incluía una procesión muy famosa en la ciudad, cuyas imágenes de personajes del vía crucis aún se conservaban en el templo.

El lugar tenía una significación especial para algunos miembros del colectivo, pues en ella se habían realizado unos retiros de Cuaresma, unos meses antes, organizados por Anamely Ramos y Luis Alberto Mariño, bajo los influjos de textos de Simone Weil y las más recientes composiciones para violín del segundo. Uno de los momentos de este retiro quedó inmortalizado por el artista Lester Álvarez en su obra Los ocupantes, presentada dos años después en la exposición Zone (2012), como homenaje a los inicios del colectivo.

‘Los ocupantes’, obra de Lester Álvarez, en la exposición ‘Zone’ (Casa de la Comedia, 2012)

Pocos meses después de Quinto día, pinturas de tres de los artistas que allí habían participado fueron presentadas en una especie de fachada-retablo en la misma iglesia. Se debían a Lester Álvarez, Roger Toledo y Luis Enrique López-Chávez. La expo-fachada se titulaba Ex-indumentis, y servía de obertura a un performance escrito por Etienne Martínez y con música de Luis Alberto Mariño que se exhibía al interior del edificio.

Desde estas primeras exposiciones, el colectivo apostó por la creación de un gran environment mediante el empleo de elementos como la música o los sonidos, frecuentemente minimizados en las curadurías que se hacían en Cuba en esos momentos, y por la contaminación o armonía que se generaba de ellos, para definir el tono de los eventos. También la iluminación jugaría un papel importante, por el modo en que debía relacionarse tanto con el contenido de las obras y su particularidad en términos de recepción, como con las emanaciones naturales de espacios tan peculiares, que se procuraba no violentar. La intención era concebir un ambiente pletórico de connotaciones a varios niveles que invitara al espectador a habitarlo, rehuir los tecnicismos propios del quehacer galerístico y privilegiar un acercamiento, digamos, más popular al arte, aunque en negociación con muchas de sus implicaciones contemporáneas.

Obra de Leonel Valdés en ‘Quinto día’ (2010)

Por ejemplo, durante la organización de Quinto día, se encontró un piano con algunas teclas rotas en medio de la gran cantidad de objetos almacenados por años en la abandonada iglesia de El Carmelo. Tomando en cuenta los defectos del instrumento, el compositor Luis Alberto Mariño escribió una pieza específicamente para él, que luego fue usada como fondo del vídeo de José E. Yaque y Lester Álvarez que se proyectó en las ruinas traseras del templo, donde se improvisó una especie de cine al aire libre. Dos años después, en 2012, al llegar a la Casa de la Comedia donde tendría lugar Zone, se halló otro piano con las mismas características, lo que inspiró otra pieza con similar estructura, pero esta vez relacionada con un poema del esclavo Juan Francisco Manzano, que había vivido en aquella casona.

En sentido general, todo tenía ese tono performativo, en lo que influía el hecho de que las exposiciones fueran efímeras, a veces de sólo una noche de duración, pero también el de que se sucedían en ellas eventos sonoros, escénicos, etc., que ampliaban considerablemente la duración de las exposiciones y su alcance. Se aprendió a curar no sólo la selección y ubicación de las obras, sino también el tiempo, con el uso de elementos dramatúrgicos en estrecho vínculo con los espacios. Con esos environments el proyecto perseguía afectar la sensibilidad de los espectadores de maneras disímiles; no sólo a partir de la transmisión de un mensaje, sino afectando el cuerpo que somos y apelando a otras dimensiones constitutivas del ser humano: estéticas, espirituales. Conciliar todos estos eventos al interior de las exposiciones hizo que comenzaramos a pensarlas en términos dramatúrgicos.

Es así que en Zone (2012) la dramaturgia estuvo generada por la disposición espacial de la antigua casa colonial –sede entonces de la Casa de la Comedia–, donde habían vivido la Condesa Jústiz de Santa Ana y su fiel doméstico, el poeta esclavo Juan Francisco Manzano, que se encontraba parcialmente destruida en el momento de la exposición. Eso determinaba la entrada y el trasiego del público y la sucesión de momentos artísticos, de lo comunitario a lo íntimo.

Desde entonces se empezaron a incluir otros eventos sonoros; en primer lugar, con la participación de talentosos compositores como Viviana Ramos, y luego con la incorporación de escenas teatrales ideadas y dirigidas por Osvaldo Hernández. Hermosos ejemplos de esta novedad, que llegó para quedarse, resultan la escena no escrita de Hedda Gabler para Translate (2012) y el impresionante monólogo de Electra para Pan y circo (2014) que Osvaldo preparó. Súmese además el estreno en Cuba de la obra de Václav Havel La inauguración, cuyo montaje, también a cargo de Osvaldo, estuvo destinado a la exposición homónima de María de Lourdes Mariño y Rubén Cruces en 2015.

Performance ‘Electra’, dirigido por Osvaldo Hernández e interpretado por Yeye Báez, como parte de la exposición ‘Pan y circo’ (Ruinas del circo en el Instituto Superior de Arte, 2014)

Fue también en 2012 cuando comenzara a realizarse en La Habana el evento Espacios Ibsen, patrocinado por la Real Embajada de Noruega en Cuba, creado para la reinterpretación de la obra del dramaturgo noruego. El evento incluía cuatros espacios principales: Escena Ibsen, Universo Ibsen, Zona Ibsen y Laboratorio Ibsen; algunos de ellos más cercanos a la producción teatral, otros abocados al debate de temas sociales y políticos actuales desde las problemáticas del arte contemporáneo y la creación experimental.

Las curadoras María de Lourdes Mariño y Anamely Ramos fueron convocadas en dos ocasiones para curar la exposición colectiva que solía formar parte del evento, ambas con la asistencia curatorial de Gretel Medina. La primera de ellas, Translate (2012), se conformó a partir de un taller de lectura desarrollado en el ISA sobre la obra de Henrik Ibsen, en los meses de septiembre y octubre. Inaugurada en noviembre, la muestra buscaba mostrar las variaciones infinitas que el texto del dramaturgo noruego podía originar en la imagen. Seducidos por las transferencias entre texto literario y lenguaje plástico, se fue gestando el proyecto curatorial, cuyo eje era precisamente la apropiación, en tanto forma de entender la traducción desde su dimensión cultural. Realizada en la Casona de Línea, sede de Espacios Ibsen, convivió con la puesta en escena de obras experimentales, lo que dotó al espacio de un carácter movible y perecedero, en consonancia con la naturaleza performativa de las muestras. La segunda de aquellas, un año después, tuvo por nombre La parte maldita, y se efectuó en el edificio, por entonces en construcción, de lo que hoy es la sede de la Real Embajada de Noruega en Cuba. Se configuró alrededor de la obra del pintor Edvard Munch, al cumplirse 150 años de su nacimiento. Inspirada en George Bataille, la exposición se imaginó como un rito que condensara los excesos de la experiencia dentro del espacio de la representación del arte. Para el programa de mano, escribieron Michel Mendoza y María de Lourdes Mariño: “Es en ese sentido, que su noción de parte maldita puede ser entendida como aquello que no es susceptible de ser ensamblado en ningún orden o extensión de lo estrictamente productivo. […] Un lugar artificial, fabulado, donde encuentren cabida las más remotas emociones o sustancias, calificadas generalmente como un desperdicio social o un fasto injustificado.”

Vista de la proyección de un videoarte de Adrián Curbelo durante la exposición ‘Cualsea’ (Logia de la Perseverancia, Camagüey, 2014)

En el año 2014, el colectivo se mueve hacia la ciudad de Camagüey para realizar la exposición Cualsea, un homenaje a los 500 años de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe. Fue curada por Anamely Ramos e Isel Arango, en el edificio en obras de la Logia de la Perseverancia. La inspiración inicial en este caso venía de una visita realizada por Thomas Merton a la ciudad y su fascinación con la advocación de la Virgen de la Soledad, situada en el altar principal de una de las numerosas iglesias de Camagüey. La exposición trataba sobre la naturaleza humana no en términos de esencia sino como un esfuerzo sostenido en el tiempo. En el catálogo de la muestra, escrito por las curadoras se leía: “En el horizonte de lo humano se perfila el simple hecho de la propia existencia como posibilidad y potencia. En medio de ese avatar que no cesa, la refundación constante y ese sentido de no plenitud se convierten en la única plegaria que nos asiste a todos: existir sin acabar de ser.” Estas palabras constituían una reinterpretación del volumen La comunidad que viene, de Giorgio Agamben, de donde se tomó también el nombre de la exposición, Cualsea, referido al ser en su singularidad e importancia, tal cual es.

Sólo dos meses después, tendría lugar un proyecto largamente acariciado por nuestro colectivo: Pan y circo, curado por María de Lourdes Mariño, Anamely Ramos y Gretel Medina. En él se abordaron las relaciones entre arte y política, y sus implicaciones en Cuba. Por la amplitud y complejidad del tema, casi un género dentro del quehacer artístico cubano, el mayor desafío era afinarlo lo suficiente para poder decir algo concreto y, a la vez, sugerir o impulsar reflexiones, plantear preguntas para el futuro.

Obra de Rafael Villares en ‘Pan y circo’ (Ruinas del circo en el Instituto Superior de Arte, 2014)

La inspiración teórica provino de la obra de Jacques Rancière y Paul Veyne, para proponer dos tesis fundamentales: lo político desborda sus predios profesionales y se genera en todo espacio que seamos capaces de abrir para nosotros y para los demás. Y segundo: ningún poder, por totalitario que sea, puede ocupar todos los resquicios de la vida en una sociedad. Siempre hay espacios que se fugan, y en ese amasijo de comportamientos y fenómenos ambiguos, donde se mezclan brotes de desobediencia social, grupos y comunidades cerradas, flujos espontáneos de personas, etc., se reinventa el imaginario social y se juegan los roles de la sociedad futura.

Pan y circo fue el mayor de los eventos que hasta entonces había coordinado el colectivo, con más de treinta artistas. Fue realizada en las conocidas ruinas del circo en el ISA, espacio que representa, como pocos lugares, la parábola que recorre desde la gran utopía socialista de los años sesenta hasta la ruina actual. Por ser el lugar de trabajo por tantos años de las curadoras, y el de estudio de muchos de los artistas que habían colaborado con el colectivo desde el principio, la muestra tenía una significación especial para todos. Y es que ante todo, Pan y circo despertó la inquietud sobre cómo hacer dialogar la labor curatorial, e incluso académica, con labores más de gestión sociocultural o de activismo político propiamente.

Todo comienza a llamarse Ánima

Después de Pan y circo, una de las curadoras del proyecto desde sus inicios, Anamely Ramos, viajó a Angola por razones de trabajo. María de Lourdes y Luis Alberto Mariño, con la colaboración de Michel Mendoza, continuaron impulsándolo en Cuba, pero ahora ya bajo el influjo de las lecturas de la obra del poeta cubano José Kozer. Dotado de una especial sensibilidad histórica, Kozer nos ofrece en sus poemas del libro Ánima (2002) una respuesta personal al laberinto de la experiencia del exilio. En 2015, se presenta la muestra homónima, sus organizadores, María de Lourdes Mariño y Michel Mendoza, aseguraban:

Estamos interesados en explorar el potencial de tales metamorfosis a través del lenguaje de la experimentación sonora, visual, narrativa. Que nuestra dinámica de trabajo progresivo, nos anime a la creación de un espacio de exhibición continua, que apele tanto a las tecnologías digitales como al encuentro vivo de las personas. Como un tejido, capaz de producir en torno a Ánima una serie de imágenes y de sonidos de conjunto que como en una estancia, teatro, o palacio de la memoria, esté llamado a afectar sensiblemente al espectador.

Desde allí todo comenzó a llamarse Ánima: la historia recorrida, las exposiciones del presente, incluso, los objetivos del colectivo para el futuro. Y es que el sentido del Ánima de Kozer incluye una actitud de devoción que recupera la historia, con sus pérdidas, olvidos, muertes, y la transforma, la dulcifica. Para el colectivo fue importante mirar su pasado desde allí, incluso el pasado más reciente, que hablaba ya de separaciones físicas y de cambios profundos en las vidas de los miembros o colaboradores, y en la del país.

Después de realizar la exposición Ánima, como parte de las Residencias Ibsen, en 2015, María de Lourdes viajó a Estados Unidos para estudiar. Poco antes, Anamely Ramos había regresado a Cuba y sería la encargada de hacer posible una expo-concierto que llevaría también el nombre del poemario kozeriano. Era ya 2017 y el espacio elegido el Centro Loyola. Los convocados serían el artista visual Juan Pablo Estrada, del que se presentaron videos y fotografías, y el actor Carlos Pérez Peña, quien haría una lectura dramatizada de los poemas de Ánima, acompañado de unas piezas de Luis Alberto Mariño para violín y viola.

Unos meses después, Luis Alberto parte a Argentina, y el reto desde entonces fue aprender a trabajar desde países diferentes, y a mantener un núcleo creativo capaz de renovarse con los cambios y de incluir artistas e investigadores más jóvenes.

Vista de la exposición ‘Personaje de largas orejas’ (Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, 2018)

En este sentido fue provechosa la inclusión de Juan Pablo Estrada y Camila R. Lobón en Ánima. En 2018, realizaron juntos y con curaduría de Anamely Ramos, la exposición Personaje de largas orejas, en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales. A través de los filtros del universo animal e infantil, idearon un ámbito de irónicas libertades y pocas certezas, valiéndose de la creación de objetos mínimos elaborados con desechos, historias íntimas desconcertantes e imágenes de animales acompañados por personas. Desde tal inversión de la realidad pretendían contar su historia y comenzar de nuevo.

Pero no fueron los únicos; con el tiempo otros nombres se fueron sumando. El más fiel entre estos ha sido sin duda Lester Álvarez, una de las voces más constantes y versátiles de la escena del arte cubano en los últimos años. Sus obras se han convertido en auténticos ámbitos de encuentro con creadores extraordinarios, que no siempre gozan del reconocimiento merecido. Lester hace espacio para ellos y los acompaña, dando lugar a proyectos hermosos de los que se han desprendido obras, exposiciones, libros, documentales; así ha sido con Teatro universal, junto al escritor camagüeyano Rafael Almanza; La Maleza; La vida Royal, junto a Ezequiel Suárez y Román Gutiérrez; o Biblioteca para lomo-lectores; entre otros. Todo en ellos se conecta mágicamente con la intención del colectivo de hurgar en las formas de la memoria.

Ánima en la actualidad

De la memoria, al colectivo Ánima le interesa no sólo aquellos sitios, objetos o acontecimientos que guardan de manera especial el significado de un momento o de un espacio. También, los sentidos que ofrecen para revisar la Historia y revelar posibilidades nuevas o poco atendidas. Mientras otros discursos desechan las excepciones, la memoria las alienta, pues remite a la experiencia de los hechos, a los contrastes y a los detalles generosos.

La memoria no es breve; a su naturaleza espontánea y sistemática le siguen procesos de confirmación y distorsión constantes. También, ausencias y fantasmas. En esta reescritura afloran subjetividades y sentidos, no sólo para encontrar lo perdido sino para atender los nuevos roles de los que recuerdan y por qué lo hacen. Esta condición convierte la indagación de la memoria en movimiento político y de apropiación personal. No sólo pasar el cepillo a contrapelo, sino abrir el tiempo, hacerlo amable a nuestra cotidianidad difícil y encontrarnos con él.

El colectivo actual de Ánima es diverso, pero, de alguna manera, es la continuidad de aquel peregrinar que comenzó con las exposiciones en las ruinas y que hoy pretende constituirse en práctica habitual de búsqueda de esos sitios de memoria que hemos habitado y queremos habitar en el futuro. Lo anterior se concreta en el proyecto Itinerarios, coordinado por Osvaldo Hernández, que mapea la historia cultural de La Habana a través de sus inmuebles y espacios públicos. Una intención similar de recuperación histórica anima los proyectos de Alenmichel Aguiló, que versan sobre la noción de democracia en algunos pensadores de la República, y el de Mario Castillo, que realiza un levantamiento de la Sociedad Ambientalista Pro-Vida, surgida en ese mismo período.

Peña del Júcaro Martiano en Camagüey. Al centro Mario Ramírez y Rafael Almanza

Sobre algunos espacios de la creación independiente en Cuba, y su historia, tratan los proyectos de Mario Ramírez, que construye un archivo de la Peña del Júcaro Martiano, fundada y animada por el escritor Rafael Almanza en la ciudad de Camagüey; el proyecto de Lester Álvarez y Louis Arturo Aguirre sobre el antiguo Conservatorio de Música de la misma ciudad, hoy casa y estudio del propio Louis Arturo; y la recopilación, a través de materiales audiovisuales y textos, de la historia de Ánima, que coordinan Anamely Ramos, María de Lourdes Mariño y Luis Alberto Mariño. Además, la curadora e investigadora Isel Arango realiza una indagación sobre los artistas contemporáneos cubanos que trabajan con el concepto de archivo. Por su parte, Juan Pablo Estrada también construye su propio registro, con una serie de fotos callejeras en la ciudad de La Habana y que extenderá a otras ciudades y pueblos de Cuba.

Actualmente, el colectivo coordina la impresión de cuatro hermosos libros: “Los embajadores psíquicos”, de Román Gutiérrez, con dibujos de Yuri Suárez, en colaboración con La Maleza; “La Habana submarina”, de Ernesto Santana, con fotos de Juan Pablo Estrada; “Antropología recreativa y entropía”, de Amilkar Feria (este último como resultado del proyecto más abarcador desarrollado por él para Ánima: el Observatorio Entrópico de Palatino). Todos engrosan la sección de Narraciones de Ánima, con la participación además de la artista Camila R. Lobón y sus libros para niños, que reinventan el imaginario político y social cubano.

La totalidad de los proyectos se visibilizan en la página web del colectivo, creada por la artista Carla M. Bellido, que ilustra cómo una forma de asociación como lo es Ánima no sólo ha proporcionado la posibilidad del trabajo en conjunto de artistas varios, también la de construir un tejido social desde la confianza en experiencias comunitarias autónomas; algo en lo que se cree como solución a largo plazo para una sociedad fracturada como la cubana.

Ánima en Buenos Aires

Especial atención merece, por su significado para el colectivo, la visita de Ánima a la ciudad de Buenos Aires del 6 al 20 de agosto de 2019, para desarrollar un programa de presentaciones y visitas a universidades y centros culturales relacionados con las prácticas artísticas y curatoriales.

El 14 de agosto se inauguró la exposición Cuba, realidad oblicua, donde se mostró cómo diferentes artistas expresan su realidad más inmediata o la ficcionan, partiendo de sus experiencias y lecturas. Curada por Anamely Ramos y Osvaldo Hernández, contó con cinco artistas centrales: Lester Álvarez, Camila R. Lobón, Juan Pablo Estrada, Louis Arturo Aguirre y el compositor Luis Alberto Mariño. Además, se proyectó una selección más amplia de videoarte cubano, de varias generaciones, donde figuraron: Adrián Curbelo, Aissa Santiso, Amilkar Feria, Rafael Almanza, Nelson Jalil, Jorge & Larry, Juan Pablo Estrada, Louis A. Aguirre, Lester Álvarez y José E. Yaque.

Vista de la exposición ‘Cuba, realidad oblicua’ (Centro Cultural Julián Centeya, Buenos Aires, 2019)

En la inauguración de la exposición tuvo lugar el performance coral participativo del compositor Luis Alberto Mariño, que imbricó al público asistente y condicionó un clima de confianza y de construcción conjunta entre artistas y espectadores. La obra, inspirada en un texto de Simone Weil, se apropiaba de la metodología del ensayo, que sirve para testimoniar el avatar de un proceso creativo y la posibilidad del fracaso o de la desidia como horizonte de nuestros esfuerzos. La experimentación es aquí un acto de fe.

En la fotografía de Juan Pablo Estrada, la realidad del paisaje puede transmutarse en surrealismo cotidiano, pero siempre a través de los rostros mismos o desde asociaciones tan inesperadas como sutiles. En Buenos Aires, presentó una serie fotográfica de pares que nos recuerdan ambientes cinematográficos, tanto por la extravagancia visual del tema como por la cuidada composición de la imagen.

Lester Álvarez, por su parte, exhibió su obra en proceso La noche en Cuba, una serie de acuarelas creadas a partir de referencias a la noche y, en especial, a sueños narrados dentro de la literatura cubana publicada después de 1959. El reino irracional de los sueños dinamita cualquier relato organizado y totalizador del poder. Con esta serie, Lester pretende elaborar una imagen de un país en sus últimos sesenta años, al tomar como punto de partida fragmentos de su literatura, desde la que se considera clásica hasta la que ha sido prohibida u olvidada.

Desde referentes diversos como el fotolibro, la novela gráfica, el cómic, y volviendo al universo de los cuentos para niños, Camila R. Lobón construye libros ilustrados, de diferentes formatos y técnicas. Narrar desde estos códigos responde a una necesidad de subvertir los estereotipos y la solemnidad con que se acostumbra a aprehender la Historia. Generar un imaginario social e histórico propio, teniendo como clave la humanidad, muchas veces absorbida por la épica del relato nacional. Se trata de fábulas políticas, sin más moraleja que el testimonio de una batalla por sobrevivir al desencanto.

También se proyectaron imágenes del story board que realiza Louis Arturo Aguirre para la construcción de una película de animación, a partir de la adaptación de la obra literaria Corazón de perro, del escritor Mijaíl Bulgákov. En ellas, la visualidad remite al universo propio de este artista, a medio camino entre la pintura expresionista, la música clásica contemporánea y una estética crash con tintes infantiles.

En Cuba, realidad oblicua, el espectador podía asistir a un ejercicio de extrañamiento y al mismo tiempo de reconocimiento, desde la ocupación de un espacio de autonomía ganado a la homogeneidad del relato oficial en la Isla. El artista allí utiliza su lugar de beneficio para entrever zonas oscuras o para explosionar desde lo extraordinario la normalidad de lo habitual. Todo redunda en ambientes difusos o transfigurados, donde se advierte una relación oblicua con la realidad social o con el entorno vivencial del creador.

A partir de toda su historia, el colectivo pretende ahondar en esos procesos creativos pasados y en los proyectos que se desarrollan en el presente. Busca promover la investigación y la creación, como diálogo y deseo de comprensión. El propósito, antes como ahora, sigue siendo pensar nuestra realidad, nuestras memorias dispersas, e invocar que el contenido poético de Ánima nos asista, y nos sumerja en las fuentes vivas de nuestra historia.

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