Enrique Román: Jean Messagier es uno de los pintores más importantes del abstraccionismo francés. Ha venido a Cuba como miembro del comité organizador del Salón de Mayo; por esto, su visita es doblemente importante. Recorrió Cuba, asistió a los festejos del 26 de Julio en Santiago, participó en la realización del mural colectivo.

Jean Messagier: No confiaba mucho en el mural, como resultado. Creí que en lugar de una sinfonía, podía resultar una verdadera cacofonía. No me interesaba, por otra parte, determinar su calidad. Nosotros nos sentíamos dispersos por el choque con vuestro país: veníamos de un país viejo, organizado, con instituciones muy establecidas. Nos transportaron súbitamente a esta multitud, al espectáculo de un país en nacimiento. Este astado de ánimo se expresó, en cada caso, en el mural, con todo lo que este hecho implica: una especie de milagro que sólo puede producirse en un país como este y cuyas consecuencias para Cuba son aún imprevisibles. El público, a diferencia de lo que sucede muchas veces con el europeo, rodeó a los artistas de un verdadero fervor: miraban su obra con atención. Creo que el resultado es satisfactorio, porque a mi juicio lo realmente válido es el acto, la voluntad de creación, la pintura, y no el cuadro, la realización última.

Un salón, dirigido por un comité de pintores consagrados, debe fijar seriamente una política hacia los pintores jóvenes:

Tratamos de enjuiciar a los jóvenes independientemente de nuestras preferencias artísticas, e incluso de sus imperfecciones. Yo personalmente he invitado a algunos a los que ni siquiera conocía. Entiendo que debo invitar a un joven a participar en el Salón cuando lo veo imponerse. Por ello renuncio al papel sagrado, terrible, de jurado, y asumo el de mero intermediario: cuando un pintor se impone, hay que aceptarlo, por encima de todo.

Me interesa destacar, ya hablando sobre la presentación del 23 Salón de Mayo en Cuba, las excelentes condiciones de montaje con que hemos contado. Especialmente, la arquitectura del Pabellón. Pocas veces he encontrado una arquitectura tan contemporánea, tan cercana a las necesidades de la creación.

Insisto en su contemporaneidad: creo que sobrepasa la categoría de moderno. Messagier tiene cuarentaisiete años. Comenzó a pintar seriamente después de 1944, y a su juicio encarnó un deseo de renovación que fue detenido momentáneamente por la guerra. Se considera un pintor orgánico, necesitado del exterior, del clima.

Pinta al exterior, no para situarse frente a las cosas, sino para estar con las cosas. De ahí su diferencia con el impresionismo. Esa era la única situación realmente pura, a su entender. Por ello abandonó en 1945 la figuración, para la que tenía grandes posibilidades. No cree haber necesitado, a partir de ese instante, de su talento. Se puede hacer una obra sin talento: es la calidad humana la que hará la obra, aun cuando esta fuera imperfecta. La habilidad pura y limpia es la muerte. Los logros externos no son imprescindibles.

El haber estabilizado un estilo, una ubicación, ¿lo aísla de las últimas corrientes de las artes plásticas europeas?

Un artista, después de veinte años de trabajo, no tiene derecho a estar satisfecho de los resultados obtenidos. Está obligado a romper su sistema propio cuando es necesario, a destruir su vocabulario. Es indispensable regresar a cero: en este sentido los jóvenes suelen darnos lecciones de verdadera intrepidez.

De las tendencias más modernas me parece interesante la de los objetistas. La irrupción del objeto me ha parecido muy oportuna: un movimiento se define como tal cuando se produce en el momento necesario. El objeto llega después de haberse conformado una sensibilidad con relación a él, caracterizada por una náusea ante las series. Los artistas toman conciencia de esta náusea y aíslan al objeto, lo oponen a la serie. Esta es una actitud legítima. ¿Es esto arte? Lo ignoro. ¿Es creación? Lo ignoro también. Pero nos encontramos ante este hecho y hay que admitirlo.

En un tiempo me acerqué al objeto, lo introduje como collage; me interesé por los materiales extraños al material tradicional de creación. Detuve, sin embargo, esta tendencia: no le veía muchas posibilidades de desarrollo.

La náusea ante las tiras cómicas ha tenido mucho que ver con la nueva figuración. Personalmente no creo en la imagen, pero me parece un esfuerzo interesante.

El cinetismo me parece una derivación de la pintura, no pintura en sí misma. Un esfuerzo decorativo, en función de la arquitectura, que caracteriza un momento en las artes plásticas. El op no me interesa realmente. Sólo Vasarely.

La Cuba que he visto está dada en la alegría que denotan todos los rostros.

Es raro ver una población tan compleja integrada a una alegría. Tan extraordinaria. Esto me ha impresionado: a mi entender este hecho augura éxitos a la causa cubana. Me parece imposible que no alcancen ustedes sus objetivos.

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