¿Estás trabajando en algún proyecto ahora mismo en tu estudio? Si es así, ¿podrías describirlo brevemente?

En estos momentos me encuentro preparando mi primer solo show en Los Angeles, inicialmente pensábamos presentarlo este año, pero dada las circunstancias decidimos moverlo para el próximo.

Muchos de los que conocen mi trabajo saben que la mayoría de mis piezas anteriores han sido de tipo audiovisual, aunque a causa de la pandemia el sobreconsumo de pantallas digitales generó una necesidad en mí de regresar a una práctica de tipo más sensorial y analógica.

Desde hace algún tiempo ya no me interesa trabajar en lo absoluto con agendas verbalmente muy definidas, pero la idea de hacer un tipo de arte que se parezca cada vez menos al arte sigue siendo mi mayor motivación para sentarme a trabajar todos los días.

Paralelo a esto, me encuentro desarrollando la metodología de trabajo y los primeros ejercicios creativos a manera de clips modulares para mi primer largometraje, que, con suerte, se empezaría a rodar en el año 2022 en colaboración con algunos de mis colegas más cercanos.

ʻMatches Scracht’, Benjamin del Castillo

¿Cuál es su receta para sobrevivir en un momento de casi sólo malas noticias?

“No consumirlas”, sería la respuesta más directa que pudiera dar, pero claramente es más complejo que eso. Ya sabemos que las noticias, junto a las redes sociales, tienen equipos de individuos muy competentes con herramientas muy sofisticadas para captar nuestra atención y mantenernos el mayor tiempo posible interactuando con los mismos pixeles. Es difícil para muchos de nosotros sencillamente desconectarnos repentinamente de estas pantallas, que no parecen ser otra cosa que pequeñas ventanas a un inminente futuro distópico. En mi caso, últimamente trato de concentrar mis energías en resolver los problemas más cercanos y los retos que surgen en mi realidad inmediata.

Unos meses después de que empezó la pandemia me encontraba leyendo algún artículo de esos repletos de gráficos fancy que parecen ser diseñados especialmente para elevar los niveles de cortisol, cuando recordé los amigos y familiares a los que aún no había contactado. Muchos de ellos inclusive se encontraban dentro del grupo de mayor riesgo de ser afectados por este virus. Sin embargo, ahí me encontraba yo, sentado, preocupado por un gráfico logarítmico.

Es un tanto absurdo la cantidad de tiempo que invertimos con metanarrativas que ni siquiera fueron creadas por nosotros, y que no tienen que ver en lo absoluto con nuestra realidad inmediata. Es aún mucho más raro cuando observamos la polarización y el daño que estas generan en nuestras comunidades.

Yo te diría que entender el verdadero poder que tiene el dónde enfocamos nuestra atención es probablemente la herramienta más poderosa para “sobrevivir” en estos tiempos.

Qué es algo que todos (cada uno de nosotros, personalmente) podríamos hacer para hacer del mundo un lugar mejor cuando este desastre llegue a su fin?

Para mí la receta estaría en ¿lo más opuesto posible al llamado distanciamiento social? Yo empezaría por ahí.

ʻLeave Your Paused Nintendo in Awkward Places’, Benjamin del Castillo

¿Cuál es la principal lección que el mundo del arte debería aprender de todo esto? ¿Cómo te imaginas la escena del arte posapocalíptico?

Creo que tanto la pandemia que estamos viviendo, como la situación que acabamos de pasar hace unos meses tras la muerte de George Floyd, han dejado claro cómo muchas instituciones establecidas y validadas por nosotros (los que producimos y consumimos arte) no han servido para nada o casi nada. Es cada vez más claro que los artistas y las instituciones de arte han dejado de tener relevancia en el diálogo contemporáneo, y eso es algo que quizás necesitamos repensar como comunidad.

La hiperinstitucionalización del arte es probablemente el mayor problema que debemos atender. Una práctica creativa, que responde cada vez más a agendas fabricadas por individuos con temor a perder un trabajo de 8 horas diarias en museos e instituciones, es extremadamente peligrosa para la libertad de expresión, de creación y el potencial de reinvención que tiene el arte en sí.

Tristemente, en este país los museos parecen diseñar cada vez más sus programas para una audiencia que entiende estos espacios como lugares donde vas a tomar selfies.

Por otro lado, con el resurgimiento, a través de las redes sociales, de la cultura “PC” (political correctness) parece cada vez más claro que las instituciones, al menos en Estados Unidos, operan principalmente entre dos estados no muy afortunados para la práctica cultural.

En primer lugar, tienen miedo de ser “canceladas” por prácticas “incorrectas”, como si en lugar del diálogo se hubiera impuesto el dictamen y la doctrina. En segundo lugar, tienes los intereses comerciales y políticos de los board members que las dirigen y financian.

El mundo del arte está cada vez más lleno de currículos, statements y, al mismo tiempo, más vacío de poder creativo. Yo diría que en algunas instancias se siente completamente anestesiado por retóricas que no estimulan la libertad de creación en lo absoluto.

La mayoría de nosotros hemos perdido de vista que, en principio, los artistas no están al servicio de las instituciones, sino todo lo contrario; como tampoco somos necesariamente una mera entidad productora de assets para coleccionistas e inversores que buscan diversificar su portafolio.

Me siento extremadamente positivo con lo que pudiera suceder en un futuro inmediato. Creo que para muchos ha quedado claro que a partir de estas crisis muchos de los paradigmas artísticos de las últimas décadas no son efectivos.

La necesidad de repensar este espacio que llamamos arte nos llevará a un lugar lleno de sorpresas muy fortuitas.

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SOLVEIG FONT
Solveig Font Martínez (La Habana, 1976). Licenciada en Estudios Socioculturales. Se desarrolló como especialista en artes plásticas en la Asociación de Artes Plásticas de la UNEAC y más tarde en la Galería Villa Manuela de la misma institución. Trabajó como curadora en la Fábrica de Arte Cubano (FAC) hasta el 2015. En el 2014 fundó el espacio de arte Avecez art space, donde ha trabajado con artistas y curadores nacionales e internacionales. Ha realizado mas de veinticinco exposiciones dentro y fuera de Cuba. Ganó en 2015 la Residencia de RCAAQ en Montreal, Canadá.
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