Presentación

Durante su azarosa y difícil vida en Cuba, Reinaldo Arenas (1943-1990) vio su obra saboteada y censurada múltiples veces y de muchas maneras. Primero, en concursos literarios ante jurados escasamente imparciales que postergaron sus primeras obras a favor de las de otros, mediocres y edificantes. Después, ante burócratas incapaces, ávidos de poder, a cargo de editoras estatales. Y más tarde, cerradas las puertas de aquel monopolio, ante el castigo de la policía por haberse atrevido a sacar sus manuscritos del país y verlos publicados. “Todo quedó”, resume en sus memorias, “como que yo era un contrarrevolucionario que había sacado mis manuscritos fuera de Cuba, que había publicado todo aquello, y que ahora me arrepentía y prometía no tener nunca más contacto con el mundo occidental, ni escribir una línea contra la Revolución cubana”.[1]

El dossier que hoy presentamos documenta los azares editoriales de las dos primeras obras de Arenas, Celestino antes del alba y El mundo alucinante, sobre todo de la segunda. Para ello echamos mano a la correspondencia entre el autor y quien fuera su primer editor, el escritor y crítico Emmanuel Carballo (1929-2014), otrora dueño de la mexicana Editorial Diógenes. El archivo de Carballo y su empresa, hoy en depósito de la Biblioteca Nettie Lee Benson de la Universidad de Texas en Austin, contiene las cartas y otros documentos que editor y autor intercambiaron entre 1968 y 1981, y que revelan las dificultades que sostuvo Arenas en sus inicios de escritor, no solo con la burocracia del régimen sino, en un final, con el propio Carballo. Suplementamos este archivo con documentos pertinentes de los Reinaldo Arenas Papers, de la Firestone Library en Princeton.

Si las memorias de Arenas no fueron demasiado elocuentes sobre su relación con Carballo, en cambio el editor sí llegó a escribir ampliamente sobre ella en su Diario público, 1966-1968 (2005), donde narra numerosas anécdotas sobre sus sucesivos viajes a La Habana y su trato con escritores y funcionarios.[2] Según este, se conocieron en 1968, en medio de agotar los recursos para publicar El mundo alucinante en Cuba, y mucho “después del concurso” de la UNEAC que en 1966 le había otorgado la conocida mención.[3] Carballo se interesó en conocer personalmente a Arenas a instancias de Camila Henríquez Ureña, que había defendido la novela en el mismo jurado que le negó el primer premio. Inicialmente el interés de Carballo era hacer la edición mexicana de Celestino antes del alba, la primera novela, para lo cual obtuvo luz verde de Arenas y pidió permiso del Instituto del Libro, la entidad donde a la sazón laboraba Arenas. Sin embargo, las autoridades cubanas hacen caso omiso al pedido, muy a pesar de haberse palabreado. Ante este primer obstáculo Arenas le escribe por primera vez (25 de marzo, 1968) pidiéndole carta “confirmando lo que tú y yo sabemos: que vas a publicar Celestino antes del alba y que solicitas el permiso para la publicación de El mundo alucinante”. La misma carta anuncia al final que “la edición francesa ya sale en estos meses; la cubana saldrá para fines de año”. Apenas tres semanas después, el gerente de Diógenes, que no Carballo, confirma el interés en publicar ambas novelas, puntualiza que primero saldrá la novela inédita y después la otra, y solicita copia del manuscrito de aquella junto con datos personales a fin de extender un contrato.

A esta última contesta Arenas (24 de mayo) confirmando envío del manuscrito por vía diplomática, la Sociedad de Amistad Cubano-Mexicana —que en aquel entonces Carballo por cierto presidía– y alertando que la editorial francesa le haría llegar otra copia. Será esta la primera de innumerables intentonas por entregarle el manuscrito a Carballo. Por ejemplo, sin evidentes noticias, Arenas vuelve a la carga el 7 de agosto pidiendo acuse de recibo y descartando una hipotética edición cubana. A casi tres meses (20 de octubre), y con evidente cifra que intenta burlar la persistente censura del correo, vuelve a enviar un llamado capítulo (“En la estación de la calma”) “en cuatro sobres” por medio de María Rosa Almendros, entonces funcionaria de Casa de las Américas.  Lo mismo ocurre el siguiente 27 de noviembre, pidiendo acuse de recibo de aquel “capítulo”, y además señalando que ha enviado otras copias (“por la Casa, por correo, por gentes que iban a Europa”). Justo dos semanas antes, la editorial parisina Du Seuil le escribe a Carballo pidiendo acuse de recibo del manuscrito que, por su parte, le había sido enviado.

Finalmente, según apunta Carballo en Diario Público: “La manera más operante y sencilla de que El mundo llegara a México consistía en que yo trajese el manuscrito de la isla” (539-540). Pero el editor enseguida añade, contradiciendo así el decidido interés que demuestra la correspondencia hasta la fecha: “Como la obra, aún inédita, no estaba ‘oficialmente’ prohibida me pareció que propiciar su edición en México era una cuestión de salud pública” (540). ¿Era esa “cuestión” burla o apoyo de la censura en Cuba? En todo caso, queda claro que en algún momento entre fines de noviembre de 1968 y marzo del siguiente año, Carballo vuelve a viajar a Cuba, obtiene el manuscrito, luego de un año de fracasados intentos; sin embargo, no llega a firmar un contrato con Arenas, según consta en otro documento que luego veremos. Al menos tales datos se coligen de la carta (17 de marzo, 1969) donde, refiriéndose a otra del propio Carballo a Lezama Lima, dice alegrarse de “la noticia de la publicación de mi libro”. Valga la observación que entre los papeles de Carballo no figura ninguna notificación directa al autor de esta importante noticia, como tampoco hay evidencia de que en efecto se firmó aquel anunciado contrato. Sí comenta Arenas, en cambio, junto a la noticia de la inminente aparición de la edición francesa, que “la edición española de El mundo no entraba dentro del contrato estipulado” (con Du Seuil presumiblemente), y que por tanto Diógenes no debía tener pago de derechos.

Para el 21 de mayo, fecha de la siguiente carta a Carballo, la situación de Arenas da más graves señales. Le informa, por ejemplo, que acaba de pasar “un mes en la agricultura por la Jornada de Girón”; y a pesar de que le anuncia la salida de la edición francesa, también se queja de que no le llegan ejemplares, como tampoco, según otro clamor (“por la Virgen de Guadalupe te lo ruego”), parece haberle llegado ejemplares de la mexicana, tal como comprueba otra posterior (31 de mayo). Con acierto Carballo recuerda que para entonces la situación de Arenas “ante las autoridades y la sociedad de escritores no era mala sino pésima” (540), aunque ese recuerdo no le alcanza para explicar por qué aún no le había enviado ejemplares al autor. Dos meses antes (22 de marzo), Arenas ya se había quejado a Rolando Rodríguez que, a pesar de múltiples aprobaciones por parte de las instituciones pertinentes, no se hubiese aprobado aún la edición cubana, y ante el prolongado silencio del burócrata vuelve a la carga (15 de julio), esta vez con copia a más de una docena de funcionarios e instituciones. Entre estas, la Editorial Diógenes, a la que el siguiente día le acusa recibo de diez ejemplares.[4]

Sin contar una tarjeta de navidad a finales de diciembre de 1969, la correspondencia salta dos años (3 de marzo, 1971) para expresar decepción ante el desencuentro con Carballo durante su más reciente visita a La Habana, y de paso pedirle más ejemplares de la novela, tanto de la edición mexicana como de otra pirata argentina, amén de otros libros. Más adelante, en su Diario público, Carballo afirmará que “La última carta que conservo de Reinaldo está fechada en Nueva York el 9 de enero de 1980” [por error: 1981]) (542). Sin embargo, en su propio archivo obra una anterior (5 de agosto, 1971) y sin duda más patética, donde Arenas le vuelve a pedir cinco de los diez ejemplares que le había reclamado seis meses antes, le cuenta que se encuentra “haciendo trabajo voluntario por algunos meses”, y le ruega le envíe “un pequeño radio portátil, pues como podrás imaginar, estoy bastante solo en el campo”. Omitir de su posterior recuento esta patética carta del autor (y por tanto desprender que nunca se la contestó) deja una primera y grave mancha ética en la obra del editor Carballo.

Porque no será la única. Entre tanto, el 6 de mayo de 1980, nada menos que nueve años después de esa última carta desde Cuba, Arenas llega a Estados Unidos en el éxodo del Mariel. Significativo resulta que es en Princeton donde obran los papeles de Arenas, pero no en el archivo de Carballo, donde aparece una respuesta de Carballo (5 de diciembre, 1980) a otra de Arenas, al parecer perdida del 18 de noviembre, donde por vez primera le reclamaba, después de once años, lo que le correspondía de sus ediciones. “Por supuesto que no hay ningún inconveniente en el pago de los derechos que te corresponden por Fray Servando (sic)”, le contesta el editor. En Princeton obra también un segundo reclamo de Arenas (9 de enero, 1980 [por error: 1981]) que dice no haber “tenido más noticias” de esos derechos; al igual que obra una tarjeta (18 de diciembre, 1980), evidente respuesta a la carta de Carballo del 5 de diciembre, enviada desde Miami, anunciándole su inminente mudada a Nueva York y diciéndole que espera “el pago que mucha falta me hace pues en mi carácter de recién llegado, estoy con la única muda de ropa que me dejaron traer”. La consiguiente respuesta de Carballo (23 de enero, 1981) —adosada, por cierto, a la de Arenas— reitera: “no olvido la deuda que Diógenes tiene contigo, simplemente la pospongo unos días: creo que te giraré los dólares a mediados de febrero”. Desde luego, no hay evidencia de que esos pagos se hicieron jamás, como tampoco figura ninguna de estas frases en el posterior recuento del Diario público. La siguiente despedida cierra la carta de Arenas (9 de enero, 1981) a Carballo: “Con saludos amistosos y con el mejor de los deseos por un año nuevo feliz”; a su vez, la tarjeta cierra: “Un gran abrazo y los mejores deseos de tu amigo”. Sin embargo, Carballo llegará a quejarse que en ella(s) Arenas ofrece “una imagen ácida del último Reinaldo” (543). En sus memorias la sentencia y conclusión de Arenas sí fue contundente:

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Emmanuel Carballo, que había hecho más de cinco ediciones de El mundo alucinante y nunca me había pagado ni un centavo, ahora me escribía una carta, indignado, donde me decía que en ningún momento yo debí haber abandonado Cuba, y por otra parte se negaba a pagarme; todo eran promesas, pero el dinero nunca llegó, pues aquella era una manera muy rentable de practicar su militancia comunista. (308)

De la flagrante inmoralidad del editor obran igualmente en Princeton al menos otras dos evidencias. Las precedimos advirtiendo otro documento del archivo de Carballo: la carta de Thomas Colchie del 18 de febrero de 1981 donde, como agente literario, le advierte de las ediciones indebidas que se había hecho, le reclama la deuda con el escritor, y le ofrece firma de futuros contratos, confirmación esta de que Arenas y la Editorial Diógenes nunca habían firmado contrato por El mundo alucinante. En cambio, contrástese la advertencia de Colchie con las siguientes dos evidencias ad hoc.

1) Un “Contrato de edición” (15 de octubre, 1980) entre Montesinos Editor de Barcelona y la Editorial Diógenes de México, en el que esta entidad se apropia de los derechos de El mundo alucinante y Carballo firma en nombre de Arenas. Para ello no podría haberse alegado desconocimiento de que Arenas ya no vivía en Cuba, aun asumiendo que ese lugar de residencia le hubiese prohibido recibir derechos de autor. La carta de Carballo del 5 de diciembre, que ya sabemos solo obra en Princeton, alude a la entrevista con Santí en Miami del 8 de junio de 1980 publicada en la revista Vuelta (n. 47, octubre, 1980) donde Arenas relata la odisea de su salida de Cuba en mayo del mismo año. Es decir, en los precisos momentos en que el editor le asegura al autor pagos correspondientes de las ediciones de su novela, ese mismo editor continuaba esquilmándolo, firmando espurios contratos en su nombre. La última página de este contrato lleva una nota al margen de puño y letra del propio Arenas en la que protesta: “!Esta firma es la de Carballo, no la mía!”.

2) Obra en el mismo archivo Benson copia de carta con fecha de 20 de noviembre de 1981 de Japan Uni Agency de Tokyo a Carballo en la Editorial Diógenes donde se le solicita prórroga del contrato a publicar de El mundo alucinante en traducción japonesa que en principio tendría que haber salido el anterior 28 de octubre de 1979 y ahora se pospone a 31 de diciembre de 1982. Es decir, una vez más queda claro que Carballo y la Editorial Diógenes firmaron al menos un contrato más sin permiso de Arenas. En los precisos momentos en que le aseguraba que le pagaría sus derechos acumulados y correspondientes, Carballo tampoco le informó al autor sobre esta transacción.[5]

El archivo Carballo guarda, además de la correspondencia, el borrador del texto sobre Arenas que incluye Diario público. El borrador cita a su vez de las cartas, que en la mayor parte reproduce íntegramente, aunque a veces utiliza solo fragmentos. En estos casos las copias de esas cartas notan al margen “utilizada parcialmente” en lo que podría ser memorandos o indicaciones al mecanógrafo. En al menos un caso, la última que cita (23 de enero, 1981), Carballo la utiliza, en efecto, parcialmente con propósitos igualmente espurios: no solo omite así la segunda promesa de pago de derechos, sino que crea una respuesta ficticia donde explica, o dice reiterar, las razones por las que no los ha pagado. Además de que el texto de esa ficción no obra como carta aparte en ninguno de los dos archivos que hemos revisado, se trata de una superchería por parte del editor-memorialista. El fraude resulta evidente cuando se cotejan la carta original y el borrador de su puño y letra. El pretexto también queda claro. La denuncia de Arenas en sus memorias le atribuye a Carballo otra carta, que no hemos encontrado en ninguno de los dos archivos, donde “me decía que en ningún momento yo debí haber abandonado Cuba”. Nuestra hipótesis es que, en la redacción de sus memorias, ya enfermo de muerte, Arenas confundió, o mejor dicho, fundió, las figuras de Carballo y del crítico uruguayo Ángel Rama, igualmente editor de su colección de cuentos Con los ojos cerrados. En 1980 Rama sí escribió un artículo (“Reinaldo Arenas al ostracismo”) en el que decía, para citar al propio Arenas, que “era un error que yo hubiese abandonado el país”. En todo caso, y al cabo de los años, cuando Arenas ya no podía responder, Carballo utilizó esa laguna para fraguar la ficción de una respuesta que justificara su decisión de no pagarle derechos: “No pago derechos de autor y autorizo a cualquier editor que lo desee a apropiarse, sin formalismos, de mis libros: son de todos” (544). Pero ya vimos, en el caso de los espurios contratos con Montesinos Editores y Japan Uni Agency —tal vez haya otros– la rotunda falsedad de esa presunta política editorial.

Al cabo de nuestra presentación resaltan al menos dos conclusiones sobre la conducta criminal que evidencia. Primero, que no ha sido único en su especie el caso de las desavenencias de Reinaldo Arenas al inicio de su carrera con un editor oportunista. Miles de artistas, tanto dentro como fuera de Cuba han visto sus obras saqueadas por abusivos, inescrupulosos mercaderes que durante años aprovecharon, y aun aprovechan, el caos legal del régimen cubano en torno al tema de la propiedad privada, y en particular de los derechos de autor. La segunda conclusión se deriva de la primera: editores buitres como Carballo no habrían prosperado sin la tácita anuencia, o complicidad explícita, de los burócratas incompetentes, cuando no corruptos, del gobierno cubano. Hoy la situación ha cambiado, pero persisten algunos efectos. Véase el caso del exitoso novelista Leonardo Padura, que disfruta excepcionalmente del privilegio de publicar en el extranjero sin obstáculo gubernamental, a diferencia de muchos colegas escritores que a diario ven sus obras censuradas o bloqueadas en evidente ejercicio de discriminación. Publicar libremente es, o debería ser, derecho de todos, no privilegio de unos cuantos. Ya es hora de que figuras como Padura ejerzan su influencia para que no vuelvan a repetirse casos como el de Reinaldo Arenas, o el de los que hoy padecen ese mundo alucinante.

Nivia Montenegro (Pomona College)
Enrico Mario Santí (Claremont Graduate University)

Nota editorial

Los documentos que aquí se presentan han sido digitalizados por los autores del dosier, los profesores Nivia Montenegro y Enrico Mario Santí. Para este expediente, las copias digitales han sido editadas en pos de optimizar su calidad. Asimismo, casi la totalidad de los documentos ha sido transcrita, para facilitar la navegación y la función de búsqueda al interior de las entradas en la web. En cada una de estas, el lector podrá hallar pues, en un principio, la transcripción y, al final, la visualización del documento original.

Documentos

  1. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 25 de marzo de 1968.
  2. Carta de Editorial Diógenes a Reinaldo Arenas. 17 de abril de 1968.
  3. Carta de Reinaldo Arenas a Editorial Diógenes. 24 de mayo de 1968.
  4. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 7 de agosto de 1968.
  5. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 17 de octubre de 1968.
  6. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 20 de octubre de 1968.
  7. Carta de Editions Du Seuil a Ediciones Era. 14 de noviembre de 1968.
  8. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 27 de noviembre de 1968.
  9. Carta de Ediciones Era a Editions Du Seuil. 7 de enero de 1969.
  10. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 17 de marzo de 1969.
  11. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 21 de mayo de 1969.
  12. Tarjeta postal de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 31 de mayo de 1969.
  13. Carta de Reinaldo Arenas a Rolando Rodríguez. 22 de enero de 1969.
  14. Carta de Reinaldo Arenas a Rolando Rodríguez. 15 de julio de 1969.
  15. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 16 de julio de 1969.
  16. Telegrama de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 25 de julio de 1969.
  17. Tarjeta postal de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. Diciembre de 1969.
  18. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 3 de marzo de 1971.
  19. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 5 de agosto de 1971.
  20. Carta de Margarita Anderson Imbert a Emmanuel Carballo. 10 de noviembre – 9 de diciembre de 1977.
  21. Carta de Emmanuel Carballo a Margarita Anderson Imbert. 9 de enero de 1978.
  22. Contrato de Ediciones Montecino con Editorial Diógenes. 15 de octubre de 1980.
  23. Carta de Emmanuel Carballo a Reinaldo Arenas. 5 de diciembre de 1980.
  24. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 18 de diciembre de 1980.
  25. Carta de Reinaldo Arenas a Emmanuel Carballo. 9 de enero de 198[1].
  26. Carta de Emmanuel Carballo a Reinaldo Arenas. 23 de enero de 1981.
  27. Carta de Thomas Colchie a Emmanuel Carballo. 18 de febrero de 1981.
  28. Carta de Japan Uni Agency a Editorial Diógenes. 20 de noviembre de 1981.
  29. Manuscrito de Emmanuel Carballo para Diario público. 1966-1968 (2005).

Créditos

Para los documentos provenientes de la Biblioteca Benson: “Emmanuel Carballo Papers”, Benson Latin American Collection, LLILAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

Para los documentos provenientes de Princeton: “Reinaldo Arenas Papers”, Rare Books and Manuscripts Library, Firestone Library, Princeton University.


Notas:

[1] Antes que anochezca (Barcelona: Tusquets, 1992), 230.

[2] Emanuel Carballo: Diario público, 1966-1968, México D.F., CONACULTA, 2005, pp. 535-545.

[3] Para la historia de su publicación ver El mundo alucinante. Una novela de aventuras, ed. de Enrico Mario Santí, Madrid, Cátedra, 2008.

[4] En carta a Jorge y Margarita Camacho con fecha del 9 de septiembre de 1969 les dice: “Para ustedes les envío un ejemplar de la edición mexicana de El mundo alucinante, ejemplar que milagrosamente cayó en mis manos. Como verán la edición no ha sido tan buena como la francesa; no han respetado la forma en que, originalmente, estaban numerados los capítulos, etc. En fin, esa editora mexicana es una simple institución comercial que solo quiere hacer dinero”, en Cartas a Margarita y Jorge Camacho (1967-1990), Ed. Margarita Camacho (Sevilla, Point des Lunettes, 2010), 44.

[5] En carta a los Camacho con fecha de “agosto de 1990” les dice: “Tengo ante mí una edición lujosa de El mundo alucinante hecha en Japón el año pasado; le mandé copia de la misma a Colchie y me dijo que no estaba enterado de nada y que además no podía cobrar nada en virtud de no sé qué extraña ley. Increíble pero cierto”, Cartas, 326.

* Este expediente ha sido coordinado por Nivia Montenegro y Enrico Mario Santí, quienes desean expresar su agradecimiento por la ayuda hemerográfica a Dylan Joy y Carolina Rodriguez Azza, ambos de la Universidad de Texas en Austin.

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Nivia Montenegro es especialista en literatura y cultura latinoamericanas de los siglos XX y XXI. Ha publicado numerosos trabajos sobre escritores cubanos y cubanoamericanos, en particular, sobre Guillermo Cabrera Infante, incluida una antología de sus obras y una edición crítica de su obra maestra, Tres tristes tigres (1967). También escribe sobre la literatura y la historia del exilio cubano, incluyendo a autores como Lydia Cabrera. Recientemente ha coeditado Libro de Arenas: Prosa Dispersa 1965-1990, una recopilación de la obra de Reinaldo Arenas. Enrico Mario Santí es escritor, profesor y estudioso de literatura. Luego de una carrera académica de cuatro décadas en Estados Unidos, durante las cuales ha producido doce libros y veinte ediciones críticas, vive actualmente en California y se desempeña como investigador en la Claremont Graduate School. Tiene en su haber diez libros, dieciocho ediciones críticas (entre ellas, de clásicos hispanoamericanos como El laberinto de la soledad y Canto general), y más de cien ensayos, reseñas y entrevistas.

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