La fotografía de Josefina Tarafa se expondrá por primera vez en Miami

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Josefina Tarafa con su perro Cocuyo, Roma, 1964 (FOTO Cuban Heritage Collection)

La exposición Remaking Miami: Josefina Tarafa’s Photographs of the 1970s, que se exhibirá en la sala de la Cuban Legacy Gallery, en la Torre de la Libertad de Miami, será la primera muestra individual de la fotógrafa cubana Josefina Tarafa (La Habana, 1907-Miami, 1982). La exposición se encuentra en la etapa final de su proceso de instalación y se abrirá al público cuando las condiciones impuestas por la Covid-19 lo propicien. Su clausura está programada para febrero del año próximo.

Remaking Miami… abarca un segmento del extenso ensayo fotográfico que Josefina Tarafa realizara en Miami durante los años setenta y resarce, en parte, el olvido que ha sufrido su obra, tanto en Cuba, donde inició su producción en los años cuarenta, como en Estados Unidos, país en el que realizó una de sus más elocuentes exploraciones visuales.

Considerada la más importante entre las fotógrafas cubanas modernas, Josefina Tarafa se exilió en Roma en 1960 y en la década del setenta visitó en numerosas ocasiones la ciudad de Miami. En 1982, cuando muere en esa ciudad, llevaba muy poco tiempo radicada en ella. Perteneció a la renombrada familia Tarafa, poseedora de la Azucarera Central de Cuba, uno de los grupos azucareros más importantes de la isla anterior a 1959. Hija del coronel del Ejército Libertador Cubano José Miguel Tarafa, formó parte de una de las familias más acaudaladas del periodo republicano, lo que la llevó a exiliarse después del triunfo de la Revolución cubana.

Josefina Tarafa desarrolló algunos de los proyectos más ambiciosos de la fotografía cubana durante las décadas del cuarenta y el cincuenta, experiencias nunca antes realizadas que aprovechaban antropológicamente la fotografía en la búsqueda de lo que se denominó como “lo cubano”.

Como advierte el investigador, curador y editor José Antonio Navarrete, comisario de la muestra, “al extenso archivo fotográfico sobre las tradiciones y las manifestaciones de la religiosidad de las culturas afrocubanas, se unió otro en el que compiló un registro exhaustivo de la arquitectura habitacional e industrial de los ingenios de la etapa colonial en Matanzas, trabajando en veinte de ellos que quedaban en pie a mediados del siglo XX.”

Archivos que, a pesar del nivel informativo que poseen, superan al de la simple ilustración y se establecen, dentro de la de la antropología visual, como textos culturales. Consideradas como textos, las fotografías de Tarafa deben asociarse a su propio contexto de producción, teniendo en cuenta que el dispositivo fotográfico es un dispositivo culturalmente codificado.

Bajo este presupuesto, el ensayo visual que se expondrá en la Cuban Legacy Gallery capta, a partir de microrelatos, la puesta en escena de una ciudad que, en los años setenta, era transformada por “el influjo del joven exilio cubano y la constitución de una nueva comunidad, la cual fue un factor decisivo en el paso de la ciudad de decaído balneario americano a centro urbano multicultural de peso internacional”.

Remaking Miami… se expondrá en la Torre de la Libertad, lugar que funcionó como centro de recepción para refugiados cubanos entre 1962 y 1974. El edificio, conocido como El Refugio, es un símbolo del éxodo cubano a Estados Unidos, un hecho antropológico que –aun poco estudiado en los setenta– fue central en la investigación de Josefina Tarafa. La fotógrafa cubana enfatizó en las relaciones de los primeros exiliados cubanos con su entorno y en cómo se establecieron en el espacio de la ciudad.

El cuerpo fotográfico que se expondrá como parte de la Remaking Miami: Josefina Tarafa’s Photographs of the 1970s puede verse como un documento antropológico esencialmente artístico. A propósito de la muestra, conversamos con su curador, el experto en fotografía José Antonio Navarrete.

¿A qué cree que se deba esta especie de “olvido” que ha ocultado la obra de Josefina Tarafa? 

Creo que hay varios aspectos a analizar para entender mejor la circunstancia de “olvido” de la obra fotográfica de Josefina Tarafa y, más allá incluso de esta, del papel que su autora tuviera –y debe volver a ocupar– en la historia de la cultura cubana.

Por un lado, hay que tener en cuenta que ella fue una mujer acaudalada que salió de Cuba hacia el exilio en Europa en 1960. La dictadura pos 1959 la incluyó en el saco de los etiquetados como “apátridas” y “entreguistas”, acorde con la narrativa aburrida y simplista que construyó sobre la élite económica, social y política de la Cuba republicana. Por el otro, su actividad como fotógrafa interesada profundamente en la configuración de lo que, en el lenguaje del discurso cultual moderno del país, fuera denominado como “lo cubano”, estuvo parcialmente vinculada durante los años cuarenta y cincuenta a su gran amiga Lydia Cabrera, otra proscrita de la cultura oficial del castrismo hasta fecha relativamente reciente.

La mayor parte de las fotografías que ilustran El Monte, libro de Lydia publicado en La Habana en 1954, son de la autoría de Josefina Tarafa. Pero, ¿quién se ha puesto a mirar esas fotografías más allá del carácter de ilustración con que fueron usadas para investigar el proyecto antropológico visual que hay detrás de ellas? Podría ser que el enorme peso cultural de la obra de Lydia Cabrera también haya contribuido a opacar, a pesar de la modestia de su autora, el papel de sus colaboradores. Josefina, además, era discreta, con una personalidad muy fuerte, pero que hizo poco por su visibilidad autoral.

Es finalmente en el libro La laguna sagrada de San Joaquín, de 1973, que Josefina tiene un crédito destacado como fotógrafa. Ese libro, desafortunadamente, no tuvo una impresión que hiciera justicia a sus fotografías. Por último, poco se ha hecho en el exilio cubano, hasta fecha reciente, para rellenar las enormes lagunas que tiene el discurso cultural de la nación –un concepto que me parece peligroso en su uso, pero que tomo aquí en lo que de positivo puede haber en él– construido en Cuba a partir de 1959, hoy todavía fuerte allí.

Fachada de Ebenezer, una agencia de envíos de ropas y medicinas de Miami a Cuba, Miami, Florida, Josefina Tarafa, 1970s (FOTO Lydia Cabrera Papers. Cuban Heritage Collection)

¿De dónde proceden las fotografías que formarán parte de Remaking Miami: Josefina Tarafa’s Photographs of the 1970s?

Hasta donde sé son dos instituciones las que guardan acervos importantes de Josefina Tarafa. Una es la Dirección de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura de Cuba, que tiene –supongo que todavía lo tiene– un archivo de uno de los grandes proyectos documentales de Josefina. La otra es la University of Miami, en la sección de su biblioteca y archivos que se denomina Cuban Heritage Collection.

Allí, en los Lydia Cabrera Papers, entre otras cosas de Josefina hay una colección de alrededor de 150 fotografías en formato postcard que fueron hechas en Miami por ella en sus frecuentes viajes, desde Europa hasta Miami, durante los años setenta.

En este sentido, quisiera agradecer a quienes creyeron en este proyecto desde su inicio. En especial a Rina Carvajal, directora del Museum of Art and Design del Miami Dade College, que también conduce la programación de la Cuban Legacy Gallery de las Miami Dade Special Collections, con sede en la Torre de la Libertad, y a Liz Cerejido, directora de la Cuban Heritage Collection de la University of Miami.

¿Qué criterio curatorial quiere defender con esta exposición?

Seleccioné treinta fotos de ese ensayo para hacer la muestra, las cuales fueron trabajadas, ampliadas e impresas por un experto según requerimientos museísticos. No cabían más en el espacio donde se exhibe la muestra, pero hubiera podido seleccionar alrededor de un centenar, contando con que hay en la totalidad del conjunto algunas tomas repetidas del mismo referente hechas desde distintos ángulos.

En esta muestra me han interesado tres cosas fundamentalmente: hacer visible un pequeño segmento del trabajo de Josefina; la construcción de un marco teórico y crítico que proporcione un punto de vista para abordar su larga carrera como fotógrafa; y contribuir, en la medida de mis posibilidades, como cabe suponer, a rescatar un episodio de la compleja relación cultural entre Cuba y Miami a través de la obra de un personaje de excepción.

¿Cómo pudiéramos, desde hoy, entender y asir la obra de Josefina Tarafa?

Una pregunta como esta me deja con poco aire para respirar. El brochure que se va a publicar para acompañar la exposición contiene un largo ensayo que escribí, y tengo mucho material adicional con el que puedo seguir trabajando otros acercamientos a la trayectoria de Josefina en distintos ámbitos y, por supuesto, en este de la fotografía. Pero me interesa particularmente que el universo de la cultura artística y literaria, así como el de los estudios antropológicos, históricos y sociológicos, volteen su mirada hacia el legado de Josefina.

Fachada de la Academia Cubana de Ballet, Coral Gables, Florida, Josefina Tarafa,1970s (FOTO Lydia Cabrera Papers. Cuban Heritage Collection)

La exposición se concentra en las fotografías que hizo Josefina en los años setenta en Miami. ¿Por qué seleccionó este periodo? 

Como pasa a veces con las fotografías de aquellos fotógrafos culturalmente informados que han desarrollado trabajos creativos de buen nivel, algunas de las imágenes que hizo Josefina en Miami han circulado para identificar los sitios a que remiten: por ejemplo, la fachada del Patronato Teatro Las Máscaras de Miami, de 1976. La he visto por ahí sin crédito inclusive.

El asunto es que el ensayo que hizo Josefina en Miami es no sólo su último gran proyecto fotográfico, sino un proyecto de envergadura y muy avanzado para su época. Ese trabajo se sitúa en el espacio de encuentro de la antropología urbana –registra referentes urbanos– y la antropología visual.

No es exactamente un trabajo sobre Miami, como parece a simple vista: es un trabajo de antropología cultural sobre procesos de translocación cultural y transculturación. Es, además, un trabajo visualmente muy sofisticado. Josefina utilizó los signos lingüísticos del español diseminado en nombres de negocios, productos y propaganda de servicios para discursar sobre cómo el exilio cubano estaba rehaciendo la ciudad en distintos órdenes.

Es un ensayo sobre el poderoso efecto de la inmigración cubana en Miami, y uno de esos escasos trabajos que, a escala internacional, se plantearon por entonces una documentación de los procesos y transformaciones culturales relacionados con los procesos migratorios que estaban dándose.

Ella entendió la fotografía como una herramienta para la investigación cultural y, además, tenía una gran sensibilidad artística. Si no hubiera hecho antes en Cuba su poderoso registro de las tradiciones y manifestaciones religiosas de las culturas afrocubanas, así como su documentación prolija de las distintas formas de arquitectura de los ingenios azucareros del siglo XIX, bastaría este único trabajo para situar en un lugar de primer orden el legado fotográfico de Josefina.

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