En abril de 1981, visitamos por primera vez Princeton. Apenas si pudiéramos explicar la causa que nos llevó a escoger este pueblo universitario como nuestra segunda “patria”. Belkis se enamoró de él a primera vista, pero a Heberto le dejó indiferente: “Un pueblo norteamericano como cualquier otro”, dijo.
Sin embargo, lo que no sabíamos entonces, era que Princeton había estado presente ya en la cabeza de otros dos editores de revistas, José Rodríguez Feo y José Lezama Lima, que publicaron Orígenes. José Rodríguez Feo estudiaba en Princeton y desde acá sostenía una vital correspondencia con Lezama Lima. Princeton iba y venía en las cartas entre los Estados Unidos y La Habana, en fecha tan remota ya como 1947.
Belkis había creído siempre, antes de conocer con exactitud la correspondencia de estos dos personajes, que en este pueblo había gato encerrado, es decir, que algún misterioso y —por qué no— espíritu burlón le había hecho creer que Princeton era el lugar ideal para vivir, hacer un hogar y, lo más terrible, publicar una revista especializada en la literatura cubana e hispanoamericana.
Fuimos a alquilar una casa a la calle Linden Lane, y aunque sólo permanecimos un año y pico en ella, a la hora de decidir el nombre que le pondríamos al magazine, se escogió el de la calle. Hubo, dudas, sin embargo, entre éste y 76 1/2, que era el número de la casa que habitábamos.
Si ella, Belkis, hubiera sabido a ciencias ciertas lo que significaba emprender una aventura como la de publicar una revista literaria, no lo hubiera ni pensado. Pero la vida programa con mucha anticipación sus actos, y Princeton, con fantasma o sin él, fue el lugar del asentamiento.
Nuestro fantasma, ese que nos trajo y nos ubicó acá, pudiese muy bien ser el espíritu del Padre Félix Valera, que vivió y publicó El Habanero, desde Filadelfia; o el de la Condesa de Merlín en su viaje a esa ciudad, en las diligencias de la época. O quizás alguna visita de recreo o algún cumplido social de José Martí, radicado durante quince años en la casi vecina ciudad de Nueva York. O el de algunos de los cubanos que trabajaron en ella y que también tuvieron imprentas, revistas, o fueron poetas del destierro. O Juana Borrero, cuyo tío, Adolfo Fierra, vivió en Filadelfia en las últimas décadas del XIX.
Lo cierto es que el fantasma —quienquiera que sea— nos trajo hasta acá. Y este ha sido el hogar de Linden Lane Magazine desde que apareció por primera vez en marzo de 1982.
La entrada en nuestra primera década de trabajo, sin apoyo económico alguno, ha sido una verdadera hazaña. Pero aquí estamos, sobreviviendo a los vendavales, a los que imaginaron que LLM no llegaría a donde hoy. Y no sólo estamos acá, con 32 números publicados, sino con la satisfacción y la alegría de saber que la literatura cubana del exilio está más viva que nunca. La muestra está a la vista.
Y porque son tantos y tan buenos los escritores y artistas cubanos que trabajan lejos de su patria, es que, a pesar de ser este un número doble, hemos tenido que dividir los materiales y dedicar el próximo también a la literatura y el arte fuera de Cuba.
La convocatoria estuvo abierta a todos. La recepción fue enorme. Si algún que otro nombre faltase a la lista impresionante de estos dos números, no le quede dudas, lector, de que no hemos censurado a nadie. Motivos personales los habrán llevado a no participar en esta muestra, pero nunca nuestra mordaza ni nuestra indiferencia. En LLM hemos acogido a todos, incluso a los que no han tenido siempre la actitud más amistosa hacia nosotros.
Nos causa mucha satisfacción saber que el escritor Reinaldo Arenas, que fue invitado a colaborar con nosotros desde la fundación de este magazine, en calidad de asesor, a petición nuestra, envió un capítulo de su novela inédita “El color del verano”.
Nos satisface que este gran escritor, que no hace mucho nos acusara públicamente de agentes de Fidel Castro, rectificara de esta manera sus injustos ataques. La política, que siempre ha sido y parece que será sucia, apasiona a los seres humanos, al extremo de hacerles perder la cordura. Reinaldo está muerto, acaba de suicidarse, pero Linden Lane Magazine, quiere expresar su duelo por esa pérdida enorme para la literatura cubana, y dejar claro que sentimos como nuestra su tragedia. Fue un amigo de muchos años, nos conocíamos bien allá y acá, pero el exilio es, como decía el poeta turco Nazim Hitmet, un duro oficio. LLM se siente muy honrada con tener entre sus páginas esa colaboración de uno de nuestros más grandes escritores.
Este esfuerzo, que va a entrar en una década, no hubiese sido posible sin la cooperación, el entusiasmo y el cariño de todos los colaboradores y lectores. Cubanos, latinoamericanos todos y norteamericanos, depositaron su confianza en LLM. Ojalá que nunca los defraudemos, y que podamos seguir contando con ustedes. Nuestra divisa ha sido la independencia y la honestidad. Los escritores y artistas cubanos que aquí y en el otro número aparecerán, saben que LLM les ha dado refugio, que ha tratado, dentro de lo posible, de luchar contra el desamparo, contra el silenciamiento de los que no quieren oír hablar de los cubanos que viven fuera de Cuba. Esta ha sido la casa de todos y queremos que la siga siendo, acá en este exilio, y allá, en Cuba, cuando podamos volver y ya no tengan razón de ser números especiales como estos, con esa tristísima palabra, exilio, presidiéndolo todo.
Los escritores, los artistas cubanos, somos un solo bloque. Ni siquiera nos separa el mar. Aquí está la muestra de lo que hemos estado haciendo, en medio de la desesperanza, pero también con toda la libertad de que pueden sentirse capaces los seres humanos. El precio ha sido alto, pero ha valido la pena preservar nuestra literatura y nuestro arte.
Belkis Cuza Malé y Heberto Padilla
Directores
Linden Lane Magazine

