Yanelys Núnez Leyva en España
Yanelys Núnez Leyva en España

¿Qué es lo primero que ves al levantarte?

Vivo en una cuarto muy acogedor, la verdad. A un lado de la cama tengo una ventana donde entra mucha luz y allí también tengo unas planticas que son mi orgullo porque nunca había tenido antes. Por suerte, la vista desde la ventana no tiene muchos edificios delante y se puede ver el cielo. (En la noche la luna me da de frente).

¿Desayunas fuerte o sólo café?

Pues he salido ya mayorcita de Cuba así que tengo costumbres que no creo que se me quiten. Desayuno solo café, hecho con una cafetera italiana como en Cuba. Solo tomo esa taza en el día porque la cafeína me dispara mucho.

¿Estás en Madrid?

Vivo en Madrid desde el 2019, aunque aún sin un estatus legal. Estoy en proceso de solicitud de asilo político. Aquí la burocracia se toma su tiempo, además al parecer los refugiados cubanos no son prioridad para el Gobierno español.
Estoy cerca de la Plaza de Toros, tengo pensado ir al menos una vez a ver una corrida.

¿Qué haces en la mañana?

Me levanto directo para la computadora y de ahí no salgo hasta la hora de almuerzo. Me pongo a revisar las redes, los wasaps, las tareas de trabajo que tengo. Soy parte del equipo de redacción de Alas Tensas y coordino además el observatorio de violencia de género que tiene este proyecto. Ambas cosas llevan mucho esfuerzo porque hay que estar monitoreando grupos de Facebook, medios de prensa, denuncias ciudadanas.

Además, sigo mis actividades como miembro del Movimiento de San Isidro. La ayuda a los presos, la organización de nuestro patrimonio, acciones en las redes, incidencia internacional…la mañana (el día) no me alcanza la verdad.

¿Vives sola?
Vivo con 5 personas. Aquí hay que compartir piso sí o sí, a menos que tengas dinero o prefieras vivir en las afueras de Madrid. El quid de la cuestión es conseguir buenos compañeros de piso, que es mi caso, la verdad. Son gente divertida, amable, interesada en el arte. Son de distintos lugares, de Hungría, de Valencia, de Canarias, de Badajoz y eso enriquece mucho la convivencia.

¿Cómo lidias con la ansiedad?

No sé lidiar. Sobrevivo.

¿Qué estás leyendo ahora?

Estoy leyendo Negra por los cuatro costados. Una historia racial de la identidad trans de C. Riley Snorton y Dios en las cárceles cubanas, de María Elena Cruz Varela.

¿Te reúnes con muchos cubanos allá?

Hay muchos cubanos por acá, y más por la zona donde vivo. Algunos quedamos para tomar alguna cerveza. Otros solamente coincidimos en las protestas. La comunidad aquí es amplia, heterogénea y a veces hay muchas fricciones en su seno, principalmente por cuestiones políticas.

¿Quién es Yanelys?

Soy una mujer negra cubana exiliada y, a ratos, alegre. Respetuosa de mis antepasados, de mis muertos,e hija de Yemayá. Hago activismo feminista antirracista interseccional e intento seguir trabajando como gestora cultural e investigadora.

Lucho por el derecho que tengo a vivir en Cuba sin que mi salud mental y física corra peligro. Lucho por el derecho a entrar y salir de mi país sin que eso significo destierro, exilio, o migración sin fecha de retorno. Lucho por la restitución de todos los derechos humanos que se nos vedan en Cuba. Pero mi lucha no es para salvar al pueblo, mi lucha es por mí y ejerciendo los poderes que como ciudadana tengo. Por suerte, en ese camino he encontrado a una familia (la oposición histórica, pese a contradicciones) que desea lo mismo que yo y por eso la lucha no ha sido tan solitaria.

¿En qué momento piensas que hay algo malo en la Revolución cubana?

Yo maduré tarde la verdad. Me dieron hasta el carnet de la UJC. Nunca fui dirigente, pero era una alumna obediente y ya por eso te metían en esos “grupúsculos”. En mi casa nunca se militó en el partido, por suerte, ni tampoco se me impuso participar en cosas del Gobierno (como les hacían a algunas de mis amigas), pero tampoco se hacía oposición. Entonces mi encuentro con esa Cuba paralela ocurrió en la universidad, a través de los colaboradores de Havana Times, donde trabajé por varios años. Allí encontré a la gente que hacía activismo y denuncia social desde la palabra y la acción. Y eso me ayudó a tomar conciencia política de cuál era el camino si queríamos mejorar el país. Yo sabía que la cosa no funcionaba cuando en mi infancia había algunos con zapatos rotos y otros no. Y no era porque mi madre y mi padre no trabajasen. Entonces digamos que sabía que el sistema era injusto desde bien temprano, pero la conciencia política y el despertar, lamentablemente ocurrió en la universidad.

¿Cómo conociste a Luis Manuel?

A Luis lo conocí en 2014 cuando trabajaba en la revista Revolución y Cultura. Él era uno de los artistas invitados a una exposición colectiva que se iba a realizar en la revista. El encuentro fue muy divertido, Luis siempre ha sido una persona muy extrovertida y se deja querer muy pronto.

Yanelys Núñez con Luis Manuel Otero Alcántara
Yanelys Núñez con Luis Manuel Otero Alcántara

¿Qué es lo que más recuerdas de él?

Nuestra relación fue larga, pasó por muchas etapas y aprendimos mucho uno del otro. Sin embargo, si algo agradezco a Luis es haberme ayudado a sacarme el miedo del cuerpo y vivir el arte como un espacio político.

Recuerdo obras muy divertidas que hicimos juntos como Bodas de Papel-Unidos por la wifi donde hizo un striptease en 23 y L. También recuerdo mucho los momentos duros durante los encarcelamientos. Estábamos ahí uno para el otro y eso es un vínculo irrompible.

¿Con Luis Manuel hablaban de cómo sería una nueva Cuba?

Se hace difícil pensar Cuba a futuro cuando se tiene a la seguridad del Estado pisándote el talón día por día. Recuerdo que si temprano en la mañana alguien tocaba a la puerta ya imaginábamos que podía ser un registro o un arresto. El estrés emocional te lleva a pensar solo de forma inmediata, como si de sobrevivir en una jungla se tratara. Pero a veces lográbamos escabullirnos de esa realidad y pensábamos a Cuba con educación y salud gratuita, pero con calidad; con el regreso de la diáspora cubana para construir el país (ese exilio tan diverso y preparado que tenemos en cualquier rincón del planeta). Tratábamos de imaginar un proceso de transición pacífica donde la justicia no fuera la misma que la impuesta por Fidel en 1959, sin que eso significase inmunidad para ningún criminal.

Recuerdo una discusión que tuvimos un día que trataba el tema de los monumentos en el espacio público. Pensábamos qué haríamos con ellos cuando se viviera en un país democrático. ¿Se demolerían? ¿Se mantendrían, pero con una placa donde se explicase de forma crítica lo que representan? ¿Se llevaría a consulta popular esta polémica? Esto fue un ejercicio que hicimos de forma personal, y que luego llevamos a las actividades de la #00Bienal en 2018. Y por supuesto que hubo mucha discusión, y eso es lo bueno.

Esto es solo un ejemplo de cómo discutíamos la Cuba que queríamos, y lo hacíamos solos, o con amigos, o en eventos públicos dentro del Museo de la Disidencia. Salía como algo natural porque queríamos tener las cosas pensadas para cuando el cambio llegase.

Ahora que hablas del Museo de la Disidencia, recuerdo que me llamaron a solidarizarse conmigo cuando la censura de mi película; y yo les contesté con tremendo miedo. ¿Qué era el Museo de la Disidencia en Cuba?

Luis Manuel y yo vimos Santa y Andrés (siento mucho que haya sido pirateada por alguien) con un proyector. Cuando finalizó no sabíamos ni qué decirnos, nos quedamos locos, tristes, eufóricos, angustiados, en fin, que nos gustó mucho. Y en ese momento estábamos super activos con el museo, haciendo eventos de grafiti, de poetas suicidas, presentando libros como el de Enrique del Risco, El compañero que me atiende; y cuando vimos todo lo de la censura alrededor de la película, dijimos que teníamos que ayudar a que más personas la vieran, que era una puerta a la Cuba no escrita.

Y es que el museo es eso, una plataforma cultural de producción, promoción y reescritura. Parte del reconocimiento del ser disidente como un actor social natural y de la necesidad de darles apoyo porque en él (ella) está el cambio, que no quiere decir el mejoramiento, pero al menos en el disidente hay movilidad.

Hoy el museo sigue activo, su archivo se presentó recientemente en la exposición Licra celebrada en la sala de Arte Joven de Madrid, dentro del proyecto Embajada del MSI (comisariada por Lorenzo Andrade y Javier Cruz). También se está rediseñando su página web para activar su circuito online de exposiciones, su blog y sus archivos de consulta.

¿Con Luis Manuel hablaban de la muerte?

Cuando te pones a leer la historia no contada de la oposición y te enteras de los que murieron en huelga de hambre, como Orlando Zapata, Pedro Luis Boitel y Yosvany Arostegui. O de los asesinatos del remolcador 13 de marzo. O los opositores que han muerto en prisión en circunstancias no aclaradas. O cuando miras la complicidad del Ministerio de Salud en la retención de personas en hospitales, como fue el caso del propio Luis Manuel. O cuando miras la muerte de Oswaldo Payá perpetrada directamente por el Gobierno. O cuando ves el testimonio del biólogo Ariel Ruiz Urquiola diciendo que el régimen le inoculó el VIH. O cuando ves en las condiciones médicas en las que Xiomara Cruz salió de la cárcel. Cuando miras todo esto, pues te das cuenta que si vas hacer activismo en Cuba la muerte está al doblar de la esquina. Y ya no solo la muerte física sino la espiritual, la emocional, la que te mantiene en shock, o la que te encierra en la paranoia, y la que te insilia.

Si, hablábamos mucho de la muerte y por eso temíamos. Pero no tanto porque ocurriese sino por la impunidad con la que quedaría el Gobierno.

¿Qué piensas de las huelgas de hambre? No debe ser fácil ver a alguien querido…

Las huelgas de hambre me dan miedo, pero las entiendo y las respeto. Eso no quita que me agobien mucho, que me desestabilicen emocionalmente. Siento que las huelgas son un recurso valioso que tenemos como seres humanos, y a veces es el único cuando estamos inmersos en una situación de peligro o de agobio total.

En las prisiones cubanas lo primero que le hacen a un huelguista es aislarlo como forma de castigo, pero también para que no reciba apoyo, para que se sienta solo en ese recorrido que es ir abandonando un poco la vida.

Recuerdo que cuando en diciembre de 2018 estuvimos en el Vivac Luis y yo, él entró haciendo huelga de hambre y de sed, era algo que se había acordado a nivel de grupo, pero a lo que yo dije que no me sumaría. Temía por mi situación médica. Me había dado una parálisis facial ese mismo año y aún me quedaban secuelas (algunas psicológicas y otras físicas). Sin embargo, me hubiese encantado hacerla. Comía muy poco y sentía que era una manera de preparar al cuerpo para una huelga si la cosa se complicaba. Recuerdo también que en esos días de detención yo no iba al desayuno y las otras presas me preguntaba si estaba plantada y que, si era así, me iban a dejar sin llamadas telefónicas.

La cárcel trata de amedrentar al máximo a los huelguistas, para que cedan, para que no crean que tienen poder sobre su cuerpo. Por eso apoyo las huelgas, ante todo porque es un derecho y, luego, porque es un gesto de desobediencia cívica.

Ahora el Museo de la Disidencia está iniciando una investigación sobre las huelgas de hambre de Cuba. Es una iniciativa que nos llama la atención no solo porque es un método recurrente entre presos comunes y políticos, sino porque es importante para la memoria colectiva saber qué lleva a una persona a hacer una huelga, cuántos días es capaz de sostenerla, por qué puede ser una acción pacífica eficaz y qué secuelas puede dejar.

¿Dónde estabas el 26 de noviembre del 2020?

El acuartelamiento de San Isidro fue un hecho vivido a tiempo real por buena parte de la comunidad cubana trasnacional. Sí estaba en comunicación con Luis Manuel, con Katy, para apoyarlos en lo que pudiese, con la prensa, con la movilidad en redes, para hacer acciones en Madrid. Por acá estuvimos saliendo a protestar a la Puerta del Sol durante todos esos días y también luego del desalojo. Fue maravilloso ver a los artistas plantados el 27 de noviembre de 2020 porque recordé cuando en 2018 solo fuimos unos pocos a pedir la derogación del Decreto 349. Y ese 27N para mí significaba un proceso de maduración de la sociedad civil. Y un acto de justicia con toda la oposición cubana que desde hace años pide ayuda a la comunidad intelectual y artística.

Vamos a hablar de la relación que tienes con tu cuerpo. No puedo dejar de pensar en ti llena de mierda, o rapada… Te hemos visto sufrir, gritar, pedir… ¿En algún momento haces las paces? ¿Te mimas un poco?

Todo lo que he hecho con mi cuerpo ha venido desde la conciencia política de que tengo derecho a existir, ya sea en Cuba o en cualquier otro sitio. Por lo que una manera de ser consecuente con lo que pienso es usando mi cuerpo. Además, veo en eso algo muy digno porque no hago daño a nadie, en todo caso, a mí misma. Cuando hice la protesta con el excremento ni antes ni después sentí ningún tipo de escrúpulo, aunque yo no era la que lo iba a hacer sino Luis Manuel. Ese día la protesta salió así espontáneamente, pero desde el enfado. Estuve varios días oliendo a mierda y tuve que echar a la basura la ropa y los zapatos, pero aún conservo el turbante que usé ese día. En fin, te cuento todo esto para que veas que no tengo prejuicios con el uso de mi cuerpo, sin embargo, también sé calcular sus límites. Y si me fui de Cuba fue porque mi cuerpo me dijo que no podía seguir viviendo bajo ese estrés mental y físico. Sufrí una parálisis facial en 2018 en medio de la organización de la #00Bienal. Eso por supuesto no impidió que participara luego en la campaña contra el Decreto 349, pero sí me hizo tomar conciencia de que debía respirar porque la próxima crisis podría ser peor.

Ahora, para velar por mi cuerpo, ante todo investigo herramientas de cuidado del feminismo antirracista interseccional, practico autodefensa y puntualmente hago terapia. Me falta mucho la verdad, pero es un largo proceso.

¿Cómo haces para dormir? Me imagino que deba ser duro.

Padezco insomnio desde hace años. Me da miedo llegar a la noche y saber que no voy a poder dormir. Tengo algunos días peores que otros. A veces me automedico. O tomo infusiones. O trato de seguir algunos consejos de meditación. Llevo muchos meses preocupada y eso el cuerpo lo somatiza a través de constantes migrañas. Pero bueno, luego pienso en los presos, en Luis, en Maykel, en Esteban, en Taimara, en Carolina, en Thais Mailén, en Bárbara Farrat, en Daniela Rojo, en Mayra Taquechel, en Luis Robles, en el Gato de Cuba, en fin, son tantos, que me digo que no estoy en la peor situación y que hay que ayudarlos.

Soy una persona fuerte, eso lo heredé de mi mamá, así que con esas fuerzas trato de andar.

¿Cómo es tu relación con tu familia?

En Cuba me queda familia cercana, sí, mi madre, mis hermanos, mis sobrinos, mis abuelos. Son gente a la que quiero, pero claro que hubo y hay tensión. La Seguridad del Estado lo primero que ataca son esos vínculos, pero nunca me dejé chantajear emocionalmente, porque ante todo está mi libertad personal y mi dignidad como ser humano. No critico a quienes dejan de hacer activismo, periodismo o arte por presiones de la familia (instigados por la SE), sin embargo, en mi desarrollo personal y en mi enfrentamiento con el Gobierno entendí que, si me dejaba anular, nunca más sería persona. Además, durante mi trabajo con Luis Manuel, Amaury, Iris, Soandry, Michel,

Yanelys Núñez Leyva con Nonardo Perea en una manifestación en Madrid
Yanelys Núñez Leyva con Nonardo Perea en una manifestación en Madrid

Nonardo, perdí muchos miedos. Además, yo soy de prebecado, tengo herramientas de supervivencia.

¿En algún momento hubo una conversación con Luis Manuel con planes para irse los dos juntos?

Nunca hubo una conversación seria al respecto. Salíamos juntos a trabajar fuera, por ejemplo, a mover la campaña contra el Decreto 349 o a presentar el testamento de Fidel en el Pompidou.

Luis se siente muy arraigado a Cuba, más que yo la verdad. Soy de ese territorio porque nací ahí, porque me unen lazos afectivos, porque me gusta su arquitectura, a veces su gente. Pero ya está. Creo que tenemos mucho que ofrecer como comunidad porque hemos vivido en la peor miseria y hemos desarrollado herramientas de supervivencia, porque tenemos una tradición musical estupenda, entre otras cosas. Pero Cuba es solo una parte de lo que soy.

¿Cómo te gustaría ver a Luis Manuel? Todos lo queremos libre… pero te pregunto algo más profundo. ¿Cómo crees que estaría feliz? ¿Qué lo haría feliz?

A Luis lo haría feliz mover su trabajo, ser reconocido por él, poder vivir de hacer arte. Es uno de sus sueños, la verdad. Así que me gustaría verlo pronto fuera de Cuba con oportunidades reales para insertarse en el mercado del arte, con el apoyo de gente amable. Luis se lo merece, ha estado mucho tiempo defendiendo su trabajo, diciendo que lo que hace es arte, cuando a otras personas ni siquiera se les cuestionaría. Y todo porque es negro, porque es pobre, porque no estudió en academia, porque no tiene los amigos millonetas. En fin, porque el mundo del arte es injusto y clasista. Y si a eso le sumas la presión de la Seguridad del Estado pues el coctelito en su contra se vuelve molotov.

Quiero que pueda vivir feliz con lo que decida hacer. Eso es todo.

¿Dónde te ves de aquí a diez años?

Estoy muy agotada de todo, la verdad, así que en 10 años me veo sembrando mis tomates para autoconsumo en algún pueblo perdido de España. Alejada completamente de las redes sociales, pero con la certeza que Cuba va de camino al saneamiento generacional y discutiendo las bases de su democracia.

¿Qué vas a hacer esta noche?

Pues termino muy tarde el trabajo, sobre las 8 de la noche. Lo primero que haré será tomarme una Estrella Galicia.

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