Vista de la exposición ʽPioneros: Building Socialist Childhoodʼ, Sheila C. Johnson Design Center, New York, 2015

Este texto había sido escrito para un dosier que el investigador Julio César Guanche estaba editando para la revista OnCuba, a raíz de la convocatoria del Gobierno cubano al encuentro “La nación y la emigración”, que debió celebrarse a principios de abril de 2020 en La Habana. Con ello, buscaba aclarar la genealogía de dos proyectos de memorialización, de uno de los cuales fui la principal gestora, y, a partir de ese gesto, problematizar la (in)visibilización de la producción intelectual cubana producida fuera de la Isla –principalmente por parte de instituciones cubanas–. La epidemia de la Covid-19 puso freno al dosier de Guanche y al encuentro habanero, por lo que he decidido publicarlo de manera independiente, temiendo que caduquen o se olviden algunos de los eventos que refiero.

Una nota personal

Si busco en Google la palabra “pioneros”, la segunda página me muestra un enlace al portal de Pioneros: Building Socialist Childhood, exposición que la curadora Meyken Barreto y yo –ambas, cubanas residentes en Estados Unidos– inauguramos el 18 de septiembre de 2015 en el Sheila C. Johnson Design Center de The New School, en Nueva York.

Quienquiera que entre sabrá que la muestra, que estuvo abierta al público durante diez días, recreó “el mundo material de la infancia en Cuba durante las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta”, a partir de juguetes, muebles, libros, ropa, electrodomésticos y electrónicos, documentos, fotografías, posters, dibujos animados y música. Y que contó, además, con una muestra fotográfica del artista Geandy Pavón, que recreó parte de la experiencia de la infancia socialista en el exilio neoyorkino.

También conocerá que los objetos exhibidos en Pioneros pertenecen a la colección Cuba Material, que desde 2012 desarrollo junto con el archivo digital homónimo, enlazado a la página de la expo. Cuba Material es la cara pública de mi trabajo académico sobre las relaciones entre política y materialidad en Cuba a partir de 1959 y, como he expresado en más de una ocasión –ver “A Future Museum for Cuban Material Socialism” y “Cuba Material: Una colección de objetos del socialismo cubano”–, a largo plazo aspiro a convertir la colección en un museo de la cotidianidad del socialismo cubano.

La exposición Pioneros fue anunciada por varias plataformas digitales, así como por las páginas de las instituciones y proyectos que contribuyeron a financiar la muestra. A finales del año pasado, conversé sobre la exposición Pioneros en dos ocasiones. Una, pública, en el podcast “Politics and Fashion in the Revolutionary Cuba”, entrevistada sobre mi trabajo por Richard Snyder, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Brown. La otra, privada, con el cineasta Miguel Coyula, en una cena organizada por la artista Coco Fusco en esa universidad. En este último caso, le conté a Coyula sobre mi exposición tras conocer, por él, de la existencia de un proyecto similar a cargo de su amigo, el bibliotecario Abel Molina Macías.

Poco después, Coyula me envió por correo electrónico dos enlaces con información sobre la exposición que Molina Macías había inaugurado el año anterior, en 2018. Uno de ellos, una entrevista realizada por el periodista Alejandro Zamora Montes a Molina Macías publicada en Librínsula, revista de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (BNCJM), la describe como una muestra de “juguetes, libros en tercera dimensión, proyectores e historietas […] construida desde el recuerdo y para el recuerdo de […] quienes transitaron por la infancia en la década de los años setenta y ochenta del pasado siglo”.

Le escribí a Coyula, agradeciéndole, y le envié el enlace de la página de Pioneros, pensando que igualmente se lo haría llegar a su amigo. Luego archivé la reseña del proyecto de Molina Macías como parte de los eventos dedicados a reconstruir la materialidad de la infancia socialista en el discurso contemporáneo, y le envié la información a Meyken.

Una nota sobre mi nota

En febrero de 2020, OnCuba publicó el texto “Cuba 1970-1990: Recuerdos de cuando éramos niños”. Lo firma el periodista del Instituto Cubano de Radio y Televisión Yoel Rodríguez Tejeda, y gira en torno al proyecto de Molina Macías, que a finales de 2019 contaba ya con una segunda edición. Ni esta reseña, ni las de la Biblioteca Nacional José Martí y la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, de la Habana Vieja –institución con la que Cuba Material ha colaborado con anterioridad–, hicieron mención a la exposición Pioneros, que antecedía por tres años al proyecto de Molina Macías.

En la nota de OnCuba, Rodríguez Tejeda plantea “la necesidad de un centro que se encargue de salvaguardar estos objetos que forman parte del imaginario popular cubano, pero también parte del patrimonio intangible de la nación”, sin enterarse, o al menos sin enterar a sus lectores, de que pronto Cuba Material, proyecto dedicado precisamente a ese quehacer, cumplirá una década.

Una reflexión sobre la nación

La convocatoria del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX), publicada el 10 de diciembre de 2019 en Cubadebate, proponía un diálogo entre la comunidad exiliada y los representantes del Gobierno de la Isla –curiosamente, poco después circuló la noticia de que la Muestra de Cine Joven que organiza el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos había censurado el documental Sueños al pairo (2020), dirigido por José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela Fosado, sobre la vida y la obra del cantautor Mike Porcel, emigrado.

Con relación al referido encuentro, me interesa apuntar dos cuestiones de esencia, antes de formular una demanda. La primera, que su propia concepción y nombre separa aquello que dice querer acercar: nación y emigración, habiendo bastado con invocar a la primera —definida como el “conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”– para incluir a ambas.

La segunda, que al convocar a “aquellos cubanos que respetan, aman a Cuba, la defienden libre e independiente y se oponen activamente al bloqueo impuesto por el Gobierno de Estados Unidos” excluyen de facto a una parte importante de la emigración. Más preciso y honesto hubiera sido llamar al evento “La nación y la emigración leal y opuesta al embargo”, pues está claro que la invitación al diálogo –y habría entonces que entrecomillar “diálogo”– no incluía a quienes dicen amar a Cuba, pero la quieren libre del Gobierno que discrimina y excluye a parte de su ciudadanía –por ejemplo, a quienes califica de “excubanos” o “mal nacidos por error en Cuba”–; a quienes prefieren que el Partido Comunista sea uno más en la sociedad y no el órgano político rector de la nación, o abogan por su ilegalización; a quienes apoyan el embargo, incluso amando a su país, y a quienes se manifiestan contra él, pero prefieren exponer su rechazo ante representantes e instituciones del Gobierno estadounidense, y dedicar cualquier espacio de diálogo con el Gobierno cubano a solventar asuntos que son de la competencia del Gobierno cubano. Todos estos cubanos, entre otros muchos, resultaron de facto excluidos de aquel supuesto diálogo.

Es por eso que demando que cualquier diálogo que busque (re)componer nuestra nación fracturada debe no sólo contar con la representación de los más de 2,3 millones de cubanos que viven en el extranjero –de ellos, 1,2 millones nacidos en Cuba–, casi la quinta parte de la población de la Isla, sino también, sobre todo, imaginar dicha comunidad en tanto parte integral de la nación, para usar el concepto tan traído de Benedict Anderson. Y para ello es imperativo, además de organizar encuentros que tengan nombres y convocatorias inclusivas y plurales, visibilizar la historia, la cultura y el saber producidos por la emigración, en su totalidad.

Addendum con la información en línea sobre la exposición Pioneros

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