La penúltima reinvención del cine angolano

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Fotograma de ‘Aire acondicionado’. INTERNATIONAL FILM FESTIVAL ROTTERDAM.
Fotograma de ‘Aire acondicionado’. INTERNATIONAL FILM FESTIVAL ROTTERDAM.

Aire acondicionado (2020) es la ópera prima de Fradique, nombre artístico del cineasta Mário Bastos, realizador angolano que regresó a trabajar en su país luego de formarse en Estados Unidos. Este largometraje de ficción tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam y más tarde recibió premios en el Imagine Science Film Festival y en el Festival de Innsbruck.

En la película de Fradique los aires acondicionados de Luanda se precipitan al vacío de manera inexplicable. Los aparatos, que ayudan a aliviar la canícula del verano africano, parecen desmayar y causan la muerte de al menos un transeúnte. En la radio pública se tejen teorías de conspiración y saltan los picapleitos políticos, pero nadie parece hacer nada al respecto. La desidia y el temor, pero también cierto cansancio ante la inevitabilidad de lo siniestro, parecen anidar en la gente, que sigue a lo suyo mientras lo inverosímil forma parte indisoluble del día a día.

En ese ambiente absurdo y distópico, los edificios raídos por el tiempo y el abandono, filmados en profundos contrapicados y con angulaciones expresionistas desprendidas de una cámara que navega los espacios llenos de personajes sumergidos en la melancolía, Matacedo (José Kiteculo), encargado de uno de esos edificios, tiene que ocuparse de reparar el aire acondicionado averiado del empleador de Zezinha (Filomena Manuel), trabajadora doméstica y coprotagonista.

Matacedo no es cualquier personaje: veterano de la guerra civil angolana, culpa a la URSS de haber asesinado al presidente de su país (en referencia a la escisión del MPLA que acabó con la muerte de Nito Alves y la imposición del Gobierno de Agostinho Neto, tras la intervención de fuerzas militares de Cuba). Tanto él como Kota Mino (David Caracol), dueño del taller de electrodomésticos (este último, un tipo que parece sacado de la literatura del realismo mágico), están obsesionados con la memoria. Sólo que en el caso del segundo, ha incluso construido en secreto una máquina para recuperar los recuerdos perdidos del país.

Fotograma de ‘Aire acondicionado’. INTERNATIONAL FILM FESTIVAL ROTTERDAM.
Fotograma de ‘Aire acondicionado’. INTERNATIONAL FILM FESTIVAL ROTTERDAM.

Ese duelo perenne entre el realismo y una dimensión más allá, llamémosla latente, es esencial para la sensación que deja Aire acondicionado. Una sensación que en cierta medida refleja el estado del cine angolano actual, sobreviviente pese a las estocadas del olvido que lo han golpeado sin tregua.

La película de Fradique es resultado de Geração 80, una productora independiente con diez años de existencia fundada por él y otros cineastas locales, especializada en la realización de películas independientes de autor. “Además de eso producimos y distribuimos nuestras propias obras, ya sea de forma clásica o de modo guerrilla, porque creemos que el cine sólo sucede cuando es compartido”, se lee en su página oficial.

Geração 80 es un coto de resistencia que uno no esperaría encontrar en un panorama como el del cine africano, donde aparte de algunos maestros y el exploitation de Nollywood, poco se conoce. No obstante, esa ignorancia generalizada no impide apreciar cómo la mayoría de los países del llamado continente negro tienen vibrantes industrias audiovisuales autóctonas.

El propio Fradique fue muy aplaudido por el documental histórico Independência (Angola–Nos Trilhos da Independência) (2015), su primer largometraje.

Para esta película, el director reunió durante seis años testimonios de cientos de personas que participaron en la lucha de liberación de Angola. El archivo audiovisual reunido fue reconocido con el Premio Nacional de Cultura de Cine, después de que las autoridades lo consideraran “un paso importante en la recuperación y valorización de la memoria histórica angoleña”.

Sin embargo, en opinión del cineasta angolano Mariano Bartolomeu, quien ha estado involucrado en el cine y la televisión locales durante muchos años, la industria cinematográfica allí en la actualidad es casi inexistente. A pesar de ello, dijo en entrevista con el medio AfroScreen, hay una ola de cineastas jóvenes que están haciendo largometrajes en  video al estilo de Nollywood.

Según Bartolomeu, egresado de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, en Cuba, y que dirige una productora para la televisión, las producciones de los nuevos realizadores de la Angola actual son “muy baratas y técnicamente muy defectuosas, pero tienen mucho éxito entre el público angoleño, que responde a las historias porque se identifica con ellas”.

“Hablé con uno de los directores de estas películas, Henrique Dito Narciso, quien es el más destacado entre nuestros cineastas con títulos exitosos como Assaltos en Luanda 1 y 2. Me dijo que generalmente saca ganancias de sus películas”, aseguró Bartolomeu.

Sin embargo, el cine de Angola sufre hoy de una crisis de financiamiento después que el Gobierno decidiera retirar los apoyos que existieron durante la década de los años 2000. En ese periodo se produjeron algunas películas que dieron realce a la cinematografía local en el mundo. Es el caso de El héroe (2005), de Zézé Gamboa, una coproducción con Portugal que ganó el Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance. Otros títulos beneficiados con tales políticas públicas fueron La ciudad vacía, de Maria Joao Ganga, y Tren a Canhoca, de Orlando Fortunato

Asimismo, si bien Angola tuvo su primer cine en la década de 1930 y contaba con medio centenar de salas para la de 1970, hoy la mayoría están abandonadas.

Pese a ello, Fradique encuentra la motivación necesaria para seguir: “No hay financiación pública para el cine en Angola ni para ningún tipo de programa. Entendemos que el país tiene muchos problemas sociales y económicos, pero aún es nuestra responsabilidad presionar [al Gobierno para obtener financiamiento]. Pero no los vamos a esperar. Si tenemos que hacer bajo presupuesto, hacemos bajo presupuesto. Hacemos historias con los medios que tenemos”.

La reinvención del arte independiente angolano recibe apoyos desde muchos lugares. Aline Frazão, intérprete y jazzista responsable de la banda sonora de Aire acondicionado, quien ha llegado a decir que “el destino del artista angolano es el aeropuerto”, se esfuerza por inventar una nueva tradición de un arte auténtico en el país.

Este mes acaba de lanzar su disco “Una música angolana”. Entre los temas allí reunidos está “Luanda”, una canción agridulce donde la intérprete lamenta no poder romantizar una ciudad llena de contrastes duros y de dolor, pero también de belleza. El videoclip está dirigido a seis manos, entre otros, por Fradique. La canción y el audiovisual parecen una retomada de esa sensación extraña que deja Aire acondicionado. Pero todo habla de un deseo inevitable por decir y por brindar testimonio desde el lugar donde se está.

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