María Elena Blanco
Retrato de Baudelaire por Gustave Courbet, circa 1848-1849

La traducción del clásico de Charles Baudelaire a cargo de la poeta cubana María Elena Blanco se realizó durante treinta años. Pueden parecer muchos años, pero para la complejidad que implica este libro es un tiempo incluso razonable. Más que razonable. Esta publicación bilingüe incluye la totalidad de Las flores del mal (RIL Editores, Santiago de Chile, 2021), a partir de la edición canónica de la colección francesa La Pléiade, publicada en 1975 por Claude Pichois.

Al igual que María Elena Blanco, soy poeta y traductor y, por ello, más que hablar de Baudelaire y su obra, quiero centrar esta presentación en la importancia de que una traducción de poesía sea realizada por una persona que escribe poesía. Existe la idea general de que una traducción debe ser fiel al original. Aquí se trata de una búsqueda de la creatividad poética para lograr reproducir el nacimiento de un poema en otro idioma.

Por lo mismo, esta traducción conforma una parte de la obra poética de María Elena Blanco, así como las traducciones del inglés al francés que realizó el propio Baudelaire hacen parte de su escritura y aparecen publicadas como tales en sus obras completas de La Pléiade.

Llegar a la traducción desde la poesía (y no lo contrario) tiene consecuencias evidentes: la traducción se vuelve un ejercicio literario, más que técnico. Al decidir traducir, el poeta pasa de ser un lector de otros poetas a convertirse en un ente activo, que reescribe en su propio idioma la voz de otros poetas. María Elena Blanco respondió así al impulso de (cito su prólogo) “recrear la escritura de Baudelaire a través de la traducción [para] hacerlo mío”. Es una recreación, pero al mismo tiempo la traductora desea que su texto “hable en Baudelaire”. Me encanta esta expresión, porque efectivamente todos hablamos un idioma que es universal, pero que también es nuestro, y esto se acentúa en el caso de alguien que plasma por escrito y en versos este lenguaje propio.

La creación poética puede corresponder (según la vivencia de cada persona) a un momento de revelación, de viaje a través de las palabras hacia una verdad revelada en el momento creativo. Un viaje hacia el otro lado del espejo a través de las palabras que uno mismo utiliza para reflejarse y reflejar la realidad discursiva del poema. En esta traducción, María Elena Blanco se planteó traducir a Baudelaire con esta misma intensidad creativa.

La apropiación conlleva adaptar, buscar soluciones para acercarse al espíritu del original, pero con otras palabras, según diversas necesidades que el traductor reconoce en el texto. Como bien dice María Elena Blanco: “fidelidad nunca significa literalidad”. Porque la traducción busca algo imposible: decir algo de otra forma como si fuera invisiblemente igual –en esto, María Elena Blanco se inspira en el famoso ensayo breve La tarea del traductor de Walter Benjamin.

Por supuesto, existen muchas traducciones de Baudelaire. La propuesta de María Elena Blanco es de las que toman el camino arriesgado y difícil de incluir la métrica y la rima. Aquí entramos en un terreno difícil muy comentado a lo largo de los siglos. La poesía hecha de lenguaje es un discurso conformado por palabras, pero también una sonoridad –y, además, una visualidad, cuando los poemas están conformados por letras en tinta sobre papel–. Esta sonoridad de los poemas es particularmente evidente al oído en el caso de la métrica y la rima. Y es evidente que la composición de poemas con métrica y rima influye en el resultado: uno no escribe lo mismo si busca hacer dialogar las ideas e imágenes con un ritmo y ciertos sonidos. El formato métrica-rima influye necesariamente en lo que termina siendo el poema final, porque hace parte de él, es parte de lo que se propone y no algo accesorio decorativo. Una traducción así es una apuesta que entremezcla sonido e idea: el ritmo y el sonido se transforman en un elemento central del objeto-poema, y son parte central de su sentido y de las emociones e ideas que transmite –como ocurre en la poesía sonora, que puede incluso abandonar el sentido en provecho del sonido.

Cubierta de 'Las flores del mal' (RIL Editores, Santiago de Chile, 2021)
Cubierta de ‘Las flores del mal’ (RIL Editores, Santiago de Chile, 2021)

Otro enfoque corresponde a traducir sin métrica ni rima dándole prioridad a las ideas o imágenes poéticas; en esos casos, se puede ofrecer el texto original para que el lector consulte por sí mismo el ritmo y sonido original que no se preservó.

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Ambas opciones son válidas, pero es evidente que traducir con métrica y rima añade una enorme complejidad a la tarea del traductor, con un enfoque que se acerca más al proceso creativo original del autor.

Ahora bien, existen diversas maneras de traducir las formas métricas del francés. Sobre esto, me permito entrar en los elementos técnicos de la métrica, que espero resulten interesantes, porque dicen mucho de las tradiciones poéticas en español o francés. Pienso en el caso del verso alejandrino francés, compuesto por dos hemistiquios de 6 sílabas (es decir, versos conformados por 6 + 6 sílabas, con un corte o cesura muy pronunciado que separa ambas partes del verso). María Elena Blanco optó por traducirlo con versos de 14 sílabas, lo que corresponde a la métrica total del alejandrino en español, aunque sin una división sistemática de 7 + 7 sílabas, pues incluye variaciones (6 + 8 sílabas, 8 + 6 sílabas, o incluso carece de hemistiquios diferentes reconocibles). Esto obviamente es una decisión estratégica que facilita la traducción. Se logra una métrica regular con un verso largo que ayuda a preservar elementos del original. El alejandrino francés también ha sido traducido en un endecasílabo español (de 11 sílabas), porque ambos son el verso mayor por excelencia en francés y español respectivamente. El alejandrino español en cambio está vinculado particularmente con la poesía épica medieval. La decisión de María Elena Blanco, por lo mismo, es una buena solución de compromiso que asegura un mejor diálogo con el original (un endecasílabo suele ser demasiado breve y carece del corte en dos hemistiquios). Por lo demás, y cito el prólogo de María Elena Blanco: “Con un criterio similar, traduje los versos decasílabos en endecasílabos o dodecasílabos; los octosílabos, cuando no los mantuve, los vertí en eneasílabos o decasílabos; y en cuanto a los heptasílabos y pentasílabos, casi siempre presentes en combinación con algún verso de arte mayor, me esforcé por mantenerlos, o por traducirlos con el metro o combinación”. Cito esto porque indica de manera clara cómo María Elena Blanco dialogó directamente con las diferentes formas métricas de Baudelaire y buscó soluciones que son coherentes con el original en francés, pero también con las posibilidades métricas y sonoras del español. El resultado es el mejor de los compromisos posibles.

Pienso también en la rima, es decir, el hecho de asociar dos palabras, quizá completamente diferentes, a través de un sonido común, y que suelo comparar con la armonía en música: cuando dos palabras riman juntas sus sentidos se entremezclan a través del sonido (así como la métrica poética me parece cercana de la regularidad del ritmo musical). En el caso preciso de Baudelaire, la rima me hace pensar también en la teoría baudeleriana de las correspondencias o analogías: el hecho de revelar correspondencias entre elementos diferentes de la naturaleza. Por lo mismo, me parece sumamente interesante que una traducción de Baudelaire incluya la traducción de la rima. Además, María Elena Blanco buscó lo más posible la rima consonante, es decir, en que todos los sonidos de la rima son los mismos (a diferencia de la rima asonante, en que solo riman las vocales).

La poeta cubana María Elena Blanco
La poeta cubana María Elena Blanco

Señalo estos elementos para que se midan cabalmente todas las dificultades que debió sortear esta traducción y que se disfruten sus hallazgos adivinando cómo pudieron originarse. Justamente, en el caso de un clásico como Baudelaire, la edición bilingüe, que presenta el original francés y su traducción una al frente de la otra (como esta de María Elena Blanco), es una invitación a releer al autor de otra forma, cotejando la traducción con el original, más allá de hablar o no francés. Las soluciones que propone la traducción subrayan los elementos del original que se quiso mantener: métrica, rimas, palabras específicas, estructuras gramaticales (maneras de formular y ordenar el lenguaje), etc. Esta lectura “en espejo”, además, es facilitada por el esfuerzo de María Elena Blanco por traducir verso a verso, respetando lo que dice cada verso por separado. En este mismo sentido, si uno lee el libro comparando verso a verso el texto en francés y español, tiene el gusto de descubrir ciertos hallazgos poéticos: es decir, imágenes que fueron apareciendo en español según las necesidades del ritmo o la rima.

En suma, felicito a María Elena Blanco, porque siento que su traducción logró mantener creativamente los diferentes elementos del original, respetando la fluidez sensual y reflexiva de Baudelaire.

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Pablo Fante (Santiago, Chile, 1980). Poeta, traductor y músico franco-chileno. Doctor en literatura por la Universidad de Toulouse, Francia. Ha publicado los poemarios Sed de fluir (Chancacazo, 2010), Verde noche (Poetas Libres, 2018), Dinosaurios / Todos vuelven (Libros del Pez Espiral, 2019) y Rin del angelito (Naranja Publicaciones, 2020). Ha traducido a Michel de Montaigne, Olympe de Gouges, Restif de la Bretonne, Hector Berlioz, Georges Perec, Romain Gary, Yvon Le Men, Perrine Le Querrec y Aurélia Lassaque, entre otros.

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