Sin título, Henry Michaux, 1962

Escrito cuatro años antes de su muerte y cuarenta y siete después de Un bárbaro en Asia, el texto Una vía para la insubordinación (Alpha Decay, 2015) pertenece a ese periodo laxo de Henri Michaux en que la literatura –o lo que es lo mismo, sus artefactos– había dejado de ser “caligrafía” para convertirse en investigación, comentario pseudocientífico, curiosidad, pero sin la musiquita que muchos de sus grandes relatos, tiempo atrás, habían tenido.

Relatos que no sólo estarían marcados por los dibujos o escrituras que él iría insertando en libros únicos como Miserable milagro, Las grandes pruebas del espíritu o Plume, para sólo citar algunos de su larguísimo currículum, sino, por una paradoja (esencial, podríamos decir): la de mezclar, como muy pocos antes habían hecho, delirio y concepto. O lo que es lo mismo, la capacidad de sublimar el yo hasta convertirlo en experimento y, la capacidad de pensar hasta desembocar en un mundo clínico, de trip y excepción.

Michaux, quien nunca se afilió al surrealismo o grupo alguno de vanguardia, aunque varias veces fuera insertado en algunas de las antologías de los acólitos de Breton, fue, en verdad, siempre un solitario, más allá de que su amistad con Cioran llegara a ser legendaria. Su obra, comparada muchas veces a la de Burroughs o Huxley (drogas mediante), nunca tuvo que ver específicamente con nadie. Sus poemas, sus dibujos, sus manchas, sus viajes, eran su propio coso

Su mescalina.

Bastaría recorrer un libro como Ecuador para darnos cuenta del divorcio entre realidad y obsesión que traspasaba a toda su literatura. Fractura de la que trata precisamente Una vía para la insubordinación. Ensayo sobre el muy manido, incluso para el año en que se publicó: 1980, tema del poltergeist.

¿No ha tratado gran parte de la literatura gótica y la mayoría de las hagiografías, a las que Michaux era adicto, e incluso muchas de las fotos de principios del siglo XX, sobre ese “espíritu que hace ruido”, ese energón que fuera de toda realidad, aunque siempre muy cerca de nuestros propios demonios, puede incluso llegar a abofetearnos?

El poltergeist, para Michaux, no sólo era lo desconocido, sino, y aquí estaba su sello, ese Mal que liberamos cuando reptamos por el adentro de nosotros mismos, cuando nos convertimos en túnel, hueco…

De ahí que todo el mundo antiguo, ese de contrarreligión y atavismos fuera un universo obseso por el “fantasma”, e incluso, el self que construyen los alcaloides, siempre tan lejos de una moral de lo cotidiano y tan cerca de la risa negativa (dixit Derrida), fuera también una incursión en lo mismo, en el no-límite del conocimiento, en el no-límite de eso que es imposible conseguir observando desde el balcón o haciendo musculito.

¿Es el modo de vida contemporáneo un espacio, una comunidad, un impulso poltergeist?

Por desgracia, cada vez menos.

La banalidad, el mercado y el neoanalfabetismo rasurador que viven nuestras sociedades, donde muy pocas cosas son vividas como ludus, apenas permiten ese Adentro, ese buceo en la clínica que reclamaba el autor de Una vía para la insubordinación. Libro que, como ya dijimos, sin estar a la altura de lo excelso del belga –se nacionalizaría francés luego–, es un excelente apunte sobre nuestra eterna vía oscura.

Vía que hoy algunos continúan desde una zona en la que Henri Michaux fuera precisamente un maestro: la posficción y el juego filosófico con los géneros.

Vía que hoy algunos continúan desde la banalidad y la boca obtusa del yo.

CARLOS A. AGUILERA
Carlos A. Aguilera (La Habana, 1970). Escritor. En 1995 ganó el Premio David de poesía, en La Habana, en 2007 la Beca ICORN de la Feria del libro de Frankfurt, y en 2015 la Cintas en Miami. Sus últimos libros publicados son: Umberto Peña. Bocas, dientes, cepillos, restos (monografía, 2020), Teoría de la transficción (antología, 2020), Archivo y terror. Operaciones entre literatura, política, teatro y arte (ensayo, 2019), Luis Cruz Azaceta. No exit (monografía, 2016) y Matadero seis (nouvelle, 2016). Codirigió la revista Diáspora(s) entre 1997 y 2002. Coordina en Rialta la colección FluXus. Reside en Praga.
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