Jorge Molina
Jorge Molina (FOTO Ariel Navarro, tomada del perfil de Facebook del cineasta)

La presente entrevista al cineasta cubano Jorge Molina, que publicamos en tres partes, tuvo lugar en la muestra Cine Independiente-Cine Pendiente en su ciclo de directores, que organizó en La Habana el Instituto Internacional de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR). Esta tercera parte sucedió a las proyecciones de las últimas producciones del director cubano.

Si pudieras contar del proceso en ¡Gíbaros!...

Hay películas que nacen de una apuesta de dos amigos que no se ven desde hace tiempo y quieren hacer algo juntos, y se les ocurre algo. Estábamos en el festival de Gibara, yo estaba compitiendo en guion, Ramiro estaba de jurado. Un día, sentados en una especie de restaurante, vimos que estaba la actriz mexicana de la película Año bisiesto, y yo le dije: “¿Por qué no hacemos algo con esta actriz…?”

Allí empezó todo, y en una servilleta escribimos de qué iba a tratar, y entonces había que hacerla en ocho horas, la misma historia del Dogma, vamos a hacerla y a ver qué pasa. Yo hablé con Mónica, la actriz: “¿Quieres trabajar con nosotros?” “Ay, sí, me encantaría…” Porque estábamos en un festival donde nada más que hay fiesta, y de momento tú te dices: “Bueno, si yo estoy aquí en medio de este lugar que es hermoso, vamos a filmarlo, vamos a rodar”. Había unos muchachos que estaban ahí y me los llevé para hacer la película mía y de Ramiro.

Claro que hay mucho de Molina, creo yo. Coescribí, pero esta es una película más de Ramiro, porque él es el director, yo soy el productor, el actor, consultor creativo y todo eso, casi que me puse de codirector porque básicamente era el rol que me asentaba. Las ideas fueron traídas del teatro, tormentas de ideas que uno hace como un chiste, tomándose un café… y sobre todo viendo cómo la gente come tanta mierda en los festivales, ¿no? Todos esos faranduleros que van a esos lugares con sus chancleticas, sus sombreritos…

Y yo, la verdad, que no puedo perder mi tiempo en esa mierda. Yo sencillamente dije: “Vamos a hacer algo”, e hicimos eso que se llamó ¡Gíbaros! por Gibara, está mal puesta la palabra, y para que naciera esa historia solo dijimos una frase… Vamos a hacer una película donde el eslogan sea: “Mucho amor mata…” Esa era la premisa, que no era más que una canción que Brian May le hizo a Freddy Mercury “Too Much Love Will Kill You”. Fría Jennie también salió por una canción de Kiss que se llamaba “Cold Gin”, gin de trago… A uno de momento se le disparan ideas.

Entonces Molina sigue siendo víctima de sus pasiones, o sea, Molina personaje. Las mujeres Molina continúan al mando, en la casa de Molina manda su mujer. Pudieras hablar de los personajes femeninos en la evolución de tus historias.

En mis películas, las mujeres siempre amenazan la estabilidad de mi protagonista, mis protagonistas son por lo general masculinos… Pero yo nunca me pregunto esas cosas, desde el primer día lo vengo diciendo, la película tú la haces, la compran, la ve un grupo de gente y deja de ser de uno para ser de los demás, entonces cada uno ve lo que le da la gana, siente lo que le da la gana. Por ejemplo, ayer tú veías a Fidel en la abuela, yo te dije que no tenía nada que ver, pero bueno, y así, cada uno ve las cosas…. Yo no me pregunto si estoy evolucionando o involucionando…

¿Pero qué sientes por tus películas cuando las ves?

No siento nada, es que ya son películas hechas, yo siento por la que voy a hacer, la nueva. Si después alguien no enciende la computadora ya eso no existe como obra, no existe como nada, solo está en la mente de ustedes que la vieron. Si los dejo indiferentes, me jodí, y si de momento sintieron sensaciones, emociones, genial, pero eso… No hay que darle muchas vueltas al asunto, lo que hay que hacer son películas.

Sobre Molinaʼs Rebeca, ¿piensas como Oscar Wilde cuando decía que las cadenas del matrimonio son tan pesadas que a veces se necesitan tres para sostenerlas?

Y cuatro, y cinco, hay una canción que dice así, los cuatro o los cinco, un reguetón. A ver, todo eso que dicen puede ser, pero Rebeca no es más que una adaptación de un cuento de Guy de Maupassant que se llama “El invernadero”, donde un matrimonio, la cotidianidad, la rutina, mata el amor, hay una frase que dice eso. Cuando tú llevas mucho tiempo con alguien…, yo llevo 25 años en concubinato y para mantener la emoción hay que poner de parte y parte, porque si no, no funciona la cosa. Yo le pedí a ella hacer mi versión de “El invernadero”, una historia contemporánea, pero ocurre exactamente como el cuento, matrimonio imposible, ella es insoportable, él es pasivo, un pusilánime no sé qué, que esto que lo otro. Una noche se levanta uno de ellos y ve a la criada de la casa, en el invernadero, teniendo sexo con el novio.

Ah, pero yo lo quise llevar a una pareja que no tiene hijos, solo hay una sobrina de él que es pizpireta. Eso también tiene que ver con el vampirismo. A ver, por ejemplo, yo puedo tomar de ti tu belleza, tu lozanía, y tú tomas de mí el conocimiento, es decir, es una relación vampira, la sabiduría también y un poco jugar con esas cosas, ejercicios de estilo, señores. Yo siempre estoy todo el tiempo preguntándome cómo hago algo, cómo lo haré, cómo lo voy a hacer, cómo va a ser mi puesta en escena, si va a hacer cámara en mano…

Generalmente, uso la cámara en mano porque es más rápido, y no porque a veces sea lo ideal, porque la cámara en mano, que en Cuba se usó durante mucho tiempo con fotógrafos como Jorge Herrera, y funcionaba bien, se puso de malas con la gente del Dogma 95, y a todo el mundo le dio como una hemorragia por las películas de cámara en mano. A veces funciona, otras no…

Yo en Rebeca quería narrar más a la manera bergmaniana, buscando los rostros con planos centrados, pero a veces las propias vicisitudes económicas no te dejan hacer las cosas como tú quieres. Entonces tienes que buscar soluciones, y mi cine es un cine de soluciones todo el tiempo, por eso hay gente que dice que mi cine no tiene potencia visual. Y qué bueno, qué bueno porque en cambio es un triunfo en el estilo, un sello propio de mi cine por las cosas que cuento y cómo las cuento. Como te decía ayer, en aquel caso, fue hecho con cinco cámaras diferentes y a mí no me importa que se note la textura, a mí esas cosas no me importan, yo no hago películas que… para eso pinto cuadros. Yo cuento historias, y tú te metes en mi historia si quieres y si no, jódete, vete a ver películas de Marvel, ya, me entiendes, o sea, vete al carajo, normal. Si total, lo bueno que tiene el mundo es eso, es que existe Chijona, existo yo. Yo, a pesar de todo, existo, pero también existe Habana selfie, Casal, y que bueno que existan muchas poéticas también, ¿no?

Jorge Molina
Jorge Molina

Entonces, retomando el tema de las mujeres, ¿te has sentido tentado en algún momento como el personaje de tu película?

Yo siempre he dicho, y por eso me gusta tratar mucho con la condición humana, que todos llevamos adentro un Dr. J y un Mr. H. A lo mejor, el Dr. J es ese Molina casado que hace las películas y es director de cine, y el Mr. H es el que las interpreta, para simplificarlo de alguna manera.

Hitchcock, por ejemplo, se enamoraba de sus actrices, y a mí me parece eso genial, y de tus actores y todo eso, porque yo hablaba de la familia, cada día tú tienes que ser amante, hermano, amigo, compañero, tú tienes que ser todo eso, para que el actor o la actriz puedan entender, puedan sentir lo que tú quieres y transmitirlo. No puede haber distancia entre la actriz y el director.

Por supuesto, cuando yo empecé a hacer películas, pensé que iba a templar muchísimo, para hablar claro, y creo que uno empieza por eso, porque se piensa que en el cine uno puede tener mucho sexo… Pero seguro que, si yo hubiera sido un guitarrista, o un roquero, hubiera templado más que en el cine… Porque de verdad los músicos, no sé por qué, mientras más idiotas son, más mujeres tienen. Pero, bueno, tampoco voy de víctima por la vida, y dije: “Me voy a meter en esta profesión, de verdad”. Uno tiene su sensibilidad.

Kurosawa me impresionó de niño, yo quería ser Toshiro Mifune, y me decía: “Bueno, si estos tipos son famosos, a lo mejor las jevitas se me pegan”. Después te das cuenta que, no solo se te pegan las jevitas, sino los conocimientos también, que puedes poner la cámara donde no la han puesto los otros, que puedes jugar con la cámara también contando historias que los demás no cuentan, y te dices: “¡Wow!” También tengo talento, o sea, que puedo templar y también hacer películas. Y entonces mi vida ha sido constantemente eso, una lucha entre Dr. J y Mr. H. De hecho, mi último proyecto, que estoy preparando ahora, va a implicar a mi mujer y a mi familia, y de momento yo me despierto con una pesadilla que es que la ruedo y mi mujer me dice: “Claro, porque te quieres templar a las actrices…” Y son conversaciones normales en el matrimonio, donde ella dice: “Claro, si tú siempre has sido un descarado…” Y que bueno, ¿no?, porque lo sabe. De eso va mi nueva película…

¿Haces películas para tratar de despertar deseos en ti o también de los otros?

Yo creo que para exorcizar deseos míos, pero si despierto algo en los otros qué bueno, ¿no? Sería genial que alguien me diga: “Vi una película suya y me di una calentá tremenda”. Mi sueño siempre ha sido dirigir una película netamente pornográfica. Vamos a ver si algún día puedo hacerla, hay que ir trabajando en eso, pero hay que conseguir actores, hay mucha mojigatería últimamente, para Molina no es fácil rodar. Últimamente estoy metido en un hoyo, pero bueno, de eso me encargo yo.

Mira, generalmente yo trabajo con gente que escribe mejor, yo soy el de la idea, y veo cosas, veo momentos, pero, a veces, me cuesta trabajo hilvanar todos esos momentos para que conformen la historia. Cuando escribo con alguien, me dan su versión de dos a tres guionistas, y escribimos como si fuera un cuento, no nos ponemos premisas: “Había una vez, lalala, que esto y que lo otro, fin”. Así directamente, y después empezamos a poner Interior, Exterior. Por eso, a mis alumnos, yo siempre les digo: “Mire, usted escribe como quiera, no hay una ley, no hay una regla”. Los americanos nos han impuestos todos esos paradigmas a nosotros, pero tú puedes escribir como quieras, o no escribas nada. Tú coges una cámara y, en una actitud punk, automática, puedes rodar algo, contar una historia, improvisar una historia, eso también es tácito, a veces queda bien y a veces es un desastre.

Algunos creen de manera enfermiza en el guion, le llaman el guion de hierro, no se mueven de ahí. Yo me lo salto mucho, a veces por las condiciones de producción tengo que improvisar, y si el guion pide el Taj Mahal, no lo tengo, pero tengo la especie de mezquita esa que está en la entrada del río Almendares… ¿Te das cuenta? Locación no es lo que uno busca, locación es lo que queda dentro del cuadro. Y si, por ejemplo, tu película termina en Hong Kong, quizás no se va a ver Hong Kong, pero se verá un retrato de Bruce Lee filmado en Santiago de Cuba, no pasa nada.

Entonces vamos a Margarita, tu más reciente producción…

Me gustaría hablar de esa película, esa es una película que yo quiero mucho….

Los excesos más extremos quedan atrás en esta película, sobre todo al compararla con Ferozz o Culpa, ¿por qué?

Es la historia que quería contar ahora, yo quería contar una historia sobre mi negocio, sobre frustraciones. Ese fade que hubo con eso que le dicen la primavera Obama, donde yo siempre supe que eso solo iba a ser “eso”, pero veía a la gente ilusionada, ¿no?, y de alguna manera puedo entender y lo entiendo, y lo entendí.

A mí no me gustan esas cosas, pero quería hablar de alguien que sí puede ilusionarse con eso. Porque yo quería hablar de una cosa tan simple como coleccionar un disco de acetato. Yo, por ejemplo, tengo el disco The Joker de Steve Miller Band, y lo limpio todos los días. A veces, el ser humano crea fetiches que pueden ser una tontería, pero son importantes para el ser humano, y nosotros, mi generación y la que me precede, la de mis padres, y la que continua, la tuya, o la de muchos que están aquí que están en la treintena en este país, les ha pasado como que lo mismo, es un loop, cuando tú estás mirando una película, las caras cambian, es decir los rostros cambian, pero no cambia el rictus. Entonces, aunque yo no me siento vencido o derrotado, mucha gente de mi generación sí se siente así. Van penando, yo siempre he tratado de consentirlos y lucho por eso, y la única manera de tu luchar porque las cosas sean mejores es tu obra, porque es lo único que queda.

Yo quería hacer una película sobre eso y apelé a Fausto, a El Maestro y Margarita, porque son personajes que de alguna manera tienen que ver con gente fracasada, con gente decepcionada… y mi propia vida. Por eso el personaje se llama Molina, porque en mi vida ha sido normal que todo el tiempo me hayan querido hacer sentir culpable, desde que era un niño que estudiaba en la escuela. “Tú tienes diversionismo ideológico…”, de verdad que nunca entendí que era eso, el tipo más antimperialista puedo ser yo, y sin embargo me encanta el cine norteamericano, no veo ninguna contradicción en eso.

Yo quería hablar un poco de todo eso, y entonces era la película que quería hacer en ese momento. Quería hablar de una generación para la que el concierto de The Rolling Stones en La Habana tenía un significado tan grande, que a mí las lágrimas se me salían de ver a la gente lo feliz que era en ese momento, y era como el momento más importante de mucha gente, y me decía: “Coño, qué triste”. Fíjate que yo incluso entiendo que la gente sienta una esperanza, y no esperanza de que esto va a cambiar, no, no, sino esa cosa de que si el diferendo se resolviera el país mejoraría de inmediato porque es acción y reacción. Y eso me llamaba mucho la atención, mucha gente lo interpretó de muchas maneras.

Yo siempre lo interpreté como que era un affair y los affairs duran poquito, pero incluso a nivel económico… Más turismo, no sé, yo me dije, si eso se resolviera, ¿no? Nada más esa cosa de un mínimo entendimiento de estos dos países que llevan fajados hace mucho tiempo, el país cambiaría de muchas maneras, pero bueno no pasó y yo quería hablar sobre eso. Le llamo Molina al personaje porque Molina en parte vivió en esa generación, aunque no soy fanático de los Stones, hago el papel del fan de los Stones, y de hecho no me gustan, pero bueno eso es parte del arte también. Tiene elementos fantásticos, muchos, y lo que yo cuento, señores, es una mezcla de todo, es un gran aquelarre de cosas que me pasaron a mí, cosas que le pasaron a mis amigos, que me enteré, que leí, y mezclé todas esas historias. La historia de amor que yo tuve, pero con dos mujeres diferentes en una sola, uno trabaja con lo que conoce, y yo trabajo mucho con mi vida.

Jorge Molina
Jorge Molina

Martí decía que ser original era volver sobre el origen…

Sí, sí, y entonces, bueno, yo escogí la universidad, pero también podría haber sido un preuniversitario, podría haber sido cualquier lugar, podría haber sido una oficina. No, está claro que por lo que significa por eso la escogí, porque la universidad debería ser el Alma Máter de todos nosotros… También hablando de la diferencia, es complicado ser diferente…

En sistemas como este…

Sí, sí, sí, sí… O sea, es complicado, porque incluso fíjate, yo hablé el primer día de una dictadura global. Nosotros estamos jodidos por todos lados, fíjate que hay un momento que ella le dice a él: “No entiendo por qué se quedan si no los quieren…”, y él responde: “No, a un tipo como yo, no lo quieren ni aquí ni allá”. O sea, eso es para que ustedes entiendan de qué va la cosa, porque caminar en contra, y no solo en contra, sino de otra manera, ya es peligroso en este mundo.

Por ejemplo, te iba a hablar de algo para que veas lo puede significar una cosa y lo que puede significar otra… Ayer había en la guagua unos elementos, con unos reguetones de esos espantosos puestos, y le daban golpes a la guagua… Esos sí pueden hacerlo, porque no son peligrosos, porque son descerebrados que están borrachos, ¿no? Y oyen música de mierda, ¿verdad? Pero si alguien escucha Porno para Ricardo, y de momento empiezan a debatir de política o no sé qué, ya esto es un grupo que piensa y puede ser molesto.

Jorge Molina
Jorge Molina

¿Consideras tu película poscomunista?

Yo creo que sí, toda Revolución es un proceso oscuro, lo es, hay un momento en que explota, es oscura, es violenta, es un montón de cosas, no lo digo yo, lo dijeron los grandes revolucionarios de la historia. Mao escribe: “Una revolución es un acto de violencia”. Ahora, lo que pasa con las revoluciones en la historia de la humanidad es que todas, sin excepción, han sido víctimas de ellas mismas, o sea, llevan en sí las semillas de su propia destrucción, han ido mutando, han perdido pureza, han perdido un montón de cosas…En cuanto a lo del poscomunismo te diré que yo de hecho no pienso en esas cosas….

Pero la película en sí lo es.

Sí, sí, puede ser.

Hay como un pase de cuenta en esa película.

Bueno, no sé si es un pase de cuenta, yo estoy hablando de lo que yo conozco y de cómo puede sentirse mi generación, pero yo te digo, esa es la película de ese momento, la otra que vaya a hacer ya no tiene nada que ver con Margarita… No, pero que yo no pienso mucho de verdad en que algo me afecta, claro que me afecta todo, yo soy un ser humano, y siento y padezco, y cuando veo cosas que están mal me duelen mucho y me molestan, y me molesta la vulgaridad, y todos los desastres que son el producto de eso mismo, del fin de la utopía de alguna manera.

Es curioso porque en 1992 haces Culpa, después no haces más películas hasta el 2000

Sí, hasta el 2000.

En Culpa tratas la realidad del caos, con esa imaginación como de ese mundo del cura y de la prostituta, pero al mismo tiempo uno siente la energía de ese momento donde ya se veía como la degradación social comenzaba con la crisis de la economía.

Una crisis económica empieza a generar una crisis de valores, el ser humano es un animal que piensa, yo nunca he visto a un caballo hablando, quizás deba ser por eso que los caballos no se equivocan o lo hacen poco. Cuando tú tienes hambre eres capaz de robarte un pan, recuerden a Jean Valjean en Los Miserables. O sea, es humano, el padre que es capaz de matar a otro para resolver el problema de un hijo. Todo eso puede pasar, nos convertimos en animales, eso te lleva a convertirte en bestia, y cuando eres una bestia no sabes lo que eres capaz de hacer. Yo no sé qué haría en una situación límite, nadie lo sabe. Yo me considero un tipo cobarde, en el sentido de que yo soy incapaz de meterme en una bronca porque no me gusta que me den, pero yo no sé qué haría si estoy acorralado, no sé cómo reaccionaría, a lo mejor me convierto en Bruce Lee, no sé. Si a un hombre tú lo pones en una situación terrible, no esperes nada bueno en cómo te va a reciprocar.

Entonces, si está pasando todo eso, la válvula de la olla de presión… No sé si te diste cuenta de que yo uso mucho la olla de presión en la película, a nivel sonoro (chucu, chucu, chucu…), a nivel mental, y la válvula se disparó en ese momento para que no explotara la olla, y así. Soltó un poco de vapor, ahora mismo ya se le están haciendo las abolladuras, entonces es peligroso, hoy mismo cuando iba en la guagua, yo le miraba a las caras a la gente y se les veía las huellas del cansancio, unas veces contenida. Había un tipo que miraba a su mujer como con ganas de darle, y yo me decía: “Coño, pero esto no está bien…”. Y este personaje quizá fue un ferviente, un creído de que sí, de que las cosas pudieran haber sido mejores de otra forma, porque yo conozco. Por ejemplo, mi padre fue un tipo que de verdad sí creía, y yo me fajaba con él, y sí creía que el mundo se podía cambiar, y que íbamos a ser mejores hombres y mujeres y todo eso, y conozco a mucha gente así. Lo que en el tiempo de alguna manera los fueron moliendo, con como energías malignas que te van llenando el buche.

Siempre me gusta hablar antes de terminar de los referentes cinematográficos –qué directores son los que más te interesan– y conversar sobre tu nueva película, si hay un título posible, digo para estarla esperando….

Vamos a ver, ¿directores interesantes? Bueno, me interesa cualquier director que me cuente una historia que me atrape. Por ejemplo, mi película favorita es La película del Rey, yo no sé si es una gran película, pero a mí me parece extraordinaria, porque me identifico con el personaje, yo me siento como una especie de Quijote.

Te voy a hacer una anécdota. Cuando yo estaba haciendo Molina’s Culpa, la actriz se enamora de un compañero mío de la escuela y eso empieza a joder la película… Estábamos haciendo una toma y ella no la hace bien, aunque no es que estuviera mal. Yo soy joven en ese momento, soy un estudiante, cometo la ingenuidad de decirle vamos a repetirla no sé qué, y la hace peor, entonces yo digo: “Me quedo con la primera…” Para que dije eso, mira, me dijo que yo era lo peor de la Tierra, casi me agrede físicamente, y se fue de la película, o sea, tiró la puerta del estudio. Tiró la puerta así… ¡Praaaaa! Todo el estudio se quedó así, yo tengo una vena por aquí y me hacía así chu, chu, chu… Me quedé sentado así y todo el mundo mirando, a ver qué yo iba a hacer, y el actor decía: “Pero cómo va a hacer eso, que falta de respeto…” Yo empecé a rumiar y de momento dije: “Tráiganme un maniquí”, y el fotógrafo me dijo: “¡¿Qué?!…” “Tráiganme un maniquí, cambiamos el guion, el personaje está enamorado de una muñeca de tamaño natural de las largas y lo que visualiza es a esta puta que es una actriz, y así es mejor para que la película salga”. Se empezó a regar la bola de que Molina cambió a la actriz por un maniquí. Mira, la tipa vino llorando, se arrodilló ante mí para pedir perdón. ¿Entiendes? A mí nadie me para la producción, ni un muerto, le quito el traje y visto a otro. Si es lo único que me hace feliz, como alguien me va a joder mi felicidad.

Entonces, te decía, me interesan directores que hagan buenas películas, a ver, incluso, ni que sean buenas ni malas, sino que me gusten, porque, a ver, yo no tengo la verdad absoluta, pero si mucho, mucho más que todos. Orson Welles, yo creo que no era de este planeta, lo pusieron aquí equivocadamente y después se lo llevaron… Billy Wilder supo entender la naturaleza humana de manera increíble y, sobre todo, la norteamericana, siendo un austriaco…

¿Y películas?

Todas, incluso las malas, pero ya entonces sí digo, bueno, de este me gusta esta, de este esta, y así. Mucho cine B, sobre todo los cincuenta norteamericanos: Jack Arnold, Kurt Neumann. Yo me acuerdo que de niño vi una película que se llama Kronos, de Kurt Neumann, que me daba un miedo del carajo, y el Hombre del Planeta X, el cine de los setenta, el norteamericano, el mejor cine del mundo, y creo que del mundo entero. Estaba Walerian Borowczyk, las cosas que se hacían en Francia, las cosas que hacían los checos, el del Este me encantaba. No tengo director favorito, pero sí películas, por eso es mi homenaje a las abuelas, a todas esas brujas que son hombres disfrazados

Del cine cubano una nota para que se entienda. Lechuga me hizo una entrevista, casi que me obliga. Yo le dije en esa ocasión: “Mira, te voy a decir tres directores, que no es que me gusten, pero mira: Peón, por el animal que era; Titón, por lo inteligente; y Landrián, por su locura y por la anormalidad cinematográfica, esa cosa de ir en contra de todo, pero en general no tengo influencia del cine cubano, no la tengo. Hay gente que me pregunta y me dice: “¡Tú estás loco¡” Y yo decía: “Noooo”, porque nunca el cine cubano me provocaba cosas como El increíble hombre menguante, o lo que me provocaba aquella película Mensaje al espacio, que era espantosa pero de proporciones surrealistas…

El cine es mi vida, con el cine yo sueño, con el cine me masturbo literalmente, no es mental, yo veo porno cantidad. No, normal, hay ciertas cosas que a mí no me dan ningún complejo, soy un ser humano, ¿no?

¿Y entonces de la película que estás haciendo tienes algún título?

Bueno, ando en dos cosas. Tenía un proyecto que se llama “Alicia”, que es una versión de “El almohadón de plumas”, el cuento gótico-tropical de Horacio Quiroga, y cuando todo estaba montado para hacerse, se empezó a caer el castillo de naipes: una actriz se fue a los Estados Unidos detrás de un muchacho, otra me escribió una carta de que nunca trabajaría conmigo, entonces yo empecé a hacer una película alternativa de cómo el director Molina no puede levantar el proyecto de “Alicia”. Estoy filmando todas estas cosas (luego entonces te voy a pedir también imágenes de esto). Es una película donde entran todas las variedades posibles de cámaras, teléfonos, de no sé qué, de todo, y es Molina tratando de levantar su proyecto, esa es una película alternativa, y no sé si haga la película de Molina, o el coño de la madre de Molina, cualquier cosa. Entonces tengo cinco historias, me falta escribir la quinta que va a ser un remake de Fría Jennie, porque es un corto que me gusta mucho, no sé si te lo dije, y eso fue un corto hecho en 8 horas…

Pero, entonces, para no perdernos, la película que estás filmando ahora es…

No, no, no, la película que yo estoy filmando ahora es la alternativa, la otra la estoy escribiendo. Hay una serie de historias de terror españolas que se llaman así, Historias para no dormir y entonces estaba pensando en algo como Molina’s Historias para dormir mal o Molina no duerme, y en eso incluyo a mi familia, mi mujer y yo, mi mujer de actriz que no lo es, filmado con un celular o un iPhone, que me van a mandar porque filma mejor. Molina tiene unas pesadillas que son eróticas y entonces mi mujer dice que claro que yo estoy enfermo que tú quieres a esa actriz porque te la quieres templar y nada, es la cotidianidad de una pareja donde la mujer le recrimina a su esposo cineasta lo descarado que es. Puede ser interesante.

Jorge Molina en el repositorio de Cine Cubano en Cuarentena

Molina’s Ferozz (ficción)
Jorge Molina, dir. , 2010, La Tiñosa Autista
Molina’s Test (ficción)
Jorge Molina, dir., 2001, La Tiñosa Autista
Molina’s Culpa (ficción)
Jorge Molina, dir., 1993, La Tiñosa Autista & EICTV
El hombre que hablaba con Marte (ficción)
Jorge Molina, dir., 2009 , La Tiñosa Autista
Molina’s Mofo (ficción)
Jorge Molina, dir., 2008, La Tiñosa Autista
Sarima a.k.a. Molina’s Borealis II (ficción)
Jorge Molina, dir., 2014, La Tiñosa Autista
Molina’s Borealis (ficción)
Jorge Molina, dir., 2013, La Tiñosa Autista
Molina’s Solarix (ficción)
Jorge Molina, dir., 2007, La Tiñosa Autista
Molina’s Margarita (ficción) (protegido)
Jorge Molina, dir., 2019, La Tiñosa Autista - Contraseña: margarita66
Molina’s Rebecca (ficción) (protegido)
Jorge Molina, dir., 2016, La Tiñosa Autista - Contraseña: molinasrebeccafest
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Lynn Cruz (La Habana, 1977). Licenciada en Pedagogía en la Universidad de Matanzas (2000). Graduada de Actriz de Teatro Dramático en la Escuela de Teatro para Actores Profesionales (2004-2006). Tras cinco años como actriz de teatro en Cuba, Colombia, Alemania, debutó en el cine con el filme Larga distancia (2010); rol aclamado por la crítica, y que le valió asimismo la nominación a los premios Caricato y Llauradó. Protagonista del largo experimental Corazón azul, que se filma desde 2013. Actuó igualmente en La pared (2006), Próceres (2011), Nadie (2017) y ¿Eres tú, papá? (2018). Mejor Actriz en el Festival Le Cayenne de Nueva York, por su desempeño en el filme venezolano El niño (2015). Desde 2015 colabora con Havana Times, donde tiene una columna de opinión. Su novela Terminal fue Mención en el Premio Gaveta 2018, que concede la República Checa. Actualmente coordina la Muestra de Cine Independiente-Cine Pendiente y organiza el primer Festival Internacional de Cine Alternativo en el Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR), que dirige la artista visual Tania Bruguera.

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