Néstor, nostos, nostalgia

La historia en miniatura del Presidio Modelo que escribe Néstor Díaz de Villegas en sus memorias acabadas de publicar se la debían hacía décadas los escritores cubanos a la literatura.

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Lo más desconcertante del nuevo libro de Néstor Díaz de Villegas son sus nueve fotografías. Lo que empieza a leerse como una memoria novelada, o una novela escrita de memoria, se vuelve documento en cuanto aparece la familia de NDDV —primera foto—, después juego literario —foto del sanatorio de Topes de Collantes, nuestra montaña mágica— y, por último, mapa dibujado por un espía. Hay hasta un selfi del Che Guevara.

La sospecha es el territorio de quien lee ficción, pero en Cómo entrar a una cárcel (Tusquets México, 2026) Néstor Díaz de Villegas propone algo más insólito: nos propone que confiemos en él como portador de la Historia. ¿Habrá que creerle al hombre que escoge como protectores de su libro a Aldous Huxley y a Laura Riding? ¿O, lo que es más problemático todavía, a Kafka y a Mann? 

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NDDV quiere que lo imaginemos en su duplicidad: hay un Néstor fáustico que escribe desde un palacio en el norte de Italia, en Barasso, la región del retiro. «El palacio es mi vida», dice, aunque luego reconoce que el palacio es también la vida de mucha más gente, incluyendo sus fantasmas, incluyendo a Fidel Castro, incluyendo a sus parientes y agentes del G2. Ese Néstor palaciego es capaz de engendrar a otro de su misma naturaleza, pero que no es su misma persona: el joven Néstor, Kafka en Cumanayagua.

“La Revolución no logró hacer de mí un Hombre Nuevo, sino el superhombre que a punto de cumplir setenta años escribe estas páginas contrarrevolucionarias”. Eso es todo lo que hay que decir, en materia teológica, del libro.

Una de las pocas alegrías que da estudiar griego clásico es ofrecer un nuevo sentido a lo que uno creía fijado para toda la eternidad. El estudiante de Homero comprende que Néstor y nostos —regreso— son casi la misma palabra. Este libro es un nostos, un retorno a Ítaca. La única diferencia con De donde son los gusanos (2019) es que este nuevo regreso no se produce en el plano físico sino en el de la memoria y quizás (de nuevo esas fotos y esas citas) en la ficción.

Estamos en los años setenta. Allende acaba de caer. Erich Honecker da vueltas protocolares por la isla. Fidel es un travesti jesuítico, capaz de transformarse “en apache, pelotero, boyardo y paterfamilias”. Néstor, por otra parte, es un jovencito con una maleta de palo y algunas lecturas de Joyce y Nietzsche.

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En La Habana, Néstor –que todavía no es NDDV– conoce al poeta Pedro Jesús Campos. “Perseguíamos juntos las estaciones de radio clandestinas y bailábamos en los salones de desconocidos que nos daban entrada a sus fiestas secretas, como se estilaba en aquella época”. Les cae en las manos Paradiso y el libro los cambia para siempre. Están en la ciudad en la que duermen Reinaldo Arenas, Zaida del Río y Osvaldo Dorticós. A pesar de los chivatos, de los autócratas, del pasar trabajo, es la época dorada. La cárcel no tardará en llegar.

“Soy una de las pocas personas que visitaron las Circulares por la época en que alojaban a miles de presos políticos y, probablemente, una de las últimas en recordarlo”. La foto de la página 92 vuelve a atacar al lector de novelas: la cárcel a la que va a entrar, con el Kafka de Cumanayagua, existe y existe también esa extraña imagen de las Circulares de Isla de Pinos, ¿tomada desde una avioneta o un dron anacrónico, venido del futuro? Más que una prisión, lo que muestra la foto es una especie de congreso de platillos voladores.

La historia en miniatura del Presidio Modelo que escribe NDDV se la debían hacía décadas los escritores cubanos a la literatura. Es como si Machado hubiera construido esa cárcel para complacer antes de tiempo a Foucault. Tras su clausura en 1967 se convirtió en el Stonehenge del castrismo.

“Las Circulares son pirámides”, escribe NDDV en el último capítulo del libro, “carpas de circo embalsamadas, teatros grecocubanos. Allí se representó en cuatro pistas el drama de la mirada: el ojo estaba obligado a ver, como en la pintura negra glosada por Padilla. Por eso McLuhan dijo que Fidel era «un buen ejemplo del nuevo jefe tribal que gobierna su país mediante un diálogo televisivo», un circuito cerrado: cada celda un programa”.

Entrar a una cárcel pensando que se entra a una iglesia, como dice la última o penúltima frase del libro, es un modo de describir la poética de NDDV, no solo su último libro. Entrar con inocencia al infierno para poder salir de él.

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XAVIER CARBONELL
XAVIER CARBONELL
Xavier Carbonell (Cuba, 1995). escritor. Su novela El fin del juego (Ediciones del Viento, 2021) obtuvo en Cuba el Premio Italo Calvino, al cual renunció, y en España el XXV Premio de Novela Ciudad de Salamanca. Es autor de las novelas El libro de mis muertos (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara) y Náufrago del tiempo (Editorial Verbum). Ha publicado ensayos y artículos en Letras Libres, La Lectura, Rialta, 14ymedio, Hypermedia Magazine y Bookish & Co. Desde 2021 vive exiliado en Salamanca.

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