Todo sobre ‘Aldán: el último arcoíris’: el derecho a emocionarse

Una entrevista a Angélica Ballester y Joan Labrada (Acaneo Collective), los creadores de 'Aldán', la sorpresiva y popular serie de animación totalmente independiente hecha en Cuba.

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Desde hace tres años y medio lidero un proyecto de exhibición de cine llamado El Parqueo. Este espacio independiente, creado por jóvenes artistas, como tantos otros que han ido emergiendo (Bemba Poliglota, El Proyecto, Pop Culture, ZARPE, ONA Galería, La Jeringa, Ilustrados, Marisabidillas, Guermantes, etc.) nació cuando parecía imposible.

Tenemos algo en común. Evidenciar una posibilidad que parecía arrebatada por la emigración: crear una zona de encuentro, distante lo más posible de la precaria gestión cultural del gobierno.

Los jóvenes cubanos hemos creado un búnker de minúsculos y efímeros lugares para dolernos con los que quedan, despedir a los que se van y reclamar nuestro derecho al disfrute. La aparición de pequeños emprendimientos, involucrados con grupos creativos o colectivos de artistas, ha generado una red invisible que sostiene y crea cultura.

Irónicamente, la división no nos ha vencido del todo, y eso es un mérito únicamente nuestro.

En este intento de recomponernos como generación el gremio del diseño ha tenido una presencia importante. La llegada tardía del internet ha hecho aflorar una producción digital en la que somos aficionados. En ese aprendizaje de cómo mostrarnos en las plataformas, los diseñadores han sido los principales aliados de estos proyectos.

Una especie de magia mantiene unida a muchas generaciones de diseñadores del Instituto Superior de Diseño (ISDi), ya sean estudiantes, egresados o profesores que aunque han diversificado sus prácticas, se agrupan constantemente para crear, y ese espíritu lo comparten sin pudor con el resto. Nos enseñan.

Por esta razón, cuando Angélica Ballester y Joan Labrada (Acaneo Collective) contactaron a El Parqueo para estrenar el primer capítulo de Aldán: el último arcoíris, una serie de animación totalmente independiente hecha en Cuba, no nos tomó por sorpresa que vinieran del mundo del diseño gráfico.

En El Parqueo, el 90 por ciento de lo que proyectamos es animación, pero hasta que llegó Aldan no habíamos logrado proyectar nada producido en Cuba que no tuviera al menos dos décadas de existencia. Ni siquiera habíamos reparado en la posibilidad de que algo joven se estuviera cocinando en términos de animación, debido a la poca electricidad que hay en el país.

Proyectar animaciones viejas del ICAIC [Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos] nos parecía siempre un gesto de resistencia al olvido de los artistas que colorearon nuestra infancia y que produjeron verdaderas obras de arte, con humor, profundidad y belleza, pero esa alabanza al pasado nos aisló de investigar con suficiente agudeza qué cosas tenía para ofrecer nuestra generación.

Aldán: el último arcoíris venía haciendo cierto ruido en las redes y el primer episodio de diecinueve minutos, tuvo su estreno en YouTube el 20 de septiembre (hoy en día cuenta con más de 25 mil vistas). A la semana siguiente, de forma apresurada logramos el estreno de manera presencial junto al parque infantil Hábitat.

Imaginar cómo un proyecto de esta envergadura se concreta en las actuales circunstancias del país deja muchas preguntas abiertas, pero sobre todo nos lanza un grito de esperanza feroz: es posible y, además, imprescindible seguirnos emocionando.

Conversando con los creadores quisimos desentrañar todo sobre Aldán.

¿Cómo vivieron el estreno del primer episodio?

Joan Labrada (JL). Después de dos años, la emoción y el nervio se apoderan de uno. Ver el parque con niñxs fue hermoso; más allá de la presencia del gremio, las infancias son la verdadera prueba de fuego. A pesar de que hacemos muñequitos para niñxs grandes, esa experiencia en el parque infantil nos garantizó un grado de acogida y una felicidad tremendas. Aunque debo admitir que el estreno en YouTube me puso más tenso que el presencial.

¿Consideran entonces que es una serie pensada esencialmente para las plataformas digitales?

Angélica Ballester (AB). Sin dudas, aunque hemos soñado con la posibilidad de que circule en festivales de cine al no ser cineastas ni entender mucho esos sistemas, el temor de que no estuviera a la altura y la ansiedad por hacerlo público nos ganó. Estamos felices con esa decisión, lo importante es que la gente lo vea y no el protocolo actual que necesita cualquier proceso de distribución más formal.

Cuando organizamos el estreno, íbamos también a proyectar Arco porque había sido una inspiración para ustedes. Luego, por cuestiones precisamente de derecho de exhibición, elegimos otro film. Aparte de esta película, ¿qué otros referentes inspiraron esta serie?

JL. En efecto Arco es un referente importante, quizás el más actual. Pero en Cuba, casi todos, hasta la llegada del internet, habíamos consumido las mismas cosas, por lo que incluso para nosotros, que tenemos veintitrés años, los referentes han sido casi todos animaciones viejas.

Allí entra todo lo cubano, Elpidio Valdés, Filminutos, todo lo que aparentemente no envejece, y esas cosas de la infancia no hay forma de que no entren a domesticar un poco nuestra manera de acercarnos a la creación. El anime moderno nos llegó tarde, aunque, por supuesto, entra también como referente.

AB. El estudio Ghibli es esencial, la construcción de la serie nos ha hecho acercarnos de nuevo a todo ese cine con profundidad, revistar todas esas películas para aprender y reconocer que elementos podrían conjugarse con nuestras ideas y el mundo de Aldán. Wes Anderson, Guillermo del Toro y Adam Elliot forman parte de mis tesoros personales más allá de la animación 2D, y creo que de alguna que otra forma sus maneras de crear inspiraron algunas decisiones. 

En el mundo del audiovisual es sabido que la producción de animación es de las más costosas y lentas. Es también una de las razones por las cuales en países como el nuestro es pobre lo que se hace en ese ámbito. Viviendo hoy en Cuba, ¿por qué la animación?

JL. La libertad. Nosotros venimos de ser ilustradores, incluso antes de incorporarnos a estudiar en el ISDi. Digamos que, por esa parte, el recurso humano lo teníamos garantizado: nosotros mismos pusimos el cuerpo a disposición de la inmensa libertad que la animación proporciona. Por supuesto, que esas posibilidades están limitadas por nuestro conocimiento, tiempo, recursos, pero creativamente es más abierto el proceso y la negociación es con nosotros mismos: ¿qué tanto podemos aprender para realizar lo que estamos soñando? El espacio para imaginar es potente y, en la actualidad, se nos hace imprescindible. Yo había trabajado en algunas cosas anteriormente, pero con poca calidad.

AB. En sí, hemos ido aprendiendo a animar en este proceso de dos años, sin nadie que nos guiara, solo nosotros dos fajándonos con nuestras ideas en tiempo real. Decimos esto sin pesar; ha sido un esfuerzo que hemos hecho con todo el gusto y con muchas ganas.

En estos dos años de desarrollo, ¿qué cosas han quedado atrás y qué elementos de concepto y producción se han perfilado?

JL. Comenzamos esta idea cuando nos conocimos al entrar al ISDi. Automáticamente nos conectamos en esa zona y empezamos a definir el universo, algunos personajes, cosas generales. Actualmente estamos en cuarto año de la carrera y, con el tiempo transcurrido, han quedado muchas cosas atrás. Por ejemplo, este capítulo que ya está disponible ha ocupado solo seis meses de esos dos años; todo lo anterior fueron idas y venidas, prueba y error. Imagínate, no sabíamos nada de guion, de animación, de producción, etc. El volumen de descarte es gigante en este caso.

Luego de la tercera versión de guion, en un punto de frustración por no poder avanzar, paramos todo y nos pusimos a estudiar. Hasta que logramos resolver algunos elementos técnicos no continuamos. Con ese conocimiento de base, esperamos que lo que resta por venir sea menos accidentado.

AB. La paciencia nos acompañó, viendo atrás fue una buena decisión no sacar a la luz aquellas primeras versiones. Hoy queda todo ese material como una huella, y eso también forma parte del resultado. El atino de esperar.

¿Cómo se dividen tanto trabajo?

AB. La chica jirafa fue el diseño que abrió todo el universo. Inicialmente dibujé algunos personajes que Joan modeló en 3D y a partir de ahí, me he dedicado enteramente a todo lo que respecta al diseño de personajes, fondos, escenarios etc. Tengo especial atracción por los animales y por eso están integrados al universo desde la idea primaria, ya sea a través de personajes que morfológicamente son animales o algunos que son híbridos.

JL. En mi caso, me ocupo sobre todo de la animación, juntxs escribimos los guiones y hemos conceptualizado todo. Algunas personas entraron a hacer aportes en momentos específicos, como es el caso de Jhonathan González y Carlos Quiroga.

Para lograr avanzar nuestra vida se redujo a la universidad, hacer algunos trabajos para sobrevivir y reservar las horas de electricidad para animar. Los roles se dividieron desde el comienzo de forma natural según nuestros intereses y la idea es continuar así, culminar esta serie de cinco capítulos que luego pueda extenderse a otros materiales como cortometrajes. Pensamos que para enero estará fuera el segundo episodio.

¿Cómo definieron la estética de la animación?

AB. Fue complejo abandonar el dibujo académico, venía con una práctica muy activa en eso desde niña y, cuando empezamos el proceso, desprenderme del realismo para entrar el mundo anime me tomó tiempo. Ese fue quizás personalmente el mayor reto, definir un nuevo estilo de dibujo en función de la animación. 

JL. Es una combinación de varias cosas: de partida, los dibujos de Angélica, y luego la fricción de mis capacidades para modelarlos en 3D, que, por supuesto, no eran del todo óptimas y que poco a poco mejoraron. Los personajes y los espacios se quedaron atrapados en esa estética que conjuga nuestras capacidades técnicas, los referentes y nuestras ideas. En esa grieta, dimos con algo que nos gustó.

Otro de los retos de la animación es el universo sonoro ¿encontraron en el camino colaboradores para esta zona de creación?

JL.Sí, necesitábamos mucho apoyo porque de sonido no sabíamos nada. Queríamos que la música, fuera protagónica, que al mismo tiempo tuviera identidad propia. A la composición de la música se nos unieron Gemma Rembaut y Eduardo Vidal, quien además de componer se ocupó de todo el diseño sonoro.

AB. Las voces fueron un avatar. Tobias Alfonso fue nuestro principal colaborador en todo lo concerniente a grabar y editar los diálogos. Se grabaron cuando ya todo estaba muy avanzado y descubrimos que la actuación modificaba muchísimo la idea que teníamos de los personajes. Tuvimos que trabajar duro para equilibrar nuestra percepción con el carácter que estaba tomando todo al integrarlas. Comprendimos que los actores y actrices aportan su parte al proceso y que es mejor empezar a involucrarlos mientras todavía no está cerrada la animación.

Cuando vi en las redes las primeras imágenes de Aldán dos cosas llamaron mi atención: El Pingüino y el nombre. Ambos me parecieron inesperados. Cuéntenme sobre este universo.

JL. En las animaciones que conocíamos, los pingüinos siempre aparecían como personajes aplastados, mayordomos, un poco torpes, traumados. Decidimos incorporar al pingüino como una figura de poder, hacer un personaje opuesto a lo que habíamos visto, darle protagonismo.

AB. El nombre Aldán viene de El Bosque Encantado de Aldán, un sitio en Galicia cuya exuberancia natural inspiró parte de los escenarios. Basándonos en esas imágenes, incorporamos esa naturaleza dentro de una ciudad que es un parque de diversiones. Allí resiste la última civilización, llamada Aldán, llena de seres mutantes, mezclados con animales y con un toque circense. Esta civilización está amenazada por un apocalipsis cósmico y en cinco días se decidirá su futuro.

¿Existe alguna conexión entre el apocalipsis que espera a los habitantes de Aldán y nuestra realidad?

AB. Esta idea de hacer la serie nace precisamente con la primera caída del sistema energético nacional. Como es de suponer, la agonía de la incertidumbre que nos golpeó en ese momento es bastante similar a la que viven los ciudadanos del parque de diversiones. El fin que no llega, pero que es inminente, y los personajes que enfrentan un mal que no puede vencerse, que se les escapa de las manos.

JL. Más allá de ese caos compartido, hemos creado la serie precisamente para ir en la dirección opuesta. Queremos que cuando alguien vea ese espacio mágico, lo último en lo que piense sea en la realidad. Existe mucho arte político y de carácter social; nosotros nos volcamos más a la ficción, superar nuestra situación y hablarle a una audiencia más general. Abrirnos al mundo.

AB. Recientemente nos preguntábamos: ¿qué hubiera sido de nosotros si no hubiéramos estado haciendo esto estos dos años? Y no sabemos cuál es la respuesta. Hemos decidido dedicar nuestro tiempo y economía para producir a pequeña escala un sueño.

Las voces de los personajes me llaman la atención, la forma de hablar, de caminar, se siente muy cercana a nuestra generación. La sensación es enrarecida por lo poco que siento que se nos representa.

JL. Son personajes que se parecen a nosotros, que salen a la aventura y a intentar encontrar respuestas, quizás desde la ingenuidad. Era imprescindible que, de manera general, nos reconociéramos en ese planeta a punto de estallar.

AB. De igual manera, queríamos tanto personajes exóticos como personajes comunes, gente de a pie que existiera también en esa utopía. Esta manera natural de trabajar las voces, en contraposición a los personajes caricaturescos, está inspirada en el trabajo de Adventure Time, otra serie esencial para nosotros.

Imagino que con la salida a la luz de la serie se haya acercado mucha gente a querer integrarse. ¿Tienen intenciones de incorporar más creadores a la producción?

JL. Nos interesa incorporar animadores, pero teniendo en cuenta la falta de presupuesto, se hace complicado. Nos hemos esforzado mucho y no sería justo que alguien trabajara a nuestro ritmo y bajo nuestras exigencias sin poder pagarle. También sería ideal que alguien entrara directamente a producir y en la zona de la comunicación; esto reduciría nuestra carga de trabajo y ayudaría a que la serie tomara nuevos caminos, que desconocemos. Pero por el momento seguimos siendo un equipo de dos.

Descubriendo la serie, más allá de la calidad de la realización, me impacta cómo han logrado producir. En ese salto al vacío, percibo que para nuestra generación es importante la reivindicación del goce. ¿Qué momento para ustedes fue catatónico?

AB. Ver a los personajes moverse fue un salto exponencial. Observar cómo fueron tomando vida las escenas, fragmento a fragmento, aunque al otro día nos pareciera que debimos volver atrás para perfeccionarlo, cada uno de esos pasos intermedios fueron excitantes.

JL. La emoción más grande, separando el estreno, fue cuando vi la primera escena acabada, escuchar las voces, ver algo que hicimos completamente con nuestras manos. Que existiera.

                                                                                ***

Terminando la entrevista, le comento a Joan y a Angélica que el mismo día que anunciamos el estreno de Aldán nos escribió otro animador independiente para contarme que tenía dos capítulos que le gustaría proyectar con nosotros, una producción anterior a esta llamada La Jaiko.

Los ojos de ambos se iluminaron, con la misma luz que los míos.

IXCHEL CASADO
IXCHEL CASADO
Ixchel Marina Casado Pérez. Cineasta y diseñadora sonora cubana. Es cofundadora de El Parqueo, proyecto autogestionado de cine comunitario en Cuba.

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