Cómo un cimarrón del siglo XIX se convirtió en un ícono del siglo XXI: Selomoh del Castilho y el capitán Broos

En el siglo XIX latinoamericano y caribeño, el único negro rebelde alzado contra la esclavitud captado por una cámara fotográfica fue el capitán Broos. Por lo tanto, su retrato es excepcional.

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Selomoh del Castilho es un pionero de la fotografía del siglo XIX singular, tanto por su personalidad como por una de sus obras, que tuvo un destino inesperado en el siglo XXI. Del Castilho nació en Surinam, la Guayana Holandesa, el 20 de julio de 1826 y falleció en Paramaribo, la capital de esa colonia, el 20 de junio de 1914. Selomoh [Salomón] era un judío sefardí, como indica la ortografía portuguesa de su apellido. Se casó con una correligionaria, Hanna de Jacob Morpurgo (1838–1895). Tuvieron varios hijos, algunos con nombres bíblicos como Isaac, Elie, Ester o Jacob.

Este origen judío tiene una conexión con el Brasil Holandés (1624-1654). Muchos judíos de los Países Bajos acompañaron la aventura sudamericana del príncipe Juan Mauricio de Nassau-Siegen y construyeron la Sinagoga de Recife (1637), la más antigua de América. Cuando los portugueses derrotaron y expulsaron a los holandeses de su colonia, estos se refugiaron más al norte, en Guayana, en el Caribe o en la isla de Manhattan, donde fundaron Nueva Ámsterdam (actual Nueva York).

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En Guayana, algunos de estos judíos reprodujeron el modelo esclavista de la plantación de caña de azúcar del Nordeste de Brasil, en la localidad que pasó a conocerse como Jodensavanne (Sabana Judía), a 70 kilómetros de Paramaribo, a orillas del río Surinam. Las investigaciones arqueológicas han revelado la existencia de una sinagoga y un cementerio judío del siglo XVII, con varias lápidas escritas en portugués y otras en castellano, hebreo o neerlandés.

Poquísimos judíos practicaron la fotografía en el siglo XIX. Aparte de Selomoh del Castilho, en Sudamérica solo encontramos a Federico Lessmann (padre e hijo) en Venezuela. Incluso en países donde la comunidad judía estaba mejor establecida y tenía mayor diversidad, había pocos fotógrafos judíos en esa época: Mendel John Diness (en Jerusalén), Maksymilian Fajans (Varsovia), Hermann Biouw (Hamburgo), Bertha Beckmann (Leipzig), Adèle Perlmutter-Heilperin (Viena), David Lionel Salomons (Londres), George Barron Goodman (Sídney), Shimmel Zohar y Solomon Nunes Carvalho (Nueva York), adoptaron la cámara fotográfica en el siglo XIX.

Contrariamente a lo ocurrido en el siglo anterior, la lista de fotógrafos judíos desde el siglo XX en adelante es extensa y expresiva en la historia de las artes visuales. Incluye a una de las primeras mujeres profesionales de la región de América Latina y el Caribe, la surinamesa Augusta Curiel (1873-1937), quien abrió su estudio en Paramaribo en 1904 y lo mantuvo activo durante más de treinta años. Su obra fue expuesta en 2025 en el Museo de Fotografía de Ámsterdam (FOAM). Augusta Curiel fue precedida por otra surinamesa, Clarissa Heilbron (1869-1949), que abrió su estudio en Paramaribo en 1889, pero dejó la fotografía tras casarse con Abraham Moses Salomons (1893).

Selomoh del Castilho ejerció la fotografía entre 1857 y 1894, con un estudio de retratos en la esquina de Heerenstraat y Klipstenenstraat, calles situadas en el centro de Paramaribo. Transmitió los procedimientos de su profesión a dos hijos, Alfred del Castilho (1875-1913), quien adoptó el nombre de The American Photographer para su estudio en la Heerenstraat, y Raphael del Castilho (1862-1943), quien trasladó su estudio a la Domineestraat y murió en Nueva York. Selomoh trabajó con el daguerrotipo, el ambrótipo y el formato carte de visite. Sus experiencias con el color recuerdan al futuro autochrome de los hermanos Lumière. En el encarte publicitario publicado en el Koloniaal Nieuwsblad, importante periódico de Paramaribo, se presenta como “photographist” (1867).

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Desafortunadamente, se han identificado y conservado pocas fotos de Selomoh del Castilho. La más importante es el retrato del Kapitein [capitán] Broos (1821-1880), jefe de los Bakabusi Sama, Bakabusi Nengre, Brooskampers o Bushinengue (Negros del bosque). Los hermanos Broos y Kaliko eran los líderes de un campamento de antiguos esclavos fugitivos, formado en 1740, a orillas del río Surnaukreek, un afluente del río Surinam. Esos rebeldes eran llamados cimarrones en las colonias españolas, maroons en las colonias inglesas, nègres marrons en las colonias francesas y quilombolas en Brasil.

En Surinam, los rebeldes resistieron con armas en mano persecuciones y ataques militares, hasta un año antes de la abolición oficial de la esclavitud en las colonias neerlandesas del Caribe y Sudamérica (1863). Luego, sufrieron un periodo de transición de diez años, con trabajo forzado. Las autoridades coloniales negociaron un tratado de paz con los Brooskampers a cambio de tierras. El retrato del capitán Broos fue tomado en Paramaribo durante esa negociación.

En el Imperio brasileño, hasta la abolición en 1888, los esclavos fugitivos eran individuos fuera de la ley, forajidos. Las fotografías de negros brasileños, realizadas en la época por razones pseudocientíficas (Louis Agassiz) o comerciales (Christiano Jr., Alberto Henschel), eran de personas esclavizadas o libertos; en ningún caso de quilombolas ni de fugitivos. Los historiadores Luiz Felipe de Alencastro e Ynaê Lopes dos Santos comparten esta observación. El conservador en jefe de la fotografía del Instituto Moreira Salles, Sergio Burgi, no conoce registros de quilombolas ni de fugitivos durante el periodo de la esclavitud. Sin embargo, para contextualizar la situación, Burgi señala como documento de interés la Galería de los condenados, dos álbumes con retratos de 320 presos de la Cárcel de Río de Janeiro, realizados a partir de 1870. Muchos de ellos son afrodescendientes, esclavizados o libertos (esos retratos están disponibles en la Brasiliana Fotográfica de la Biblioteca Nacional).

En Cuba, otro país de abolición tardía, en 1886, la situación es similar: los negros retratados en el siglo XIX eran esclavos o libertos, confirma el especialista Rufino del Valle del Taller y Museo de Fotografía Cabrales del Valle (La Habana). A finales de siglo, muchos libertos se unieron a las tropas independentistas cubanas y aparecieron en fotografías tomadas con fines propagandísticos o comerciales. Pese a contar con una buena colección caribeña, el Schomburg Center for Research in Black Culture de la Biblioteca Pública de Nueva York no dispone de ninguna foto de maroons del siglo XIX.

La principal rebelión de esclavos en la región fue la Revolución haitiana, que derrotó al ejército de Napoleón Bonaparte y proclamó la primera República Negra (1804). Pero la fotografía aún no existía para registrar este evento memorable. La historia de la fotografía muestra potencialidades, así como impases y limitaciones.

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En suma, en el siglo XIX latinoamericano y caribeño, el único negro rebelde alzado contra la esclavitud captado por una cámara fotográfica fue el capitán Broos. Por lo tanto, su retrato es excepcional.

La pose respeta las convenciones de la época: sentado, vestido de blanco o en tonos claros, con ropa informal y un pañuelo de colores alrededor del cuello, con una mano colocada displicentemente sobre su pierna, Broos mira a la cámara con mucha seriedad, quizá con una expresión de desconfianza o desafío. La foto pudo haber sido tomada en el estudio de Selomoh del Castilho o en un espacio neutral. Probablemente fue un encargo oficial. La investigación histórica aún no ha despejado varias incógnitas, admite Eveline Sint Nicolaas, conservadora senior del Rijksmuseum (Ámsterdam), coorganizadora de la formidable exposición Slavernij/Slavery (Esclavitud, 2021) y coautora del magnífico libro Suriname in Beeld (Terra, 2025).

Este retrato es contemporáneo de la famosa fotografía estadounidense conocida con el título Scourged Back (Espaldas azotadas), tomada por McPherson & Oliver en Baton Rouge, Luisiana, el 2 de abril de 1863. El representado era un esclavo fugitivo, llamado Peter o Gordon según las fuentes, que logró escapar de una plantación de algodón tras recibir azotes que le dejaron terribles marcas en la espalda. La imagen fue utilizada como denuncia de la esclavitud por la campaña abolicionista, en plena Guerra Civil (1861-1865). Una de las tres versiones de la foto incluso se difundió en el popular formato carte de visite. En 2025, este documento visual fue censurado en instituciones federales y parques nacionales por la presidencia de Donald Trump, quien pretende purgar la historia de Estados Unidos.

Sin embargo, la diferencia entre las dos fotos es evidente. La primera presenta con la mayor dignidad al jefe de una comunidad rebelde invicta; la segunda muestra a una víctima de espaldas, un individuo sin rostro ni identidad precisa, con la espalda inclinada y ulcerada como prueba de su martirio. Ambas son obviamente documentos inestimables de la historia de la esclavitud.

Pese a ello, es legítimo preguntar por la notoriedad tan divergente entre una y otra. ¿Es realmente una explicación la distancia entre una gran nación como Estados Unidos y un pequeño país sudamericano, así como su peso respectivo en la historia de la fotografía? La diferencia entre una víctima, enseguida instrumentalizada por la prensa de la época, y un líder rebelde olvidado durante tanto tiempo, ¿no nos dice algo sobre las percepciones e imágenes en construcción de la diáspora africana? Durante la Guerra de Secesión, los negros fugitivos que buscaban refugio junto las tropas del Norte abolicionista eran llamados “contrabando” por los Yankees, un término que revela la cosificación y mercantilización de los esclavos. Sus retratos se vendían en formato carte de visite.

Independiente desde 1975, la República de Surinam es un país amazónico con una densidad de población insignificante (630 000 habitantes en 163 000 kilómetros cuadrados), pero con una diversidad étnica incomparable. Los marrones, descendientes de los africanos esclavizados, representan el 21,7% de los surinameses, sin mencionar a los mestizos (el grupo más numeroso es el de los indo-pakistaníes, que reemplazaron al trabajo esclavo tras la abolición, el 27,4%).

La foto de Selomeh del Castilho llegó a los Archivos de Utrecht (Países Bajos) junto con la documentación de la Fraternidad Evangélica activa en Surinam. Hace unos años, una copia del retrato del capitán Broos fue llevada por surinameses de ascendencia africana a Ghana (África Occidental), donde se expuso en el Memorial de la Esclavitud de Assin Manso. La foto también fue exhibida en una asociación surinamesa en Ámsterdam. Fue apropiada por artistas, instituciones y entidades interesadas en la historia colonial o los estudios poscoloniales. Ámsterdam cuenta incluso con un Instituto Broos, que propone perspectivas afrocéntricas en los estudios universitarios europeos.

La imagen adquirió así una dimensión icónica, que muestra la capacidad de la fotografía para transmitir aspectos subestimados o borrados de la memoria y la historia. La foto del Capitán Broos viajó a través del espacio y el tiempo. A pesar de los convencionalismos del retrato del siglo XIX, la imagen fue reinterpretada según las expectativas del siglo XXI: se convirtió en un símbolo de rebeldía y libertad, de supervivencia y resistencia, de autodeterminación e identidad. Un icono paradójico, apreciado por algunos y aún desconocido por la gran mayoría de los demás.

En este proceso hay una convergencia entre el representado y el fotógrafo, cuyo encuentro no estaba predestinado. Ambos cargan el trauma de un desplazamiento forzado y brutal. Los antepasados de Broos fueron arrebatados de África por el comercio transatlántico de esclavos, “el crimen más grave contra la humanidad”,según la Asamblea General de las Naciones Unidas. Algunos de estos africanos se refugiaron en la selva sudamericana para escapar de la esclavitud y así recuperar el control de sus vidas.

Los judíos fueron expulsados de la península ibérica, amenazados con tortura y muerte por la Inquisición. El refugio de muchos de ellos fue Ámsterdam, la nueva “Jerusalén del Norte”. Más tarde, algunos buscaron la Tierra Prometida en Sudamérica, en Pernambuco y en Guayana, alejándose así de su punto de partida. Selomoh del Castilho no se conformó con transmitir la tradición ni con ejercer los oficios característicos de su comunidad, sino que abrazó una nueva profesión, típica de la incipiente modernidad, que enseñó a dos hijos. Su espíritu pionero es reconocido por historiadores surinameses y neerlandeses.

Por voluntad propia, Broos y Del Castilho negaron el determinismo. La interacción entre ambos esboza una convergencia entre la diáspora africana y la diáspora judía. Extrapolando, anuncia la alianza entre negros y judíos en la lucha por los civil rights en Estados Unidos en la década de 1960. La búsqueda de los orígenes dio un nuevo significado a la figura del capitán. Y la trayectoria póstuma del fotógrafo reactivó su memoria en la vieja Ámsterdam. Gracias a un retrato que ha sobrevivido a pesar de siglos de abandono patrimonial.


* Este texto pertenece a Historia de América Latina en 100 fotografías (Bazar do Tempo, Rio de Janeiro, 2025; editorial Blume, Barcelona, finales de 2026), el último libro de Paulo Antonio Paranaguá.

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PAULO ANTONIO PARANAGUÁ
PAULO ANTONIO PARANAGUÁ
Historiador de cine y periodista brasileño. Autor entre otros estudios de Cinéma brésilien 1970-1980 (1983), O cinema na América Latina (1985), Le cinéma cubain (Centre Georges-Pompidou, 1990), Mexican Cinema (1995), Tradición y modernidad en el cine de América Latina (2003), Cine documental en América Latina (2003) o A invenção do cinema brasileiro. Modernismo em três tempos (2014).

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