Imagen de la Calle de la Fortaleza en San Juan, Puerto Rico

Mohamed, el joven cajero que nos atendía en un colmadito en Barcelona, nos preguntó de dónde éramos.

—De Puerto Rico, le dije. ¿Y tú?

—De Bangladesh, me contestó.

—Ustedes no son independientes, ¿verdad?

—Me sorprendió su pregunta y el conocimiento que tenía sobre Puerto Rico. No, somos una colonia, le respondí.

—¿Por qué? ¿La gente no quiere la independencia? ¿Por el vínculo con Estados Unidos?

—Así es. Por diversas razones, históricamente la independencia ha sido una opción minoritaria entre el electorado.

—Pero ustedes son prósperos por sus vínculos con Estados Unidos. Están bien.

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—Bueno, hubo una prosperidad relativa después de la Segunda Guerra Mundial. Pero hace algunas décadas estamos en una situación de crisis económica y social bastante grave.

—Pero están bien a pesar de todo, por el vínculo con Estados Unidos, que es un país muy poderoso. Digo, comparado con mi país y otros, son prósperos.

—En estos momentos se está discutiendo en el Congreso norteamericano una propuesta para crear un mecanismo para dilucidar lo que llamamos la situación del “estatus”, la relación jurídica con Estados Unidos.

—Sí, sí, el “estatus”.

—El problema es que, aunque la anexión a Estados Unidos sea posiblemente la opción preferida por la mayoría de los electores, los sectores derechistas y racistas republicanos en el Congreso no le darían paso a esta opción, si ganara en una consulta. Y la independencia (opción que los derechistas y racistas sí estarían dispuestos a reconocer) sigue siendo apoyada por una minoría en Puerto Rico. Hay una tercera opción, una “libre asociación” que le daría mayores poderes a Puerto Rico, pero mantendría los vínculos existentes con Estados Unidos. Los independentistas se burlan de los anexionistas porque el imperio no los quiere, pero no les parece un problema político que el electorado puertorriqueño rechace la independencia. En todo caso, ese rechazo es visto como prueba de la enajenación del colonizado.

—Ah, pues yo apoyaría cualquier opción que mantenga unos vínculos estrechos con Estados Unidos. Después de todo, la independencia en el mundo actual no vale de mucho.

—Me pareció interesante que Mohamed pareciera entender mucho mejor que muchos intelectuales y comentaristas nacionalistas puertorriqueños los efectos paradójicos de la hegemonía estadounidense en Puerto Rico y por qué esta ha generado un consenso favorable a la presencia de Estados Unidos entre los puertorriqueños. Más aun, la breve conversación con él me dejó pensando en cómo la situación de Puerto Rico puede ser vista desde fuera de las gríngolas del insularismo local. La perspectiva de este joven inmigrante bangladeshí tiene el efecto de invitar a mirarnos más allá de nuestro ombligo y de la creencia del excepcionalismo colonial puertorriqueño.

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Carlos Pabón Ortega. Profesor titular de Historia en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Es autor del libro Nación postmortem: ensayos sobre los tiempos de insoportable ambigüedad (Ediciones Callejón, San Juan, 2002), y editor de El pasado ya no es lo que era: la historia en tiempos de incertidumbre (Ediciones Vértigo, San Juan, 2005). Recientemente ha publicado Historia, memoria y ficción. Debates sobre la representación de la violencia extrema (Ediciones Laberinto, 2022).

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