Bestiario Miserable #26: Cangrejo

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Cangrejo

Cangrejo dibujo de Camila Lobon portada | Rialta

Una canción de la Sonora Gloria Matancera que se oía en mi casa con frecuencia rezaba: “Dicen los babalawos, quien come cangrejo camina pa’trás”.

Este bicho de hoy, el cangrejo, es un ser detestable, hijo del descaro y nieto del mal, custodio de las profundidades del vertedero en que se ha vuelto Cuba bajo la dinastía Castro. El Cangrejo no es solo el mote del nieto de Raúl y Vilma, y sobrino de Fidel. Es un espécimen arquetípico de la nueva clase a la que se está intentando traspasar el poder en Cuba: los descendientes de la casta militar que secuestró la República.

Llevaban décadas los Castro & Co. preparando este escenario. Crearon conglomerados empresariales anónimos desde los que monopolizaron la economía del país sin ninguna fiscalización. Hilaron un opaco entramado de entidades financieras y empresas inmobiliarias para hacerse accionistas mayoritarios de las industrias estatales “socialistas” y dueños de la infraestructura hotelera del país. Durante años, han estado insertando sutilmente a sus ridículos hijos y nietos –exponentes perfectos de su mediocridad genética– en la vida pública como dueños de negocios, “activistas” y hasta influencers. Porque si de algo sí son herederos legítimos los cangrejitos es de la infamia, la vulgaridad y la abyección de sus predecesores. 

Uno intuía, no sin las cuotas de la incredulidad que provoca la indignación extrema, que aquella era toda una estrategia para transmutar a la familia de oligarquía político-militar en oligarquía empresarial. Y ya empieza a confirmarse. Ya emergen de la cueva los cangrejos, sin méritos y hasta sin nomenklatura, pero con el cinismo que otorga el poder real. Sonando las muelas a paso retrógrado y arrastrando la única s en la que creían cuando pronunciaban la palabra socialismo, la del $. 

Hay que recordar, por muy desesperados que estemos: quien come cangrejo camina pa’trás. Que si algo ha demostrado la tragedia cubana es que siempre, siempre se puede retroceder más.


Bestiario Miserable es un catálogo de los excesos, miserias, deformaciones que las contorsiones circenses del panorama político cubano, global y virtual han ido pariendo. Como decía Leónidas Lamborghini, la verdad del modelo es su propia caricatura. Pues este quisiera ser un retrato realista de los arquetipos de conducta que florecen en toda su monstruosidad por el extremismo ideológico, la antipatía, la deshonestidad intelectual, o la pura estupidez, ahora abonados en ese terreno de la pseudo ética que puede ser ciberespacio. En un mundo que se parece cada vez más al que describiría Weill, donde la espera de lo que vendrá ya no es esperanza, sino angustia, quizás bosquejar nuestros monstruos, los que todos en menor o mayor medida somos, pueda hacer los mitos más lógicos, dar alguna pizca de sensatez.

CAMILA LOBÓN
CAMILA LOBÓN
Camila Lobón (Camagüey, Cuba, 1995). Artista. Graduada de la Academia de Arte de Camagüey en 2014 y del Instituto Superior de Arte de La Habana en 2019. Ha sido coordinadora del Instituto de Activismo Hannah Arendt (INSTAR), fundado por la artista Tania Bruguera. Su trabajo como artista visual está enfocado en la narración e ilustración de un imaginario social y político que desde la memoria individual subvierte la narrativa totalitaria cubana. Entre sus exposiciones personales se encuentran Epizootia (Zapata Gallery, Miami, 2024) y El país perdido (Aveces Art Space, La Habana, 2019). Su trabajo ha sido expuesto en La Habana, New York, Montreal, Buenos Aires, Berlín, Kassel y Praga.

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