Entrevista con Yornel Martínez: de la memoria a la restauración y el reciclaje

'Derivas (activaciones contextuales)' no es una Mipyme cultural ni un modelo actual de emprendimiento, es una forma de generar dinámicas de sociabilidad en un ecosistema cultural fracturado por la censura, por la sospecha del gremio artístico en las instituciones y por la emigración tan grande y la crisis sistémica sostenida.

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Al meditar, reflexionar, e indagar para finalmente escribir sobre el arte cubano contemporáneo, el trabajo de Yornel Martínez Elías (Manzanillo, 1981) ha llamado la atención de una parte de la crítica especializada que le ha ido concediendo un lugar esencial y protagónico dentro de un entramado tan diverso, polémico y complejo. En mi caso, hace unos años atrás escribí sobre él: “Su mente establece una radical conexión entre las palabras y la imagen; esa realidad creo que es la esencia de la mayor parte de su trabajo. Este es un artista que lee, desentraña y acumula para después verterlo de la manera más insospechada; síntoma que lo coloca de forma muy favorable ante las inquietudes del espectador”.

Ahora que me dispongo a conversar con Yornel Martínez no precisamente sobre su obra, sino sobre Derivas (activaciones contextuales), un espacio que desde el año 2021 se gesta, bajo su liderazgo y curaduría en su estudio, ubicado en el Palacio de las Ursulinas, en la Habana Vieja, apenas a unos metros del popular mercado de Egido. Entiendo que aquello que vislumbré como un elemento importante dentro de su creación de alguna manera también interviene en el criterio a la hora de enfocar los eventos que ocurren en este proyecto que él denomina con acierto como: “una plataforma colaborativa para el arte y la investigación. […] Más que un programa fijo, funciona como un espacio fluctuante que se activa a partir de encuentros: conversaciones, exposiciones, performances, proyecciones, lecturas e intervenciones guiadas por artistas, poetas, cineastas, investigadores y otros agentes culturales”.

En estos momentos, en que la isla vive una precariedad atroz y la sensación constante de desamparo provocado por la falta de perspectivas y la inoperancia de gran parte de las instituciones que, lejos de oxigenar los espacios creativos, han contribuido a viciarlos aún más con sus retóricas estériles y su estrechez a la hora de dialogar o debatir con las comunidades –ya sean estas artísticas o de cualquier otra índole–, una plataforma como Derivas resulta un oasis capaz de alentar prácticas en peligro de extinción entre nosotros, enfocándose de manera muy particular en el capital creativo que aún actúa dentro de Cuba y que, por su autenticidad y responsabilidad, exige ser integrado al metabolismo de nuestras prácticas culturales.

Derivas se empeña en visibilizar contenidos fundamentales en torno a la identidad y los diferentes procesos culturales en la isla. Resulta evidente la importancia de estas acciones en una isla cuyo cuerpo subjetivo o espiritual está totalmente fracturado por los embates brutales de la ideología. Como principal curador y gestor de Derivas, ¿con qué criterios selecciona las grietas o agujeros por donde se filtra un quehacer autentico que desmonta la letanía del discurso oficialista y sus tentáculos?

Permíteme hacer una introducción y hablar de las Derivas. Este espacio funciona como una plataforma colaborativa para el arte y la investigación que comencé en La Habana, Cuba, en 2021, justo cuando estábamos saliendo de la pandemia del COVID-19. En un contexto caldeado por la falta de diálogo entre la institución y los artistas, y fracturado además por la emigración de muchos creadores, creí que era urgente abrir mi estudio para generar un espacio de conversación que ayudara a crear un ambiente más empático, fomentando reflexiones que pudieran contribuir a un bien común.

Parto de una práctica situada de frente a una realidad que atraviesa problemáticas y urgencias. Funciona como una zona temporalmente autónoma donde implementamos poéticas tácticas de autogestión frente a una institucionalidad que usa mecanismos de censura para invisibilizar una zona de la producción cultural más álgida y, a su vez, valiosa.

Con estas activaciones se hacía urgente propiciar una crítica que no fomentara un ambiente aún más hostil, y que surgiese de la empatía, intentando generar experiencias de cuidado y restauración de los tejidos o redes de circulación de una producción artística e intelectual crítica que aún sigue viva en Cuba. Sigo pensando que es necesario ser menos reactivo y más creativo.

Con estas Derivas abrí mi estudio para apoyar –con una infraestructura precaria– y establecer vínculos con discursos artísticos con los que tenía resonancias, propiciando sitio y recepción para una performance de empatías, abriendo espacio para conversaciones vibrantes.

El espacio acoge procesos y presentaciones que parecen ser que las instituciones culturales cubanas no están preparadas para digerir debido a su propia naturaleza controladora y su manía de censurar. ¿Cómo valoras la gestión de tu proyecto en ese sentido, y las de otros que igualmente contribuyen a mantener vivo el debate y la sensación de una cultura en constante mutación?

Estos encuentros usan como metodología la mediación como disenso o “punto de desencuentro” a la hora de posicionarnos frente al discurso del poder. Como respuesta, preferimos los ruidos de la partitura, aquellos elementos que no encuentran lugar, que se hallan excluidos. Operamos como una fuga en el orden del discurso.

Desde mi punto de vista, creo que es fundamental para los artistas que trabajamos en contextos de riesgo pensar en cómo nos posicionamos frente a las instituciones y su aparato silenciador, esto es algo que engloba también a la producción artística: los parámetros de recepción (instituciones, público, comunidades, etc.) y los potenciales y limitaciones en las diferentes esferas (el mundo del arte, los medios oficiales o independientes, los ambientes públicos, etc.). Cómo se establecen las conexiones y cómo, de hecho, se rompen. Esta cuestión puede debatirse desde diversos acercamientos; aquí me centro para responder a tu pregunta en el papel o función del artista/autor en la construcción de otros espacios y subjetividades, ya sean redes alternativas o incluso contrapúblicos. Dichos debates no deben centrarse solo en la interacción entre la institución artística y el artista individual, tanto política como artísticamente, sino también en la creación de redes, formas de legitimación, líneas de comunicación e intentos de fuga.

¿Cómo tú aprecias todo este proceso descrito anteriormente en vínculo o relación con la memoria?

Disputar la memoria a través de las artes visuales implica resignificar el contraarchivo: utilizar el arte como herramienta de resistencia para rescatar historias invisibilizadas.

Dentro de Derivas me interesa cuestionar el relato oficial, utilizando formatos no tradicionales para visibilizar algunas zonas ciegas: aquello que el poder ha intentado borrar o censurar o simplemente no le interesa legitimar. Las estrategias para operar dentro de estos espacios en resistencia incluyen como recurso el rescate de lo olvidado y aquí la manera de trabajar con los archivos se convierte en materia prima estética dotada de una nueva carga política.

Volver sobre el pasado permite hacer visible la ausencia más allá del relato oficial. No solo como una estrategia expositiva: es una propuesta que contiene una carga política (entendiendo lo político desde una dimensión mucho más amplia). Al rescatar lo olvidado, ponemos en tensión los relatos oficiales para dar espacio a memorias marginadas, reabrir interrogantes y conversar con el presente.

Aquí me gustaría comentar sobre dos ensayos curatoriales que han tenido lugar dentro de las Derivas

La muestra, Aunque tú, pinturas y dibujos de Nicolás Guillén Landrián (1938-2003), que curé junto a Orlando Hernández. Y PROPAGARTIST, exposición del artista Arturo Cuenca (Holguín 1955 – Miami 2021), que curé junto a Glexis Novoa, y fue la primera exposición de la obra de Cuenca en la isla, tras su temprana muerte en septiembre de 2021.

¿Qué significa para Yornel Martínez el reciclaje como elemento creativo y fuerza capaz de restaurar una realidad cada vez más depauperada? Creo que esto se hizo muy visible en un proceso del que también fuiste protagonista hace algunos años junto al poeta, traductor, ensayista y músico Omar Pérez, y en torno al cual se nuclearon relevantes intelectuales cubanos procedentes de diferentes lenguajes, háblame de esa experiencia también y de cuánto ha trascendido en el tiempo, sobre todo a la luz de eventos más recientes.

Te voy a hablar de P-350, quizás haya muchos que no conozcan de este proyecto. Alrededor del año 2009, en algunas conversaciones que sostuvimos el poeta Omar Pérez y yo, surgió la idea de fomentar un proyecto editorial que dialogara con nuestro contexto: algo flexible, mutante, independiente de la industria editorial. Un proyecto que desde la horizontalidad reuniera un caudal de información que lograra amplificar otras voces, evitando la jerarquización del discurso, y que propiciara además abrir un espacio desde lo creativo, con el fin de conseguir una autonomía cultural.

Así se creó P-350, publicación autogestionada que se solventa con el reciclaje del papel de los sacos de cemento, y que constituye una plataforma capaz de visibilizar las propuestas de grafiteros, tatuadores, diseñadores, artistas visuales, creadores espontáneos, poetas inéditos, etc.

P-350 recibe su nombre básicamente del soporte donde se asienta. Es el nombre de los sacos donde viene el cemento, sacos que por fuera dicen Portland P350, lo que es parte importante de la conceptualización del proyecto. Cuando normalmente en Cuba se usa el cemento, se bota el cartucho. Nosotros comenzamos a reciclar el cartucho y lo reutilizamos como soporte para construir este block.

La relación con las Derivas es que P-350 funcionaba como una plataforma colaborativa. Se trató a fin de cuentas de un gesto, más que un proyecto editorial, consolidado a partir de las interacciones que suscitaban las presentaciones, las cuales devenían en espacio para sociabilizar, propiciar el diálogo sobre temas variados, y crear redes de relaciones e intercambio. Organizábamos presentaciones, intervenciones, exposiciones, lecturas y talleres que funcionaban como resortes para provocar el debate y la movilidad del pensamiento, una excusa para juntarnos a compartir y recuperar los espacios de construcción común.

Eres un artista plástico que posee un vínculo muy fuerte con la textualidad, pienso que interpretas la literatura como signos que se organizan para contarnos disímiles ficciones y que estas traen el poder de intervenir y modificar cosas en las vidas y en las sociedades. ¿Cómo se refleja esa tendencia tanto en tu obra, como en el proyecto Derivas?

Con mi trabajo intento recurrir a esa zona inagotable de producción simbólica del lenguaje; a ese campo de la literatura expandida que ha sabido incorporar las exploraciones que inició Mallarme con Un golpe de dados, y que siguió luego Apollinaire con sus Caligramas, o la poesía concreta, el poema objeto y otras escrituras visuales del siglo XX.

El conceptualismo y otros procedimientos textuales son elementos que asumo dentro de mi práctica artística. Incorporo conscientemente metodologías usadas por escritores contemporáneos como Paul Auster, cuyos libros son novelas sobre alguien que escribe una novela, y esa novela es la que al final leemos. Textos que remiten a sí mismos. Me interesan esas múltiples maneras de utilizar y manipular el metalenguaje, llegándose a convertir esta metodología en un elemento significativo dentro de mi obra.

Cuando me haces esta pregunta inevitablemente pienso en mi intervención en la librería Fayad Jamís durante la Bienal de La Habana de 2015.

Como proyecto, Intervención en la librería tuvo la intención de pensar la librería como un universo cultural dinámico y abierto, capaz de generar nuevos contenidos, correlatos y diálogos. Además, pretendió pensar el lugar que juega la edición independiente como herramienta de la biblio-diversidad.

Asimismo, me interesó visibilizar la actividad de algunos proyectos editoriales que constituían, a mi modo de ver, un nuevo modelo de intervención artística e intelectual, al generar en la práctica un tipo de activismo cultural.

Para este proyecto Intervención en… conté con la asesoría de la poeta cubana Reina María Rodríguez a la cual admiro en demasía. Derivas debe mucho a una genealogía de prácticas autónomas y espacios independientes como La Azotea (un espacio gestado en los noventa por la propia Reina y un grupo de escritores). Tú estuviste ahí desde el principio y sabes bien de lo que te hablo.

Sin dudas, la antropología atraviesa de manera brutal los eventos que emanan de la conducta humana y tiene la capacidad de poner al desnudo el comportamiento de los individuos cuando se desenvuelven en colectivos, que experimentas cuando adviertes que esta herramienta de conocimiento está presente y es protagónica en muchas intervenciones de la ocurren en Derivas.

Es muy difícil sostener espacios colectivos con una proyección crítica y propositiva en un contexto como el nuestro, ya sea por la precariedad o por la censura.

Me interesa desplazar la mirada a los microrrelatos y dejar de pensar en macroestructuras, organizaciones y procesos de movilización, para detenerme en los vínculos afectivos y las formas en las que se reelaboran las subjetividades en un contexto marcado por la represión, donde ha ocurrido una derrota del activismo y la militancia política.

Quizás parte de las respuestas a un grupo de preguntas que me hago relacionado con las Derivas no se encuentre únicamente en los espacios tradicionales de arte contemporáneo, sino en lugares aparentemente menos políticos –aunque profundamente comunitarios– como las casas templos de la religión Abakuá, el grupo no reconocido estatalmente de los boteros… las sociabilidades populares y asamblearias que persisten.

Creo que uno de los aspectos que enriquecen a Derivas es tu propio sentido de lo multidisciplinario, la lectura que haces de ese concepto y cómo lo pones en práctica tanto en los encuentros de tu espacio como en tu obra.

Me cuadra esta pregunta porque me obliga a desarrollar algunas ideas al respecto. Me interesa pensar en una nueva configuración del artista, un replanteamiento de su figura que pueda abarcar otros aspectos que no solo tienen que ver con la producción, sino con ciertas acciones y gestos que no siempre son pensados como “obra” en un sentido moderno o romántico.

En el contexto del arte cubano actual, con el fuego cruzado entre el dique institucional versus el mercado del arte, los artistas que trabajamos de frente a un contexto específico estamos cada vez más sordos los unos con los otros, voluntariamente ensordecidos y enclavados en estrechos nichos de recepción y de supervivencia cultural.

Por algunas de estas razones decidí activar mi estudio como una especie de nodo crítico multidisciplinar donde lo que hacemos, por un lado, es validado por el “mundo del arte” y, al mismo tiempo, trasciende el mero lugar de trabajo para convertirse en un sitio de interacciones, investigación y circulación de diferentes tipos de prácticas y discusiones. Más allá de cuestionar el circuito artístico (que es bastante endogámico de por sí), era importante para mí crear un público, ampliar la audiencia que normalmente se mueve en el “mundo del arte”.

Derivas fue concebida como un núcleo vivo de creación y colaboración, un ecosistema artístico comprometido con diferentes disciplinas en sus múltiples formas, y dedicado a nuevos modelos de producción y difusión cultural, abierto a la colaboración y la construcción de comunidad de forma autogestionada.

Las Derivas funcionan como laboratorio de creación multidisciplinario, generando interconexión e intercambio de conocimientos. Me interesan los procesos de aprendizaje colectivo para desde allí explorar el potencial emancipador de la imaginación artística.

¿Cómo definiría la función social y la naturaleza de este espacio?

Te había dicho anteriormente que trabajo de frente a un contexto. Lo que hago no es entretenimiento ni espectáculo, no me interesa la cultura simplemente como un activo económico. Derivas (activaciones contextuales) no es una Mipyme cultural ni un modelo actual de emprendimiento, es una forma de generar dinámicas de sociabilidad en un ecosistema cultural fracturado por la censura, por la sospecha del gremio artístico en las instituciones y por la emigración tan grande y la crisis sistémica sostenida.

¿En qué medida tú crees Derivas contribuye a valorizar la producción artística que se sigue gestando dentro de la isla?

Cuando comencé las Derivas el país ya era un territorio arrasado por la pandemia, primer mandato de Trump, el 11 de Julio de 2021 (cuando muchos cubanos se tiraron a las calles a pedir libertad), estaba andando un éxodo masivo de cubanos que no se ha detenido aún, más una fragmentación dentro del gremio artístico y su posicionamiento frente a las instituciones, provocada por el Decreto Ley 349 que avalaba constitucionalmente la censura.

Después de tanto malestar e impotencia ante todo esto, decidí gestar un espacio de diálogos que fuera un oasis cultural para los que nos quedamos aquí en medio de esta crisis tan compleja; para desde allí apoyar y dar voz también a otros.

Se ha hablado mucho del éxodo masivo de artistas, lo cual es una realidad. Yo en lo personal estoy más preocupado por los que nos quedamos, no sé con qué manos se podrá rearmar lo que está roto y quién pondrá su tiempo, energía y cuerpo para ello. A veces es necesario dar un paso aun sin tener consciencia de la totalidad del camino.

Creé las Derivas inspirado en largas conversaciones con personas valiosas que admiro y con los que he tenido el gusto de colaborar durante todo este tiempo: Orlando Hernández, Maggie Mateo, Omar Pérez, Mario Castillo, Dmitri Prieto, Sandra Ceballos, José A. Toirac, Jorge Luís Marrero, Ezequiel Suárez, Roberto Zurbano, Soleida Ríos, Carlos Augusto Alfonso, Rito Ramón Aroche, Ismael Gonzales Castañer, Nelda Castillo y Mariela Brito… Los que nos quedamos aquí, mis amigos.

Bueno, para concluir me gustaría interrogarte en torno a los eventos de más peso e impacto que en tu opinión han ocurrido en Derivas durante este tiempo tan fructífero y edificante.

Aunque cinco años no es del todo tiempo suficiente para evaluar la totalidad de las expectativas iniciales, sí permite reflexionar sobre una serie de propuestas que otorgan desde ya un espíritu al espacio.

Hemos hecho activaciones, performances, charlas, lecturas, proyecciones de cine, exposiciones. Podría mencionarte algunas: las presentaciones del trabajo de Rafael Zarza, Glexis Novoa, Luis Gómez, Sandra Ramos; la lectura del poeta Ismael Gonzales Castañer; la charla de Nelda Castillo sobreEl Ciervo encantado y las artes visuales;la del poeta Omar Pérez; el performance de Alexander Diego en homenaje a Ángel Escobar; la lectura de poesía de las poetas Soleida Ríos, Jamila Medina y Martha Luisa Hernández; un homenaje que le hicimos a Desiderio Navarro y al Centro Cultural Criterios; Formas Libres, un ciclo de cine independiente cubano con curaduría de Ángel Pérez y Antonio Enrique Gonzáles Rojas; la charla del historiador Mario Castillo; la citada exposición de dibujos y pinturas de Nicolás Guillén Landrían; jueves de boca a boca, un ciclo de cine independiente cubano centrado en los modos de producción audiovisual con curaduría de Damián Rabilero; la proyección de Fundamento CAíN, poema audiovisual de Carlos Augusto Alfonso, con la presentación de Maggie Mateo; Siglo XX: cine de animación en la Cuba de los 60, con charla y curaduría audiovisual de la investigadora, crítico y curadora Caridad Blanco; la exposición Estado de zombificación del artista urbano Happy Zombie; y la exposición de Cuenca, entre otras.

RICARDO ALBERTO PÉREZ
RICARDO ALBERTO PÉREZ
Ricardo Alberto Pérez (Arroyo Naranjo, 1963). Escritor y traductor. Es autor de los cuadernos de poesía ¿Para qué el cine? (Unión, La Habana, 2011) y Vengan a ver las palomas de Varsovia (Letras Cubanas, La Habana, 2013). En 2008 publicó la antología personal Los tuberculosos y otros poemas (Torre de Letras, La Habana, 2008). Ha traducido a Paulo Leminski y otros poetas brasileños. Fue miembro del grupo literario Diáspora(s).

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