En 1890, el año en que el censo estadounidense se valió por primera vez de máquinas tabuladoras, un misterioso forastero llega a un pequeño pueblo de Arizona. Sin revelar con claridad sus intenciones, ofrece dinero a cambio de los nombres de trabajadores mexicanos muertos. Su nombre es Strindler, un doble crepuscular del Chíchikov de Gógol. En Dead Souls (2025), Alex Cox adapta libremente la gran novela del autor ruso al paisaje, los tropos y la iconografía del Oeste.
No es la primera vez que el cineasta británico se adentra en este género: ya lo había hecho en Straight to Hell y Walker, sus películas de culto de 1987, donde alteró los elementos clásicos del western con atmósferas absurdas, decadentes y profundamente anárquicas. En Dead Souls, rodada con muy bajo presupuesto entre Arizona y el desierto de Almería, Cox no solo dirige, sino que encarna también a su enigmático protagonista: un personaje que privilegia la fría negociación sobre el típico duelo de pistolas.
Tras su estreno mundial en la pasada edición del Almería Western Film Festival, el filme se ha presentado en la Mostra de São Paulo, el Festival de Rotterdam y el San Francisco IndieFest, donde fue galardonado con el Premio del Público al Mejor Largometraje de Ficción. A través del correo electrónico, el director de Repo Man (1984) y Sid and Nancy (1986) conversa sobre la que podría ser su última película.
Dead Souls se inspira en la novela homónima de Nikolái Gógol. ¿Qué te atrajo de este “poema épico en prosa”, y por qué sentiste que era el momento adecuado para reinterpretarlo?
Me atrajo la literatura rusa en un momento en que los gobiernos y los medios occidentales intentaban “cancelar” la cultura de ese país, sancionando a artistas y prohibiendo su música y sus gatos. Cuando leí Almas muertas se me ocurrió que era buen material para un western. Amo los westerns y siempre estoy buscando una oportunidad para hacer uno.
¿Cómo fue el proceso de trasplantar el material de origen al territorio geográfico y simbólico del Oeste norteamericano?
El proceso habitual de escritura. Leer el libro, pensar, escribir el guion. La mayor parte de la inspiración provino del volumen 1 de Almas muertas, pero también hay porciones del fragmentario volumen 2, como el flashback a la infancia del protagonista.
El filme fue coescrito por Gianni Garko, un actor icónico del western europeo. ¿Cómo entablaron esta colaboración?
Quería que Gianni actuara en la película, interpretando al personaje principal. Dimos muchas vueltas al guion. Él conoce el libro y es muy minucioso y articulado. Al final, el período de rodaje fue tan limitado que yo interpreté su papel y Gianni se convirtió en mi coautor.
Has regresado al western a lo largo de tu carrera, en cintas de culto como Straight to Hell y Walker, y también has explorado sus variaciones italianas en tu libro 10,000 Ways to Die. ¿Qué continúa cautivándote del género y sus diversas mutaciones?
¡Es una excusa para ir al desierto! Especialmente si está en Almería o en Arizona. Y para pasar tiempo allí. Hay elementos gráficos fabulosos en los paisajes desérticos, cielos ilimitados, y es un fondo crudo y austero contra el cual pueden desplegarse historias violentas y apasionadas.
¿De qué maneras Dead Souls dialoga con –o desafía– esas tradiciones?
Esa pregunta debería responderla un crítico.
Privilegias el diálogo y la negociación por encima de los tiroteos y el espectáculo, aunque también hay algo de esto. Quizás porque hay cierto énfasis en las relaciones transaccionales. ¿Fue esto una inversión deliberada de las expectativas del género?
El libro trata sobre transacciones y negociaciones con un propósito desconocido. Su protagonista gasta dinero para adquirir los nombres de los muertos. No hay violencia explícita, aunque sí personajes desagradables y amenazantes, y el alcalde muere de un ataque al corazón. Convertir esto en un western implicó ser fiel al libro en gran medida, mientras se añadían los elementos de violencia y un final, que todos los westerns requieren.
¿Era tu intención explorar las dinámicas capitalistas en su forma más cruda y descarnada?
Creo que el libro examina el modo en que las personas son tratadas como mercancías. La servidumbre y la esclavitud fueron ejemplos extremos de esto. También lo son Johnny Behan, Oficial de Exclusión China para Texas, quien aparece en el filme, y el ICE.
La película resuena fuertemente con ansiedades contemporáneas: el fascismo, la xenofobia, la corrupción gubernamental… ¿Qué tan conscientemente dialogaste con el clima político actual?
Las cosas no parecen cambiar mucho con el paso del tiempo. La tecnología es diferente, pero los vicios siguen siendo los mismos. Y nuestra película muestra un poco del espectro de ver a los humanos como mercancías –desde el alcalde, que afirma que solo contrata a hombres blancos, hasta el dueño de la mina, que recuerda sentimentalmente a sus fantásticos trabajadores mexicanos, enterrados bajo tierra.
En tu opinión, ¿cuál es el papel del cine hoy en día frente al auge de las políticas nacionalistas y autoritarias?
¿Crees que el nacionalismo es algo negativo? No estoy tan seguro. Creo que el Estado-nación es nuestra única protección contra la tiranía del imperio. Compara Nicaragua con El Salvador. Ambos son pequeños países centroamericanos. Los gobiernos y los medios de comunicación de Estados Unidos y la Unión Europea querrían hacernos creer que Nicaragua es “autoritaria” y El Salvador una “democracia”. ¿En cuál país preferirías residir?
(El entrevistador considera que en Nicaragua y El Salvador imperan sendas dictaduras y se rehúsa a elegir entre ellas.)
El papel del cine es contar una historia. Cuanto mejores sean los cineastas, mejor será la historia.
En Dead Souls no solo diriges, sino que interpretas al personaje principal. ¿Cómo navegaste la responsabilidad de estar delante y detrás de la cámara?
El actor debe comprender a su personaje. Gianni y yo creamos a Strindler como una versión más vieja y desesperada del Chíchikov de Gógol. Yo sabía quién era ese personaje, así que interpretar el papel no fue difícil. Y tenía grandes colaboradores, de modo que confié en los camarógrafos y nunca necesité ver la reproducción de las tomas.
La disrupción tonal y estilística es un rasgo definitorio de tu lenguaje cinematográfico. En Dead Souls encontramos secuencias musicales y de animación, así como saltos temporales inesperados. ¿Qué aportan estos momentos de ruptura a tu forma de narrar?
¡De nuevo, eso le corresponde decirlo a un crítico! Yo simplemente hago estas cosas porque me parecen la mejor manera de contar la historia, dadas las circunstancias.
¿Cómo surgió tu colaboración con el maestro de los efectos visuales Phil Tippett y qué le aportó a la dimensión estética de la película?
Conocí a Phil a través del productor Jon Davison, en los tiempos en que planeábamos hacer un largometraje basado en las tarjetas de chicle Mars Attacks. Esa película no se realizó, pero seguimos en contacto y hemos hecho varias películas juntos a lo largo de los años. Yo entrego las cosas a Tippett Studio y se producen maravillas.
Dead Souls fue parcialmente financiada mediante crowdfunding y rodada entre Estados Unidos y España. ¿Podrías guiarnos a través del proceso de levantar el proyecto y organizar la producción?
Afortunadamente, basta con ir a Kickstarter y buscar el proyecto titulado My Last Movie para enterarse de cómo Dead Souls fue financiada colectivamente. La página sigue allí, junto con diversas actualizaciones de producción.
El filme fue rodado parcialmente en Almería, un paisaje profundamente vinculado con la historia del euro-western, y donde filmaste Straight to Hell. ¿Qué significó para ti regresar luego de todos estos años? ¿Evolucionó tu relación con ese espacio?
Viví en Tabernas, en el desierto de Almería, durante varios años. Hoy hay una fila de sillas metálicas de director en la carretera que entra al pueblo, colocadas allí por el Almería Western Film Festival. Hay una con mi nombre, junto a la de Claudia Cardinale. ¡Así que en realidad nunca me fui!
El paisaje cambia: a veces está verde, últimamente volvió a ponerse amarillo. Después de las lluvias de este año, más verde. Hace una década, casi todos los nopales murieron por los insectos cochinilla importados para producir tinte rojo. Pero el desierto perdura…
Después de décadas filmando en entornos de producción radicalmente distintos, ¿cómo percibes el estado actual del llamado “cine independiente”?
No veo suficiente cine independiente –o dependiente– como para ofrecer una opinión. Sí disfruté Flow (2024), la película poshumana de animales, de Letonia.
Dead Souls ha sido descrita como tu “canto de cisne”. ¿La ves de este modo?
No es fácil conseguir dinero para hacer largometrajes originales. Pero, ¿qué otra cosa hay que hacer? Esta podría ser mi última película, o podría ser como las giras de despedida de The Who.
Si esta fuera tu última película, ¿qué diálogo te gustaría que tuviera con el resto de tu obra?
¡No lo sé! Ciertamente algunos directores piensan en términos de series (“Esta es la primera de lo que será una trilogía”), pero yo no. Cada película es una pieza única, en términos de guion, financiación, producción y finalización. Qué tienen que ver unas con otras, no sabría decirlo.
Y si afortunadamente ese no fuera el caso, ¿qué podemos esperar de Alex Cox en el futuro? ¿Hay proyectos actualmente en desarrollo?
Tal vez haga otro Kickstarter –este funcionó bien– y realice REPO MAN 2: THE WAGES OF BEER. ¡Por fin, una secuela! Y me convertiré en director de series…

