Katherine Perzant y Edgar Ariel en el edificio Andino, La Habana, 2019 (FOTO Reynaldo Cruz)
Katherine Perzant y Edgar Ariel en el edificio Andino, La Habana, 2019 (FOTO Reynaldo Cruz)

Ayer, antes de dormir, leí un cuento. En ese cuento, de Borges, el hombre gris besa el fango y se despierta con el grito inconsolable de un pájaro. Un día ese hombre soñó con un corazón que latía. Lo soñó durante catorce lúcidas noches. Un corazón del grandor de un puño. No lo tocaba. Se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, a corregirlo con la mirada. Era el corazón (verde) de un pájaro. Era El pájaro motosierra.

Antes de dejar La Habana, como se deja a un amante que ya no nos interesa, una noche, en un cuarto de hotel, mi amiga Katherine Perzant me llamó y me dijo que quería estrenar su obra de teatro El pájaro motosierra. Eran días en los que yo no quería hacer nada. O solo quería estar acostado. O solo quería leer. O solo quería pensar en algo que me había contado mi novio.

—Tenemos que vivir aquí, frente a este lago ginebrino –me dijo.

Solo quería eso o mirar por la ventana. Una ventanita azul muy mediterránea. Sobre su alféizar pasaba horas mirando el mar. Desde el sexto piso del edificio Andino se ve toda La Habana. Desde mi ventana veo. Veo una cúpula enchapada en oro. Oro ruso. Oro ortodoxo. Oro siberiano. Proxeneta. Guayabito. Gigoló. Oro en el edificio del Parlamento. Una leontina de oro. Una leon(tin)a de oro. El Parlamento cubano es una leona de oro. Oro que brilla en el cielo de La Habana. Parece un sol. Parece un sol en un país que se resiste, ya sin fuerzas, al anochecer.

Veo otra cúpula. Una cúpula de un edificio de apartamentos. El edificio Morales-Santa Cruz. Una cupulina, realmente. De barro. De tablillas de barro. Barro pobre. Barro cubano. Barro pordiosero. Barro que no brilla en el cielo de La Habana. Un álamo crece en esa cima. Un álamo hará que caiga la cupulina, la leontina, la diamantina falsa. Un álamo manda. Un álamo gobierna en el cielo de La Habana.

Viví tres años en ese apartamento. Llegué a ser feliz ahí. Era un apartamentico tan pequeño que, desde la entrada hasta el fondo, donde estaba la ventanita, solo se podían dar cinco pasos. Es decir, vivía, casi, en el aire. En la contemplación de una ciudad que ya había dejado de ser inadvertida. Y lo peor que le puede pasar a una ciudad es eso: la transparencia.

Y lo peor que le puede pasar a un pájaro enamorado es tener su nido en WhatsApp.

—Miss you!!!

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—Te extraño mucho mi amor!

—Y yo a ti

—Aquí estoy escribiendo pensando en ti

—Mi vida!

—Yo solo quiero que a ti te guste, a nadie más

—Tú sabes que me va a encantar

—Son ideas que ya conoces. Pero las estoy reescribiendo. Entrelazando

—Qué bien mi amor. Quiero leerlo

—Me sorprende mucho cómo una idea puede formalizarse de tantas maneras

—Sí, es sorprendente. Yo te pienso cada instante

—Y yo mi amor, todo el tiempo

Por las mañanas salía muy temprano a correr. El Andino está en un lugar muy céntrico de La Habana. Quizá por eso reposé en él. Yo pensaba que ese edificio –todavía lo creo– era el punto, el corazón, el grado cero de esa ciudad. A las seis de la mañana La Habana es tan húmeda; es un hongo; es un busto verdinegro.

De mañana. Pasadas las seis. Seis y tanto. Seis y pico. Pico largo. Casi las siete. Edificio Andino. El Vedado. Sexto piso. Calle San Lázaro. Esquina a M. Frente a la Universidad de La Habana. Frente al monumento a Mella. Frente a las cenizas de Mella. Frente al busto de Mella. Tan lindo. Mella. Fundador del primer Partido Comunista de Cuba. Tan lindo. Mella. Asesinado en México. En la esquina de Abraham González con Morelos. Dos tiros. De revólver. Calibre 38. El juez. Alfredo Pino. Interroga a Tina Modotti. ¿Quién mató a Mella? Los comunistas tienen un mártir. Sobre ese mártir una tarja dice: Monumento Nacional.

La cabeza de Mella, de bronce, está cubierta de verdín. Tiene cardenillo. El verdín es venenoso. En grandes cantidades puede matar a una persona. Dentro de esa cabeza, dentro del tiempo de esa cabeza, la caza, como la memoria, es furtiva.

Aquella noche, antes de atajar, aserrar, dejar La Habana, escribí para mi amiga unas palabras, unas glosas para su pájaro.

El pájaro motosierra es un cuerpo mutante, un archivo mutante, un sonido mutante, un arma mutante, un país mutante, un teatro mutante, una mancha. Una mancha, se diría, de otro mundo. Sobre las ruinas circulares vuela un pájaro que es la envidia de todos los pájaros. Primero suave. Apacible. Se regodea en el volar. Luego rápido. Más rápido. Es una flecha. Ojalá fuera una flecha despuntada. Solo el astil. Solo el emplumado. Edgar mira absorto; en sueños. Mira a través de un cristal. El amor es la apariencia de la paz. El amor es la apariencia de la paz. El amor es la apariencia de la paz. Luego mira a su derecha y ve las ruinas como un desierto rocoso, amarillo, cetrino. Sobrevuela el pájaro. Se mueve con el viento, como un animal manso; como un animal enamorado. Edgar poco a poco desplaza su rostro hasta el cristal. De manera lentísima. Casi duerme pegado al cristal. Observa en lontananza. Se da cuenta de un punto que se acerca. Le llama la atención. Abre un poco más los ojos. Los fija en ese punto a la intemperie. Un punto ciego. El punto es el pájaro, es la flecha que vuela, hacia él. El pájaro se incrusta contra el cristal, justo en el lugar donde Edgar tiene colocado el rostro. Una mancha rojinegra sobre el cristal. Una mancha, se diría, de otro mundo. Sobre el asfalto un brrrrrrrrrrrrrrr, brrrrrrrrrrrrr, brrrrrrrrrrrrrr agoniza. Entremos al amor con los ojos bien abiertos. El amor es un grito; el grito inconsolable de un pájaro.

Estrenamos la obra, de más está decirlo.

Edificio Andino, La Habana, 2019 (FOTO Reynaldo Cruz)
Edificio Andino, La Habana, 2019 (FOTO Reynaldo Cruz)
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Edgar Ariel Leyva González (Holguín, Cuba, 1994). Periodista, investigador y crítico de arte. Máster en Estudios Teóricos de la Danza (2020) en la Universidad de las Artes de Cuba (ISA) y Licenciado en Periodismo (2018) en la Universidad de Holguín. Es egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Actualmente investiga sobre la configuración de la estética poscrítica en Cuba. Forma parte del Staff de Rialta.

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