Bestiario Miserable #15: Vístima

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Vístima

Vistima dibujo de Camila Lobon | Rialta

Vale aclarar que no es la condición de víctima, sino el victimismo oportunista lo que retratamos aquí. En un mundo que mercantiliza todo, la victimización se ha vuelto una industria rentable, sobre todo para hacer (o hacer que se hace) política. Y lamentablemente, quienes sustentan el valor de mercado suelen ser los verdaderos jodidos, los que “significan”, pero no participan.

El vístima es un bicho que debemos domesticar quienes sobrevivimos al atropello con una voz. Es la vanidad voraz del sobreviviente obsesionado por el reconocimiento de su autoridad moral (a despecho de que la única autoridad per se que tiene una víctima es la de exigir justicia por la afrenta sufrida). La autoridad moral se gana, no se merece, aunque el vístima no lo quiera reconocer. Absorto en su autocompasión, como Medusa, se convierte en caprichoso inquisidor que no ve más verdad que su dolor. Solo atina a culpar. No lo mueve la justicia para sus iguales, o para quienes eventualmente podrían padecer su condición, sino el odio indiscriminado contra todo lo que le evoque el trauma. Y el odio es un combustible válido para motorizar proyectos de justicia, pero como fin en sí mismo solo la obstruye. El vístima puede llegar a hacer de su condición un estatus y, para conservarlo, es perfectamente capaz de secuestrar las cuotas de atención de los otros que padecen aquí y ahora, de desviar la atención del origen del mal, incluso, en casos extremos, de ayudar deliberadamente a perpetuarlo, convirtiéndose en el victimario de su propia causa.

Los cubanos, viniendo de una dictadura que ha jugado como nadie la estrategia de la victimización para afianzarse en el poder, deberíamos identificar y controlar mejor a este monstruo. Teniendo, como hemos tenido, cátedras de gente que subvirtieron la condición de víctima (solo hay que escuchar alguna entrevista de Hubert Matos o de Jorge Valls), deberíamos recordar algo que dijo Brodsky: un hombre libre, cuando fracasa, no echa las culpas a nadie. El vístima, sospecho, solo leería en estas palabras “revictimización”; aquellos que quieren justicia, “emancipación”.


Bestiario Miserable es un catálogo de los excesos, miserias, deformaciones que las contorsiones circenses del panorama político cubano, global y virtual han ido pariendo. Como decía Leónidas Lamborghini, la verdad del modelo es su propia caricatura. Pues este quisiera ser un retrato realista de los arquetipos de conducta que florecen en toda su monstruosidad por el extremismo ideológico, la antipatía, la deshonestidad intelectual, o la pura estupidez, ahora abonados en ese terreno de la pseudo ética que puede ser ciberespacio. En un mundo que se parece cada vez más al que describiría Weill, donde la espera de lo que vendrá ya no es esperanza, sino angustia, quizás bosquejar nuestros monstruos, los que todos en menor o mayor medida somos, pueda hacer los mitos más lógicos, dar alguna pizca de sensatez.

CAMILA LOBÓN
CAMILA LOBÓN
Camila Lobón (Camagüey, Cuba, 1995). Artista. Graduada de la Academia de Arte de Camagüey en 2014 y del Instituto Superior de Arte de La Habana en 2019. Ha sido coordinadora del Instituto de Activismo Hannah Arendt (INSTAR), fundado por la artista Tania Bruguera. Su trabajo como artista visual está enfocado en la narración e ilustración de un imaginario social y político que desde la memoria individual subvierte la narrativa totalitaria cubana. Entre sus exposiciones personales se encuentran Epizootia (Zapata Gallery, Miami, 2024) y El país perdido (Aveces Art Space, La Habana, 2019). Su trabajo ha sido expuesto en La Habana, New York, Montreal, Buenos Aires, Berlín, Kassel y Praga.

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