Carla Valdés León
Carla Valdés León

¿Te consideras un(a) cineasta independiente? ¿Por qué? 

Creo que, para empezar, siempre he sentido la palabra “cineasta” como algo grande, así que prefiero decir que estoy en camino a ser una cineasta cubana, documentalista y militante. Y añado la última palabra porque también incluye la independencia. Yo quiero creer que la independencia en el cine está en la coherencia y el compromiso con las películas, con las historias y con la memoria. Desde la creación colectiva, sin traicionarse a sí mismo ni dejar de ser parte. Si ser cineasta independiente significa eso, entonces, pónganme en la lista.

¿Qué criterios –económicos, políticos, culturales– han condicionado tu autonomía creativa para hacer cine en Cuba?

Hasta ahora, nada político o cultural ha condicionado, o restringido mi autonomía creativa. Mis criterios políticos y la política del país en el que vivo, mis referentes culturales y la cultura de mi país, claro han condicionado lo que hago, y lo que quiero hacer (que es más) porque están en el momento cero a la hora de escribir el primer borrador de un proyecto o filmar el primer plano. No es posible para mí vivir o crear desligada del contexto económico, político y cultural en el que vivo. Es más, yo creo que está ahí, en la obra de cada uno de nosotros y nosotras, independientes o no. Ahí está el Archivo del ICAIC y el archivo de la Muestra Joven, imágenes de un mismo país, también. De igual forma soy consciente de que mi experiencia personal no es una generalidad. Sabemos y dolemos de una largo historial de censura y silencios. ¿Quién hará ese archivo total para el futuro?

Criterios económicos sí han condicionado hasta qué punto llega el sueño, como es lógico en el cine que he hecho hasta ahora: documental, bajo presupuesto, simbólico muchas veces, cine universitario, comunitario. Pero esto es un camino a recorrer. Yo espero y deseo hacer películas con todo lo que necesiten, ojalá sea posible.

Yo, algún día, quisiera hacer una película sobre Fidel Castro, con material de archivo, una historia de amor como un bolero patriarcal. Ese día espero que nadie me alerte de algún miedo o una imposibilidad.

Desde los años noventa, el campo cinematográfico cubano ha experimentado importantes transformaciones, entre ellas, la pérdida de la hegemonía productora del ICAIC. En este panorama, ¿hacia dónde apunta la denominación “cine independiente” en el caso cubano? ¿Tiene sentido hablar de cine independiente hoy?

Creo que la denominación “cine independiente” a la que esta pregunta hace referencia tiene más que ver con criterios desde la producción y la industria y que le correspondería a un productor o productora hablar más sobre esto. Creo que lo que habló al respecto Claudia Calviño en su entrevista para OnCuba da luces claras sobre esto, dejando de lado la polémica posterior.

Recientemente, el Gobierno cubano ha legislado sobre el cine nacional. ¿Cómo impacta el decreto ley 373 las condiciones de posibilidad de los cineastas? ¿En qué medida responde a los intereses y las demandas del gremio?

¿Cómo evalúas el modelo de desarrollo cinematográfico que supone la puesta en vigor del Fondo de Fomento? ¿Cuáles son sus principales beneficios y limitaciones?

Para responder todo lo anterior yo partiría de un lugar de fe y de incertidumbres, y es que este decreto ley que pone en funcionamiento el Fondo de Fomento para el Cine Cubano y el Registro del Creador, entre otras cosas, todavía no ha sido implementado en su totalidad. Por lo tanto, esto es un camino por recorrer, que viene de un camino ya recorrido de mucho debate y de mucha pelea de años entre cineastas de todas las generaciones y el Instituto de Cine y la dirección política y gubernamental de nuestro país. Así que, como todo, toca andarlo, y ver. Como se ha hecho hasta ahora, con la participación, muchas veces incómoda, pero siempre ocupando los espacios que toca ocupar en la construcción de lo colectivo –que de eso se trata, ¿no?

Ahora, yo creo que la exhibición sigue siendo la gran piedra en el camino. Muchas de nuestras películas han podido realizarse, con más o menos trabas y necesidades. Pero siempre siempre hay un lugar donde ni siquiera la inventiva, los derechos, la legalidad o la calidad de la obra artística parecen ser lo más importante. Es ese lugar al que le ponemos de nombre “La Censura”, porque lo es, pero es más complejo que sólo un lugar. Y esto ha impedido que muchas de las películas, en su mayoría del cine independiente, no sean exhibidas en salas. Esto estaba dado en principio por la falta de una legalidad que permitiera el camino natural de la película desde su producción hasta su estreno y exhibición nacional, como derecho de nacimiento. Ahora tenemos una nueva legalidad, pero la claridad sobre este asunto sigue faltando.

En este sentido, todavía muchas de nuestras películas corren el riesgo de realizarse y no ser vistas. Como condenadas al nacer. ¿Cómo debe funcionar el derecho a pantalla en los cines del país? ¿Cuánto de cine cubano se exhibe en el año? ¿Cuánto cine cubano se produce o se producirá con estas nuevas posibilidades? ¿Cuánto del cine independiente ya hecho no se ha exhibido en salas? Hace mucho tiempo necesitamos un debate, en su sentido amplio, sobre la censura, las políticas culturales y la posición del cine cubano ante estos problemas que no son menores. Esto, no sé si bueno o malo, no es un tema coyuntural, es siempre un debate constante de un país que se plantea un proyecto cultural revolucionario.

¿Cuáles son los desafíos, los límites y las posibilidades para el desarrollo de una industria audiovisual en la Cuba actual? ¿Cómo será el cine cubano del futuro?

La crisis económica pone todo de cabeza. Como vamos a pensarnos nuevamente, de cabeza y en un hilo, es una gran pregunta. Pero, de nuevo, solo podría suponer e imaginar. El cine cubano siempre se ha hecho en situaciones de escasez, crisis y de necesidades, desde que se fundó el ICAIC como institución, incluso desde antes. Somos un país del tercer mundo, bloqueado económicamente y con una política cultural muy específica: estamos y estaremos marcados y pautados por eso. Así que yo diría que ajustarse a una crisis no es algo nuevo. Ahora tenemos otra legalidad y algo mejor saldrá de ahí, seguro. El cine cubano es algo entre jíbaro y clandestino. Lo que sí me interesaría imaginar es cómo podría cambiar la temática con esta nueva experiencia.

¿De qué hablaremos? Historias más intimistas, tal vez una vuelta a historias más familiares. Tal vez, como ya venía sucediendo, una mayor fuerza de los géneros: más cine de terror, más ciencia ficción. Aunque yo soy de las que cree que en los próximos años tendremos mucho más cine sobre memoria, construcción de identidad, reescrituras del pasado y escrituras de historias pendientes. Estamos en una vuelta de página y toca volver a preguntarnos quiénes somos como país. ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos?

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CARLA VALDÉS
Carla Valdés León. Cineasta cubana graduada de Dirección por la Universidad de las Artes, Cuba. Ha dirigido los documentales Días de diciembre (2016, Mejor Documental en la Muestra Joven ICAIC 2017), Dos patrias (2019) y Los puros (2020). Fue miembro del Jurado Mezcal en el 30 FICG (2015). Trabajó como asistente de dirección para Cuba en Debate (Carmen Castillo, 2017) y 80 destinos, (Alice de Andrade, 2020), y como fixer para Cuba de Woman (Yann Arthur Bertrand y Anastasia Mikova, 2020). Actualmente desarrolla el proyecto de largometraje documental La línea del ombligo que ha participado en los laboratorios de desarrollo Haciendo Cine; Dominican Film Lab; BoliviaLab; CTI Workshop Havanna.
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