‘Dúplex’: exposición virtual de Ronald Vill y Alain Jiménez en Behart

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Vista de ‘Dúplex’ en la galería virtual Behart

Este viernes 29 de mayo a las 9:00 de la noche, la galería online Behart, que tuvo apenas el 12 de febrero pasado su lanzamiento en la plataforma donde habita, abrió su portal a los visitantes virtuales de Dúplex. Se trata de su primera exposición en la web, que ha sido curada por Kina Matahari y tiene como invitados a los artistas cubanos Ronald Vill y Alain Jiménez, con Sakura y A mal tiempo (cuarentena) respectivamente, series nacidas de estos días de aislamiento social en Cuba.

Entre lo que singulariza la experiencia de los asistentes, Behart ofrece una vista sensitiva de 360 grados, música ambiental, un contador de visitas en tiempo real, la posibilidad de interactuar con las obras y de compartirlas en las redes sociales y, en la noche de la inauguración, hubo también un chat en vivo con el equipo de la galería.

Según su propia carta de presentación, Behart es una galería colaborativa de artes visuales que busca estudiar y aupar la obra de los autores cubanos tanto nacional como internacionalmente, desde una perspectiva plural en edades, estilos, técnicas… En pro del intercambio profesional entre los integrantes del gremio, el equipo apuesta por “la inserción de curadores, críticos, coleccionistas” e incluso de “galerías y otros espacios dedicados a la visualización del arte”.

La confluencia de Ronald Vill y Alain Jiménez en esta primera exposición virtual de Behart es inédita. Fue ideada por Kina Matahari a partir del trabajo de ambos, creado durante la pandemia actual y publicado en sus redes sociales –en la equidistancia y como totales desconocidos–. Así, coincidencias y un claro contrapunto recorren la curaduría de Dúplex. Técnicas, estéticas, rutinas y personajes de distinto género convergen y divergen al representar al ser humano en solitario: introspectivo, ensimismado o activo, pero la mar de las veces inmerso “en su espacio íntimo (físico y mental)”.

Al adentrarnos en la galería que se recrea, y que mide más de 50m², la vista panorámica de 360 grados sigue una lectura occidental de izquierda a derecha (de las palabras de presentación a las piezas), recorriendo varias paredes. El bojeo permite al visitante la interacción con lo contemplado, de modo que al elegir con un click lo que observará, el zoom le permita detallarlo en primer plano.

Dúplex reúne 28 piezas. Los lienzos de Alain Jiménez están montados en bastidores sin marco y poseen dimensiones similares, pues fluctúan alrededor de los 36 x 40 cm. Los dibujos de Ronald Vill miden 50 x 70 cm y sólo dos 70 x 100 cm. Aunque las veamos allí enmarcadas en negro, en probidad, ninguna de sus obras ha sido impresa aún –detalle que subraya el carácter virtual de la exhibición.

Blanco, negro y rosado en flor, que apenas dejan inmiscuirse otros colores, se asoman en Sakura, de Ronald Vill; autorrepresentaciones en una serie de dibujos digitales de fino trazo que atrapa el desasosiego de los días entre puertas y ventanas, cerradas por los miedos o abiertas tras la añoranza de un perfume, una estación, un aire huracanado que lo trastrueque todo. Ciclos que nos cercan de domingo a domingo: amaneceres y desayunos; trabajo, lectura, ocio y tedio; compras y deberes domésticos; el llamado del teléfono-del sexo-de los cielos…

Dibujo digital de Ronald Vill en Behart

En los predios de Ronald Vill, la aparición persistente de la rama del cerezo pespuntea como la fijeza de una obsesión que, sembrada en la mente, hunde o mantiene a flote –según se mire–. ¿Son estas inflorescencias una estela viral o traen la vida? ¿Y no es al cabo todo virus / hongo / gusano / moho una forma de vida? Visto así, para algunos, Sakura podría ser el peligro del afuera adherido al nasobuco, metiéndose por los ojos; para otros, terco rebrote que puebla el túnel: promisoria apertura primaveral –aun cuando hayamos cruzado abril y las cortinas de lluvia de un mayo más bien árido.

Como si las islas de Japón se interconectaran atravesando océanos con el archipiélago cubano, se abre en la mente un espacio más que meditativo, de leve festividad. Aunque a ratos se diría que el dibujante ironiza y que la paz de las contemplaciones del Hanami no está con él. No es para menos, siendo que las floraciones son un rito que vivir a los cuatro vientos y no entre cuatro paredes. Con Ronald Vill, el cuerpo individual replica lo que dicen que ha sucedido allí donde la naturaleza viene retomando las urbes semidesiertas. Entre el bullicio de mundos detenidos, en las grietas donde se empoza la arenilla y una verde humedad, el yo encuentra un resquicio para aflorar o ahondar en sí.

Paleta viva, pincelada libre del detalle superfluo la de Alain Jiménez. Expresividad que descansa sobre el color y no en cuerpos ni rostros; si unos vienen de suyo emborronados, otros se muestran no precisamente en reposo, aunque en rituales (contra la infección / la aflicción) que se tornan ya pasos mecánicos de un baile sincronizado que aburre y desespera. El aire se hace denso, irrespirable a ratos en la casa cerrada, en las habitaciones apenas ocupadas por una mujer; adquiere una cualidad como líquida o amelazada: nos infesta de la lentitud con que nos desplazamos, sin ser peces, por aguas estancadas.

En la guerra y la paz de lo hogareño, ella acomete las tareas clave de una superviviente. Los colores primarios (amarillos, rojos, azules, si bien jugando con distintas tonalidades) afianzan esa sensación de una vuelta a los hábitos básicos, de un mirar a los comienzos de la vida o la cultura; pero sobre cada gesto gravita (pesa) algo más. Comprar (para comer). Limpiar (desinfectar). Leer (la Biblia, que todo lo predijo). Llamar por teléfono (cada día a ese número que sabemos de memoria). Beber (por prescripción) una taza de café. Reposar en la cama (del estrés acumulado). Ejercitar los músculos (entumecidos). Pintar (para escapar del encierro a donde sea, a “todas partes”).

Pintura de Alain Jiménez en Behart

Si las obras de los convecinos de Dúplex se entremezclan por tramos en la exposición, los títulos (de series y cuadros) conforman un fresco de estos meses de aislamiento social y se contestan a través de claras o sutiles distinciones, asociaciones, lecturas y reescrituras. Sakura y A mal tiempo (cuarentena) son las primeras llaves: un árbol florido que es en sí una tradición y un refrán popular intervenido para burlar el vacío y mantenernos vivos, con una sonrisa, así sea amarga. En los espacios recreados se filtra el mundo exterior: en la torre de Ronald Vill, la natura se desborda y cala, por buscar su Vía Apia, su verano en San Francisco; con Alain Jiménez, varios discursos (divinos, televisivos, naturistas, ideológicos) van dictando el por qué de cada acto, como en esos protocolos que circulan por las redes sociales e indican cómo mantenerse a salvo en tiempos de pandemia.

Otras obras de Ronald Vill (Mantilla, 1991), quien es conocido primordialmente por su fotografía, constan en colecciones privadas o públicas de México, Puerto Rico, Canadá, Alemania, Noruega y Estados Unidos. Es uno de los autores mapeados por Cutting Edge Art in Havana.  100 cuban artists (ARTempoCuba, 2019) y ha sido incluido en Para amanecer mañana, hay que dormir esta noche. Universos religiosos cubanos de antecedente africano (Editorial UH, 2016), de Lázara Menéndez. Algunas de sus muestras personales han sido: Escenas domésticas (Galería La Nave, 2019-2020), Eyeife (Fototeca de Cuba, 2016), exposición a dúo con Harold Ferrer, e Ilé (Fábrica de Arte Cubano, 2014). Y llama la atención saber que con Opening Dialogues (Thomas Nickles Project) había ya incursionado, en 2018, en una exhibición virtual recogida en Artsy.

Por su parte, Alain Jiménez (Villa Clara, 1986) es dibujante y pintor. Egresado en 2014 de la Universidad de las Artes, expuso por primera vez en solitario en Remedios, con Utopías (2005). Pertenece, como Ronald Vill, a Thomas Nickles Project, con el que exhibió Black, Black, Black. Show virtual (2019), también en Artsy. Entre las muestras colectivas en las que ha participado estuvo un proyecto itinerante que unía pinturas inspiradas en poemas, y que viajó de la Feria Internacional del Libro de La Habana a distintos puntos de Puerto Rico en 2015.

La curadora de Dúplex, Kina Matahari, una historiadora del arte que desde 2019 asume sus investigaciones, publicaciones y proyectos curatoriales sobre arte cubano a través de ese alter ego, merece mención aparte.

Centrada en expresiones “marginadas por la institución arte” como “política, mercado […], sexualidad, género, artistas underground y autodidactas”, Kina Matahari oculta su rostro en público y concibe su alter ego como “obra / actitud para discursar sobre la censura y la libertad de expresión”. Como creadora multidisciplinaria, tendrá pronto su primera exposición y vibra entre fotografía, instalación, performance o experimentos en las redes sociales.

Sin perder la perspicacia, experiencias como las de Behart nos llaman a ponderar la importancia de los medios tecnológicos y de las redes sociales durante la Covid-19, en ese darle rostro y corporeidad “material” no sólo al arte sino a la humana existencia de los individuos-usuarios de las pantallas que nos han ido acompañando, mientras saltamos de la TV al phone o la PC. Con Dúplex, vislumbramos estas creaciones surgidas en los intersticios de la pandemia y que –con el virus y sus antivirus entreverados– exploran a su manera no sólo la reclusión doméstica, sino “la percepción y la existencia del yo cuando se reduce a dimensiones virtuales, y la línea borrosa entre los espacios en línea y fuera de línea” –como diría la fotógrafa Chloe Vlahos  de su propia obra en el confinamiento parisino.

Tales muestras –que Behart planea archivar como documento de nuestro arte– propician los análisis sobre una etapa inédita que ya pauta tendencias globales e inseminará otros ámbitos del hacer y el saber, bajo el campanillazo del carpe diem.

Amén de las búsquedas optimizadas y las respuestas rápidas, el escenario de Behart se ha concebido para que los usuarios puedan organizar a su gusto una muestra de su trabajo y compartirla en las redes, tanto como dialogar con otras personas del ámbito artístico. Más adelante, la galería probablemente se aloje en un espacio “físico”, pero, por lo pronto, quienes la gestan, y sin importar cuán complicada sea la competencia, se han entusiasmado con hacer de este recinto virtual un lugar confortable para consumidores, estudiosos y creadores del arte, donde apariencia y experiencia cuenten para el espectador y le dejen su huella.

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JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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