‘Es solo cuestión de tiempo’, investigación escénica de Abel Rojo (FOTO Pablo Bordón)
‘Es solo cuestión de tiempo’, investigación escénica de Abel Rojo (FOTO Pablo Bordón)

En el envés de una postal “distópica”, leo:

Esta exploración desea insertar a los espectadores en una experiencia contemplativa en torno al tiempo como construcción colectiva de transitoriedad. El propio hecho de insistir en la contemplación, no solo desde la mirada, sino también desde la escucha, crea un tejido crítico frente al tiempo del rendimiento.

Tomo la cita de las notas al programa de manos que acompañan la investigación de Abel Rojo, Es solo cuestión de tiempo, subrayo rendimiento, puesto que la definición constituye la forma más radical del proceso: “Nunca me da tiempo. El tiempo que quisiera…, nunca. La paz que quisiera…, nunca. El amor que quisiera…, nunca. El país que quisiera…”.[1]

La forzosa institución de rendir(se/nos), esculpir un rendimiento como estadío, permanecer en ese vivir rendidos donde somos proclives al sueño y escucha profundas, rendir(se/nos) como antídoto al “nunca jamás”. Al límite de los cuerpos en escena, el movimiento y la naturaleza de cohabitar un espacio de experimentación potencia una imaginación de la transición en lo vivo y lo sinuoso.

Desde el Colectivo Persona, que dirige la bailarina y coreógrafa Sandra Ramy, el equipo de creación en escena (Tamara Venereo, Daniela Ponjuán, Anelí Perdomo, Osbiel Lazo y Laura García) concibió un montaje de temporalidades yuxtapuestas y revueltas. Después de sus primeras devoluciones públicas en la sala de El Ciervo Encantado, la investigación no nos deja indiferentes.

La escritura del dramaturgista Edgar Ariel, la creación del diseño gráfico y de vestuario a cargo de Alejandro Cañer, la música de Iván F. Real, el diseño de luces de Guido Gali, la colaboración de María Karla Araujo y una instalación de Edel Figueredo, son responsables de las tramas y potencias tan fascinantes que confieren sentido a la pieza. Me arriesgaría a hacer un énfasis en la comunión de sensibilidades que potencian tiempos donde “lo cubano” no va de reiterar o representar o quejarse, sino de esas bifurcaciones, circunstancias y apetitos, lo mismo de una ciudad llena de grúas que edifican hoteles, o de la escritura de un ensayo poético concentrado en la belleza de cavilar tiempos.

‘Es solo cuestión de tiempo’, investigación escénica de Abel Rojo (FOTO Pablo Bordón)
‘Es solo cuestión de tiempo’, investigación escénica de Abel Rojo (FOTO Pablo Bordón)

El pórtico es el testimonio de una mujer que contempla el “tiempo muerto” de un central azucarero, habla desde el antiguo batey del central Toledo, que es el summum de la vida diaria en Cuba: desabastecimiento, carencias y un ánimo procaz resultado del training de la supervivencia. Eligen iniciar el viaje a destiempo con esta voz singular que es eco colectivo, mientras nos acomodamos en los asientos de la sala, atendemos a la experiencia personal. Desde el aliento de la entrevista se calcularán las emociones y las contorsiones de narrativas fragmentarias donde se escrutan el tedio y la urgencia del lugar de la pérdida.

¿Hemos perdido todo el tiempo?

¿Lo hemos perdido?

¿Nos ha perdido?

Entre la filosofía, el cuerpo, la poesía y el testimonio, estamos ante una obra que transita “entretiempos”: en descubrir la aceleración o el esfuerzo radica bastante de la singularidad escénica. Ello queda dispuesto en una operación vital: hielo, agua y vapor en la instalación de Figueredo. La obra (re)presenta en un péndulo la naturaleza (el umbral del agua), la constante transformación, lo efímero de un material, su dejarse habitar por la impermanencia. Desde el objeto, nos rendimos en la imperante distensión y percepción del tiempo en el agua como parte indisoluble del montaje.

¿Qué permanece del flujo, el frío, la calidez?

¿El futuro siempre pisándonos los talones?

¿El pasado siempre jalándonos en otros y otros?

¿El sudor sobre las siglas ESCT?

¿La avalancha en el golfo de ESCT?

¿El reflejo en el linóleo negro?

¿120 días?

¿La espera?

¿Qué permanece en escena, luego de la evaporación?

Lúdica de la conferencia performativa, exégesis de la disquisición y las posibles teorías para mascullar el tiempo sin la redundancia facilista de ilustrar, aquí el discurso será siempre seducción. Tamara Venereo se exhibe como la entendida en la eficacia y el valor del tiempo. Se excusa si llega tarde, si necesita diez minutos, cual guía del espacio, Alicia –no personaje de Lewis Carroll– le confiere calidez a la complejidad de definir: “El tiempo es un producto-trasto tan raro como las Crocs con tacón diseñadas para Balenciaga”, de abordar: “¿Qué queda a la orilla del tiempo? / Antes de comenzar, ¿cuál es el tiempo de dos partículas de aire al chocar? / Es solo cuestión de tiempo, ¿verdad que sí?”. Es ella una especie de traductora del corporativismo del tiempo, también de su representación, de su erotismo. No pretende su discurso unificar, es más bien rizomático. A la vez que implica al espectador en las texturas de esa maquinaria que nos obsesiona o domina sin remedio.

Una máscara cataclismo, máscara asfixia o máscara siniestra, escucho a una joven cubana ante el micrófono describir la espera sobre la huida, el pasaporte, la expectación de una salida. Descubro instantes para salir de “un aquí” en el hilillo de baba, en la imposibilidad de dar un paso y en la consecuencia de depender o acercarse al otro, imágenes que, recursivamente, participan en el intento de recapitular mi experiencia mientras escribo. Quizás, al tratarse de una coreografía donde el tiempo se comporta como iniciación, hablar de una ejercitación del rendimiento en el movimiento o la respiración, es apreciar ese desgaste pasivo o de resignación en el que nuestro tiempo tiene lugar. O, por el contrario, es armarse de medios para la próxima asonada nacional.

‘Es solo cuestión de tiempo’, investigación escénica de Abel Rojo (FOTO Pablo Bordón)
‘Es solo cuestión de tiempo’, investigación escénica de Abel Rojo (FOTO Pablo Bordón)

Entender la respiración como erosión, un principio de agitación que masculla, profuso el quejido, determinante el abrazo cortante, danzante el dióxido de carbono, el sentido de los cuerpos absortos en ser y permanecer en otros cuerpos, todo opera sin una mecánica evidente, sino como una derivación individual de las preguntas:

un sometimiento (¿será que el tiempo es un sometimiento?), una tecnología (¿será que el tiempo es una tecnología de gobierno de los cuerpos?), un servicio (¿será que el tiempo nos pone al servicio de la reproducción social?), un bosque (¿será que el tiempo, como el amor, es un bosque en llamas del que no podríamos salir sin habernos quemado los pies?

En el rendimiento de estas sugerencias hay una necesidad de vernos cuando “nos hemos quedado sin ideas”, sin azúcar, sin posibilidad de escape, realmente vernos en la mirada del otro, en sus balbuceos, su alegría momentánea, la naturalidad con la que el agua cambia, ¿cambia? Vernos a través de la escucha, cuando “[…] lo sonoro aparece y se desvanece aún en su permanencia”.[2] Tanto como nos dejamos tentar por lo visual o metafórico, es el espacio sonoro una repercusión de transformaciones sensitivas donde el llanto y el éxtasis conviven. Me conmueve que hablemos de contemplación o rendimiento en estos términos, inspirados en Jean-Luc Nancy, en “la antesala del desplome”, en una galería propia del absurdo y lo político sin manos agarradas al biombo común y recalcitrante del diario Cuba. Abel Rojo ha conjugado con mucha inteligencia los riesgos de esta interpretación colectiva del presente.

Implosión de temporalidades: un estado de cosas mutable, fluido y gaseoso. Es solo cuestión de tiempo ensaya, llega al extremo, libera, y es la prueba de que:

Un intercambio sináptico subyace en el mismo espacio acontecimental de un poema que está por escribirse, de una brisa, de una hormiga que busca su camino, de una guerra que comienza, y todo está ligado a todo, sin que haya una unidad superior a la de la mixtura.[3]


Notas:

[1] Las citas de la partitura textual fueron facilitadas por el dramaturgista de la pieza.

[2] Jean-Luc Nancy: A la escucha, Amorrortu, Buenos Aires, 2007, p. 12.

[3] Emanuele Coccia: La vida de las plantas, Miño y Dávila Editores, Buenos Aires, 2017, pp. 113-114.

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Martha Luisa Hernández Cadenas, Martica Minipunto (Guantánamo, Cuba, 1991). Teatróloga, poeta y performer. Coordinadora del Laboratorio Escénico de Experimentación Social (LEES). Entre su obra reciente se encuentran los performances Nueve (2017) y Extintos, aquí no vuelan mariposas (2018); las intervenciones La última ópera china (2018) y Las fundadoras (2019). Fundadora de la editorial independiente ediciones sinsentido. Ha publicado el poemario Días de hormigas (Premio David de Poesía 2017, Ediciones Unión, 2018). Ganadora del Premio de ensayo La Selva Oscura por su investigación Notas de un simulador. La crítica teatral de Calvert Casey (1960-1965) y del Premio de Teatrología Rine Leal por su libro ESTA OBRA HABLA DE TI Y DE MI. Ensayos para (des)a(r)mar la experimentación escénica en Cuba (2012-2018).

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